martes, 7 de abril de 2020

Daniela De Mari - Padre Nuestro en Arameo (Versión Original)Daniela De Mari - Padre Nuestro en Arameo (Versión Original)


Todas las cosas creadas llevan el Amor de Dios al hombre.


12-121

Enero 9, 1920


Todas las cosas creadas llevan el Amor de Dios al hombre.



(1)Estaba rezando, y con mi pensamiento me fundía en el Querer Eterno, y poniéndome ante la Majestad Suprema decía:  “Eterna Majestad, vengo a tus pies a nombre de toda la familia humana, desde el primero hasta el último hombre de todas las generaciones humanas, a adorarte profundamente; a tus pies santísimos quiero sellar las adoraciones de todos; vengo a reconocerte a nombre de todos como Creador y dominador absoluto de todo; vengo a amarte por todos y cada uno, vengo a corresponderte en amor por todos, por cada cosa creada en la que has puesto para nosotros tanto amor, que la criatura jamás podrá encontrar amor suficiente para corresponderte en amor, pero yo en tu Querer encuentro este amor, y queriendo que mi amor, así como todos mis demás actos, sean plenos, completos, y por todos, por eso he venido en tu Querer, donde todo es inmenso y eterno, y encuentro amor para poderte amar por todos, por tanto te amo por cada estrella que has creado, te amo por cuantas gotas de luz e intensidad de calor has puesto en el sol”.  ¿Pero quién puede decir todo lo que mi pobre mente decía?  Me extendería demasiado en decirlo todo, por eso mejor pongo punto.  Ahora, mientras esto hacía, un pensamiento me ha dicho:  “¿Cómo es eso, y en qué manera Nuestro Señor ha puesto en cada cosa creada ríos de amor hacia la criatura?”  Y una luz ha respondido a mi pensamiento:

(2)“Cierto hija mía que en cada cosa creada mi amor se derramaba a torrentes hacia la criatura, te lo dije antes, te lo confirmo ahora, que mientras mi amor increado creaba el sol, en él ponía océanos de amor, y en cada gota de luz que debía inundar al ojo, al paso, a la mano y todo lo de la criatura, corría mi amor, y casi tocándole dulcemente el ojo, la mano, el paso, la boca, le da mi beso eterno y le lleva mi amor; junto con la luz corre el calor, y golpeándola un poco más fuerte y casi impaciente por el amor de la criatura, hasta dardearla, le repito más fuerte mi “te amo” eterno, y si el sol con su luz y calor fecunda las plantas, es mi amor que corre a la nutrición del hombre; y si he extendido un cielo sobre la cabeza del hombre, adornándolo de estrellas, era mi amor que queriendo alegrar el ojo del hombre también en la noche, le decía en cada centelleo de estrella mi “te amo”, así que cada cosa creada lleva mi amor al hombre, y si no fuera así no tendría ninguna finalidad la Creación, y Yo no hago nada sin finalidad, todo ha sido hecho para el hombre, pero el hombre no lo reconoce y se ha cambiado para Mí en dolor.  Por eso hija mía, si quieres mitigar mi dolor ven frecuentemente en mi Querer, y a nombre de todos dame adoración, amor, reconocimiento y agradecimiento por todos”.

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12-122

En cada acto que el alma hace en la Divina Voluntad, Jesús queda multiplicado como en las Hostias Sacramentales.



12-120

Enero 1, 1920
En cada acto que el alma hace en la Divina Voluntad,
Jesús queda multiplicado como en las Hostias Sacramentales.



(1) Continuando mi habitual estado, me parecía que mi siempre amable Jesús salía de mi interior, y mirándolo lo veía todo bañado en lágrimas, hasta sus vestidos, sus santísimas manos estaban cubiertas de lágrimas, ¡qué dolor!  Yo he quedado conmovida y Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, qué trastorno hará el mundo, los flagelos correrán más dolorosos que antes, tanto que no hago más que llorar su triste suerte”.

(3) Después ha agregado:  “Hija mía, mi Voluntad es como una rueda, y quien en Ella entra queda encerrado dentro, y no encuentra abertura para salir de Ella, y todo lo que hace queda fijado al punto eterno y desemboca en la rueda de la eternidad.  ¿Pero sabes cuáles son los vestidos del alma que vive en mi Querer?  No son de oro, sino de luz purísima, y esta vestidura de luz le servirá como espejo para hacer ver a todo el Cielo cuantos actos ha hecho en mi Querer, porque en cada acto que ha hecho en mi Voluntad me ha encerrado a todo Yo, y esta vestidura estará adornada de tantos espejos, y en cada uno se verá todo Yo mismo, así que desde donde sea mirada, por delante, por detrás, por la derecha, por la izquierda, me verán a Mí y multiplicado en tantos por cuantos actos ha hecho en mi Querer.  Vestidura más bella no podría darle, será el distintivo exclusivo de las almas que viven en mi Querer”.

(4) Yo he quedado un poco confundida al oír eso, y Él ha agregado:

(5) “Cómo, ¿dudas de esto?  ¿Qué no sucede lo mismo en las hostias sacramentales?  Si hay mil hostias, mil Jesús hay, y a mil almas me doy en comunión todo entero; y si hay cien hostias, hay cien Jesús y me puedo dar en comunión sólo a cien.  Así en cada acto hecho en mi Voluntad, el alma me encierra dentro y Yo quedo sellado dentro de la voluntad del alma, así que estos actos hechos en mi Querer son comuniones eternas, no sujetas como las hostias sacramentales a consumirse las especies, y con el consumirse las especies mi Vida Sacramental termina; en cambio en las hostias de mi Voluntad no entra ni harina, ni ninguna otra materia, el alimento, la materia de estas hostias de mi Voluntad es mi misma Voluntad eterna unida con la voluntad del alma, eterna Conmigo, no sujetas estas dos voluntades a consumirse.  Entonces, ¿qué de extraño tiene el que se vea tantas veces multiplicada toda mi persona por cuantos actos ha hecho en mi Voluntad, mucho más que Yo he quedado sellado en ella, y ella tantas veces en Mí?  Así que también en Mí quedará multiplicada tantas veces el alma por cuantos actos ha hecho en mi Querer, son los prodigios de mi Querer, y esto basta para quitarte cualquier duda”.

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Vivir en la Divina Voluntad es sacramento y sobrepasa a todos los demás sacramentos juntos.



12-119

Diciembre 26, 1919


Vivir en la Divina Voluntad es sacramento y

sobrepasa a todos los demás sacramentos juntos.



(1)Estaba pensando entre mí:  “¿Cómo puede ser que el hacer la Voluntad de Dios sobrepasa a los mismos sacramentos?”  Y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:

(2)“Hija mía, ¿y por qué los sacramentos se llaman sacramentos?  Porque son sagrados, tienen el valor y el poder de conferir la gracia, la santidad, pero estos sacramentos obran según las disposiciones de las criaturas, tanto que muchas veces quedan hasta infructuosos, sin poder conferir los bienes que contienen.  Ahora, mi Voluntad es sagrada, es santa, y contiene toda junta la virtud de todos los sacramentos, y no sólo esto, sino que no necesita trabajar para disponer al alma a recibir los bienes que contiene mi Voluntad, porque en cuanto el alma se ha dispuesto a hacer mi Voluntad, se ha dispuesto por sí misma a recibirlos, y mi Voluntad encontrando todo preparado y dispuesto, aun a costa de cualquier sacrificio, sin tardanza se comunica al alma, derrama en ella los bienes que contiene y forma los héroes, los mártires del Divino Querer, los portentos más inauditos, y además, qué hacen los sacramentos sino unir al alma con Dios.  Y ¿qué cosa es hacer mi Voluntad?  ¿No es acaso unir la voluntad de la criatura con su Creador?  Perderse en el Querer eterno, la nada subir al Todo, el Todo descender en la nada; es el acto más noble, más divino, más puro, más bello, más heroico que la criatura puede hacer.  ¡Ah! sí, te lo confirmo, te lo repito, mi Voluntad es sacramento y sobrepasa a todos los sacramentos juntos, pero en modo más admirable, sin intervención de nadie, sin ninguna materia; el sacramento de mi Voluntad se forma entre mi Voluntad y la del alma, las dos voluntades se anudan juntas y forman el sacramento; mi Voluntad es Vida y el alma está ya dispuesta a recibir la Vida; es santa, y recibe la santidad; es fuerte, y recibe la fuerza, y así de todo lo demás.  En cambio mis otros sacramentos, cuánto deben trabajar para disponer a las almas, si es que lo logran.  Y estos canales que he dejado a mi Iglesia, ¿cuántas veces quedan maltratados, despreciados, conculcados?  Y algunos se sirven de ellos para ensuciarse y los ponen contra de Mí para ofenderme.  ¡Ah, si tú supieras los sacrilegios enormes que se hacen en el sacramento de la confesión y los abusos horrendos del sacramento de la Eucaristía, llorarías junto Conmigo por el gran dolor!  ¡Ah! sí, sólo el sacramento de mi Voluntad puede cantar gloria y victoria, sólo él es pleno en sus efectos y es intangible de ser ofendido por la criatura, porque para entrar en mi Voluntad debe dejar su voluntad, sus pasiones; y sólo entonces mi Voluntad se abaja a ella, la inviste, la funde, y de ella hace portentos.  Por eso cuando hablo de mi Voluntad hago fiesta, no la termino jamás, es plena mi alegría, no entra amargura entre Yo y el alma; en cambio en los otros sacramentos mi corazón nada en el dolor, el hombre me los ha cambiado en fuentes de amarguras, mientras que Yo se los he dado como tantas fuentes de gracia”.

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Los Sacramentos producen sus frutos según las almas estén sometidas a la Divina Voluntad, y según la conexión que tengan con el Divino Querer así producen los efectos.


11-64
Septiembre 25, 1913



Los Sacramentos producen sus frutos según las almas estén

sometidas a la Divina Voluntad, y según la conexión que

tengan con el Divino Querer así producen los efectos.



(1) Habiendo dicho al confesor que Jesús me había dicho que la Voluntad de Dios es el centro del alma, y que este centro está en el fondo del alma, que como sol expandiendo sus rayos da luz a la mente, santidad a las acciones, fuerza a los pasos, vida al corazón, potencia a la palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de Dios, mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para estar a nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por doquier, y aun en el Cielo será nuestro centro, el confesor decía en cambio que nuestro centro es el Santísimo Sacramento. Entonces, al venir el bendito Jesús me ha dicho:

(2) “Hija mía, Yo debía hacer de modo que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacramento es centro, pero, ¿quién lo instituyó? ¿Quién sojuzgó a mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una hostia? ¿No fue mi Voluntad? Por lo tanto mi Voluntad tiene siempre la supremacía sobre todo; y además, si el todo está en la Eucaristía, los sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en contacto con mi carne sacramental deberían ser los más santos, los más buenos, y en cambio muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el Santísimo Sacramento! Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los días, deberían ser otras tantas santas si bastara el centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: Vanidosas, iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre centro del Santísimo Sacramento, cómo quedo deshonrado! En cambio una madre de familia que hace mi Voluntad y que por sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de mis virtudes eucarísticas; ¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacramento? Es más, te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a mi Voluntad, y según la conexión que tienen con mi Querer así producen sus efectos, y si conexión con mi Querer no hay, me comulgarán pero quedarán en ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a mi presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como muerto, porque sólo mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no comprende, significa que es niño en la religión”.

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Cómo la Comunión de la Voluntad Divina no está sujeta a consumirse, sus velos son intangibles. Luisa suspira el Cielo y por eso está triste y pone triste a toda la Creación.


20-50

Enero 20, 1927



Cómo la Comunión de la Voluntad Divina no está sujeta a consumirse,

sus velos son intangibles.  Luisa suspira el Cielo y por eso está

triste y pone triste a toda la Creación.



(1) Habiendo recibido la comunión he quedado afligida y angustiada porque eran tales y tantos los accesos de tos, que me sentía sofocar y no podía ni pensar ni estarme con Jesús según mi costumbre.  Después de una hora y más de toser fuerte me he calmado y pensaba entre mí:  “Hace ya una hora o más que he recibido a Jesús y no me he podido recoger para estarme a solas con Él, ya los accidentes de la Hostia se han consumido, Jesús se ha ido y yo no sé dónde encontrarlo nuevamente, así que para mí hoy ha sido como si no hubiese recibido la santa comunión”.  Pero por lo demás, también en esto beso, adoro y bendigo al Fiat Supremo.  Ahora, mientras esto pensaba, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior y apoyaba su cabeza sobre mi espalda y con sus brazos me sostenía para darme fuerza, porque estaba tan agotada que me sentía morir, y todo bondad me ha dicho:

(2) “Hija mía, ¿qué no sabes tú que hay una comunión eterna y tan grande que no está sujeta ni a disminuirse ni a consumirse, que sus velos que la esconden en medio de las criaturas no están sujetos a perecer como los velos de la Hostia Sacramental, que se da a cada instante, a cada respiro, a cada latido y en todas las circunstancias, es más, se debe estar siempre con la boca abierta para poderlas recibir todas, de otro manera muchas quedan fuera del alma, sin que entren dentro, esto es, con la voluntad de querer recibir siempre esta comunión tan grande y continua, que por cuanto se da, no está sujeta ni a disminuir ni a consumirse?  Tú ya has entendido cuál es esta comunión tan grande y continua, ella es mi Fiat Divino que te corre como vida en tu alma, como calor para fecundarte y desarrollarte, como alimento para nutrirte, te corre en la sangre de tus venas, en el latido de tu corazón, en todo; está siempre en acto de darse a ti, basta que tú la quieras recibir y Ella te ahogaría de comuniones, tantas te quiere dar.  Y con razón, con justicia y con derecho, la comunión de mi Voluntad debía ser sin límites y no sujeta a consumirse, porque Ella es principio, medio y fin de la criatura, y por eso debía poderla recibir de modo que nunca, nunca le pudiese faltar, porque una cosa que es principio, medio y fin, debe estar en continuo acto de darse y de poderse recibir, y si no fuese así, faltaría para la pobre criatura su principio de vivir, el medio para mantenerse y perdería el fin a donde llegar, por lo que mi sabiduría infinita jamás podría permitir que la comunión de mi Voluntad fuese limitada para ella.  En cambio la comunión Sacramental no fue dada como principio de las criaturas, ni como fin, sino que fue dada como medio, ayuda, alivio y medicina, y los medios, ayudas, etc., se dan en modo limitado, no perenne, y por eso los velos de los accidentes Sacramentales están sujetos a consumirse, mucho más que si las criaturas aman el recibirme continuamente, está la comunión grande del Fiat Eterno, que está en acto de darse continuamente a ellas, y sin embargo tú te afligías y casi te turbabas porque pensabas que las especies Sacramentales se habían consumido.  No tenías razón de afligirte mientras en ti y fuera de ti está la comunión de mi Querer, que no está sujeta a sufrir ninguna consumación, su vida está siempre en su plenitud, ni mi amor soportaría que la pequeña hija de nuestro Querer no pudiese recibir nuestra Vida Divina, siempre nueva y continua”.

(3) Después de esto continuaba sintiéndome enferma, y haciendo el giro en la Creación para seguir los actos de la Voluntad Suprema, sentía en mí una nota de tristeza, porque la obediencia me había impuesto que yo debía obedecer en desear curarme, mientras que yo suspiraba el Cielo, habría querido dar un salto de en medio de la Creación para alcanzar mi ansiada Patria, pidiendo al cielo, a las estrellas, al sol y a todas las cosas creadas que me acompañasen, pues siendo que uno era el Fiat que nos daba la vida, yo tenía mis derechos de que no me dejasen sola, que todas deberían seguirme hasta las puertas de la eternidad, esperando primero que me recibiese en el Cielo aquella misma Voluntad que me había poseído en la tierra, y que después de mi ingreso en la beatífica Voluntad Celestial se podían retirar cada una a su puesto, y no pudiendo hacer esto me sentía triste y así giraba por toda la Creación.  Ahora, mientras esto hacía, una voz fuerte, armoniosa y argentina se hacía oír desde el centro de la Creación que decía:  “Tu nota triste se ha comunicado a todas las cosas creadas, así que hoy nos has puesto a todos en actitud de tristeza; está segura que todos te acompañaremos al Cielo, es justo que quien ha estado en medio de nosotros, quien nos ha hecho compañía, no entre al Cielo sin nuestra compañía; pero la Creación toda quedará sin quien le pone el brío, sin quien la tiene en fiesta, no resonará más tu eco en medio de nosotros, que haciéndonos como hablantes, glorificamos, amamos, alabamos aquella Voluntad Divina que nos creó y nos conserva; perderemos a aquella que nos visita y nos hace compañía”.  La voz hizo silencio y yo misma me sentía que respiraba un aire triste.  Por eso pensaba que había cometido pecado por haber puesto con mi tristeza, triste a toda la Creación.  Así que ansiaba a mi dulce Jesús para decirle el mal que había hecho, para decirle que para eso Él me había hecho escribir tantas cosas que se referían al Divino Querer para hacer que llegasen en medio de las criaturas, de modo que viviendo de este Fiat Divino pudiesen poseer un Reino tan santo.  Entonces, mientras esto y otras cosas pensaba, mi amado Jesús se ha movido en mi interior y me ha dicho:

(4) “Hija mía, tú tienes razón en quererte venir, pero para que todos los conocimientos de mi Querer salgan fuera y hagan su camino, se necesitará tiempo, y por eso la Creación tiene razón en que quedará de nuevo en su silencio, pero Yo no quiero que te oprimas, abandónate en Mí y deja hacer todo a tu Jesús”.

(5) Y yo: “Amor mío, cuando me lleves al Cielo te pido que me lleves deprisa, deprisa, a fin de que no tengan tiempo de darme esta obediencia”.  Pero mientras esto decía me pareció ver que el cielo, el sol y toda la Creación se inclinaban entorno a mí para hacerme homenaje, y Jesús ha agregado:

(6) “Hija mía, cuando mueras, la Creación toda te investirá y deprisa pasarás al Cielo, ¿no estás contenta?”



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