miércoles, 13 de abril de 2022

SI NO CONOCEN A QUIEN NOS HA CREADO Y SU FINALIDAD NO SABRÀN QUIENES SON Y NO SABRÀN EL SENTIDO DE SUS VIDAS.

 Dice Jesús:

En el dictado del 29 de junio
 
«No debe sorprender el que un alma sienta tentaciones. Mejor dicho la tentación es más violenta cuanto más adelantada está la criatura en mi Camino.
Satanás es envidioso y astuto. Por lo tanto despliega su inteligencia donde es necesario más esfuerzo para arrancar un alma al Cielo. A un hombre del mundo, que vive para la carne, no es necesario tentarle. Satanás sabe que ya él trabaja por su cuenta para matar su alma y lo deja. Pero un alma que quiere ser de Dios atrae toda su perversidad.
Pero las almas no deben temblar, no deben desanimarse. Ser tentados no es un mal. Es un mal ceder a la tentación.
Están las grandes tentaciones. Ante ellas las almas rectas se ponen enseguida a la
defensiva. Pero están las pequeñas tentaciones que pueden haceros caer sin daros cuenta.
Son las armas refinadas del Enemigo. Las usa cuando ve que el alma es precavida y atenta para las grandes. Entonces pasa por alto los grandes medios y recurre a éstos, tan sutiles que entran en vosotros por cualquier parte. ¿Por qué permito esto? ¿Dónde estaría el mérito si no hubiera lucha? ¿Podríais deciros míos si no bebierais mi cáliz? ¿Qué creéis? ¿Qué mi cáliz haya sido solamente el del dolor? No, criaturas que me amáis. Cristo -Él os lo dice para daros ánimo- ha probado antes que vosotros la tentación. ¿Creéis vosotros que fue sólo la del desierto? No. Entonces Satanás fue vencido con grandes medios opuestos a sus grandes intentos. Pero en verdad os digo que Yo, Cristo, fui tentado otras veces. El Evangelio no lo dice. Pero como dice el Predilecto: "Si se tuvieran que narrar todos los milagros hechos por Jesús, la tierra no bastaría para contener los libros".
Meditad, discípulos queridos. ¿Cuántas veces Satanás habrá tentado al Hijo del hombre para persuadirlo a desistir de su evangelización? ¿Qué sabéis vosotros de los cansancios de la carne fatigada en el continuo peregrinar, en el continuo evangelizar, y de los cansancios del alma, que se veía y sentía rodeada de enemigos y de almas que lo seguían por curiosidad o por esperanza de un provecho humano? ¡Cuántas veces, en los momentos de soledad, el Tentador me envolvía con el desaliento! Y en la noche del Getsemaní, ¿no os dais cuenta con cuánta finura él ha tratado de vencer la última batalla entre el Salvador del
género humano y el infierno? No está dado a la mente humana conocer y penetrar en el secreto de aquella lucha entre lo divino y lo demoníaco. Sólo Yo que la he vivido la conozco y por ello os digo que Yo estoy donde está quien sufre por el Bien. Yo estoy donde hay un continuador mío. Yo estoy donde hay un pequeño Cristo. Yo estoy donde el sacrificio se consuma.
Y os digo, almas que expiáis por todos, os digo: No temáis. Hasta el fin Yo estaré con vosotros. Yo, Cristo, he vencido al mundo, la muerte y el demonio con el precio de mi Sangre. Pero os doy a vosotros, almas víctimas, mi Sangre contra el veneno de Lucifer».
 
Dice Jesús:

«A vuestras capacidades intelectuales muy limitadas, a vuestra espiritualidad embrional, no le está concedido conocer el misterio de la naturaleza de Dios. Pero a los espirituales, entre la masa de los así llamados espirituales, el misterio se hace más cognoscible. A los amantes del Hijo, a aquellos que están verdaderamente signados por mi Sangre, el misterio se revela con mayor claridad porque mi Sangre es Ciencia y mi predilección es Escuela.
Hoy 45 hay gran fiesta en el Cielo porque todo el Cielo canta hoy el Sanctus al Cordero cuya Sangre fue derramada para la Redención humana. Tú eres una de las pocas, demasiado pocas criaturas que veneran mi Sangre como debe venerarse. Pero a quienes la veneran, desde que fue esparcida, esa Sangre habla con palabras de vida eterna y de 1° de julio, fiesta de la Preciosísima Sangre ciencia sobresensible. Si mi Sangre fuera más amada y venerada, más invocada y creída, mucho mal que os lleva al abismo sería evitado.
Habló, esta Sangre, cuando todavía no existía bajo la figura del cordero mosaico, bajo el velo de las proféticas palabras en el signo del Tau preservador; habló, tras ser derramada, por boca de los apóstoles; grita su poder en el Apocalipsis; invita con su llamar desde la boca de los místicos. Pero no es amada. No es recordada. No es invocada. No es venerada. Mi Iglesia tiene tantas fiestas. Pero falta una fiesta solemnísima para mi Sangre. iY en mi Sangre está la salvación!
Hoy, fiesta de mi Sangre, te ilumino un misterio. Di: "Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo", porque te quiero hablar de Nosotros. Por vuestra condición humana necesitáis figuras para pensar en el Padre y en el Espíritu, seres incorpóreo s de infinita belleza, pero que vosotros no concebís con vuestros sentidos humanos. Tanto es así que difícilmente os dirigís a Ellos con toda la plenitud del pensamiento, para invocarles como me invocáis a Mí que me pensáis como Hombre Dios. No comprendéis por ello ni siquiera lejanamente el
incomparable misterio de nuestra Trinidad.
Para pensar en Dios no hay que hacer comparaciones con seres creados. Dios no se compara. Él es. En el ser está todo. Pero el ser no tiene cuerpo, y el Ser eterno no tiene cuerpo.
Mira: Dios es luz. Esto es lo único que puede en cierto modo representar a Dios sin estar en antítesis con su espiritual Esencia. La luz es, y también es incorpórea. Tú la ves pero no la puedes tocar. Ella es.
Nuestra Trinidad es luz. Una luz ilimitada. Manantial de Sí misma, viviente de Sí misma,
obrante en Sí misma. El universo no es tan grande cuanto Ella es infinita. Su esencia llena los Cielos, corre sobre lo Creado, domina sobre los atrios infernales. No los penetra -habría terminado el Infierno- pero les aplasta con su resplandor que es beatífico en el Cielo, confortador sobre la tierra, terrorífico en el Infierno. Todo es Trino en Nosotros. Las formas,
los efectos, los poderes.
Dios es luz. Una luz vastísima, majestuosa y sosegada es dada por el Padre. Círculo infinito que abraza toda la Creación, desde el instante en que fue dicho “¡Hágase la luz",
hasta los siglos de los siglos, porque Dios, que es eterno, abraza la Creación, desde que ella existe, y continuará abrazando, cuanto, en la última forma, la eterna, después del Juicio, quedará de lo Creado. Abrazará a quienes son eternos con Él en el Cielo.
Dentro del círculo eterno del Padre hay un segundo círculo, generado por el Padre, que obra de un modo distinto pero no contrario, porque la Esencia es una. Ese es el Hijo. Su luz, más vibrante, no da solamente la vida a los cuerpos, sino que da la Vida a las almas, que la habían perdido, mediante su Sacrificio. Es un difundirse de rayos potentes y suaves que nutren vuestra humanidad e instruyen vuestra mente.
En el interior del segundo círculo, producto de los dos obrar de los primeros círculos, hay un tercer círculo de luz aún más vibrante y encendida. Es el Espíritu Santo. Es el Amor producto de las relaciones del Padre con el Hijo, tránsito entre los Dos, y consecuencia de los Dos, maravilla de las maravillas.
El Pensamiento creó la Palabra y el Pensamiento y la Palabra se aman. El Amor es el Paráclito. Él obra en vuestro espíritu, en vuestra alma, en vuestra carne. Porque consagra todo el templo, creado por el Padre y redimido por el Hijo, de vuestra persona, creada a imagen y semejanza de Dios Uno y Trino. El Espíritu Santo es crisma sobre la creación, hecha por el Padre; de vuestra persona, es gracia para gozar del Sacrificio del Hijo, es Ciencia y Luz para comprender la Palabra de Dios. Luz más restringida, no porque sea limitada respecto a las otras, sino porque es el espíritu del espíritu de Dios, y porque, en sucondensación, es potentísima como es potentísima en sus efectos.
Por esto Yo dije: "Cuando venga el Paráclito os instruirá". Ni siquiera Yo, que soy el Pensamiento del Padre hecho Palabra, puedo haceros entender cuanto puede, con un sólo destello, haceros entender el Espíritu Santo. .
Si ante el Hijo toda rodilla se debe plegar, ante el Paráclito se debe inclinar todo espíritu, porque el Espíritu da vida al espíritu. Es el Amor que ha creado el Universo, que ha instruido a los primeros Siervos de Dios, que ha impulsado al Padre a dar los Mandamientos, que ha iluminado a los Profetas, que ha concebido con María al Redentor, que me ha puesto a Mí sobre la Cruz, que ha sostenido a los Mártires, que ha regido la Iglesia, que obra los prodigios de la gracia.
Fuego blanco, insostenible a la vista y a la naturaleza humana, concentra en Sí al Padre y al Hijo y es la Gema incomprensible, que no puede mirarse, de nuestra eterna Belleza. Fija en el abismo del Cielo, atrae a Sí todos los espíritus de mi Iglesia triunfante y aspira hacia Sí
a quienes saben vivir del espíritu en la Iglesia militante.
Nuestra Trinidad, nuestra triple y única naturaleza se fija en un único resplandor en aquel punto del que se genera todo cuanto existe, en un eterno ser.
Di: "Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo"».
Dice aún: «No he pretendido, diciendo: diez justos, aludir a que será salvado el lugar en que haya diez justos. Pero se puede entender sin error que si diez almas justas y generosas se reúnen en oración, con fin santo, para pedir piedad para un lugar, Yo no rechazaré su oración. ¿No he dicho que Yo escucharé las oraciones hechas por varias personas en mi Nombre? Mis palabras y mis promesas no decaen.
¿Pero serían constantes en la fe, en el sacrificio, en la pureza espiritual y en la pureza de intención las personas que se reunieran ahora para orar con esta finalidad? Si las hubiera y fueran como deben ser: verdaderos sacerdotes (son sacerdotes quienes oran por los hermanos y se inmolan) Yo las bendeciría y daría lo que se pide en mi Nombre». Escribo esta mañana mientras le espero a usted porque ayer estaba demasiado agotada para añadir algo.
No se puede describir lo que he visto. Falta la palabra. Mientras Jesús hablaba yo veía, pero no lo puedo volver a decir, de manera que otro vea, cuanto mi mente ha visto. Podría hacer la figura de esto, incluso siendo un asno en el dibujo. Bastaría hacer tres círculos concéntricos con un punto en el medio. Pero no significaría nada. Faltaría la Luz y faltaría la intuición de las relaciones entre los tres círculos y el punto que los centra. Por ello sería un signo muerto, mientras es tan vivo, operador, beatífico. Cierto, aunque viviera mil años, ya no olvidaré la belleza de esta visión intelectual. Me será ayuda, consuelo, fuerza, defensa, todo, en todas las circunstancias. Y es imán superpotente que me atrae a sí y me da un ansia indescriptible de alcanzarla. Me parece vivir bajo el sol. Pero ¿qué digo el sol? El sol es un astro apagado y frío respecto al Fuego divino engarzado en la profundidad del Empíreo, tan lejano y tan cercano...
Sí. Tengo la impresión de su desmesurada lejanía, a través de la cual corre todo el
Universo que se moja y vive de su Luz, y al mismo tiempo siento que cada ser, el mío especialmente por bondad de Dios que me ha permitido tener esta alegría, que no tiene comparaciones, está cerca de este Punto de Vida que es Dios, y bajo su rayo que lo tiene recogido, reparado, vital, como una campana de vidrio sobre una delicadísima planta. (Y con esta banal comparación deterioro todo, pero no encuentro nada mejor). En fin me siento bajo el Ojo de Dios. Y es una sensación de alegría, de calor, de fuerza,
de paz infinita, indescriptible, alegre. Vivir así, bajo la incomprensible Gema (¡cómo ha dicho justamente mi Maestro!) de la Belleza divina, Gema que reúne en un único insostenible Resplandor a las Tres Personas divinas y hace una Unidad de Luz Divina, es una tal bienaventuranza por la cual se anula todo lo sufrido y lo que tendré que sufrir... Ahora entiendo realmente qué quiera decir: Paraíso. Quiere decir vivir viendo siempre ese Sol Uno y Trino.

CONOZCAN A SU PADRE JESÙS Y SERÀN LIBRES Y PODRÀN REINAR CON ÈL AQUÌ EN LA TIERRA CÒMO EN EL CIELO

 30 de junio
 

Dice Jesús:
«¿Sabes qué quieren decir mis manos atadas, sabes quien me las ata? ¿Sabes por qué hay tanto dolor en mi mirada, tanto cansancio sobre mi Rostro? ¿Sabes qué pido a aquellos que me saben mirar?
Mis manos están atadas por Satanás a través de los pecadores. No has entendido mal.
Repito: están atadas por Satanás a través de los pecadores.
76Tú dirás: "Pero, Señor, ¿cómo puede ser así si Tú eres Dios?". Yo soy el Dios de la Misericordia y del Perdón, Yo soy el Dios poderoso, el Padre de las gracias. Pero el pecado paraliza mi Potencia de gracias, mi Misericordia, mi Perdón. Porque, aunque soy Misericordia, Gracia, Perdón, soy también Justicia. Doy por ello a cada uno lo que se merece. Y si tú consideras, con justicia, debes decir que doy siempre más gracias de las quemerecéis.
Si a una autoridad de la tierra, incluso a un simple mozo municipal, vosotros hicierais las ofensas que me hacéis a Mí, seríais castigados con la prisión. Si se tratara de una autoridad mayor, seríais castigados incluso con la pérdida de la vida. Y son, las autoridades, pobres
hombres como vosotros, que permanecen autoridad en tanto que Yo permito que lo sean para vuestro mérito, para su prueba, y casi siempre para su castigo. Vuestro mérito: obedecer y tener paciencia. Su prueba: no abusar del poder, no ensoberbecerse creyéndose semidioses, o dioses, porque ven las muchedumbres atentas a su gesto y a gritar "Hosanna".
Uno sólo es dios: Dios. Su castigo: porque es todavía más difícil que una autoridad
permanezca honesta, en las mil formas de la honestidad, que no que un rico se salve. Por ello su gloria humana es la única gloria que tienen. La eterna bien pocas autoridades la alcanzan.
Las continuas culpas, cada vez más pérfidas, que los hombres comenten, por incitación del Enemigo mío y vuestro, atan mi Misericordia, mi Gracia, mi Perdón. He aquí lo que son mis manos atadas y quiénes son aquellos que las atan con la soga del Mal: Satanás y sus hijos. Y mis manos quisieran en cambio estar libres para perdonar, curar, consolar, bendecir.
¡Oh vosotros que me amáis, desatad con vuestro amor mis manos atadas! Reparad, reparad, o mis dilectos, amigos e hijos míos queridísimos, el ultraje causado a las manos de vuestro Dios, Padre y Redentor. El amor es llama que consuma las cadenas y quema los cordeles dando libertad a mis manos atadas. Tened piedad, vosotros que me amáis, de mi dolor, y piedad de vuestros hermanos leprosos que sólo mis manos pueden curar.
Mi mirada está llena de dolor por todos los ultrajes que Me vienen causados en el
Sacramento y en mi Ley. Ley pisoteada, Sacramento profanado. ¿Has leído? ¿Has
escuchado? ¿Has notado? El altar del Sacramento está siempre herido. ¿No ves en ello el signo de Satanás? Y piensa esto, para tu alegría. Donde entre las ruinas se puede encontrar intacto el Copón que me contiene y recogerlo con los debidos honores, es porque un corazón, o muchos corazones, lejos de aquel lugar golpeado, pero que me adoran en la
Eucaristía, han desviado, con su orar, el golpe dirigido por Satanás. Aquellas Hostias que salváis, almas humildes y amorosas que oráis por mi Sacramento, infunden en vosotros los mismos frutos de una Comunión de amor.
El cansancio está en mi Rostro porque constato cada vez más hasta qué punto he muerto en vano por tanta humanidad, porque me doy cuenta cada vez más que nada -ni palabras, ni milagros, ni castigos, ni gracias- sirve para hacer pensar que Yo soy Dios y que sólo en Dios está el Bien y la Paz. Cuando uno está cansado y afligido, aquellos que le aman le dan afecto para consolarle, reposo para aliviarle. Esto es lo que Yo te pido y pido a los que me aman.
Estoy desterrado de las iglesias y de los corazones. Cuando era peregrino sobre la tierra no tenía, el Hijo del Hombre, una piedra propia sobre la cual apoyar la cabeza. Pero ahora que los corazones de los hombres son de piedra, ¿tengo acaso dónde apoyar la cabeza? Sólo algún raro, rarísimo corazón fiel. Los otros son hostiles a su Amigo y Redentor.
Abridme por lo tanto el corazón, vosotros que me amáis. Dad asilo a vuestro Dios que llora de dolor sobre la humanidad culpable, confortad a Aquel que se da a sí mismo en sacrificio eterno y que no es comprendido. Yo Jesús, vendré con todas mis gracias y haré del corazón fiel un pequeño Paraíso».
 

Dice aún Jesús:
«Entre las "riquezas" a entregar para seguirme y que te he enumerado, 44 hay todavía otra. Aquella que es la más ligada al espíritu y que para arrancarla se siente más dolor que para arrancar la carne. Son los afectos, esta riqueza tan viva. Y en cambio, por amor mío, hay que saber entregar también éstos.
Yo no condeno los afectos. Más aún los he bendecido y santificado con la Ley y los
Sacramentos. Pero estáis sobre la tierra para conquistar el Cielo. Aquélla es la morada verdadera. Cuanto Yo he creado para vosotros aquí abajo debe mirarse a través de la lente de allí arriba. Cuanto Yo os he donado debe tomarse con agradecimiento, pero devolverse con prontitud cuando lo solicito.
Yo no destruyo vuestra riqueza afectiva. La quito de la tierra para transplantarla en el Cielo. Allí serán reconstruidas eternamente las santas convivencias familiares, las puras amistades, todas esas formas de afecto honesto y bendito que Yo, Hijo de Dios hecho hombre, he querido incluso para Mí mismo y que sé cuán queridas son. Pero si son queridas, tan queridas, no son más queridas que Dios y la vida eterna.
Pero no demuestran una verdadera fe en el dulce Padre que está en los Cielos aquellos que ante un afecto que se rompe no saben pronunciar la palabra más bella de la filiación en Dios, sino se rebelan. ¡Y no piensan que si Yo doy aquel dolor es ciertamente para evitar dolores más grandes y para proporcionar un mérito mayor! Tú, también tú no has sabido decir: "¡Hágase como Tú quieres!". Han tenido que pasar años antes de que tú me dijeras: "Gracias, Padre, por aquel dolor". ¿Pero tú crees que tu Jesús te lo habría dado si no hubiera sido un bien dártelo? Ahora piensas y entiendes. ¡Pero cuánto te has resistido a hacerlo! Yo te llamaba, trataba de hacerte entender la razón. Pero no oías a tu Dios. Era la hora de las tinieblas para la mente y para el alma.
No me preguntes: "¿Por qué lo has permitido?". Si lo he permitido no ha sido sin un motivo. Te hablo de ello en esta noche en la que sufres más. Yo estoy contigo precisamente porque sufres. Te hago compañía. Pero recuerda que Yo no tuve a ninguno en la hora de la tentación. He debido superarla por Mí mismo. Tú en cambio me has tenido siempre cerca, incluso cuando no me veías porque el Espíritu del Mal te molestaba hasta el punto de impedirte ver y oír a tu Jesús.
Ahora, si Yo te dijera que la adhesión de un hijo a la muerte de un padre abrevia al mismo el Purgatorio, que el perdón de un hijo a las culpas, más o menos reales, de un padre, es alivio para aquel alma, creerías. Pero entonces no te dabas paz y desperdiciabas el bien que hacías.
Renunciar a la riqueza de un afecto, para seguir mi Voluntad sin añoranzas humanas, es la perfección de la renuncia aconsejada al joven del Evangelio.
Recuérdalo para todo el resto de la vida. Un padre como Yo soy nunca da nada nocivo a sus hijos. Aunque la apariencia sea de una piedra para quien pide un beso, esa piedra es oro puro y eterno. Está al alma el reconocerlo y mantenerlo tal, pronunciando la palabra que me atrajo de los Cielos al seno de María y me puso en la Cruz para redimir el mundo: fiat».

 

Fuente: El Evangelio còmo me hasido Revelado. -El Hombre Dios- Marìa Valtorta cuaderno del año 1943