jueves, 2 de abril de 2020

Por qué tanto interés de Jesús en querer hacer conocer su Voluntad Divina.



20-62
Febrero 21, 1927

Por qué tanto interés de Jesús en querer hacer conocer su Voluntad Divina.

(1) Mi pobre mente se perdía en los tantos conocimientos del Supremo Querer y pensaba entre mí:  “¿Por qué Jesús tiene tanto interés en que se conozca esta Divina Voluntad y que reine en medio de las criaturas?”  Ahora mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres tú saber por qué tengo tanto interés de hacer conocer mi Voluntad y que reine en medio de las criaturas?  Porque sólo Ella es el medio para poder rehacer a la criatura y me pone a Mí y a ella en condiciones, Yo de poder dar y a ella de poder recibir.  En tanto que mi Querer no regrese triunfante y dominante en medio de las criaturas, Yo no podré dar lo que quiero y en ellas faltará la capacidad, el espacio para poder recibir lo que puedo y quiero dar, porque sólo mi Voluntad tiene esta virtud, esta potencia, que poniendo el orden, el equilibrio entre Creador y criatura, abre todas las vías de comunicación entre ellos.  Dios tiene su vía regia para poder enviar sin peligro sus dones, para poder descender cuando quiera y llevarle en persona los bienes más grandes, y la criatura teniendo la misma vía puede recibirlos, o bien subir para ir a tomar ella misma lo que su Señor le quiere dar.  Por cuán rico y potente fuese un rey, si no encuentra a quién dar, no tendrá jamás el contento, la satisfacción de poder dar, sus riquezas estarán ociosas, aisladas, abandonadas, él tal vez vivirá ahogado en sus riquezas, pero no tendrá jamás el contento, la felicidad de dar y de hacer gozar de sus bienes a otros, porque no encuentra a quién darlos.  Este rey será un rey aislado, abandonado, sin cortejo, no tendrá quién le sonría, quién le diga un gracias, no habrá jamás fiesta para él, porque la fiesta se forma con dar y con recibir.  Así que con todas sus riquezas este rey tendrá un clavo en el corazón, el abandono, la monotonía; será rico pero sin gloria, sin heroísmo, sin nombre.  ¿Qué dolor para este rey con todo y sus riquezas?
(3) Ahora hija mía, la causa por la que sacamos fuera la Creación y creamos al hombre, fue para dar nuestras riquezas, a fin de que a la gloria interna y felicidad inmensa que teníamos, se uniera la gloria externa de nuestras obras.  Por tanto no estando la criatura en nuestra Voluntad nos la sentimos lejana, no hay quién nos circunde con su gracias, ni quién nos sonría de complacencia por nuestras obras.  Todo es aislamiento, estamos circundados por inmensas riquezas, pero como nuestras criaturas están lejanas de Nosotros, no tenemos a quién darlas, no tenemos quién admire nuestras obras para hacerlas gozar, somos felices, pero por Nosotros mismos, no hay quién pueda mínimamente turbar nuestra felicidad, pero estamos obligados a ver la infelicidad de las criaturas, porque estando separadas de Nosotros, ellas no pueden tomar y Nosotros no podemos dar.  La voluntad humana ha formado las barreras, cerró con llave las puertas de comunicación.  El dar es liberalidad, heroísmo, amor; el recibir es gracia, y la criatura con hacer su voluntad impide nuestra liberalidad, nuestro heroísmo, nuestro amor, y si alguna cosa se da, es siempre restringida, por vía de esfuerzos, de intrigas, porque no estando el orden entre ellas y Nosotros, las cosas no corren libremente.  Nosotros no somos capaces de dolor, nuestro Ser es intangible de todos los males, si fuésemos capaces de dolor la criatura envenenaría nuestra existencia.  He aquí por qué todo nuestro interés, por qué queremos hacer conocer nuestra Voluntad y que reine en medio de ellas, porque queremos dar, queremos verlas felices de nuestra misma felicidad, y sólo nuestra Voluntad puede hacer todo esto, realizar la finalidad de la Creación y hacernos poner en común nuestros bienes”.
(4) ¡Oh! Voluntad de Dios, cómo eres admirable, potente y deseable.  ¡Ah! con tu imperio vence a todos, hazte conocer y ríndenos todos a Ti.

Deo Gratias.

Jesús la invita a luchar. Cómo Jesús lucha con sus conocimientos, con los ejemplos, con las enseñanzas; el alma lucha con recibirlos, con seguir los actos de su Voluntad en la Creación y Redención.



20-61
Febrero 19, 1927

Jesús la invita a luchar.  Cómo Jesús lucha con sus conocimientos, con
los ejemplos, con las enseñanzas; el alma lucha con recibirlos, con
seguir los actos de su Voluntad en la Creación y Redención.

(1) Estaba siguiendo mi vuelo en el Fiat Divino y mi dulce Jesús se hacía ver que salía de dentro de mi interior, y entrelazaba sus manos con las mías invitándome a luchar con Él, yo era pequeña, pequeña, y no me sentía hábil y fuerte para luchar con Él, mucho más porque salió una voz de dentro de una luz que decía:  “Es demasiado pequeñita, ¿cómo puede vencer en esta lucha?”.  Y Jesús ha respondido:
(2) “Más bien porque es pequeña puede vencer, porque toda la fuerza está en la pequeñez”.
(3) Yo estaba desconsolada, no me atrevía a luchar con Jesús, y Él incitándome a la lucha me ha dicho:
(4) “Hija mía, ánimo, inténtalo, si tú vences vencerás el Reino de mi Voluntad, no te debes detener porque eres pequeña, porque he puesto a tu disposición toda la fuerza de las cosas creadas, así que junto contigo lucha toda la fuerza que contiene el cielo, el sol, el agua, el viento, el mar, todos me dan batalla, la hacen junto Conmigo para hacerme ceder el Reino del Fiat Divino, la hacen a las criaturas con las armas que cada cosa creada tiene en su propio puño, para rendirlas a reconocer mi Voluntad, a fin de que la hagan reinar como la hacen ellas reinar y queriendo vencer, todas se han puesto como en orden de batalla, y viendo que las criaturas resisten, queriendo vencer por fuerza porque tienen con ellas la fuerza de aquella Voluntad que las anima y domina, con las armas que poseen derriban gentes y ciudades con tal imperio, que ninguno las puede resistir; tú no puedes comprender toda la fuerza y potencia que contienen todos los elementos, que si mi Querer no los tuviera como frenados, sería tan encarnizada la batalla, que de la tierra harían ruinas.  Ahora, la fuerza de ellas es también tuya, y por eso tú gira en medio de ellas para ponerlas en orden de batalla, tus actos, tu pedir continuo el Reino del Fiat Supremo llama para poner atenta a toda la Creación, y mi Voluntad moviéndose en ella pone todos sus actos en oficio regio para dar y hacer vencer su Reino en medio de las criaturas.  Por lo tanto es mi mismo Querer el que lucha, que da batalla con mi misma Voluntad para el triunfo de su Reino.  Así que tu lucha está animada por Ella, la cual tiene fuerza suficiente e irresistible para vencer.  Por eso lucha, porque vencerás, y además, luchar para vencer el Reino del Fiat Supremo es la lucha más santa que puede existir, es la batalla más justa y más de derecho que se puede hacer, tan es verdad, que mi mismo Querer desde que formó la Creación empezó esta batalla y esta lucha, y se detendrá sólo cuando venza completamente.  ¿Pero quieres sabes cuándo luchas Conmigo y Yo contigo?  Yo lucho cuando te manifiesto los conocimientos sobre mi Eterno Fiat, así que cada dicho, cada conocimiento, cada semejanza que se refiere a Él, es una lucha y una batalla que hago contigo para vencer tu voluntad, ponerla en su puesto creado por Nosotros, llamarla casi por vía de lucha al orden del reino de mi Divino Querer, y mientras lucho contigo para subyugar tu voluntad, la inicio en medio de las criaturas.  Lucho contigo cuando te enseño el camino que debes hacer y lo que debes hacer para vivir en mi Reino, las felicidades, las alegrías que debes poseer, en suma, lucho por vía de luz que contienen mis conocimientos, lucho por vía de amor y con los ejemplos más tiernos en modo de no poder resistir a mi lucha, lucho por medio de las promesas de felicidad y de alegrías sin fin; mi lucha es persistente y no me canso jamás, ¿pero para vencer qué cosa?  Tu voluntad, y en la tuya a aquellos que reconocerán la mía para vivir en mi Reino.  Y tú luchas Conmigo cuando recibes mis conocimientos y poniéndolos en orden en tu alma formas el Reino de mi Fiat Supremo en ti, y haciéndome lucha buscas vencer mi Reino.  Cada acto tuyo hecho en mi Voluntad es una lucha que me haces; cada giro que haces por todas las cosas creadas para unirte a todos los actos que Ella hace en toda la Creación, llamas a toda la Creación a la batalla para vencer mi Reino, moviendo a mi misma Voluntad dominante en todas las cosas creadas para dar batalla a mi misma Voluntad para establecer su Reino.  Y por eso en estos tiempos, el viento, el agua, el mar, la tierra, el cielo, están más que nunca todos en movimiento, haciendo batalla contra las criaturas, sucediendo fenómenos nuevos, y cuántos más sucederán, destruyendo gentes y ciudades, porque en las batallas es necesario disponerse a sufrir pérdidas y muchas veces aun por parte de quien vence; sin batalla no ha habido jamás conquistas de reinos, y si esto ha habido, no han sido duraderas.  Luchas Conmigo cuando invistiendo todo lo que Yo hice y sufrí en mi Humanidad, esto es, en mis lágrimas, en mis penas más íntimas, en mis oraciones, en mis pasos, en mis palabras y hasta en las gotas de mi sangre, imprimes tu te amo y por cada uno de mis actos me pides que venga el Reino de mi Fiat Supremo, ¿quién puede decirte la lucha que me haces?  Mueves a mis mismos actos para hacerme batalla para vencerme a cederte mi Reino.  Por eso Yo lucho contigo y tú luchas Conmigo, es necesaria esta lucha, tú para vencer mi Reino, y Yo para vencer tu voluntad y para iniciar la batalla en medio de las criaturas, para establecer el Reino de mi Supremo Querer.  Yo tengo mi misma Voluntad, toda su potencia, fuerza e inmensidad para vencer, tú tienes mi misma Voluntad y a tu disposición toda la Creación y todo lo que Yo hice de bien en la Redención, para adiestrar un ejército formidable para hacer batalla y vencer el Reino del Fiat Supremo.  Mira, también cada palabra que escribes es una lucha que me haces y un soldado de más que colocas en el ejército que debe vencer el Reino de mi Voluntad.  Por eso sé atenta hija mía, que son tiempos de lucha y es necesario usar todos los medios para vencer”.

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Cómo donde reina el Fiat pone todo en comunicación; ejemplo de los esposos. El obrar en la Divina Voluntad es la plenitud de los actos y el triunfo del acto divino en el humano.



20-60
Febrero 16, 1927

Cómo donde reina el Fiat pone todo en comunicación; ejemplo de los
esposos.  El obrar en la Divina Voluntad es la plenitud de
los actos y el triunfo del acto divino en el humano.

(1) Estaba girando en toda la Creación para llevar junto conmigo todas las cosas creadas delante de la Majestad Suprema como homenajes, alabanzas, adoraciones, porque son obras de sus manos creadoras, dignas sólo de Aquél que las ha creado, porque están animadas por su Voluntad Divina; pero mientras esto hacía pensaba entre mí:  “Las cosas creadas no se mueven, están en su lugar, no vienen junto conmigo, por tanto es inútil decir que las llevo junto conmigo, porque ellas no vienen”.  Mientras esto pensaba mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, y al mismo tiempo me hacía ver mi pequeña alma, que tenía concentrados en ella tantos rayos, los cuales tenían la comunicación a cada cosa creada, de modo que ellas estaban en comunicación conmigo y yo con ellas, pero el punto principal de partida, de donde salían estos rayos, era Dios, que tenía las comunicaciones con todos y con todo, y mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, donde reina mi Voluntad, con su luz a la cual ninguno puede resistir porque es inmensa y penetrante, pone todo en comunicación, cada rayo parte del centro divino en el cual mi Voluntad tiene su sede principal, los rayos no son otra cosa que los actos que hace salir de Sí el Fiat Divino, los cuales invistiendo cada cosa creada, forman su vida y otras tantas sedes secundarias en cada una de ellas.  Ahora la cosa es natural, que en el alma donde Ella reina, conforme forma sus actos en mi Querer, así todas las cosas creadas en virtud de la luz que las une reciben la comunicación de aquel acto y sobre el vuelo de la misma luz se unen junto para seguir el acto que hace el alma donde reina mi Querer, porque una es la Voluntad que poseen, una es la fuerza, por eso uno es el acto que quieren hacer, es mi misma Voluntad que mueve todo y vuelve de todos el acto de uno.  Por tanto está segura de que a pesar de que las cosas creadas están en su puesto, todas te siguen, mi misma Voluntad te las pone en camino a fin de que no estés sola, sino que te acompañen todas.  Sucede como en una boda, que la pareja de los esposos va sola adelante, pero atrás va su séquito en gran número de los invitados.  Tú eres la esposa con la cual mi Voluntad ha querido formar su real desposorio, ha querido abatir las divisiones, los obstáculos que existían entre tú y Ella para formar la pareja más feliz que jamás haya existido; así que para ti y para Ella son días de fiesta, tus actos animados por el Fiat Divino son invitaciones continuas que haces a todas las cosas salidas de nuestras manos creadoras.  Por tanto tu invitación es extensísima, no hay quién pueda hacer menos que aceptar, porque es una Voluntad Divina que llama a todas sus obras a su convite, no excluida ni siquiera mi Mamá Celestial y todos se sienten honrados y triunfantes por asistir a las bodas y de participar en el convite de las bodas de mi Suprema Voluntad, por eso con ansias esperan tus actos, tus invitaciones, tus llamadas, para venir a sentarse al banquete y festejar a la pareja de los esposos.  Entonces tú vas delante junto con mi Voluntad ante la Majestad Suprema, mis obras te siguen detrás; y esto es con justicia, porque al crear todas las cosas, fue a la criatura a quien dimos la supremacía sobre todas nuestras obras, esto es, a la criatura en quien debía reinar plenamente nuestro Fiat Divino, no a la criatura degradada por su voluntad, ésta es la última de todas, no tiene ni derecho ni comunicación.  En cambio donde reina mi Querer tiene el derecho de ser la primera y llamar a todos para hacerse seguir por todos.  Por eso el obrar en Él es el milagro más grande y la plenitud de todos los actos unidos juntos y el triunfo del acto divino en el acto humano, porque mi Voluntad era como estéril en medio de las criaturas, pero ahora ya es feliz por su primera hija, en la cual ve sus tantos partos que vendrán a la luz, así que no más como madre estéril vivirá en medio de las gentes, sino como madre fecunda de muchos hijos.  Era viuda, porque al crear al primer hombre se desposó con la naturaleza humana dotándola con las riquezas inmensas de su Voluntad, sello del desposorio que formaba con el hombre, pero en cuanto se sustrajo de Ella, quedó viuda durante tantos siglos, y ahora ha quitado el luto de su viudez y desposándose de nuevo volvió a ponerse sus vestidos de esposa y ha hecho salir de nuevo en campo sus dotes, y el sello de estas dotes son sus conocimientos en los cuales hace don de las riquezas que Ella posee.  Por eso hija mía sé atenta a conservar tus vestiduras de esposa y a gozar los dominios que mi Voluntad te ha dado en dote”.

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Mientras que la Divina Voluntad no sea conocida y no tenga su Reino, la gloria de Dios en la Creación será incompleta. Ejemplo de un rey.


Volumen 20 del libro de Cielo. 
20-59

Febrero 13, 1927



Mientras que la Divina Voluntad no sea conocida y no tenga su Reino,

la gloria de Dios en la Creación será incompleta.  Ejemplo de un rey.



(1) Estaba siguiendo a la Divina Voluntad en sus actos en la Creación, y en mi mente me vino una duda: 

“Cómo puede ser que Jesús dice que hasta que no venga el Reino de su Voluntad a la tierra, la gloria de la

Creación y Redención estará incompleta, ¿cómo puede ser esto?  ¿No tiene acaso esta Voluntad Suprema

virtud de glorificarse por Sí misma?  Cierto que tiene esta virtud y es más que suficiente para su gloria, sin

embargo dice que si su Voluntad no extiende su Reino en medio de las criaturas, su gloria por causa de la

Creación será incompleta”.  Ahora, mientras esto pensaba, mi adorable Jesús sorprendiéndome con una luz

vivísima que salía de Él me ha dicho:

(2) “Hija mía, la cosa en sí misma es clarísima, que mientras que mi Voluntad no sea conocida y no tenga su

primer puesto de honor y de dominio en cada ser salido de nuestras manos creadoras, su gloria estará

siempre incompleta.  La razón es clarísima, porque en la Creación nuestra finalidad primera fue que

saliendo de Nosotros esta Suprema Voluntad, que bilocándola en toda la Creación se extendía por doquier,

en el cielo, en el sol, en el mar, en la flor, en las plantas, hasta en la tierra y en cada ser salido de nuestras

manos creadoras, constituyéndose vida de todo para formar su Vida en cada ser, y bilocándose en cada

criatura pudiese tener tantas Vidas suyas y tantos reinos para dominar por cuantas criaturas salían a la luz. 

Ahora, mi Voluntad no se ha retirado, no hay punto donde no se extienda su Vida Divina, no hay criatura que

no esté investida por esta Voluntad Suprema, y mientras se extiende dondequiera e inviste todo y a todos,

no puede formar su Vida, ¡cuántas Vidas Divinas sofocadas en las criaturas, cuántos le niegan el primer

puesto en sus actos, cuántos la posponen por actos indignos y viles, negándole su dominio!  ¿Y te parece

poco la destrucción de tantas Vidas Divinas de esta Voluntad mía en las criaturas?  ¿De tantos actos suyos

nobles y sublimes que se siente destruir mientras se sirven de Ella para formar vidas humanas, vidas

deplorables, monstruos que servirán para el infierno?  ¿Te parece poco hija mía?  El perjuicio que recibe

nuestra gloria por causa de la Creación es grande e incalculable, que ni siquiera todo el bien de la

Redención nos ha podido rehacer, porque con la misma Redención el hombre no ha regresado a la unidad

de nuestra Voluntad, ni Ella reina completamente en las criaturas; cuántas vidas que se dicen buenas,

santas, mezcladas de Voluntad Divina y humana, por eso nuestra gloria en la Creación no está completa,

sólo estará completa cuando las cosas creadas por Nosotros sirvan a nuestra misma Voluntad y a aquellos

que le darán el primer puesto de honor, la reconocerán en todas las cosas y haciéndola reinar en todos sus

actos la constituyan Reina absoluta y Rey dominante.  ¿No te parece justo y de derecho que siendo todo de

mi Voluntad y encontrándose por todas partes y por todos como vida primaria de todo, que todos la

reconozcan y todos se vuelvan Voluntad Divina, perteneciendo todos a Ella?  Supón un rey que tuviese su

reino, todas las tierras, las villas, las ciudades, son exclusivamente propiedades suyas, no hay cosa que a él

no pertenezca, no sólo como derecho de que el reino es suyo, sino también como derecho de propiedad

de que pertenecen a él.  Ahora, este rey por bondad de ánimo que posee quiere ver a su pueblo feliz y

distribuye gratuitamente sus propiedades, sus villas, sus tierras, dándoles hasta sus ciudades para que

habiten en ellas, de modo que todos pueden ser ricos abundantemente, cada uno en sus condiciones, y

todo este gran bien que hace a su pueblo es con la única finalidad de que lo reconozcan por su rey, dándole

todos absoluto dominio, y que reconozcan que las tierras ocupadas por ellos les han sido dadas

gratuitamente por el rey, a fin de que sea glorificado, reconocido y amado por el bien que les ha hecho. 

Ahora, este pueblo ingrato no lo reconoce por su rey, y las tierras que poseen se toman el derecho de

propiedad, desconociendo que fueron dones hechos por el rey, ¿no vendría entonces este rey a ser

defraudado en su gloria por todo el bien que ha hecho a su pueblo?  Y si agregas que se sirven de las

tierras del rey sin darle utilidad:  Quién no la trabaja, quién quita las más bellas plantaciones, quién deja secar

sus bellos jardines, de modo que se procuran su infelicidad y miseria, todo esto se agregaría al perjuicio de

la gloria del rey, al deshonor y daría un dolor que nadie podría mitigar.  Esto no es más que una sombra

apenas de lo que ha hecho y hace todavía mi Suprema Voluntad, ninguno nos ha dado ni un céntimo porque

recibe el bien del sol, del mar, de la tierra, sino que todo les damos gratuitamente y sólo para hacerlos

felices y que reconozcan a mi Fiat Supremo que los ama tanto y no quiere más que amor y dominio.  Ahora,

¿quién podría rehacer a ese rey del perjuicio de la gloria que no le ha dado su pueblo y mitigar su intenso

dolor?  Supón también que uno de este mismo pueblo, invistiéndose del justo dolor de su rey y queriéndolo

rehacer de su gloria, empieza él, como primero, a poner bella la tierra que ocupa, de modo de hacerla el

más bello y florido jardín del reino, después dice a todos que su jardín es un don que le ha hecho el rey

porque lo ama, después llama al rey a su jardín y le dice:  ‘Estos son dominios tuyos, es justo que estén

todos a tu disposición’.  El rey goza de esta lealtad y dice:  ‘Quiero que seas rey junto conmigo, que

reinemos juntos’.  !Oh! cómo se siente reintegrar la gloria, mitigar el dolor por este tal de su pueblo; pero

este hombre no se detiene, recorre todos los caminos del reino y sacudiendo a todos con su palabra llama

a un buen número de personas a que lo imiten, y forma el pueblo leal que da el derecho de dominio a su

rey.  Y el rey se siente rehecho en su gloria y por premio les da el título de hijos suyos y les dice:  ‘Mi reino

es vuestro, reinad hijos míos’.  Esta es mi finalidad, que en mi Reino no haya siervos, sino hijos y reyes al

igual que Yo.  Así será de mi Divina Voluntad.  ¡Oh! cómo espera que le sea dada su gloria completa en la

Creación, que sea reconocido que todo es suyo para poder decir:  ‘Todo es vuestro, reinemos juntos’. 

Cómo espera que sus conocimientos sobre el Fiat Supremo recorran los caminos para sacudir, para llamar,

para apresurar que vengan a mi reino y me forme mis verdaderos hijos a los que pueda dar el título de

reyes.  Por eso tengo tanto interés que estas manifestaciones sobre mi Divino Querer sean conocidas,

porque se trata de mi acto más grande, cual es el cumplimiento de mi gloria y el bien completo de las

criaturas”.



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LA CAUSA DE LOS MALES EN LA HUMANIDAD


2-7
Marzo 20, 1899

Jesús vierte sus amarguras y le dice la causa de los males del mundo.



(1) Esta mañana Jesús me ha transportado fuera de mí misma y me ha hecho ver mucha gente, toda en discordia. ¡Oh, cuánta pena daba a Jesús! Yo, viéndolo sufrir mucho le he pedido que vertiera en mí sus amarguras, pero como continuaba queriendo castigar al mundo, Jesús no quería derramarlas en mí, pero después de haberle pedido y vuelto a pedir, para contentarme ha derramado un poco. Entonces, habiéndose aliviado un poco me ha dicho:

(2) “La causa por la que el mundo se ha reducido a este triste estado, es por haber perdido la subordinación a las cabezas, y como la primera cabeza es Dios, al Cual se han rebelado, como consecuencia ha sucedido que han perdido toda sujeción y dependencia a la Iglesia, a las leyes, y a todos los demás que se dicen cabezas. ¡Ah! Hija mía, ¿qué será de tantos miembros infectados por este mal ejemplo dado por aquellos mismos que se dicen cabezas, esto es, por superiores, por padres y por tantos otros? ¡Ah, llegarán a tanto, que no se reconocerán más ni padres, ni hermanos, ni reyes, ni príncipes, estos miembros serán como tantas víboras que recíprocamente se envenenarán, por eso, mira como son necesarios los castigos en estos tiempos, y que la muerte casi destruya a esta gente, a fin de que los pocos que queden aprendan a costa de los demás a ser humildes y obedientes! Por eso déjame hacer, no quieras oponerte a que castigue a las gentes”.

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LA FE


(7) “La Fe es Dios”.

(8) Pero estas dos palabras contenían una luz inmensa, que es imposible explicarlas, pero como pueda lo diré: En la palabra “fe” comprendía que la fe es Dios mismo. Así como el alimento material da vida al cuerpo para que no muera, así la fe da la vida al alma; sin la fe el alma está muerta. La fe vivifica, la fe santifica, la fe espiritualiza al hombre y lo hace tener fijos los ojos en un Ser Supremo, de modo que nada aprende de las cosas de acá abajo, y si las aprende, las aprende en Dios. ¡Oh! La felicidad de un alma que vive de fe, su vuelo es siempre hacia el Cielo, en todo lo que le sucede se mira siempre en Dios y he aquí como en la tribulación la fe la eleva en Dios y no se aflige, ni siquiera un lamento, sabiendo que no debe formar aquí su contento, sino en el Cielo. Así si la alegría, la riqueza, los placeres, la circundan, la fe la eleva en Dios y dice entre sí: “¡Oh, cuánto más contenta y más rica seré en el Cielo!” Así que de estos bienes terrenos toma fastidio, los desprecia, y se los pone bajo los pies. A mí me parece que a un alma que vive de fe, le sucede como a una persona que posee millones y millones de monedas y hasta reinos enteros, y otra persona le quiere ofrecer un centavo. Ahora, ¿qué diría aquella? ¿No se indignaría, no se lo arrojaría a la cara? Y agrego: ¿Y si ese centavo estuviera todo enlodado, como son las cosas terrenas, y además, si le fuera dado sólo en préstamo? Entonces ella diría: “Inmensas riquezas gozo y poseo, ¿y tú osas ofrecerme este vil centavo tan enlodado y por poco tiempo?” Yo creo que voltearía enseguida la mirada y no aceptaría el don. Así hace el alma que vive de fe respecto a las cosas terrenas.

(9) Ahora vayamos otra vez a la idea del alimento: El cuerpo, tomando el alimento no sólo se sostiene, sino que participa de la sustancia del alimento que se transforma en el mismo cuerpo. Ahora así el alma que vive de fe; como la fe es Dios mismo, el alma viene a vivir del mismo Dios, y alimentándose del mismo Dios viene a participar de la sustancia de Dios, y participando viene a semejarse a Él y a transformarse con el mismo Dios, por lo tanto al alma que vive de fe le sucede que santo es Dios, santa es el alma; potente Dios, potente el alma; sabio, fuerte, justo Dios, sabia, fuerte, justa el alma, y así de todos los demás atributos de Dios. En suma, el alma llega a ser un pequeño dios. ¡Oh, la bienaventuranza de esta alma en la tierra, para ser luego más bienaventurada en el Cielo!.

(10) Comprendí también que lo que significan esas palabras que el Señor dice a sus almas predilectas: “Te desposaré en la fe”. Que el Señor en este místico desposorio viene a dotar a las almas de sus mismas virtudes. Me parece como dos esposos que uniendo sus propiedades, no se disciernen más las cosas del uno y las del otro y ambos se hacen dueños de todo. Pero en nuestro caso, el alma es pobre, todo el bien es por parte del Señor que la vuelve partícipe de sus sustancias.

(11) Vida del alma es Dios, la fe es Dios y el alma poseyendo la fe, viene a injertar en sí todas las demás virtudes, de manera que la fe está como rey en el corazón y las demás virtudes están a su alrededor, como súbditas sirviendo a la fe, así que las mismas virtudes, sin la fe, son virtudes que no tienen vida.

(12) Me parece a mí que Dios en dos modos comunica la fe al hombre: La primera es en el santo bautismo; la segunda es cuando Dios bendito, depositando una partecita de su sustancia en el alma, le comunica la virtud de hacer milagros, como la de poder resucitar a los muertos, sanar a los enfermos, detener el sol y demás. ¡Oh, si el mundo tuviera fe, se cambiaría en un paraíso terrestre!.

(13) ¡Oh! Cuán alto y sublime es el vuelo del alma que se ejercita en la fe. A mí me parece que el alma, ejercitándose en la fe, hace como aquellos tímidos pajaritos que temiendo ser tomados presos por los cazadores o bien por cualquier otra insidia, hacen su morada en la cima de los árboles, o bien en las alturas, cuando después son obligados a tomar el alimento descienden, toman el alimento y rápidamente vuelan a su morada; y alguno, más prudente, toma el alimento y ni siquiera se lo come en la tierra, para estar más seguro se lo lleva a la cima de los árboles y allá se lo come. Así el alma que vive de fe, es tan tímida de las cosas terrenas, que por temor de ser asechada, ni siquiera les dirige una mirada, su morada está en lo alto, encima de todas las cosas de la tierra y especialmente en las llagas de Jesucristo, y desde dentro de aquellas beatas moradas gime, llora, reza y sufre junto con su Esposo Jesús sobre la condición y miseria en que yace el género humano. Mientras ella vive en esas moradas de las llagas de Jesús, el Señor le da una partecita de sus virtudes, y el alma siente en sí aquellas virtudes como si fueran suyas, pero sin embargo advierte que si bien las ve suyas, el poseerlas le es dado, que han sido comunicadas por el Señor. Sucede como a una persona que ha recibido un don que ella no poseía, ahora ¿qué hace? Lo toma y se hace dueña de él, pero cada vez que lo mira dice entre sí: “Esto es mío, pero me fue dado por esa persona”. Así hace el alma a la cual el Señor desprendiendo de Sí una partecita de su Ser Divino, la cambia en Sí mismo.

(14) Ahora, esta alma, cómo aborrece el pecado, pero al mismo tiempo compadece a los demás, ruega por aquél que ve que camina en el camino del precipicio, se une junto con Jesucristo y se ofrece víctima para sufrir y así aplacar la divina justicia y para librar a las criaturas de los merecidos castigos, y si fuese necesario el sacrificio de su vida ¡oh! de buena gana lo haría para la salvación de una sola alma.

(15) Habiéndome dicho el confesor que le explicara como veo la Divinidad de Nuestro Señor, le he respondido que era imposible saberle decir algo, pero en la noche se me apareció el bendito Jesús y casi me reprendió por esta negación mía y entonces me hizo relampaguear como dos rayos luminosísimos; con el primero comprendí en mi inteligencia que la fe es Dios y Dios es la fe. Ya intenté decir alguna cosa sobre la fe, ahora trataré de decir como veo a Dios, y éste fue el segundo rayo.

(16) Ahora, mientras me encuentro fuera de mí misma y encontrándome en lo alto de los cielos me ha parecido ver a Dios dentro de una luz y Él mismo parecía también luz y en esta luz se encontraba belleza, fuerza, sabiduría, inmensidad, altura, profundidad sin límites ni confines, así que también en el aire que respiramos es Dios mismo que se respira, así que cada uno lo puede hacer como vida propia, como de hecho lo es. Así que ninguna cosa le escapa y ninguna le puede escapar. Esta luz parece que sea toda voz sin que hable, toda obrante mientras siempre reposa; se encuentra por todas partes sin estorbar en nada, y mientras se encuentra en todas partes, tiene también su centro. ¡Oh Dios, cómo eres incomprensible!, Te veo, te siento, eres mi Vida, te restringes en mí, mientras quedas siempre inmenso y nada pierdes de Ti, sin embargo me siento balbuceante y me parece no saber ni decir nada.

(17) Para poderme explicar mejor según nuestro lenguaje humano, diré que veo una sombra de Dios en todo lo creado, porque en todo lo creado, dónde ha arrojado la sombra de su belleza, donde sus perfumes, dónde su luz, como en el sol, donde yo veo una sombra especial de Dios, lo veo como delineado en este astro, que es como rey de los planetas. ¿Qué cosa es el sol? No es otra cosa que un globo de fuego, uno es el globo, pero muchos son los rayos, de modo que entonces podemos comprender fácilmente:

(18) 1° El globo es Dios, los rayos los inmensos atributos de Dios.

(19) 2°. El sol es fuego, pero al mismo tiempo es luz y es calor, así que la Santísima Trinidad está representada en el sol: El fuego es el Padre, la luz es el Hijo, el calor es el Espíritu Santo, pero uno es el sol, y así como no se puede dividir el fuego de la luz y del calor, así una es la potencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que entre Ellos no se pueden realmente separar. Y así como el fuego en el mismo instante produce la luz y el calor, así que no se puede concebir el fuego sin concebirse también la luz y el calor, así no se puede concebir al Padre antes del Hijo y del Espíritu Santo y así recíprocamente, tienen los Tres el mismo principio eterno.

(20) Agrego que la luz del sol se expande por todas partes; así Dios, con su inmensidad dondequiera penetra, sin embargo recordemos que no es más que una sombra, porque el sol no llegaría a donde no puede penetrar con su luz, pero Dios penetra dondequiera. Dios es Espíritu purísimo y nosotros lo podemos simbolizar en el sol que hace penetrar sus rayos dondequiera, sin que ninguno los pueda tomar entre las manos, Dios mira todo, las iniquidades, las infamias de los hombres y Él queda siempre lo que es, puro, santo, inmaculado. Sombra de Dios es el sol que manda su luz sobre las inmundicias y queda inmaculado, expande su luz en el fuego y no se quema, en el mar, en los ríos y no se ahoga, da luz a todos, fecunda todo, da vida a todo con su calor y no empobrece de luz, ni pierde nada de su calor y mucho más, mientras hace tanto bien a todos, él de ninguno tiene necesidad y queda siempre lo que es, majestuoso, resplandeciente, sin cambiarse jamás. ¡Oh! Cómo se representan bien en el sol las cualidades divinas, Dios, con su inmensidad se encuentra en el fuego y no arde, en el mar y no se ahoga, bajo nuestros pasos y no lo pisamos, da a todos y no empobrece y de nadie tiene necesidad, ve todo, más bien es todo ojos y no hay cosa que no sienta, está al día de cada fibra de nuestro corazón, de cada pensamiento de nuestra mente, y siendo Espíritu purísimo no tiene ni oídos, ni ojos, y pase lo que pase no cambia jamás. El sol, invistiendo al mundo con su luz no se fatiga, así Dios, dando vida a todos, ayudando y rigiendo al mundo, no se fatiga. Para no gozar más la luz del sol y sus benéficos efectos, el hombre puede esconderse, puede poner obstáculos, pero al sol nada le hace, permanece como es, el mal caerá todo sobre el hombre. Así el pecador, con el pecado puede alejarse de Dios y no gozar más sus benéficos influjos, pero a Dios nada le hace, todo el mal es suyo.

(21) También la redondez del sol me simboliza la eternidad de Dios, que no tiene ni principio ni fin. La misma luz penetrante del sol, que nadie puede contener en su ojo, y que si alguien quisiera mirarlo fijamente en pleno mediodía quedaría deslumbrado, y si el sol se quisiera acercar al hombre, éste quedaría reducido a cenizas. Así del Sol Divino, ninguna mente creada puede restringirlo en su pequeña mente para comprenderlo en todo lo que es, y si quisiera esforzarse quedaría deslumbrada y confundida, y si este Sol Divino quisiera hacer ostentación de todo su amor, haciéndoselo sentir al hombre mientras está aun en carne mortal, el hombre quedaría incinerado. Por lo tanto, Dios ha puesto una sombra de Sí y de sus perfecciones en todo lo creado, así que parece que lo vemos y lo tocamos y por Él quedamos tocados continuamente.

(22) Además de esto, después de que el Señor dijo aquellas palabras: “La fe es Dios”. Yo le dije: “Jesús, ¿me quieres?”

(23) Y Él ha agregado: “Y tú, ¿me quieres?”

(24) Yo enseguida he dicho: “Sí, Jesús, y Tú lo sabes, que sin Ti siento que me falta la vida”.

(25) “Pues bien”. Ha añadido Jesús. “Tú me quieres, Yo también, por lo tanto amémonos y estemos siempre juntos”.

(26) Así ha terminado por esta mañana. Ahora, ¿quién puede decir cuánto ha comprendido mi mente de este Sol Divino? Me parece verlo y tocarlo por todas partes, es más, me siento revestida por Él dentro y fuera de mí misma, pero mi capacidad es pequeña, pequeña, que mientras parece que comprende alguna cosa de Dios, al verlo parece que no he comprendido nada, más bien me parece haber dicho disparates, espero que Jesús me los perdone.

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LA CARIDAD


2-3
Marzo 13, 1899

La caridad no es otra cosa que el desahogo del Ser Divino. Todo lo creado habla del amor de Dios hacia el hombre, y le enseña el modo como debe amar a Dios.



(1) Esta mañana el amado Jesús no se hacía ver según lo acostumbrado, todo amabilidad y dulzura, sino severo, mi mente me la sentía en un mar de confusión y mi alma tan afligida y aniquilada, especialmente por los castigos vistos en los días pasados; viéndolo en aquel aspecto no me atrevía a decirle nada, nos mirábamos pero en silencio. ¡Oh Dios, qué pena! Cuando de pronto he visto también al confesor y Jesús mandando un rayo de luz intelectual ha dicho estas palabras:

(2) “Caridad, la caridad no es otra cosa que un desahogo del Ser Divino, y este desahogo lo he difundido sobre todo lo creado, de modo que todo lo creado habla del amor que le tengo al hombre, y todo lo creado le enseña el modo como debe amarme; comenzando desde el ser más grande hasta la más pequeña florecita del campo dice al hombre: “Con mi suave perfume y con estarme siempre dirigida hacia el cielo, intento enviar un homenaje a mi Creador; también tú, haz que todas tus acciones sean olorosas, santas, puras, no hagas que el mal olor de tus acciones ofenda a mi Creador”. ¡Ah, hombre! repite la florecita, “no seas tan insensato de tener los ojos fijos a la tierra, sino elévalos al Cielo, mira, allá arriba está tu destino, tu patria, allá arriba está el Creador mío y tuyo que te espera”. El agua que continuamente corre bajo nuestros ojos nos dice también: “Mira, de las tinieblas he salido y tanto debo correr y correr hasta que llegue a sepultarme en el lugar de donde salí, también tú, ¡oh hombre! corre, pero corre al seno de Dios de donde saliste; ¡ah! te pido, no corras los caminos torcidos, los caminos que conducen al precipicio, de otra manera, ¡ay de ti!” También las bestias más salvajes nos repiten: “Mira, ¡oh! hombre cómo debes ser selvático para todo lo que no es Dios; mira, cuando nosotros vemos que alguien se acerca a nosotros, con nuestros rugidos ponemos tanto espanto, que ninguno se atreve a acercarse más a perturbar nuestra soledad, también tú, cuando el hedor de las cosas terrenas, o sea tus pasiones violentas, estén por enfangarte y hacerte caer en el precipicio de las culpas, con los rugidos de tu oración y con retirarte de las ocasiones en las cuales te encuentras, estarás a salvo de cualquier peligro”. Así todos los demás seres, que decirlos todos sería demasiado largo, con voz unánime resuenan entre ellos y nos repiten: “Mira, ¡oh! hombre, por amor tuyo nos ha creado nuestro Creador y todos estamos a tu servicio, tú no seas tan ingrato, ama, te rogamos,  te repetimos, ama a nuestro Creador!”.

(3) Después de esto, mi amable Jesús me dijo: “Esto es todo lo que quiero: “Amar a Dios y al prójimo por amor mío”. Ve cuánto he amado al hombre, y él es tan ingrato; ¿cómo quieres tú que no lo castigue?”.

(4) En el mismo instante me parecía ver una granizada terrible y un terremoto que debe hacer notable daño, hasta destruir las plantas y los hombres. Entonces, con toda la amargura de mi alma le he dicho: “Mi siempre amable Jesús, ¿por qué estás tan indignado? Si el hombre es ingrato, no es tanto por malicia sino por debilidad. ¡Oh! Si te conocieran un poco, cómo serían humildes y amorosos, por eso, cálmate, al menos te encomiendo Corato y a aquellos que me pertenecen”.

(5) En el momento de decir esto, me parecía que también en Corato debía suceder algo, pero en comparación con lo que sucederá en los demás lugares será nada.

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Fiat Voluntas Tua

Volumen 2 Libro de Cielo


Marzo 10, 1899

El Señor le hace ver muchos castigos.



(1) Estando en mi habitual estado se ha hecho ver mi siempre amable Jesús, todo amargado y afligido y me ha dicho:

(2) “Hija mía, mi justicia se ha vuelto muy pesada, y son tantas las ofensas que me hacen los hombres que no puedo sostenerlas más. Por lo tanto la guadaña de la muerte está a punto de matar a muchos, de improviso y de enfermedades, y además son tantos los castigos que verteré sobre el mundo, que serán una especie de juicio”.

(3) ¿Quién puede decir los tantos castigos que me ha hecho ver, y el modo como yo he quedado aterrorizada y espantada? Es tanta la pena que siente mi alma, que creo es mejor pasarla en silencio.

(4) Continúo diciendo porque la obediencia lo quiere; entonces me parecía ver las calles llenas de carne humana y la sangre que inundaba la tierra, ciudades sitiadas por enemigos que no perdonaban ni siquiera a los niños; me parecían como tantos animales salidos del infierno, no respetaron ni iglesias ni sacerdotes. Parecía que el Señor mandaba un castigo del Cielo, cuál sea no sé decirlo, sólo me parecía que todos recibiremos un golpe mortal, y quién quedará víctima de la muerte y quién se repondrá. Me parecía también ver las plantas secas y muchos otros males que deben venir sobre las cosechas. ¡Oh Dios, qué pena ver estas cosas y estar obligada a manifestarlas! ¡Ah Señor, aplácate, yo espero que tu sangre y tus llagas sean nuestro remedio, o bien viértelos sobre esta pecadora, pues los merezco, de otra manera tómame y entonces estarás libre de hacer lo que quieras, pero mientras viva haré cuanto pueda para oponerme!

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Fiat Voluntas Tua

Los escritos de nuestro Señor Jesucristo utilizando de pluma a Luisa Picarreta.

Volumen 2 del  Libro de Cielo

(17) Para poderme explicar mejor según nuestro lenguaje humano, diré que veo una sombra de Dios en todo lo creado, porque en todo lo creado, dónde ha arrojado la sombra de su belleza, donde sus perfumes, dónde su luz, como en el sol, donde yo veo una sombra especial de Dios, lo veo como delineado en este astro, que es como rey de los planetas. ¿Qué cosa es el sol? No es otra cosa que un globo de fuego, uno es el globo, pero muchos son los rayos, de modo que entonces podemos comprender fácilmente:

(18) 1° El globo es Dios, los rayos los inmensos atributos de Dios.

(19) 2°. El sol es fuego, pero al mismo tiempo es luz y es calor, así que la Santísima Trinidad está representada en el sol: El fuego es el Padre, la luz es el Hijo, el calor es el Espíritu Santo, pero uno es el sol, y así como no se puede dividir el fuego de la luz y del calor, así una es la potencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que entre Ellos no se pueden realmente separar. Y así como el fuego en el mismo instante produce la luz y el calor, así que no se puede concebir el fuego sin concebirse también la luz y el calor, así no se puede concebir al Padre antes del Hijo y del Espíritu Santo y así recíprocamente, tienen los Tres el mismo principio eterno.

(20) Agrego que la luz del sol se expande por todas partes; así Dios, con su inmensidad dondequiera penetra, sin embargo recordemos que no es más que una sombra, porque el sol no llegaría a donde no puede penetrar con su luz, pero Dios penetra dondequiera. Dios es Espíritu purísimo y nosotros lo podemos simbolizar en el sol que hace penetrar sus rayos dondequiera, sin que ninguno los pueda tomar entre las manos, Dios mira todo, las iniquidades, las infamias de los hombres y Él queda siempre lo que es, puro, santo, inmaculado. Sombra de Dios es el sol que manda su luz sobre las inmundicias y queda inmaculado, expande su luz en el fuego y no se quema, en el mar, en los ríos y no se ahoga, da luz a todos, fecunda todo, da vida a todo con su calor y no empobrece de luz, ni pierde nada de su calor y mucho más, mientras hace tanto bien a todos, él de ninguno tiene necesidad y queda siempre lo que es, majestuoso, resplandeciente, sin cambiarse jamás. ¡Oh! Cómo se representan bien en el sol las cualidades divinas, Dios, con su inmensidad se encuentra en el fuego y no arde, en el mar y no se ahoga, bajo nuestros pasos y no lo pisamos, da a todos y no empobrece y de nadie tiene necesidad, ve todo, más bien es todo ojos y no hay cosa que no sienta, está al día de cada fibra de nuestro corazón, de cada pensamiento de nuestra mente, y siendo Espíritu purísimo no tiene ni oídos, ni ojos, y pase lo que pase no cambia jamás. El sol, invistiendo al mundo con su luz no se fatiga, así Dios, dando vida a todos, ayudando y rigiendo al mundo, no se fatiga. Para no gozar más la luz del sol y sus benéficos efectos, el hombre puede esconderse, puede poner obstáculos, pero al sol nada le hace, permanece como es, el mal caerá todo sobre el hombre. Así el pecador, con el pecado puede alejarse de Dios y no gozar más sus benéficos influjos, pero a Dios nada le hace, todo el mal es suyo.

(21) También la redondez del sol me simboliza la eternidad de Dios, que no tiene ni principio ni fin. La misma luz penetrante del sol, que nadie puede contener en su ojo, y que si alguien quisiera mirarlo fijamente en pleno mediodía quedaría deslumbrado, y si el sol se quisiera acercar al hombre, éste quedaría reducido a cenizas. Así del Sol Divino, ninguna mente creada puede restringirlo en su pequeña mente para comprenderlo en todo lo que es, y si quisiera esforzarse quedaría deslumbrada y confundida, y si este Sol Divino quisiera hacer ostentación de todo su amor, haciéndoselo sentir al hombre mientras está aun en carne mortal, el hombre quedaría incinerado. Por lo tanto, Dios ha puesto una sombra de Sí y de sus perfecciones en todo lo creado, así que parece que lo vemos y lo tocamos y por Él quedamos tocados continuamente.

(22) Además de esto, después de que el Señor dijo aquellas palabras: “La fe es Dios”. Yo le dije: “Jesús, ¿me quieres?”

(23) Y Él ha agregado: “Y tú, ¿me quieres?”

(24) Yo enseguida he dicho: “Sí, Jesús, y Tú lo sabes, que sin Ti siento que me falta la vida”.

(25) “Pues bien”. Ha añadido Jesús. “Tú me quieres, Yo también, por lo tanto amémonos y estemos siempre juntos”.

ITALIA AVISÓ EN EL 2015- SOBRE EL CORONAVIRUS-


PARTE 2 PESTE CHINA O CORANAVIRUS