jueves, 28 de abril de 2022

CONOZCAN A SU ÙNICO DIOS UNO Y TRINO- EL ANTICRISTO

 20 de agosto

Dice Jesús:

«Si se observara bien cuanto sucede desde hace algún tiempo, y especialmente desde los

inicios de este siglo que precede al segundo milenio, se debería pensar que los siete sellos

han sido abiertos. Nunca como ahora Yo me he inquietado por volver entre vosotros con mi

Palabra y reunir las tropas de mis elegidos para marchar con ellos y con mis ángeles a

presentar batalla a las fuerzas ocultas que trabajan para excavar las puertas del abismo a la

humanidad.

Guerra, hambre, pestilencias, instrumentos de homicidio bélico -que son más que las

bestias feroces mencionadas por el Predilecto- terremotos, señales en el cielo, erupciones de

las vísceras del suelo y llamadas milagrosas a vías místicas de pequeñas almas movidas por

el Amor, persecuciones contra mis seguidores, elevación de las almas y bajezas de los

cuerpos, no falta nada de los signos por los cuales puede pareceros próximo el momento de

mi Ira y de mi Justicia.

En el horror que tenéis, exclamáis: "¡El tiempo ha llegado; más tremendo de esto no puede

ser!". Y llamáis con gran voz al final que os libere. Lo llaman los culpables, mofándose y

maldiciendo como siempre; lo llaman los buenos que ya no pueden más de ver al Mal triunfar

sobre el Bien.

¡Paz, elegidos míos! Todavía un poco y después vendré. La suma de sacrificio necesaria

para justificar la creación del hombre y el Sacrificio del Hijo de Dios no está cumplida aún.

Todavía no ha terminado la formación de mis cohortes y los ángeles del Signo aún no han

puesto el sello glorioso sobre todas las frentes de quienes han merecido ser elegidos para la

gloria.

El oprobio de la tierra es tal que su humo, en poco diferente del que mana de la morada de

Satanás, sube hasta los pies del trono de Dios con sacrílego ímpetu. Antes de la aparición de

mi Gloria es necesario que oriente y occidente sean purificados para ser dignos del aparecer

de mi Rostro.

Incienso que purifica y aceite que consagra el gran, infinito altar donde la última Misa será

celebrada por Mí, Pontífice eterno, servido en el altar por todos los santos que tendrán en

aquella hora el cielo y la tierra, son las oraciones y los sufrimientos de mis santos, de los

dilectos de mi Corazón, de los que ya están señalados con mi Signo: de la Cruz bendita,

155antes de que los ángeles del Signo les hayan contraseñado.

El signo se graba sobre la tierra y vuestra voluntad es quien lo graba. Después los ángeles

lo llenan con un oro incandescente que no se borra y que hace resplandecer como el sol

vuestra frente en mi Paraíso.

Grande es el horror de ahora, dilectos míos; pero ¡cuánto, cuánto, cuánto tiene que

aumentar todavía para ser el Horror de los últimos tiempos! Y si parece verdaderamente que

el ajenjo se haya mezclado con el pan, con el vino, con el sueño del hombre, mucho, mucho,

mucho más ajenjo debe gotear aún en vuestras aguas, sobre vuestras mesas, sobre

vuestros lechos antes que hayáis alcanzado la amargura total que será la compañera de los

últimos días de esta raza creada por el Amor, salvada por el Amor y que se ha vendido al

Odio.

Que si Caín anduvo vagando por la tierra por haber matado una sangre, inocente, pero

siempre sangre contaminada por el pecado original, y no encontró quien le quitase el

tormento del recuerdo porque el signo de Dios estaba sobre él para su castigo -y generó en

la amargura y en la amargura vivió y vio vivir y en la amargura murió- ¿qué debe sufrir la raza

del hombre que mató de hecho y mata, con el deseo, la Sangre inocentísima que le ha

salvado?

Por lo tanto pensad que éstos son los síntomas, pero aún no es la hora.

Están los precursores de aquel que he dicho pueda llamarse: "Negación", "Mal hecho

carne", "Horror", "Sacrilegio", "Hijo de Satanás", "Venganza", "Destrucción", y podría

continuar dándole nombres de indicación clara y pavorosa. Pero él no ha llegado aún.

Será persona que estará muy en alto, en lo alto como un astro. No un astro humano que

brille en un cielo humano. Sino un astro de una esfera sobrenatural, el cual, cediendo al

halago del Enemigo, conocerá la soberbia después de la humildad, el ateísmo después de la

fe, la lujuria después de la castidad, el hambre de oro después de la evangélica pobreza, la

sed de honores después de la ocultación.

Será menos espantoso ver caer una estrella del firmamento que ver precipitar en las

espirales de Satanás a esta criatura ya elegida, la cual copiará el pecado de su padre de

elección. Lucifer, por soberbia, se convirtió en el Maldito y el Oscuro. El Anticristo, por sober-

bia en esta hora, se convertirá en el maldito y el oscuro después de haber sido un astro de mi

ejército.

Como premio por su abjuración, que sacudirá los cielos bajo un estremecimiento de horror

y hará temblar las columnas de mi Iglesia en el temor que suscitará su precipitar, obtendrá la

ayuda completa de Satanás, quien le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra.

Pero que lo abra del todo para que salgan los instrumentos de horror que Satanás ha

fabricado durante milenios para llevar a los hombres a la total desesperación, de tal modo

que, por sí mismos, invoquen a Satanás como Rey y corran al séquito del Anticristo, el único

que podrá abrir de par en par las puertas del abismo para hacer salir al Rey del abismo, así

como Cristo ha abierto las puertas de los Cielos para hacer salir la gracia y el perdón, que

hacen a los hombres semejantes a Dios y reyes de un Reino eterno en el que Yo soy el Rey

de los reyes.

Así como el Padre me ha dado a Mí todo poder, Satanás le dará a él todo poder, y

especialmente el poder de seducción, para arrastrar a su séquito a los débiles y a los

corrompidos por las fiebres de las ambiciones como lo está él, su jefe. Pero en su

desenfrenada ambición aun encontrará demasiado escasas las ayudas sobrenaturales de

Satanás y buscará otras ayudas en los enemigos de Cristo, los cuales, armados con armas

cada vez más mortíferas, cuanto les podía inducir a crear su libídine hacia el Mal para

sembrar desesperación en las muchedumbres, le ayudarán hasta que Dios no diga su

156"Basta" y les aniquile con el fulgor de su figura. 86

Mucho, demasiado -y no por sed buena y por deseo honesto de repararse del mal

apremiante, sino más bien tan sólo por curiosidad inútil- mucho, demasiado se ha cavilado a

lo largo de los siglos, sobre cuanto Juan dice en el capítulo 10 del Apocalipsis. Pero sabe,

María, que Yo permito que se sepa cuanto puede ser útil saber y oculto cuanto encuentro útil

que no sepáis.

Sois demasiado débiles, pobres hijos míos, para conocer el nombre de honor de los "siete

truenos" apocalípticos. Mi ángel ha dicho a Juan: "Sella lo que han dicho los siete truenos y

no lo escribas". Yo digo que no es aún la hora de que se abra lo que está sellado y que si

Juan no lo escribió Yo no lo diré.

Por lo demás no os toca a vosotros probar ese horror y por ello... Sólo os queda orar por

aquellos que lo deberán padecer, para que la fuerza no naufrague en ellos y no pasen a

formar parte de la turba de quienes bajo el azote del flagelo no conozcan penitencia y blasfe-

men a Dios en lugar de llamarle en su ayuda. Muchos de éstos están ya en la tierra y su

semilla será siete veces siete más demoníaca que ellos.

Yo, no mi ángel, Yo mismo juro que cuando haya terminado el trueno de la séptima

trompeta y se haya cumplido el horror del séptimo flagelo 87 , sin que la raza de Adán

reconozca a Cristo Rey, Señor, Redentor y Dios, e invoque su Misericordia, su Nombre en el

cual está la salvación, Yo, por mi Nombre y por mi Naturaleza, juro que pararé el instante en

la eternidad. Cesará el tiempo y comenzará el Juicio. El Juicio que divide para siempre el

Bien del Mal después de milenios de convivencia sobre la tierra. 88

El Bien volverá al manantial del que ha venido. El Mal precipitará donde ya precipitó desde

el momento de la rebelión de Lucifer y de donde salió para turbar la debilidad de Adán en la

seducción del sentido y del orgullo.

Entonces se cumplirá el misterio de Dios. Entonces conoceréis a Dios. Todos, todos los

hombres de la tierra, desde Adán hasta el último nacido, reunidos como ,granitos de arena

sobre la duna de la playa eterna, verán a Dios Señor, Creador, Juez, Rey.

Sí, veréis a este Dios que habéis amado, blasfemado, seguido, escarnecido, bendecido,

vilipendiado, servido, huido. Lo veréis. Sabréis entonces cuánto merecía vuestro amor y

cuánto mérito era servirle.

¡Oh! ¡alegría de quienes se hayan consumado a sí mismos en el amarle y en el

obedecerle! ¡Oh! ¡terror de quienes han sido sus Judas, sus Caínes, de quienes han

preferido seguir al Antagonista y al Seductor en lugar de al Verbo humanizado en quien está

la Redención; de Cristo: Camino hacia el Padre; de Jesús: Verdad santísima; del Verbo: Vida

verdadera!».


Fuente: Cuaderno del año 1943 de Marìa Valtorta.

CONOZCAN A SU ÙNICO CREADOR DIOS UNO Y TRINO-Al vencedor le daré a comer del árbol de vida.. .". y tal pensamiento se ha aplicado a Mí.

 18 de agosto

Dice Jesús:

«Continúo explicándote los pasajes que creo oportunos.

Está dicho: “Al vencedor le daré a comer del árbol de vida.. .". y tal pensamiento se ha

aplicado a Mí.

Sí, soy árbol de vida eterna y me doy a vosotros como alimento en la Eucaristía y mi visión

será alimento gozoso de los vencedores en la otra vida. Pero hay otro significado que

muchos ignoran precisamente porque muchos que me comentan no son "vencedores".

¿Quién es vencedor? ¿Qué es necesario para serlo? ¿Obras resonantes de heroísmo?

No. Entonces serían demasiado pocos los que vencen. Son vencedores quienes vencen en

sí a la Bestia que quisiera someterles. En verdad entre el martirio atroz pero breve, ayudado

por coeficientes sobrenaturales y naturales, y la lucha secreta, oscura y continua, tiene

mayor peso sobre las balanzas de Dios, o al menos un peso de distinto género, pero

precioso, esta última.

No hay mayor tirano que la carne y el Demonio. Y quienes saben vencer la carne y el

Demonio y hacer de la carne un espíritu y del demonio un vencido, son los "vencedores".

Pero para serlo es necesario haberse dado totalmente al Amor. Totalmente: quien ama

con todas sus fuerzas no reserva nada para sí mismo, y no reservando para sí mismo no lo

hace para la carne ni para el demonio. Lo da todo a su Dios y Dios lo da todo a su amador.

Le da su Verbo. Esto es lo que da de comer al vencedor, ya desde esta tierra, no podía

darle nada mayor. Le da a Mí, Verbo del Padre, para ser alimento del espíritu consagrado al

cielo.

Mi Palabra desciende a nutrir las almas que se han dado totalmente a su Dios y Señor. Mi

Palabra viene para seros sacerdote y guía a quienes buscáis la guía verdadera y veis tantas

guías débiles para las turbas que perecen sin guía verdadera. Vosotros que habéis entendido

la Verdad, sabéis que sólo esto es necesario: vivir de mi Palabra, creer en mi Palabra,

caminar según mi Palabra.

¿Qué pensarías de uno que quisiera vivir a base de golosinas, licores y tabaco? Dirías

que moriría porque ése no es el alimento que se necesita para vivir sanos. Lo mismo sucede

a quien se afana con miles de exterioridades y no se preocupa de lo que es el núcleo de toda

la vida del alma: mi Palabra.

153¿Por qué la Misa, por qué la Eucaristía, por qué la Confesión no os santifican como

debería suceder? Porque para vosotros son formalismos, no las hacéis fecundas atendiendo

a mi Palabra. Peor aún: sofocáis mi Palabra, que Yo lanzo desde el alto del Cielo para

llamaros e iluminaros, bajo la tibieza, la hipocresía, la culpa, más o menos grave.

No me amáis: eso es todo. Amar no quiere decir hacer de vez en cuando una visita

superficial de cortesía mundana. Amar quiere decir vivir con el alma unida, fundida,

encendida con un único fuego que alimenta a otra alma. Entonces en la fusión se realiza

también la comprensión.

Yo hablo, no ya lejos, desde lo alto de los cielos, sino que hago morada -y conmigo el

Padre y el Espíritu, porque somos una cosa sola- Yo hago morada en el corazón que me

ama y mi palabra ya no es un susurro, sino Voz plena, ya no es aislada, sino continua.

Entonces soy el "Maestro" verdadero. Soy Aquél que hace ahora 20 siglos hablaba a las

muchedumbres incansablemente y que ahora encuentra su delicia en hablar a sus

predilectos que le saben escuchar y de los cuales hago mis canales de gracia.

¡Cuánta Vida os doy! Vida verdadera, Vida santa, Vida eterna, Vida gozosa con mi

Palabra que es Palabra del Padre y Amor del Espíritu. Sí, en verdad, al "vencedor" Yo le doy

de comer el fruto del árbol de la Vida. Os lo doy ya en esta tierra con mi doctrina espiritual

que vuelvo a traer entre los hombres a fin de que no todos los hombres perezcan. Os la doy

en la otra vida con mi estar entre vosotros para siempre.

Yo soy la Vida verdadera. Permaneced en Mí, amados míos, y no conoceréis la muerte».


Fuente: Cuaderno del año 1943 de Marìa Valtorta.