viernes, 23 de octubre de 2026

La segunda venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Madre María

 

20-14

Octubre 22, 1926

El gran bien que llevará el reino del Fiat Divino. Cómo será preservativo

de todos los males. Así cómo la Virgen, mientras no hizo ningún

milagro, hizo el gran milagro de dar un Dios a las criaturas, así será

quien debe hacer conocer el Reino, hará el gran milagro de

dar una Voluntad Divina.


(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino y decía entre mí: “¿Pero cuál será el gran bien de

este reino del Fiat Supremo?” Y Jesús como interrumpiendo mi pensamiento y como deprisa se ha

movido en mi interior diciéndome:

(2) “Hija mía, ¿cuál será el gran bien? ¿Cuál será el gran bien? El Reino de mi Fiat encerrará todos

los bienes, todos los milagros, los portentos más estrepitosos, más bien los sobrepasará a todos juntos,

y si milagro significa dar la vista a un ciego, enderezar a un cojo, sanar un enfermo, resucitar un muerto,

etc., el Reino de mi Voluntad tendrá el alimento preservativo, y cualquiera que entrará en Él, no habrá

ningún peligro de que pueda permanecer ciego, cojo y enfermo, la muerte en el alma no tendrá más

poder, y si lo tendrá sobre el cuerpo no será muerte, sino paso, y faltando el alimento de la culpa y la

voluntad humana degradada que produce la corrupción en los cuerpos, y estando el alimento

preservativo de mi Voluntad, tampoco los cuerpos estarán sujetos a descomponerse y a corromperse

tan horriblemente de infundir temor aun a los más fuertes, como es ahora, sino que quedarán

compuestos en sus sepulcros esperando el día de la resurrección de todos. Entonces, ¿qué crees tú

que sea más milagro, dar la vista a un pobre ciego, enderezar a un cojo, sanar un enfermo, o bien tener

un medio preservativo para que el ojo no pierda jamás su vista, que se camine siempre derecho, que se

esté siempre sano? Creo que sea más el milagro preservativo que el milagro después de sucedida la

desventura. Esta es la gran diferencia del Reino de la Redención y del Reino del Fiat Supremo, en el

primero fue milagro para los pobres desventurados, como lo es todavía ahora que yacen, quién en una

desventura y quién en otra, y por eso Yo di el ejemplo también en lo exterior, haciendo tantas diferentes

curaciones que eran símbolo de las curaciones que Yo hacía en las almas, y que fácilmente regresan a

su enfermedad. El segundo será milagro preservativo, porque mi Voluntad posee la milagrosa Potencia

que quien se hace dominar por Ella no estará sujeto a ningún mal, por lo tanto no tendrá ninguna

necesidad de hacer milagros, porque los conservará siempre sanos, santos y bellos, dignos de aquella

belleza que salió de nuestras manos creadoras al crear a la criatura. El Reino del Fiat Divino hará el

gran milagro de desterrar todos los males, todas las miserias, todos los temores, porque Él no hará el

milagro a tiempo y a circunstancia, sino que se mantendrá sobre sus hijos de su Reino con un acto de

milagro continuado para preservarlos de cualquier mal y hacerlos distinguir como hijos de su Reino, esto

en el alma, pero también en el cuerpo habrá muchas modificaciones, porque es siempre la culpa el

alimento de todos los males, y quitada la culpa faltará el alimento al mal, mucho más que mi Voluntad y

pecado no pueden existir juntos, por lo tanto, también la naturaleza humana tendrá sus benéficos

efectos.

(3) Ahora hija mía, debiendo preparar el gran milagro del Reino del Fiat Supremo, estoy haciendo

contigo, como hija primogénita de mi Voluntad, como hice con la Soberana Reina, Mamá mía, cuando

preparé el Reino de la Redención, la atraje tanto a Mí, la tuve tan ocupada en su interior para poder

formar junto con Ella el milagro de la Redención, y había tanta necesidad, tantas cosas que juntos

teníamos que hacer, que rehacer, que completar, que debí ocultar en su exterior cualquier cosa que

pudiera llamarse milagro, excepto su perfecta virtud, con esto la dejé más libre para hacerla navegar el

mar interminable del Fiat Eterno, y así pudiese tener acceso a la Divina Majestad para obtener el Reino

de la Redención. ¿Qué hubiera sido más, si la Celestial Reina hubiera dado la vista a los ciegos, la

palabra a los mudos y demás, o bien el milagro de hacer descender al Verbo Eterno sobre la tierra?

Los primeros hubieran sido milagros accidentales, pasajeros e individuales, en cambio el segundo es

milagro permanente y para todos, siempre y cuando lo quieran; por eso los primeros hubieran sido

como una nada comparados al segundo. Ella fue el verdadero sol que eclipsando todo, eclipsó en Sí al

mismo Verbo del Padre, germinando de su luz todos los bienes, todos los efectos y milagros que

produjo la Redención; pero al igual que el sol, producía los bienes y los milagros sin hacerse ver o

hacerse señalar de que era Ella la causa primaria de todo. En efecto, todo lo que Yo hice de bien sobre

la tierra, lo hice porque la Emperatriz del Cielo llegó a tener su imperio en la Divinidad, y con su imperio

me trajo del Cielo para darme a las criaturas.

(4) Ahora, así estoy haciendo contigo para preparar el Reino del Fiat Supremo. Te tengo Conmigo, te

hago navegar el mar interminable de Él para darte el acceso junto al Padre Celestial a fin de que le

ruegues, lo venzas, lo imperes, para obtener el Fiat de mi Reino. Y para cumplir y consumar en ti toda

la fuerza milagrosa que se necesita para un Reino tan santo, te tengo continuamente ocupada en tu

interior en el trabajo de mi Reino, te hago girar continuamente para hacer, para rehacer, para completar

todo lo que se necesita y que todos deberían hacer, para formar el gran milagro de mi Reino, y

externamente nada dejo aparecer de milagroso en ti, excepto la luz de mi Voluntad. Algunos podrán

decir: ¡Cómo! Tantos portentos que manifiesta el bendito Jesús a esta criatura de este reino del Fiat

Divino, los bienes que traerá sobrepasarán Creación y Redención, es más, será corona tanto de una

como de la otra, y a pesar de tanto bien ninguna cosa milagrosa en el exterior se ve en ella como

confirmación del gran bien de este Reino del Eterno Fiat, mientras que los otros santos, sin el portento

de este gran bien, han hecho milagros a cada paso. Pero si se vuelven hacia atrás a considerar a mi

amada Mamá, la más santa de todas las criaturas, el gran bien que encerró en Sí y que trajo a las

criaturas, no hay quién pueda compararse a Ella, hizo el gran milagro de concebir en Sí al Verbo Divino

y el portento de dar un Dios a cada criatura. Y delante a este prodigio jamás visto ni oído, de poder dar

al Verbo Eterno a las criaturas, todos los otros milagros unidos juntos son pequeñas llamitas delante al

sol. Ahora quien debe hacer lo más no es necesario que haga lo menos, así delante al gran milagro del

Reino de mi Voluntad restablecido en medio a las criaturas, todos los otros milagros serán pequeñas

llamitas delante al gran Sol de mi Querer; cada dicho, verdad y manifestación sobre Él, es un milagro

que ha salido de mi Voluntad como preservativo de todo mal y para vincular a las criaturas a un bien

infinito, a una gloria más grande, a una nueva belleza toda divina. Cada verdad mía sobre mi Eterno

Querer contiene la potencia y la virtud prodigiosa, más que si se resucitase a un muerto, que si sanase

a un leproso, que un ciego viese, que un mudo hablase, porque mis palabras sobre la santidad y

potencia de mi Fiat, resucitarán a las almas a su origen, las sanarán de la lepra que ha producido la

voluntad humana, les dará la vista para ver los bienes del Reino de mi Voluntad, porque hasta ahora

eran como ciegos, les dará la palabra a tantos mudos que mientras sabían decir tantas otras cosas, sólo

para mi Voluntad eran como tantos mudos que no tenían palabra; y además el gran milagro de poder

dar una Voluntad Divina a cada criatura, que contiene todos los bienes. ¿Qué cosa no les dará cuando

se encuentre en posesión de los hijos de su Reino? He aquí por qué te tengo toda ocupada en el

trabajo de este mi Reino, y hay mucho que hacer para preparar el gran milagro de que el Reino del Fiat

sea conocido y poseído. Por eso sé atenta en atravesar el mar interminable de mi Voluntad, a fin de

que venga establecido el orden entre Creador y criatura, y así podré hacer el gran milagro por medio

tuyo, de que el hombre regrese a su origen de donde salió”.

(5) Después yo estaba pensando en lo que está escrito arriba, especialmente en que cada palabra y

manifestación sobre la Suprema Voluntad es un milagro salido de Ella, y Jesús para confirmarme lo que

me había dicho ha agregado:

(6) “Hija mía, ¿qué crees tú que haya sido más milagro cuando vine a la tierra: Mi palabra, el

evangelio que anuncié, o bien que di la vida a los muertos, la vista a los ciegos, el oído a los sordos,

etc.? ¡Ah! hija mía, fue más grande milagro mi palabra, mi evangelio, mucho más que los mismos

milagros salieron de mi palabra; la base, la sustancia de todos los milagros salió de mi palabra

creadora, los Sacramentos, la misma Creación, milagro permanente, tuvieron vida de mi palabra y mi

misma Iglesia tiene por régimen, por fundamento mi palabra, mi evangelio. Así que fue más milagro mi

palabra, mi evangelio, que los mismos milagros, los cuales si tuvieron vida, fue por mi palabra

milagrosa. Por lo tanto debes estar segura que la palabra de tu Jesús es el más grande milagro; mi

palabra es como viento impetuoso que corre, golpea el oído, entra en los corazones, calienta, purifica,

ilumina, gira, vuelve a girar de nación en nación, recorre todo el mundo, gira por todos los siglos; ¿quién

puede dar muerte y sepultar una palabra mía? Ninguno. Y si alguna vez parece que mi palabra calla y

está como escondida, ella no pierde jamás la vida, cuando menos se crea, sale y gira por todas partes;

pasarán los siglos en los cuales todos: Hombres y cosas serán arrollados y desaparecerán, pero mi

palabra no pasará jamás, porque contiene la vida, la fuerza milagrosa de Aquél que la hizo salir. Por

eso ten por seguro que cada palabra y manifestación que te hago sobre el Fiat Eterno es el más grande

milagro, que servirán para el reino de mi Voluntad. He aquí por qué tanto te incito y tanto me interesa

que ni siquiera una palabra mía no sea manifestada y escrita por ti, porque me veo regresar un milagro

mío que tanto bien llevará a los hijos del Fiat Supremo”.

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jueves, 22 de octubre de 2026

Vosotros sois pobres que necesitáis alimento para vuestra alma



 18 de junio 1943.     María Valtorta.

Dice Jesús:

«Para mantener las fuerzas físicas hay que nutrir el cuerpo. El indigente que no

puede comprar alimento, lo mendiga a los ricos. Normalmente pide pan. Sin el pan es

imposible la vida.

Vosotros sois pobres que necesitáis alimento para vuestra alma. A vuestra pobreza

Yo he dado el Pan eucarístico. Él os nutre la médula del alma, da vigor al espíritu,

sostiene las fuerzas espirituales, aumenta el poder de todas las facultades intelectuales,

porque donde hay vigor de vida hay también vigor de mente.

Alimento sano que comunica salud. Alimento verdadero que infunde vida verdadera.

Alimento santo que suscita santidad. Alimento divino que da a Dios.

Pero además de pobres sois enfermos, débiles no sólo por la debilidad que produce

la falta de alimento y que cesa con éste. Sois débiles por las enfermedades que os

extenúan. ¡Cuántas enfermedades tiene vuestra alma! ¡Cuántos gérmenes os inocula el

Maligno para crear estas enfermedades! A quien está débil y enfermo es necesario

darle no sólo pan sino también vino.

Yo en mi Eucaristía os he dejado los dos signos de lo que necesita vuestra

naturaleza de hombres pobres y vuestra debilidad de hombres enfermos. Pan que

nutre, vino que fortalece.

Hubiera podido comunicarme a vosotros sin signos externos. Puedo hacerlo. Pero

tenéis demasiada pesantez para captar lo espiritual. Vuestros sentidos externos

necesitan ver. Vuestra alma, vuestro corazón, vuestra mente, se rinden solamente, y

aún así con fatiga, ante las formas visibles y tocables. Es tan cierto que, aunque

lleguéis a creer en Mí en la Eucaristía y a recibirme en la hostia, la gran mayoría no

admitís la infusión del Espíritu en vosotros, de quien os vienen latidos, luces, impulsos

de obras buenas.

Si creyerais con esa fuerza de la que es digna el Misterio, sentiríais, al recibirme,

entrar en vosotros una vida. El acercarme a vosotros os debería arder como el

acercarse a una caldera ardiente. Mi estar en vosotros os debería sumergir en un

éxtasis que os abstraería lo profundo del espíritu en un rapto de Paraíso.

El fundirse de vuestra humanidad enferma con mi Humanidad perfecta os traería

salud hasta física, por lo cual, enfermos corporalmente, resistiríais a las enfermedades

hasta que Yo dijese "Basta" para abriros el Cielo. Os daría inteligencia para entender

rápida y justamente. Os haría impenetrables a los asaltos desenfrenados o a las sutiles

insidias de la Bestia.

En cambio puedo hacer poco porque entro donde la fe es lánguida, donde la caridad

es superficial, donde la voluntad está en esbozo, donde la humanidad es más fuerte

que el espíritu, donde, sobre todo, no os esforzáis en reprimir la carne para que emerja

el espíritu.

No os esforzáis para nada. Esperáis de Mí el milagro. Nada me prohíbe cumplirlo.

Pero Yo quiero de vuestra parte al menos el deseo de merecerlo.

A quien se dirige a Mí gritando que le ayude e imitando la fe de las muchedumbres

de Galilea, Yo me comunicaré no sólo con mi Cuerpo y mi Sangre, sino con mi Caridad,

con mi Inteligencia, con mi Fuerza, con mi Voluntad, con mi Perfección, con mi Esencia.

Estaré, en el alma que sabe venir a Mí, como estoy en el Cielo, en el seno del Padre del

que procedo generando el Espíritu que es Caridad y vértice de perfección».

viernes, 16 de octubre de 2026

Predice las guerras y la suerte de algunos países.



 Octubre 16, 1918

Predice las guerras y la suerte de algunos países.

(1)Me sentía muy afligida por la privación de mi amable Jesús, y mi mente era afligida por el pensamiento de que todo había sido en mí, o trabajo de la fantasía o del enemigo, porque corren noticias de paz y de triunfo para Italia, y yo recordaba que mi dulce Jesús me había dicho que Italia será humillada. ¡Qué pena, qué agonía mortal, pensar que mi vida era un engaño continuo! Sentía que Jesús quería hablarme, y yo no quería escucharlo, lo rechazaba; he luchado así tres días con Jesús, ymuchas veces estaba tan cansada que no tenía fuerzas para rechazarlo, y entonces esús decía y decía, y yo tomando fuerzas de su mismo hablar le decía: “No quiero saber nada”. Finalmente Jesús

me ha rodeado el cuello con su brazo y me ha dicho:

(2)“Cálmate, cálmate, soy Yo, escúchame. No recuerdas que meses atrás lamentándote Conmigo de la pobre Italia te dije: “Hija mía, pierde quien vence y vence quien pierde”. Italia, Francia, han sido ya humilladas, y no serán más hasta que no sean purificadas y vuelvan a Mí libres, independientes y pacíficas. En el triunfo puramente aparente que gozan ya sufren la más grande de las humillaciones, porque no ellas, sino un extranjero que ni siquiera es europeo, es el que ha venido a arrojar al enemigo, así que si se pudiera decir triunfo, que no lo es, es del extranjero. Pero esto es nada, ahora más que nunca pierden más, tanto en lo moral como en lo temporal, porque esto los hará disponerse a cometer mayores delitos, a encarnizadas revoluciones internas, que rebasarán la misma tragedia de la guerra. Y además, lo que te he dicho no se refiere sólo a los tiempos presentes, sino también a los futuros, y lo que no se realice ahora se realizará después, y si en esto alguno encuentra dificultades, dudas, significa que no entiende mi hablar, mi hablar es eterno, como soy Yo.

(3)Ahora quiero decirte una cosa consoladora: Italia y Francia ahora vencen y Alemania pierde.Todas las naciones tienen sus manchas negras y todas merecen humillaciones y que las aplasten. Habrá un desorden general, trastornos por todas partes; con el hierro, con el fuego y con el agua, con muertes repentinas, con males contagiosos, renovaré el mundo, haré cosas nuevas; las naciones harán una especie de torre de Babel, llegarán a no entenderse ni siquiera entre ellas mismas; los pueblos se rebelarán entre ellos, no querrán más reyes; todos serán humillados y la paz vendrá sólo de Mí, y si es hablar de paz, no será verdadera sino aparente. Cuando haya purificado todo pondré mi dedo en modo sorprendente y daré la verdadera paz, y entonces todos aquellos que serán humillados volverán a Mí, y Alemania será católica, tengo grandes designios sobre ella; en Inglaterra, en Rusia y dondequiera que se haya derramado la sangre resurgirá la fe y se incorporarán a mi Iglesia; será el gran triunfo y la unión de los pueblos. Por eso reza, se necesita paciencia, porque no será tan pronto, sino que se necesitará tiempo”.

miércoles, 14 de octubre de 2026

La verdadera paz viene de Dios. El más grande castigo es el triunfo de los malvados.

 

12-64

Octubre 14, 1918

La verdadera paz viene de Dios. El másgrande castigo es el triunfo de los malvados.

(1)Continuando mi habitual estado lleno de amarguras y de privaciones, mi dulce Jesús en cuanto ha venido me ha dicho:

(2)“Hija mía, los gobiernos se sienten faltar el piso bajo sus pies, Yo usaré todos los medios para rendirlos, para hacerlos reentrar en ellos mismos y hacerles conocer que sólo de Mí pueden esperar verdadera y duradera paz; ahora humillo a uno y ahora al otro, ahora los hago volverse amigos y ahora enemigos, haré de todo para rendirlos, les haré faltar los brazos, haré cosas inesperadas e imprevistas para confundirlos y hacerles comprender la inestabilidad de las cosas humanas y de ellos mismos, para hacerlos comprender que sólo Dios es el Ser estable de quien pueden esperar todo bien, y que si quieren justicia y paz, deben venir a la fuente de la verdadera justicia y de la verdadera paz, de otra manera no concluirán nada, continuarán debatiéndose, y si parecerá que congenian, no será duradero, y comenzarán después más fuerte las contiendas. Hija mía, para como están las cosas sólo mi dedo omnipotente puede ajustarlas, y a su tiempo lo pondré, pero grandes pruebas se necesitan y habrán en el mundo, por eso se necesita gran paciencia”.

(3)Después ha agregado con un acento más conmovedor y doloroso:

(4)“Hija mía, el más grande castigo es el triunfo de los perversos, aun se necesitan purificaciones, y los malos con su triunfo purificarán mi Iglesia, pero después los trituraré y los esparciré como polvo al



viento, por eso no te impresiones por los triunfos que oyes, sino llora Conmigo por su triste suerte”.

jueves, 8 de octubre de 2026

EL VALOR DE LA PUREZA, DICE JESÚS

 Insisto sobre el valor de la pureza. La castidad es siempre fuente de lucidez de pensamiento. La virginidad afina y

conserva la sensibilidad intelectiva y afectiva hasta la perfección, perfección que sólo quien es virgen experimenta.

Virgen se es de muchas formas. A la fuerza — y esto especialmente para las mujeres —, cuando no se ha sido elegido

para casarse. Debería ser así también para los hombres, pero no lo es, lo cual está mal, porque de una juventud ensuciada

prematuramente por la lascivia sólo podrá salir un cabeza de familia enfermo en el sentimiento y, frecuentemente, también en

la carne.

Existe la virginidad conscientemente querida, o sea, la de quienes, en un arrebato del corazón, se consagran al Señor.

¡Hermosa virginidad! ¡Sacrificio agradable a Dios! Pero no todos, luego, saben permanecer en ese candor suyo de lirio enhiesto

sobre el tallo, orientado hacia el cielo, que no sabe del fango del suelo, abierto sólo al beso del sol de Dios y de sus rocíos.

Muchos permanecen fieles materialmente al voto en sí. Pero infieles con el pensamiento, que añora y desea lo que ha

sacrificado. Éstos son vírgenes sólo a medias. Si la carne está intacta, el corazón no lo está. Este corazón fermenta, hierve, libera

humos de sensualidad, tanto más refinada y saboreada cuanto más es creación del pensamiento que acaricia, alimenta y

aumenta continuamente imágenes de satisfacciones ilegítimas; ilícitas incluso para el libre, más que ilícitas para el consagrado.

Viene entonces la hipocresía del voto. Hay apariencia, la sustancia falta. Y en verdad os digo que entre quien viene a mí

con el lirio roto por la imposición de un tirano, y quien viene con el lirio no materialmente quebrado, pero sí sucio de babas por

la regurgitación de una sensualidad acariciada y cultivada para llenar de ella las horas de soledad, Yo llamo "virgen" al primero y

"no virgen" al segundo. Y al primero le doy corona de virgen y doble corona de martirio con causa en la carne herida y en el

corazón llagado por la mutilación no querida.

E1 valor de la pureza es tal que — lo has visto — Satanás se preocupaba ante todo de inducirme a la impureza. Él sabe

bien que la culpa sensual desmantela el alma y la hace fácil presa para las otras culpas. La atención de Satanás se dirigió a este

punto capital para vencerme.

El pan, el hambre, son las formas materiales para la alegoría del apetito, de los apetitos que Satanás explota para sus

fines. ¡Bien distinto es el alimento que él me ofrecía para hacerme caer como ebrio a sus pies! Después vendría la gula, el

dinero, el poder, la idolatría, la blasfemia, la abjuración de la Ley divina. Mas el primer paso para poseerme era éste: el mismo

que usó para herir a Adán.

El mundo se burla de los puros. Los culpables de impudicia los agreden. Juan el Bautista es una víctima de la lujuria de

dos obscenos. Pero si el mundo tiene todavía un poco de luz, se debe a los puros del mundo. Son ellos los siervos de Dios y

saben entender a Dios y repetir las palabras de Dios. Yo he dicho: "Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios",

incluso desde la tierra. Ellos, a quienes el humo de la sensualidad no turba el pensamiento, "ven" a Dios y lo oyen y le siguen, y

lo manifiestan a los demás.

Juan de Zebedeo es puro. Es el puro entre mis discípulos. ¡Qué alma de flor en cuerpo de ángel! Me llama con las

palabras de su primer maestro y me pide que le dé paz. Mas la paz la tiene en sí por su vida pura, y Yo lo he amado por esta

pureza suya, a la que he confiado las enseñanzas, los secretos, la más querida Criatura que tuviera.

Ha sido mi primer discípulo, mi amante (en el buen sentido de la palabra) desde el primer instante en que me vio. Su

alma se había fundido con la mía desde el día en que me había visto pasar a lo largo del Jordán y había visto que el Bautista me

señalaba. Aunque no se hubiera cruzado conmigo luego, a mi regreso del desierto, me habría buscado hasta encontrarme;

porque quien es puro es humilde y está deseoso de instruirse en la ciencia de Dios, y va, como el agua al mar, hacia los que

reconoce maestros en la doctrina celeste.

No he querido que hablases tú sobre la tentación sensual de tu Jesús. Aunque tu voz interior te había hecho entender el

motivo de Satanás para moverme a la carne, he preferido hablar de ello Yo. Y no pienses nada más. Era necesario hablar de ello.

Ahora pasa adelante. Deja la flor de Satanás en la arena. Ven tras Jesús, como Juan. Caminarás entre las espinas, pero

encontrarás por rosas las gotas de sangre de Quien por ti las vertió para vencer también en ti a la carne.

Prevengo también una observación. Dice Juan en su Evangelio hablando del encuentro conmigo: "Y al día siguiente".

Parece, por eso, que el Bautista me hubiera indicado al día siguiente del bautismo, y que inmediatamente Juan y Santiago me

hubieran seguido. Ello contrasta con lo que dijeron los otros evangelistas acerca de los cuarenta días pasados en el desierto.

Leedlo así: "(Una vez acaecido el arresto de Juan) un día después, los dos discípulos de Juan Bautista, a los cuales me había

señalado diciendo: 'He ahí el Cordero de Dios', viéndome de nuevo, me llamaron y me siguieron". Después de mi regreso del

desierto.

Y juntos volvimos a las orillas del lago de Galilea, donde me había refugiado para empezar desde allí mi evangelización,

y los dos hablaron de mí — después de haber estado conmigo durante todo el camino y una jornada entera en la casa

hospitalaria de un amigo de mi casa, de la parentela — a los otros pescadores. Pero la iniciativa fue de Juan, a quien la voluntad

de penitencia había hecho de su alma, ya de por sí cristalina por su pureza, una obra maestra de pulcritud en que la Verdad se

espejeaba nítidamente, dándole también la santa audacia de las personas puras y generosas, que no tienen miedo nunca a dar

un paso al frente donde ven que está Dios, donde ven que hay verdad, doctrina, caminos de Dios.

¡Cuánto le amé por esta característica suya sencilla y heroica!»!

viernes, 2 de octubre de 2026

El Reino de Dios en los corazones...

" Que nuestro Querer debe tener su reino sobre la tierra".

Nuestros decretos son infalibles, nadie  nos puede impedir que se lleven a cabo, Así como fue decreto la Creación, la Redención, así es decreto nuestro el reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, por eso, para cumplir este nuestro decreto, Yo debía manifestar los bienes que hay en él, sus cualidades, sus bellezas y maravillas, he aquí la necesidad por la cual Yo debía hablarte tanto, para poder cumplir este decreto.

Hija , para llegar a esto Yo quería vencer al hombre por caminos de Amor, pero la perfidia humana me lo impide, por eso usaré la Justicia, barreré la tierra, quitaré a todas las criaturas nocivas, que como plantas venenosas envenenan las plantas inocentes, Cuando haya purificado todo, mis verdades encontrarán el camino para dar a los sobrevivientes la Vida, el bálsamo, la paz que mis verdades contienen , y todos las recibirán, les darán el beso de paz, y para confusión de quien no las haya creído, más bien las ha condenado, reinará y tendré mi reino sobre la tierra: "Que mi Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra".


volumen 36(32) 2 octubre 1938....Libro de Cielo

martes, 1 de septiembre de 2026

TÚ SABES QUE YO TE AMO


 

Confidencias de Jesús a un sacerdote

 

Parte 1ª

 

5 de Mayo de 1975

 

LOS QUIERO VIVOS.

 

Hijo mío, no me conformo con la adhesión poco más que formal de muchos sacerdotes míos.

Hijo, quiero de mis sacerdotes una participación activa en mi Redención.

Quiero a mis sacerdotes conmigo sobre el Calvario; muchos se niegan a seguirme en mi dolorosa subida.

A mis sacerdotes los quiero orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía. Algunos no creen ni siquiera en mi presencia en los altares, otros me abandonan y se olvidan de Mí, otros,  nuevos Judas, me traicionan.

¡Quiero a mis sacerdotes constructores de mi Reino en las almas, no devastadores de mi Reino!

Quiero de mis sacerdotes el amor, porque Yo los amo infinitamente desde la eternidad. Alma del amor es el sufrimiento: se ama en la medida en que se sufre. Pero hoy muchos huyen del sufrimiento, y por tanto, del amor.

Hijo, quiero a mis sacerdotes conscientes, responsables y conocedores de su papel en el Cuerpo Místico. Los quiero vivos, vibrantes de gracia, de fe, de amor y por tanto de sufrimientos.

¡Cuánto tiempo perdido, cuánto bien no realizado, cuántos obstáculos e impedimentos en mi Cuerpo Místico! Que despilfarro de lo sobrenatural... porque muchos, muchos no tienen como soporte sino sólo una escasa fe, esperanza y amor.

¡Pobres sacerdotes míos que caminan a tientas en la oscuridad! Los amo, quiero su conversión, hijo.

Por lo tanto ¿Te extraña entonces si te pido sufrir un poco y rezar por ellos?

 

Los quiero conscientes

 

—Jesús, hazme entender qué cosa quieres de nosotros, sacerdotes.

Ya te lo he dicho: os quiero conscientes de vuestra vocación. Yo os he escogido con especial predilección y amor.

Quiero a mis sacerdotes conscientes de su participación en mi Sacrificio, no simbólico sino real. Esto lleva consigo unión y fusión de su sufrimiento y el mío. No es formulismo exterior, sino estupenda y tremenda realidad: ¡la Santa Misa!

El sacerdote debe unirse a Mí en el ofrecimiento de Mí mismo al Padre. ¿Qué Misa es la del sacerdote carente de esta conciencia y convicción?

Piensa, hijo mío, ¡qué dignidad, grandeza y potencia he dado a mis sacerdotes! El poder de transubstanciar el pan y el vino en Mí mismo: en mi Cuerpo, en mi Sangre, en todo Yo mismo. En sus manos se repite cada día el prodigio de la Encarnación.

Los he constituido depositarios y dispensadores de los frutos divinos del Misterio de la Redención. Les he conferido el poder divino de perdonar o de retener los pecados de los hombres. Como a mi Padre putativo, los he constituido custodios míos sobre la tierra. Pero, para muchos, ¡qué diferencia  entre el amor con el que me custodiaba San José y su descuido de Mí en el Sagrario!

Hijo, a mis sacerdotes he confiado la tarea de anunciar mi palabra. Pero ¿en qué modo se lleva a efecto esta importante tarea del ministerio sacerdotal? Lo dice la esterilidad en general que acompaña a la predicación.

A mis sacerdotes les está confiada la tarea de combatir contra las oscuras fuerzas del Infierno, pero ¿quién se cuida de hacerlo, de echar a los demonios? Para hacer esto se necesita tender a la santidad; así también para curar a los enfermos se necesitan oraciones  mortificación.

Hijo mío, a mis sacerdotes los quiero santos porque deben santificar. No deben poner confianza, para su ministerio, en medios humanos como muchos lo hacen. No deben confiar en las criaturas sino en mi Corazón Misericordioso y en el Corazón Inmaculado de Mi Madre.

Los sacerdotes son verdaderos ministros míos pero, hecha excepción de pocos, no tienen conciencia de esta su posición.

Son mis embajadores, acreditados por Mí entre los hombres, las familias y los pueblos.

 

Van con el mundo

 

Los sacerdotes son realmente partícipes de mi eterno Sacerdocio. El sacerdote es protagonista, en el Cuerpo Místico, de grandes hechos y acontecimientos sobrenaturales.

Los sacerdotes deben ser hostias para darse e inmolarse por la salvación de los hermanos.

Es pecado gravísimo pensar en salvar las almas con los propios recursos humanos de inteligencia y de actividad. Toda actividad exterior del sacerdote que carece de fe,  amor, sufrimiento y oración, es nula, es vana.

El sacerdocio es un servicio. El que sirve se diferencia del servido, no se identifica con las personas servidas. El sacerdote debe diferenciarse de las almas a él confiadas, como el pastor se diferencia de su grey.

Si los sacerdotes vieran la grandeza de su dignidad, la sublime potencia sobrenatural de la que están revestidos (como veía estas cosas San Francisco de Asís)  tendrían para sí mismos y para sus hermanos sacerdotes un grande y devoto respeto.

Hijo, desgraciadamente algunos se buscan a sí mismos olvidándose de Mí. Otros muchos van con el mundo, aún sabiendo que el mundo no es de Dios sino de Satanás.

Algunos me traicionan, otros están demoliendo mi Reino en las almas, al sembrar errores y herejías. Otros están áridos por carencia de la savia vital del alma: el amor, cuya verdadera alma es el sufrimiento.

Debes por tanto, rezar y ofrecerte, con una correspondencia sensible a mis invitaciones, a la reparación, a la penitencia, a la oración para que todos mis sacerdotes se conviertan. Sí, se conviertan y cada uno tome su puesto en el Cuerpo Místico:  ad majorem Dei gloriam[1] y por la salvación de las almas.

 

Renovación real

 

-A mi pregunta de que qué quería dar a entender precisamente al decir: "Quiero a mis sacerdotes orantes y operantes Conmigo en la Eucaristía",  la respuesta ha sido ésta:

"¿Qué cosa he hecho y hago Yo en el sacrificio de la Cruz y de la Santa Misa? ¿Cómo he rezado al Padre?  “Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

No olvides (como muchos olvidan) que el sacrificio de la Santa Misa es la real renovación del sacrificio de la Cruz.

En el sacrificio de la Cruz está mi oración al Padre unida al anonadamiento de mi voluntad, aniquilamiento total. Está el ofrecimiento total de Mí mismo con un acto de infinito amor y de infinito sufrimiento; está la inmolación de Mí mismo por las almas.

El sacerdote que se une, y que Yo quiero unido a Mí en este sufrimiento, participa más que nunca en mi Sacerdocio. Nunca es tan sacerdote como cuando hace esto Conmigo.

 

Despilfarro de lo sobrenatural

 

¡Cuántas Santas Misas privadas de esta alma vital, de esta unión íntima y fecunda!

El Sacerdote atestigua su amor a Dios y al prójimo en el acto más importante de su jornada cuando, responsablemente en unión Conmigo, se anonada a sí mismo en la ofrenda eficaz de su voluntad al Padre y acepta inmolarse por las almas por las que Yo  incesantemente me inmolo.

O sea: el sacerdote en la Santa Misa debe darse realmente Conmigo al Padre para ser dado por el Padre a las almas.

Esto debe preceder a toda otra actividad del sacerdote, de lo contrario, es despilfarro de tiempo y de lo sobrenatural; de otro modo se vuelve estéril desde la raíz toda su actividad.

Hijo, si te hiciera ver cómo son celebradas muchas, muchas Santas Misas, te quedarías espantado hasta el punto de morir...

En este sentido te repito: quiero orantes y operantes a mis sacerdotes como Yo fui y soy; sólo así es como se hacen instrumentos, para sí y para los hermanos, de verdadera renovación espiritual.

¡Cuántas actividades inútiles, hijo mío, porque están privadas de su alma natural!

 

9 de Mayo de 1975

 

LA REDENCION SE COMPLETA

 

- He aquí, en síntesis, lo que Él me ha dicho: "Propter peccata veniunt adversa".[2]

La humanidad ha pecado en origen en Adán y Eva; luego los hombres han continuado pecando. Se necesitaba pagar y expiar;  pero la humanidad era impotente para expiar su deuda.

El Verbo se insertó en la humanidad con el Misterio de la Encarnación. Expía y da satisfacción por la Culpa y por las culpas de la humanidad. Su triunfo está constituido por el Misterio de la Cruz: “Cum exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum"[3]

Salva, expía, da satisfacción y redime con un sufrimiento infinito. Su triunfo brota de los insultos, de los escupitajos, de la flagelación... De este modo glorifica al Padre y salva a las almas; reconcilia a la humanidad con la Divinidad y triunfa sobre sus enemigos visibles pero sobre todo, sobre sus enemigos invisibles: Satanás y sus secuaces.

De su Costado brota el Misterio de la Iglesia, su Cuerpo Místico del que Él es la Cabeza.

Es ley natural que el sufrimiento de un órgano se refleje y repercuta en los otros órganos del cuerpo. Así la Redención, iniciada con la Encarnación y consumada en la Cruz se completa en todos los miembros del Cuerpo Místico con el sufrimiento hasta el fin de los tiempos.

Nuestras acciones humanas nunca son solamente personales; sus consecuencias, sean buenas o malas no son  nunca sólo personales, sino que repercuten positiva o negativamente en todo el Cuerpo Místico, del que cada uno es miembro.

Por eso el cristiano nunca es tan cristiano como cuando sufre, culpable o inocente, adulto o pequeño; su sufrimiento, como el de Cristo, se vuelve patrimonio de todos, aunque conservando su valor personal.

El cristiano, se acerca tanto más a Cristo con su sufrimiento, cuanto más colabora en completar el Misterio de la Redención en la Iglesia. Ésta, como Cristo, de cuyo costado ha brotado, triunfa en el dolor, en la humillación y en la persecución.

 

 

Las injusticias espirituales

 

El no querer sufrir es falta de amor a Dios, es falta de justicia y de amor al prójimo y a los hermanos más necesitados de la Misericordia divina.

Se deploran las injusticias sociales, y justamente, pero no se deploran para nada las injusticias espirituales perpetradas en perjuicio de tantas almas que se pierden porque nos hemos negado a sufrir con Él por su salvación.

Terrible falta de sensibilidad cristiana que revela la tremenda crisis de fe; y con la fe está en crisis la esperanza y la caridad.

El no querer sufrir manifiesta la falta de justicia y de caridad hacia Dios y hacia los hermanos: de estas dos grandes virtudes que constituyen el soporte de toda la vida cristiana.

Los rebeldes al sufrimiento corren el grave riesgo de auto eliminarse del Cuerpo Místico, corren el peligro de agostarse como ramas secas e inútiles, es más, nocivas, buenas solo para el fuego. Falta en los cristianos la visión del gran valor de los bienes eternos, para los que han sido creados y redimidos.

El no querer sufrir es un gravísimo mal de la sociedad materialista que, desgraciadamente, ha contagiado clero, religiosos y religiosas.

En consecuencia, ella ha sofocado la verdadera y auténtica vida cristiana de fe, de esperanza y de amor; ella ha vuelto ciegas las almas, ha hecho insípida a la sal y ha apagado muchas lámparas que habrían debido difundir luz y que ya no lucen más.

 

15 de Julio de 1975

 

UNA COMUNIÓN PERFECTA

 

- He pedido al Señor que me hiciera conocer la participación de la Santísima Virgen en el Misterio de la Encarnación. Con gran bondad me ha respondido:

“La participación de mi Madre en mi Encarnación es Misterio grande y sublime”.

Mientras Ella me daba la vida corporal y me nutría y me criaba, antes del nacimiento y después del nacimiento, Yo le daba en medida cada vez mayor mi Vida divina. [4]

Por eso Yo soy como parte de Ella por la naturaleza humana, y Ella es como parte de Mí por la naturaleza Divina.

Naturaleza humana y naturaleza divina en Mí y en Ella, se funden de un modo único, particularísimo y misterioso, por el que todo lo que es mío es también suyo y todo lo que es suyo es también mío.”

De aquí queda claro y evidente que su participación en el Misterio de mi Encarnación la lleva a una comunión perfecta por lo que, pensamientos, afectos, alegrías y dolores es como si brotaran de una sola fuente.

La participación de Ella en mi sufrimiento infinito es misteriosamente tan intensa que no se puede comprender por la mente humana. Por esta misma razón se vuelve incomprensible a la mente humana su amor por Mí, Uno y Trino, y por todos los hombres.

Es incomprensible a la mente humana la grandeza de mi Madre en la prueba, en el dolor y su grandeza en la gloria.

Ella vive en Mí; Yo vivo en Ella. Así es ahora, así fue,  así será siempre.

 

25de Julio de 1975

 

UN HECHO EVIDENTE

 

-  Señor, ¿cuál es la participación de tu Madre en el Misterio Eucarístico?

"La misma que en el Misterio de la Encarnación.

Es de comunión perfecta, viviendo Ella de Mí y Yo de Ella: Ella de mi naturaleza divina, Yo de su naturaleza humana.

He dicho que vivimos en una comunión perfecta: donde estoy Yo, también está Ella.

Hijo, bastaría esto para volver más accesible a las almas la grandeza de mi Madre y vuestra.

Por medio suyo el injerto de Mí, Verbo eterno de Dios, en la naturaleza humana; por medio suyo se ha hecho realidad el Misterio de la salvación.

Es un Misterio en pleno desarrollo. Por medio de Ella, Satanás ha sido vencido y el hombre de buena voluntad, si quiere, puede salvarse”.

La comunión, que brota del Misterio de la Encarnación, continúa en el Misterio Eucarístico y continuará eternamente. Yo siempre viviré de su naturaleza humana y Ella siempre vivirá de mi naturaleza divina.

Esta comunión es un hecho evidente jamás repetible. No tiene comparación en la comunión  mía con las almas en gracia, aunque también esta última es una cosa que no se puede describir humanamente por su belleza sobrenatural.

 

Envueltos en la oscuridad

 

De las relaciones que intervienen entre Dios Uno y Trino y Mi Madre se derivan hechos sublimes, únicos e irrepetibles:

 -  su maternidad inseparable de su virginidad,

 -  su concepción inmaculada,

 -  su exención de la corrupción de la carne,

 -  su asunción y su realeza sobre todas las potestades del Cielo y de la tierra,

-  su poder sobre las mismas fuerzas del infierno que, al final, derrotará definitivamente.

Los hombres, en su presuntuoso simplismo, no ven la grandeza y el poder de mi Madre que es también su Madre. No han escuchado sus repetidas llamadas maternales.

Si los hombres se volvieran a Ella arrepentidos, si le rezaran, podrían evitar la avalancha que los amenaza y que ya está en movimiento.

Pero, embriagados de placeres y de bienes materiales, viven en cambio envueltos en la oscuridad como si Dios no existiera y como si tampoco existiera mi Madre.

Los hombres, e incluso muchos de mis ministros, no han comprendido, el amor sin medida de su Madre Celestial, porque no han profundizado.

Si lo hubieran comprendido y lo hubieran correspondido, cuántos males no se habrían evitado a los individuos y a los pueblos; ¡cómo habría sido de serena para todos su peregrinación por la tierra!

 

28 de Julio de 1975

 

CON EL CORDERO SE OFRECIÓ A SÍ MISMA

 

 — ¿Cuál es la participación de la Virgen María en el Misterio de la Cruz?

"La participación de mi Madre en el Misterio de la Cruz es un hecho único en la historia del género humano y también en la historia del Cielo.

iluminada

Mi Madre, solo Ella entre todas las mujeres, es verdadera Sacerdotisa. Ella, bien erudita en las Sagradas Escrituras, iluminada sobreabundantemente por el Espíritu Santo, aceptando la maternidad divina bien sabía lo que iba a ser de Ella.

Por lo demás, el viejo Simeón, sin términos medios le dijo: "y tú, oh mujer, tendrás el corazón traspasado... etc."

Mi Madre conservó en su corazón esta tremenda profecía, para Ella límpida y transparente, tanto que la misma profecía fue como hoja afilada que le traspasó el corazón durante toda su vida.

Mi Madre fue verdadera Sacerdotisa.

 

No en el sentido común, en el que lo son en cierto modo, los bautizados y los confirmados. Ni siquiera en el sentido ministerial, sino en modo diferente, y todavía más profundo, de quien ha recibido el Sacramento del Orden.

Mi Madre fue y es verdadera Sacerdotisa en cuanto que en la cima del Calvario ofreció al Padre la Víctima pura y santa, el Cordero de Dios, su Hijo y con el Cordero se ofreció a sí misma.

Ella es también víctima por los pecados.

Presente, consciente, copartícipe, no sufrió la acción, pero - con el Hijo suyo divino - fue verdadera protagonista del drama de la Redención en el que se centra la historia del género humano.

En este doble ofrecimiento, que se renueva en cada Misa, está la acción por la cual el Sacerdote es verdaderamente tal. Nunca en efecto el Sacerdote es tan Sacerdote como cuando, junto a Mí, me ofrece a Mí mismo y a sí mismo al Padre.

Por esto mi Madre es corredentora.

Para realizar este ofrecimiento mi Madre ha debido anonadarse enteramente a sí misma. La víctima se destruye, la víctima se consuma. Ella ha debido destruir su corazón de Madre santa y pura, la más santa entre todas las madres.

Ha debido sacrificar e inmolar todo sentimiento suyo, ha debido y querido repetir su “fiat” y, como Jesús y con Jesús ha dicho: “no se haga, oh Padre, mi voluntad sino la tuya”.

Sólo un amor indescriptible, incomprensible, un amor sin dimensiones humanas la ha hecho capaz de tan grande prodigio.

Mi Madre, como Sacerdotisa, ha testimoniado a Dios y a los hombres la más grande prueba de amor que consiste en sacrificar no la propia vida, sino la vida de Aquel a quien más se ama.

 

Tremenda sorpresa

 

Los hombres saben poco y reflexionan menos todavía sobre lo poco que saben.

Los hombres y muchos ministros míos y almas consagradas, no consideran que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente. Débilmente creen en la sublime realidad del Misterio de la Cruz, que se perpetúa en el Santo Sacrificio de la Misa.

Los sacerdotes no piensan que junto a Mí, que estoy presente en la Hostia consagrada, está mi Madre como en el Calvario, que ofrece al Padre, al mismo tiempo que a Mí, también a sí misma.

Piensa, hijo, qué tremenda sorpresa será un día para muchos de mis ministros el descubrir el hecho de haber sido sólo materialmente, Conmigo y con la Madre mía y suya, protagonistas de estos grandes misterios.

Reflexiona en cuántos frutos no logrados, en cuántas almas no santificadas por la ceguera culpable de muchos ministros míos.

Reflexiona en los sacrilegios continuos.

Mi Madre está y permanece en perfecta comunión Conmigo. En Ella se han cumplido grandes cosas. ¡Qué ejemplo es mi Madre para todos los sacerdotes!

Si mis sacerdotes se inspiraran en esta perfecta comunión que interviene entre Mí y mi Madre, lucharían cotidianamente por el aniquilamiento total del propio yo.

Ofreciéndose al Padre junto a Mí, siguiéndome en la Cruz en lugar de seguir al mundo, experimentarían que mi yugo es suave y ligero.  Verían el árbol de mi Iglesia, riquísimo de frutos.

Hijo, el mundo se está precipitando hacia la ruina como una terrible avalancha. Cuando una avalancha inicia su descenso, raramente se la advierte; su movimiento inicial es imperceptible, luego, poco a poco, crece y se hace arrollador.

Pues bien, la avalancha ha iniciado su marcha y los hombres ciegamente no advierten el desastre hacia el que se precipitan.

La alarma se ha dado, casi inútilmente. Poquísimos la han acogido; muchísimos la han ignorado.

Pero lo que más entristece mi Corazón Misericordioso y el Corazón Inmaculado de la Madre mía y vuestra, es el hecho de que demasiados sacerdotes hayan ignorado las múltiples llamadas venidas del Cielo. Tremenda responsabilidad...

¡Rezar, reparar, ofrecer!

Esto urge decir; esto urge hacer.

                       

29 de Julio de 1975

 

LA DIGNIDAD SACERDOTAL

 

"Hijo, el Sacerdote me pertenece,  todas las criaturas me pertenecen, todos los hombres me pertenecen, pero el sacerdote me pertenece en modo diferente y particular.

Tú, hijo mío:

— me perteneces por Creación,

— me perteneces por Redención,

— me perteneces por Vocación,

— me perteneces por Reconquista.

Así es verdaderamente.

Por lo tanto, eres mi propiedad, y como propiedad mía, tú realizas el fin de la Creación, el fin de la Redención y el fin de tu Vocación solamente de un modo: adecuándote escrupulosamente a mi voluntad.

Para esto te he llamado: no me has escogido tú a Mí, sino que Yo te he escogido a ti. Te he escogido para hacer de ti un ministro mío, es decir, para hacer de ti otro Yo mismo. No es un modo de decir, sino que es una gran realidad: Sacerdos alter Christus[5].

Sólo los santos han tenido la justa visión de la grandeza sacerdotal. Muchos ministros míos están muy lejos de vivir esta realidad divina: no tienen la visión luminosa del Misterio del que son parte.

Mis ministros deberían ser responsablemente conscientes de su dignidad sacerdotal, adecuando a ella día y noche toda aspiración y toda energía, toda fatiga y todo sufrimiento.

Así han hecho los sacerdotes santos y ¡todos los sacerdotes deben ser santos!

Para esto los he escogido para santificarse y luego santificar, para darse a Mí enteramente porque son míos, porque me pertenecen por tantos títulos y para que Yo pueda darlos, sin reservas, a los hermanos.

Pero, ¿qué hacen tantos ministros míos? Cuidan de sus intereses (muchas veces disimulados, pero siempre sus intereses) no de los míos que son los de las almas. Están sedientos y hambrientos de cosas mundanas.

He dicho que cuidan de sus intereses: mejor definirlos pseudo - intereses; el verdadero interés de ellos debe ser uno sólo: “Dios”. La gloria de Dios, la salvación de las almas; todo el resto no vale.

Por fuerza vagan desorientados en la niebla y en la oscuridad, que no se reconocen ya ni a sí mismos. No saben ya quiénes son, no saben a dónde van;  por fuerza resulta que ¡no hacen mella en las almas!

No, no se salvan almas en las playas donde impera Satanás compitiendo con los hijos de las tinieblas en la inmodestia, en la impureza, en el mal. No se salvan almas leyendo toda clase de libros, envenenando y contaminando espíritu y alma. No se salvan almas repudiando la fe. Se han hecho materialistas.

 

Espantosa inversión

 

Cuán lejos están estos ministros míos del Centro propulsor de la gracia que es mi Corazón misericordioso.

Cuánto sufrí por Judas, reacio a mi amor, cuanto sufrí por Judas, pero más que por la traición hecha con relación a mí,  por la ruina de su alma.

Cuánto sufrimiento por muchos sacerdotes míos que traicionan el mandato divino, pudriéndose a sí mismos y a tantas almas.

Hijo mío, un sacerdote no se salva solo ni se pierde solo. Obrando por la salvación de un sacerdote se obra por la salvación de otras muchas almas.

Que tremenda y espantosa inversión de una estupenda realidad divina:

— de Alter Christus, a lobo rapaz que dispersa el rebaño;

— de Ángel de luz, a ángel de las tinieblas.

— de Ministro embajador de Dios a traidor de la finalidad de la Creación, de la Redención y de su Vocación.

"Ya no os llamo siervos, sino amigos".

De amigo de Dios a colaborador de Satanás en el arrancar a mi Corazón Misericordioso las almas

¿No es este el mal más grande que un hombre, un ministro mío puede hacer?

 

Necesidad esencial

 

¿Por qué se llega a tanto?

Hijo mío, a medida que se nos aleja de la fuente de la luz, se nos adentra primero en la sombra, luego en la oscuridad; a medida que se nos aleja de la fuente del calor (amor)  penetra en el alma primero el frío y después el hielo,  la insensibilidad a toda llamada mía.

Es necesario unirse a Mí, hijo, siempre más íntima y profundamente como mi Madre fue y está unida a Mí en el ofrecimiento.

Por eso no te debe extrañar lo que con insistencia te pido. Un acto de fe, un acto de esperanza, un acto de amor y de abandono me recompensa por las ofensas, injurias y sacrilegios que continuamente se realizan.

Yo quiero atraer a Mí las almas, a las que amo, con la violencia y la potencia infinita de mi amor.

Yo quiero vincular y elevar a Mí a éstas almas: he aquí por qué les  pido a ellas darse a Mí enteramente en la realización de  mi voluntad, según el ejemplo de mi Madre y vuestra Madre.

Quiero que estas almas estén tendiendo hacia Mí día y noche, en una unión que debe transformarse en comunión perfecta.

Esto sucede cuando el amor por Mí es verdadero, grande y abrasador. Entonces el tender hacia Mí con actos de fe, de esperanza, de confianza y de ofrecimiento se volverá como una segunda naturaleza, algo preciso, una necesidad esencial, como lo es para el amante tender hacia el objeto amado. Entonces como no se puede vivir sin respirar, tampoco se podrá vivir sin Mí.

Hijo, esto pido: no te olvides de que Yo soy el Amor, el Amor eterno, increado, que desde siempre estoy inclinado hacia vosotros.

Tengo derecho de ser amado por vosotros, porque soy el Amor, porque por amor os he creado, por amor os he redimido, por amor os he escogido y por amor os he reconquistado.                

 

6 de Agosto de 1975

 

EL RECHAZO DE DIOS

 

— Hijo, levántate y escribe de rodillas:

“Dos hechos centran en sí toda la historia del género humano.

El primero es la Creación del hombre y su rechazo de Dios.

Este rechazo de Dios constituye una catástrofe espantosa de gravedad gigantesca cuyas consecuencias destructivas se perpetuarán en los siglos hasta el fin de los tiempos.

Los hombres instigados por las oscuras y misteriosas potencias del infierno, materialistas como son,  no tienen ya la percepción de esta enorme tragedia que ha desbaratado la naturaleza humana hiriéndola mortalmente, debilitándola y privándola de los dones maravillosos con los que fue creada.

Los hombres ya no tienen conciencia de la inmensa tragedia de la que son objeto y víctimas, y en la que están envueltos personal y socialmente.

Guerras y revoluciones, epidemias, inundaciones y terremotos, cataclismos, dolores, sufrimientos tienen ahí su origen y  ¿qué son las particulares y terrenas vicisitudes humanas frente a esta tragedia por la que la humanidad entera estaba eternamente perdida?

El otro acontecimiento, que también centra en él toda la historia del género humano es el Misterio de la Encarnación, Muerte y Resurrección del Verbo.

Obra de la Trinidad Divina, querida por la misma Trinidad como respuesta eficaz con miras a limitar y circunscribir la obra devastadora de Satanás y como contra - medida para el rescate de la humanidad y para liberarla de la tiranía del Maligno.

Sólo Dios podía realizar una obra de redención semejante.

La monstruosidad de esta generación perversa está en ignorar y querer ignorar el portentoso Misterio de salvación, a través del cual es también visible el Amor infinito de Dios por la humanidad.

¿Podía, hijo mío, dar un testimonio más grande para la salvación de los hombres que el provisto con mi Encarnación, Muerte y Resurrección?

¿Podía dar un testimonio más grande que la perpetuación del Misterio de la Cruz mediante el Sacrificio de la Santa Misa?

¿Puede haber un hecho comparable a éste en todas las historias de los pueblos de la tierra?

¿Pruebas para creer? ¡No las buscan! De ellas he dado tantas. ¿Milagros Eucarísticos? Pero ¡cuántos de ellos he realizado en tiempos remotos y en tiempos actuales!

Hijo mío, no quieren creer, tienen miedo de tener que creer.

 

Un conflicto gigantesco

 

El rechazo de Dios, que es Amor infinito, es un pecado de tal gravedad que, todas las demás cosas y acontecimientos humanos son una nada.

El vaso está lleno y rebosa, sólo mi paciencia y longanimidad, las oraciones de los buenos, la intercesión de mi Madre y las virtudes de los Santos, han retardado el curso de la divina Justicia.

Esta generación de materialistas no tiene ideas en relación con estos dos grandes hechos en los cuales se centra y se compendia toda la historia del género humano, o si las tiene, estas ideas son oscuras y discrepantes.

Los hombres de hoy no saben que están, como objeto y víctimas, en el centro de un conflicto gigantesco.

Todos los hombres están implicados en este choque tremendo entre luz y tinieblas, entre vida y muerte eterna, entre bien y mal, entre verdad y error, entre salvación y condenación.

Esta generación perversa ni siquiera se preocupa por conocer lo que Dios creador, el Verbo hecho Carne Salvador,  el Espíritu Santo Santificador hacen para sustraerla de la ruina y perdición eterna.

Los hombres materialistas han ignorado y continúan ignorando todas las intervenciones de mi Madre y vuestra Madre. Han ignorado mis intervenciones; se tiene miedo y vergüenza de hablar de ellas, incluso por mis ministros.

Los hombres de este siglo perverso rechazan las aguas cristalinas y puras de la verdad. En cambio aman quitarse la sed con las aguas podridas de la corrupción de la sensualidad, de los placeres perdiendo hasta la noción del bien y del mal, nociones que Yo he incrustado en la naturaleza humana.

Hijo mío, estoy disgustado y harto. ¿Hasta cuándo se abusará de mi paciencia?

He aquí por qué te pido actos de amor, de reparación; he aquí por qué te pido que reces. No dejes pasar ni una hora del día sin elevar tu alma a Mí con actos de fe, de esperanza y de amor, de arrepentimiento, de humildad y de reparación.

Me darás así un poco de gozo, no le niegues a tu Jesús este poco de alegría.

Ámame, hijo mío. Te bendigo y contigo bendigo a todas las personas queridas por las que  rezas".