lunes, 30 de enero de 2023

La Iglesia no morirá porque Yo estaré con ella. Pero conocerá horas de tinieblas y horror semejantes a las de mi Pasión, multiplicados en el tiempo porque así debe de ser.




23 de julio

Dice Jesús:

«Cuando llegue la hora, muchas estrellas serán arrolladas por las espirales de Satanás,

que para vencer necesita disminuir las luces de las almas.

Esto podrá suceder porque, no sólo los laicos sino también los eclesiásticos, han perdido y

pierden cada vez más la firmeza de fe, de caridad, de fuerza, de pureza, de desapego de las

seducciones del mundo necesarias para permanecer en la órbita de la luz de Dios.

¿Comprendes quienes son las estrellas de las que hablo? Son aquellos que he definido

como sal de la tierra y luz del mundo: mis ministros.

El esmero de la aguda malicia de Satanás es apagar, arrollándolas, estas lumbreras que

117 son luces que reflejan mi Luz para las muchedumbres. Si a pesar de tanta luz como todavía

emana la Iglesia sacerdotal, las almas se están hundiendo en las tinieblas cada vez más, se

puede intuir cómo será la tiniebla que aplastará a las muchedumbres cuando muchas

estrellas se apaguen en mi cielo.

Satanás lo sabe y siembra sus semillas para preparar la debilidad del sacerdocio, a fin de

poderlo enredar fácilmente en pecados, no tanto de sentido cuanto de pensamiento. En el

caos mental para él será fácil provocar el caos espiritual. En el caos espiritual los débiles,

ante el aluvión de las persecuciones, cometerán pecado de vileza, renegando de la fe.

La Iglesia no morirá porque Yo estaré con ella. Pero conocerá horas de tinieblas y horror

semejantes a las de mi Pasión, multiplicados en el tiempo porque así debe de ser.

Debe de ser que la Iglesia sufra cuanto sufrió su Creador, antes de morir para resucitar en

forma eterna. Debe de ser que la Iglesia sufra durante mucho más tiempo porque la Iglesia

no es, en sus miembros, perfecta como su Creador, y si Yo sufrí horas ella debe sufrir

semanas y semanas de horas.

Como surgió perseguida y alimentada por poder sobrenatural en los primeros tiempos y en

sus mejores hijos, lo mismo ocurrirá con ella cuando vengan los últimos tiempos en los que

existirá, subsistirá, resistirá a la marea satánica y a las batallas del Anticristo con sus mejores

hijos. Selección dolorosa, pero justa.

Es lógico que en un mundo en el que tantas luces espirituales se habrán muerto se

instaure, abiertamente, el reino breve pero tremendo del Anticristo, generado por Satanás,

así como Cristo fue generado por el Padre. Cristo hijo del Padre, generado por el Amor con

la Pureza. Anticristo hijo de Satanás, generado por el Odio con la triple Impureza.

Como aceitunas entre las ruedas del molino, los hijos de Cristo serán perseguidos,

exprimidos, triturados por la Bestia voraz. Pero no engullidos, porque la Sangre no permitirá

que sean corrompidos en el espíritu. Como los primeros, los últimos serán segados como

puñados de espigas en la persecución extrema y la tierra beberá su sangre. Pero

bienaventurados para siempre por su perseverancia quienes mueren fieles al Señor»

Usted me había dicho que para entender a Juan había que leer sus epístolas y el

Apocalipsis. He tomado la Biblia y he abierto al azar donde están los escritos del Predilecto.

Se me ha abierto en el cap. 12°. El Maestro me lo explica así.

Me doy cuenta de que hace días Jesús dijo una frase parecida al comentario acerca de la

maternidad espiritual de María 61 , que se quiere ver simbolizada en la mujer vestida de sol.

Pero hoy Jesús no habla de ello, de María. Habla de la condición de la Iglesia militante en los

últimos tiempos. Leeré atentamente el Apocalipsis esperando en Jesús, que me sea luz para

entenderlo.

24 de julio

Dice Jesús:

«Ya te he dicho 62 que todo el mal que ahora os oprime es el fruto del abandono de mi Ley

por parte de los individuos y de la sociedad. La falta de fe, la falta de caridad, la falta de

esperanza, la falta de toda virtud, tienen un único origen: la deserción de mi milicia, de la

milicia cristiana.

Como de una cepa de raíces venenosas, han brotado, en lugar de mis virtudes,

tendencias, vicios, pasiones peores que humanas: demoniacas. La planta de la vida cristiana

ha muerto en casi todos los corazones, en muchos vegeta a duras penas, en pocos está aún

En el dictado del 6 de julio

Sobre todo en los dictados del 21 y del 22 de julio

118 floreciente, nutrida por el jugo de Vida, adornada con hojas robustas.

No hay que esperar que las cosas cambien, al contrario cada vez irán más a peor porque,

como un bosque invadido por plantas parásitas y por insectos nocivos se desnuda cada vez

más de hojas y frutos y termina muriendo, así sucede con la sociedad de ahora, cada vez

más quemada, sofocada, corrompida por mil tendencias viciosas y por mil pecados.

Los principales: odio, lujuria, prepotencia, fraude. Las primeras: negación de Dios,

doctrinas contrarias a la mía, culto exagerado de sí mismos y otras más.

Mi Palabra no puede descender -semilla y agua de Vida y Vida verdadera- a las almas.

Están demasiado ocupadas en otras cosas. La mayoría de los cristianos ha rechazado a

Cristo, porque en el lugar de Cristo ha puesto a sí misma o al poder, el dinero, la carne.

Quien peca menos, también peca, porque no tiene misericordia verdadera de su prójimo.

¿Quien es aquel que no maldice, reniega, en el día de hoy?

Pero tú no maldigas, no reniegues, hija que amo. Deja a tu Dios la tarea de castigar. Tú

ama y ten misericordia, de todos. También de los primeros culpables.

¡Son unos desgraciados, son unos desgraciados! Han estropeado todo lo bueno que

tenían al acoger el mal de Satanás. Han cambiado una eternidad de gloria por una hora de

gloria terrena. Han vendido por treinta monedas su alma a Satanás. Son los Judas de su

alma. Me indignan y me dan pena. Sí, también pena, porque Yo soy el Dios de la

misericordia y siento piedad de mis hijos extraviados.

Ayúdame a salvarles de la última culpa. ¡Cómo quisiera poderles perdonar! Tú, hija que

amo, perdona. Que de tu corazón que me posee a Mí y a mi Palabra no salgan más que

palabras de paz y de perdón. Sé que es difícil para vuestra humanidad. Pero por encima de

ella está el espíritu, y el espíritu es el reino del Señor. Entonces ¿cómo podéis tener al Señor

en vosotros si vuestro espíritu no tiene las mismas pasiones que su Rey?

y mis pasiones, como mis palabras, son santas, misericordiosas, buenas. Todas tienen el

sello del Amor, del Amor verdadero que nunca es tanto amor como cuando se inmola por los

hermanos y les perdona» .

Dice aún:

«No me gustan quienes gritan: "¡A muerte!" después de haber gritado: "¡Hosanna!".

Si aquellos a quienes se lanza el grito de condena os hubieran dado ese botín y ese

bienestar, arrebatado injustamente, que Yo no he podido permitir que os dieran para no

llevarles a ellos, y a vosotros, a un perfecto orgullo, les aclamaríais. No pensaríais que otros

sufrirían en vuestro lugar y que, como vosotros, son mis hijos.

Dejadme a Mí el juzgar, el castigar, el premiar. Tratad sólo, para vosotros mismos, de

merecer mi premio. Y sed coherentes y honestos.

Es incoherencia, deshonestidad, vileza, ensañarse con los vencidos, sea cual sea su

derrota, por justa que sea como castigo o dolorosa como fruto de circunstancias inmerecidas.

Es incoherencia porque no va al hombre, sino a la acción del hombre, acción -repito- que

hubierais aprobado, aún cuando no fuera buena, si os hubiera dado un beneficio.

Es, por la misma razón, deshonesta: todos, recordadlo bien, tenéis vuestra parte de culpa

en el momento actual. Quien tiene menos que nadie, porque no ha cometido pecado de

adoración de un hombre y no le ha seguido contra la Ley, tiene el de no haber rezado por él

mañana y noche. Los grandes necesitan las oraciones de los pequeños para permanecer

grandes en el Bien.

Y, en fin, vileza porque enseñarse con quien ya no tiene poder, sino que al contrario es el

más desgraciado de todos, odiado por el mundo, alcanzado por Dios, es la misma culpa que

la de quien oprime a un débil.

119 Estas cosas, inconcebibles para la masa, son siempre el jugo de mi Ley. Y el que mi Ley

sea seguida superficialmente, y no sustancialmente, lo prueba el hecho del modo en que las

masas se revuelven contra quienes no os han dado lo que esperaba vuestro egoísmo».


Fuente; Cuadernos del año 1943, de Maria Valtorta

 

A LOS QUE AMAN SU PATRIA


22 de julio

Dice Jesús:

«Continuamos con la referencia entre el pasado y el presente, que en el eterno ser de

Dios es siempre "presente". Y hoy te haré mirar lo que está más cerca de tu corazón.

Yo no niego el amor de Patria. Yo, el eterno Hijo de Dios, hecho hombre, he tenido una

Patria y la he amado con amor perfecto. He amado a mi Patria terrena, hubiera querido

saberla digna de la protección de Dios y, sabiéndola en cambio indigna, he llorado sobre ella.

Por eso entiendo el dolor de un corazón leal que ve la Patria no sólo en peligro, sino

condenada a días de un dolor tal que respecto a él la muerte es un don.

Pero dime, María, ¿vosotros podéis decir que Yo no he amado a esta tierra que es vuestra

patria y a la cual envié a mi Pedro para erigiros la Piedra que no se derrumbará con el soplar

de los vientos; esta tierra a la que, en un momento de cautela humana, Yo vine para

confirmar a Pedro en el martirio, porque esa sangre se necesitaba en Roma para hacer de

Roma el centro de la Catolicidad?

¿Podéis decir que Yo no he amado a esta tierra en la que mis confesores cayeron a

manojos como espigas de un grano eterno, segadas por un Eterno Segador, para hacer de

ello nutrición para vuestro espíritu?

¿Podéis decir que Yo no he amado a esta tierra a la que he traído las reliquias de mi vida

y de mi muerte: la casa de Nazaret donde fui concebido en un abrazo de luminoso ardor

entre el Divino Espíritu y la Virgen, y la Sábana Santa donde el sudor de mi Muerte ha

impreso el signo de mi dolor, sufrido por la humanidad?

¿Podéis decir que Yo no he amado a esta tierra en la que han florecido los más grandes

santos, los semejantes a Mí por el don de las heridas, los que no han tenido velos para ver

nuestra Esencia, los que ayudados por Mí, han creado obras que repiten a lo largo de los

siglos el milagro del pan y del pez multiplicados para las necesidades del hombre?

¿Podéis decir que Yo no he amado a esta tierra a la que he dado tantos genios, tantas

victorias, tanta gloria, tanta belleza de cielo, de tierra, de mar, de flores, de montes, de

bosques?

¿Podéis decir que Yo no he amado a esta tierra ayudándoos para haceros libres y

unidos? En las guerras contra enemigos diez veces mayores que vosotros, en empresas

locas, a juicio humano, Yo estaba con mis ángeles entre vuestras tropas. Era Yo, era Yo que

iluminaba a los caudillos, que protegía a los secuaces, que evitaba las traiciones, que os

daba Victoria y Paz. Era Yo que os daba la alegría de la conquista, cuando ésta no era obra

de prepotencia, sino que podía ser obra de civilización, o de redención de vuestras tierras de

un dominio extranjero.

¿Podéis decir que Yo no os he concedido la Paz más necesaria: la de mi Iglesia que

vuestros padres habían ofendido y que ha perdonado para que Italia fuera realmente una y

grande?

¿Y no he venido a daros agua para las mieses sedientas, sol para los campos mojados,

salud en las epidemias?

¿Y no os he dado la Voz que habla en mi Nombre, que os habla a vosotros antes que a

los demás, porque también en mi Vicario, Pastor universal, está el amor de Patria, y mi

Vicario desde hace siglos es italiano? Desde el corazón de Italia se expande la Voz sobre el

mundo y vosotros recibís la onda antes, incluso la más leve.

¿Y para qué ha servido todo esto?

115 Habéis prevaricado. Habéis creído que todo era lícito porque neciamente habéis pensado

que teníais a Dios a vuestro servicio. Habéis pensado que mi Justicia avalase vuestras

culpas, vuestras prepotencias, vuestra idolatría. Cuanto más bueno y longánime era Dios,

más os aprovechabais de Él. Sistemáticamente habéis rechazado el Bien y abrazado el Mal

convirtiéndolo en culto.

¿Entonces? ¿De qué os quejáis?

Pero el "abominio de la desolación" ¿no está acaso prácticamente a las puertas de la

sede de Pedro? ¿No impulsa sus ondas fétidas de vicio, concupiscencia, fraude, idolatría del

sentido, de las riquezas injustas, del poder ladrón y rapaz, contra los propios escalones de la

Cátedra de Pedro? ¿Qué más queréis?

Leed con atención las palabras de Juan y no pidáis saber más.

De Dios nadie se mofa y no se le tienta, ¡oh hijos! Y vosotros le habéis tentado mucho y le

tentáis continuamente. En el interior de vuestras almas, de vuestras mentes, de vuestros

cuerpos, en el interior de vuestras casas, en el interior de vuestras instituciones. Por todas

partes lo tentáis y os burláis de Él.

Mis ángeles se cubren el rostro para no ver vuestro comercio con Satanás y sus

precursores. Pero Yo lo veo y digo: ¡Basta!

Si Jerusalén fue castigada por sus delitos ¿no lo será acaso la segunda Jerusalén que

después de 20 siglos de cristianismo alza, sobre altares falaces, nuevos dioses impuestos

por amos aún más signados con el signo de la Bestia de cuanto no lo seáis vosotros, los de

Italia, y cree que engaña a Cristo con un fingido presente a su Cruz y a su Iglesia, seguido

tan sólo de refinada hipocresía que esconde, bajo la sonrisa y la reverencia, la espada del

sicario?

Sí. Llevad a cabo el último delito. Perseguidme en mis Pontífices y en mis fieles

verdaderos. Pero hacedlo abiertamente y hacedlo pronto. También pronto Yo proveeré.

Hablar así es doloroso, y hablar a los que son menos culpables. Pero en los otros no

tengo oídos que me oigan. Caen y caerán maldiciéndome. ¡Si al menos, si al menos bajo los

azotes del flagelo, en la agonía que oprime corazones y patria, supieran convertirse y pedir

piedad!

Pero no lo harán. Y no habrá piedad. La piedad plena que quisiera daros. Son demasiado

pocos quienes la merecen, respecto de los infinitos que desmerecen hora tras hora cada vez

más. Si los buenos fueran un décimo de los malvados, lo que está signado podría tener

alguna modificación. En cambio la justicia sigue su curso. Vosotros sois quienes la obligáis a

seguirlo.

Pero si no habrá ya piedad colectiva, habrá justicia individual. Quienes se mortifican a sí

mismos por amor a la patria y a los hermanos serán juzgados con inmenso amor. Los otros

con rigor. En cuanto a los mayores culpables, hubiera sido mejor para ellos no haber nacido.

Ni una gota de sangre arrebatada a las venas de los hombres, ni un gemido, ni un luto, ni

una desesperación arrebatada a un corazón, ni un alma raptada a Dios, quedará sin peso en

su juicio.

Perdonaré a los humildes que pueden desesperarse ante el horror de los acontecimientos.

Pero no perdonaré a quienes les han inducido a la desesperación obedeciendo a los deseos

de la Bestia».


Fuente: Cuaderno del año 1943, Marìa Valtorta

 

EL AMOR NACE DEL SUFRIR


                                                           8 de agosto de 1904

 Buscar a Jesús en el interior de nosotros, no en el exterior.Todo debe estar encerrado en una palabra: “Amor”.

Quien ama a Jesús es otro Jesús.

(1) Continuaba esperando, y en cuanto ha venido mi adorable Jesús, si bien lo sentía cercano,

pero hacía por tocarlo y huía, y casi me impedía salir fuera de mí misma para ir en su busca.

Después de haber esperado mucho, en cuanto se ha hecho ver me ha dicho:

(2) “ Hija mía, no me busques fuera de ti sino dentro de ti, en el fondo de tu alma, porque si

sales fuera y no me encuentras sufrirás mucho y no podrás resistir; si me puedes encontrar con

más facilidad, ¿por qué quieres fatigarte?”

(3) Y yo: “Creo que si no te encuentro rápido en mí, puedo encontrarte fuera, es el amor lo que

a esto me empuja”.

(4) Y Él: “¡Ah! ¿Es el amor lo que a esto te empuja? Todo, todo debería estar encerrado en

una sola palabra: “Amor”, y quien no encierra todo en esto, se puede decir que del amarme el

alma no conoce ni siquiera una jota, y a medida que el alma me ame, así le engrandezco el don

del sufrir”.

(5) Y yo interrumpiendo su hablar, toda sorprendida y afligida he dicho: “Vida mía y todo mi

bien, entonces yo poco o nada sufro, por consiguiente poco o nada te amo, qué espanto, al sólo

pensar que no te amo mi alma siente por ello un vivo disgusto, y casi me siento ofendida por Ti”.

(6) Y Él ha agregado: “Yo no intento disgustarte, tu disgusto oprimiría más mi corazón que el

tuyo, y además no debes mirar sólo los sufrimientos corporales, sino también los espirituales, la

voluntad verdadera que tienes de sufrir, porque el querer el alma verdaderamente sufrir, ante Mí

es como si el alma lo hubiera sufrido, por eso tranquilízate y no te turbes, y déjame continuar mi

decir: ¿No has visto alguna vez a dos íntimos amigos? ¡Oh! Cómo tratan de imitarse el uno al

otro y de retratar en sí mismo al amigo, por lo tanto imitan la voz, los modos, los pasos, las obras,

los vestidos, así que el amigo puede decir: ‘Aquél que me ama es otro yo mismo, y siendo yo

mismo no puedo hacer menos que amarlo”. Así hago Yo por el alma que se encierra a toda sí

misma como dentro de un breve giro de amor, todo Yo me siento como retratado en ella misma, y

encontrándome Yo mismo, de todo corazón la amo, y no puedo hacer otra cosa que estarme con

ella, porque si la dejo me dejaría a Mí mismo”.

(7) Mientras esto decía ha desaparecido.


Fuente; Volumen 6, del libro de Cielo, dictado por Jesucristo a Luisa Picarreta.

Dialogo Divino entre Guillermina y Salvador sobre este capitulo:

-Si lo amo mucho, El me da el don del sufrir mucho, estas son frases que impactan.

Jesús es un Maestro insuperable, nos ha ido llevando de Su mano, poco a poco, al ir entendiendo que el amor, nace en el sufrir, porque el sufrir es el desapego, el sufrir es el abandonarse, el abandonarme es tener una confianza plena en El que no me va a fallarme, no tiene limite en Su Poder, no importa lo que se presente, me va a sacar adelante, esa cognotaciòn de confianza, de fè de arrojo en los Brazos de Dios, el desapego, pero el desapego es Cruz, el desapego duele, y eso me lo da gracias a que lo amo, porque ahora como yo lo amo, El sabe que no lo puedo amar, sino lo poseo, y nadie puede amar lo que no posee.

El quiere que yo lo posea, a El, y El quiere poseerme a mi, pero para eso necesito quitar lo mio, y ese es el punto del porque me aumenta el don del sufrir.

¿Que tanto debemos sufrir?, a mas  sufrimientos, mas Vida Divina, a menos sufrimientos, mas vida humana, a mas vida humana, mas purgatorio nos espera, a menos vida humana, menos purgatorio vamos a tener. Si logramos llegar a la totalidad de la vida humana, vamos a llegar a la condenación eterna.

Si logramos llegar a la totalidad de la Vida Divina, vamos a tener la Vida Divina sin pasar por el purgatorio. Nosotros escogemos, que si hay que sufrir, hay que sufrir en la tierra o después de esta vida.

Y ese es el sufrimiento querido por Dios, que es el sufrimiento del desapego, el abandonarnos en sus Brazos como si fuéramos bebes y dependiéramos de nuestra madre.

El sufrimiento de la confianza en Dios y hay que entenderlo,  y si yo confío en Dios, hay sufrimientos.

Se deja de confiar en las criaturas,  y en mi. El sufrir aquí en la tierra nos va a llevar a conquistar los bienes de la Vida Divina. ¿y cuales son los bienes de la Vida Divina?, El Querer Supremo, El Acto único de Dios, eso es lo que vamos a conquistar, pero en el purgatorio ya no; allí vamos a conquistar la Vida Divina por medio de sufrimiento que yà no puede ser meritorio, y que únicamente nos dará el pase al cielo.

La Vida es una escuela de amor, Dios es Amor, nada puede habitar en Dios que no sea Amor.

Nosotros seres creados libres, ese es el punto, tenemos que decidir si aprendemos o no aprendemos a amar. Entonces la vida se vuelve una escuela de amor. Primero amo como hijo, luego amo como hermano, luego amo como amigo, amo en la escuela primaria y si sigo en la escuela secundaria y si sigo en la universidad y así; luego amo con sentimientos en el noviazgo, aprendemos a amar como esposos o esposas, y como padres. Y todos estos amores que vamos aprendiendo en la vida, nos va llevando a Dios, entonces la vida es un continuo aprendizaje de amor pero amor quiere decir DARSE,  entonces es un continuo sufrimiento, el amor duele, porque el amor implica renuncia.