miércoles, 25 de febrero de 2015

Lesbiana durante 35 años

Robin Beck entregó su sexualidad a Dios y hoy es católica

Lesbiana durante 35 años, tuvo 12 parejas, era protestante «progre»... cambió un Miércoles de Ceniza

Lesbiana durante 35 años, tuvo 12 parejas, era protestante «progre»... cambió un Miércoles de Ceniza
Robin Teresa Beck explica como buscó un amor femenino seguro -como el que su madre le dio solo una vez- de mujer en mujer... hasta que se entregó al amor de Dios
«Imposible tener una relación gay sana»: Robin Beck habla tras 35 años de «infierno» de vida gay
Actualizado 25 febrero 2015
 
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Robin Teresa Beck, de 59 años, no tiene miedo de decir a quien quiera oírla, incluso al mismo Papa Francisco, que la homosexualidad convirtió su vida en un infierno de sufrimiento, oscuridad, sueños hechos añicos y grandes remordimientos. Tras 35 años de comportamiento homosexual vivido en 12 relaciones, Robin sabe exactamente de qué está hablando.

“En mi experiencia, es imposible tener una relación homosexual sana porque va contra el modo como nos hizo Dios”, dijo a LifeSiteNews, añadiendo que es "cruel" que cualquier líder religioso mire favorablemente a este tipo de relaciones.

Leía la Biblia a su manera... hasta un Miércoles de Ceniza
Hace sólo unos cinco años que todo cambió para Robin, una acérrima protestante que retorció la escritura para adaptarla a su estilo de vida gay, cuando un día — por un deseo repentino — decidió entrar en una iglesia católica parar recibir la ceniza durante la misa del Miércoles de Cenizas. Ella entró sólo por la ceniza, pero Dios tenía otros planes.

Robin narra la dramática historia de su vida en un libro publicado en 2012, I just came for Ashes (Vine sólo para las Cenizas, ndt).

Procede de un hogar roto con dos padres alcohólicos y su padre abusaba físicamente de su madre y lo hacía con ira.

Cuando era muy joven Robin vio como su padre golpeaba, empujaba y hacía "cosas degradantes" a su madre. Se recuerda a ella misma cerca de la escena mirando a su madre llorar mientras era maltratada.

Robin tenía un miedo terrible de su padre y creía que la podía matar ante la más mínima provocación.

Recuerda un solo momento de ternura de su madre. Tenía unos tres años cuando su madre un día, inesperadamente, la cogió en brazos para acunarla. Fue la única ocasión en toda su infancia en que Robin se sintió "segura y feliz".



La pequeña Robin (la niña de la derecha) con su madre y su hermana

Con cinco años Robin ya era el consuelo de su madre cada vez que su padre la maltrataba. Pensaba en ella misma como una salvadora.

La religión se convirtió en una vía de escape para Robin. Ir a los servicios litúrgicos con su hermana mayor se convirtió en su vida. Deseaba que Dios viniera y la rescatara del maltrato verbal, emocional y físico que sufría en casa a diario.

Robin estará siempre atormentada por el día en que, con siete años, supo que su padre se había ido de casa para siempre. Recuerda que salió hecha una furia de su casa, levantó los ojos al cielo y gritó: “¿Por qué Dios? De todos los niños del mundo, ¿por qué has elegido que esto suceda en mi familia?”

Desesperada buscando amor
Robin estaba ya en el instituto. Su padre estaba físicamente ausente y su madre luchaba con una enfermedad que la iba debilitando. Recordando esta época, se da cuenta ahora de que sentía un gran vacío en su corazón y que necesitaba desesperadamente que alguien - quien fuera - la amara.

Un profesor de música del instituto reconoció su don para el canto. Empezó a tratarla como la hija que nunca había tenido. Ella disfrutaba con su atención. Pasó muchos momentos felices con la familia de este profesor, experimentado una vida de amor y alegría que desconocía, pero que la renovaba y la devolvía a la vida.

Pero una vez acabado el instituto, la relación fue desapareciendo y Robin se sintió traicionada. Juró que ningún otro hombre entraría en su corazón jamás.

Un deseo de amor mal enfocado
En la facultad, cuando tenía 19 años, Robin conoció a una mujer que la invitó a un encuentro de oración carismática donde experimentó una efusión del amor de Dios que le hizo arder el corazón por la fe cristiana.

La relación con su nueva amiga se hizo más profunda y se desarrolló en una amistad íntima que rápidamente se convirtió en sexual. Duró siete meses y Robin se quedó destrozada cuando terminó.

Robin intentó huir de sus problemas cambiando a una universidad  evangélica. Un día se puso furiosa cuando supo que su antigua novia había empezado a salir con un hombre.

Buscó consejo en una de las maestras, lo que resultó en otra amistad íntima que se convirtió en sexual en unos meses.

Recuerda que se convirtió en “un caso totalmente perdido” durante ese tiempo y concluyó que "había algo que iba muy mal en mí”.

La dirección de la escuela tuvo conocimiento de la relación homosexual entre las mujeres y quisieron despedir a la maestra y echar a Robin, pero dejaron que ambas terminaran el semestre.

Una congregación "gay"
Robin y la maestra vivieron juntas durante unos años. Entraron a formar parte de una iglesia donde se congregaba la gente homosexual. Al poco tiempo decidieron parar su actividad homosexual.

Robin esperaba que su relación duraría para siempre. Pero no fue así. Robin creyó que su lucha contra la rabia, la inseguridad, la posesividad y los celos fueron la causa de que su pareja se fuera.

‘Buscando a la madre que nunca tuve’
La vida de Robin continuó por una espiral descendente. Conoció a otra mujer en la iglesia gay que la convenció de que ella era real y verdaderamente lesbiana. Pero esta relación tampoco duró mucho.

Mujer tras mujer, relación tras relación, Robin buscaba desesperadamente un amor que durara, un amor que satisficiera el deseo de su corazón.

“Las cosas siempre empezaban genial y yo estaba segura de que esa vez había encontrado finalmente a la pareja perfecta. Pero en menos de un año acababa sintiéndome fatal, preguntándome qué diablos estaba haciendo y me iba”, escribe en su libro.

Pasó de una relación lesbiana a otra, a veces estando en más de una al mismo tiempo, asegurándose así de no estar sola y sin amor un instante.

Mirando atrás, Robin se da cuenta ahora de que elegía parejas que, como ella, eran psicológicamente problemáticas.

“Seguía teniendo la esperanza de encontrar una mujer estable, cariñosa y maternal que sanara mi corazón. En otras palabras, buscaba la madre que nunca tuve”, escribe.

La falta de relación materna y el lesbianismo
Robin le contó a LifeSiteNews que ahora ella cree que la “mayoría de las lesbianas que tienen relaciones adictivas con otras mujeres han tenido una falta de relación con la madre”.

“Sé que esto es verdad para mí. No recibí el cariño que necesitaba de mi madre. Tenía esta herida a causa de mi madre que intenté sanar relacionándome con otras mujeres a las que les pedía que me dieran lo que mi madre no supo darme”.

Cuando tenía 46 años Robin inició su undécima relación, esta vez con una mujer casada y con hijos. “Tendría que haber huido, pero pobre y loca de mí, sin ninguna voluntad, cedí a mi necesidad emocional y empecé una relación con ella", escribe.

Una enfermedad seria la mantuvo ingresada en el hospital dos semanas. Recuperó en parte su salud y descubrió que esta mujer, mientras tanto, había decidido abandonarla.

“Fue uno de los días más dolorosos y terribles de mi vida", escribe.

Ese dolor le proporcionó la ocasión para examinar su vida.

Cadena de relaciones rotas
“Miré a este tren ruinoso tras once relaciones y supe que Dios quería que saliera de este naufragio, pero la mayoría de los días no podía con ello. Me tumbaba boca abajo en el suelo y lloraba ´¡Oh Dios, por favor, dime que esta no es mi vida!´. Seguía esperando que al despertarme pudiera ver que había sido una pesadilla. Pero era mi vida y tenía que apropiarme de ella, de cada minuto de ella".



El gesto de las cenizas -al que pueden acudir ateos e incluso personas de otras religiones- es poderoso y hermoso y capaz de impulsar un cambio real en la vida

"Arrepiéntete y cree en el Evangelio"
Fue más o menos en esta época cuando, por un deseo repentino, entró en una Iglesia Católica un Miércoles de Ceniza para recibir las cenizas sagradas, con las que le marcaron en la frente el signo de la cruz mientras le decían estas palabras: ‘Arrepiéntete y cree en el Evangelio’. Sintió que Dios conmovía su corazón.

Fue a misa el domingo siguiente y se sintió inexplicablemente atraída hacia la blanca hostia que el sacerdote llamaba "el cuerpo de Cristo". Siguió yendo a la misa dominical.

Pero Robin seguía sin estar convencida de que la homosexualidad era una equivocación. Creía que su problema era que no sabía cómo crear una "relación gay sana". De nuevo, otra mujer entró en su vida. Robin se tomó las cosas con calma esperando que esta amistad se convirtiera en un compromiso para toda la vida.

“Lo triste y malo es que lo que empezó como una amistad maravillosa, que tardó dos años en construirse, acabó en ruinas cuando empezamos a cruzar la línea e ir a sitios a los que Dios nos decía de no ir. Tal como había ocurrido con las once relaciones precedentes, esta también se volvió loca y disfuncional literalmente de la noche a la mañana, y toda esperanza de una unión feliz se desvaneció (o mejor dicho, estalló en mi cara)".

Entregar la sexualidad a Dios a los 54 años
Robin había tocado fondo y aceptó que "nunca podría haber una relación "justa" con otra mujer". En medio de su dolor y angustia gritó a Dios pidiendo ayuda. Recibió la fuerza de entregar su sexualidad a Dios, prometiendo seguir Su palabra sobre este tema a partir de ese día. Esto sucedió hace cinco años, en el fin de semana en que cumplía 54 años.

“Aunque ese fin de semana fue muy doloroso, estoy agradecida de que fuera lo suficientemente espantoso para despertarme y hacerme entrar en razón (y hacer que me arrodillara). Abandoné la vida gay y ni siquiera por un segundo he pensado en volver a ella", escribe.

En la Iglesia Católica
Robin empezó a recibir las catequesis para entrar en la Iglesia Católica, donde fue recibida en la Pascua de 2010. En breve celebrará los cinco años de lo que ella llama "entrar en la victoria". Cree que esto es un "milagro inmenso".

“Y el milagro es que en los últimos cinco años he estado bien siendo ese "alguien" especial de Dios. He estado bien levantándome cada día y sabiendo que tengo una relación buena con Dios ahora. Es solo su gracia maravillosa lo que me sostiene estando sola. Este es el milagro”, dice a LifeSiteNews.

A cualquiera que le pregunte, Robin le dice que los últimos cinco años la han cogido totalmente por sorpresa.

“Tienes que creer cuando te digo que nunca planifiqué nada de esto. Me agarró por sorpresa, me atrapó por sorpresa, engañada en una emboscada que me tendió la Soberana misericordia. ¡Es verdad, no bromeo! Es la verdad, ¡sólo entré para las cenizas!", escribe al final de su libro.

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

LA GRAN BABILONIA

LA GRAN BABILONIA

Apocalipsis 17: 
Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: «Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, = que se sienta sobre grandes aguas, = con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.» Me trasladó en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución, y en su frente un nombre escrito - un misterio -: «La Gran Babilonia, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.» Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús. Y me asombré grandemente al verla; pero el Ángel me dijo: «¿Por qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la mujer y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos. «La Bestia que has visto, era y ya no es; y va a subir del Abismo pero camina hacia su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no fue inscrito desde la creación del mundo en el libro de la vida, se maravillarán al ver que la Bestia era y ya no es, pero que reaparecerá. Aquí es donde se requiere inteligencia, tener sabiduría. Las siete cabezas son siete colinas sobre las que se asienta la mujer. «Son también siete reyes: cinco han caído, uno es, y el otro no ha llegado aún. Y cuando llegue, habrá de durar poco tiempo. Y la Bestia, que era y ya no es, hace el octavo, pero es uno de los siete; y camina hacia su destrucción. = Los diez cuernos = que has visto = son diez reyes = que no han recibido aún el reino; pero recibirán con la Bestia la potestad real, sólo por una hora. Están todos de acuerdo en entregar a la Bestia el poder y la potestad que ellos tienen. Estos harán la guerra al Cordero, pero el Cordero, como es = Señor de Señores y Rey de Reyes, = los vencerá en unión con los suyos, los llamados y elegidos y fieles.» Me dijo además: «Las aguas que has visto, donde está sentada la Ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Y los diez cuernos que has visto y la Bestia, van a aborrecer a la Ramera; = la dejarán sola y desnuda, = comerán sus carnes y la consumirán por el fuego; porque Dios les ha inspirado la resolución de ejecutar su propio plan, y de ponerse de acuerdo en entregar la soberanía que tienen a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. Y la mujer que has visto es la Gran Ciudad, la que tiene la soberanía sobre los reyes de la tierra.
Apocalipsis 18: 
Después de esto vi bajar del cielo a otro Angel, que tenía gran poder, = y la tierra quedó iluminada con su resplandor. = Gritó con potente voz diciendo: = «¡Cayó, cayó = la Gran = Babilonia! = Se ha convertido = en morada de demonios, = en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en guarida de toda clase de aves inmundas y detestables. Porque del vino de sus prostituciones han bebido todas las naciones, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado.» Luego oí otra voz que decía desde el cielo: «Salid de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas. Porque sus pecados = se han amontonado hasta el cielo = y Dios se ha acordado de sus iniquidades. = Dadle como ella ha dado, = dobladle la medida conforme a sus obras, en la copa que ella preparó preparadle el doble. En proporción a su jactancia y a su lujo, dadle tormentos y llantos. Pues = dice en su corazón: Estoy sentada como reina, y no soy viuda = y no he de conocer el llanto... Por eso, = en un solo día = llegarán sus plagas: peste, llanto y hambre, y será consumida por el fuego. Porque poderoso es el Señor Dios que la ha condenado.» Llorarán, harán duelo por ella los reyes de la tierra, los que con ella fornicaron y se dieron al lujo, cuando vean la humareda de sus llamas; se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, y dirán: «¡Ay, ay, la Gran Ciudad! ¡Babilonia, ciudad poderosa, que en una hora ha llegado tu juicio!» Lloran y se lamentan por ella los mercaderes de la tierra, porque nadie compra ya sus cargamentos: cargamentos de oro y plata, piedras preciosas y perlas, lino y púrpura, seda y escarlata, toda clase de maderas olorosas y toda clase de objetos de marfil, toda clase de objetos de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol; cinamomo, amomo, perfumes, mirra, incienso, vino, aceite, harina, trigo, bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y mercancía humana. Y los frutos en sazón que codiciaba tu alma, se han alejado de ti; y toda magnificencia y esplendor se han terminado para ti, y nunca jamás aparecerán. Los mercaderes de estas cosas, los que a costa de ella se habían enriquecido, se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, llorando y lamentándose: «¡Ay, ay, la Gran Ciudad, vestida de lino, púrpura y escarlata, resplandeciente de oro, piedras preciosas y perlas, que en una hora ha sido arruinada tanta riqueza!» Todos los capitanes, oficiales de barco y los marineros, y cuantos se ocupan en trabajos del mar, se quedaron a distancia y gritaban al ver la humareda de sus llamas: «¿Quién como la Gran Ciudad?» Y echando polvo sobre sus cabezas, gritaban llorando y lamentándose: «¡Ay, ay, la Gran Ciudad, con cuya opulencia se enriquecieron cuantos tenían las naves en el mar; que en una hora ha sido asolada!» Alégrate por ella, cielo, y vosotros, los santos, los apóstoles y los profetas, porque al condenarla a ella, Dios ha juzgado vuestra causa. Un Ángel poderoso alzó entonces una piedra, como una gran rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo: «Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la Gran Ciudad, y no aparecerá ya más...» Y la música de los citaristas y cantores, de los flautistas y trompetas, no se oirá más en ti; artífice de arte alguna no se hallará más en ti; = la voz de la rueda de molino = no se oirá más en ti; = La luz de la lámpara = no lucirá más en ti; = la voz del novio y de la novia = no se oirá más en ti. Porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, porque con tus hechicerías se extraviaron todas las naciones; y en ella fue hallada la sangre de los profetas y de los santos y de todos los degollados de la tierra.
Apocalipsis 19, 1-6: 
Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: «¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos.» Y por segunda vez dijeron: «¡Aleluya! La = humareda de la = Ramera = se eleva por los siglos de los siglos.» = Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: «¡Amén! ¡Aleluya!» Y salió una voz del trono, que decía: «Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos = y los que le teméis, pequeños y grandes.» = Y oí el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: «¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso.
“Los Cuadernos – 1943” – María Valtorta:
22 de agosto
Dice Jesús: 
«Te dije un día que el eterno envidioso trata de copiar a Dios en todas las manifestaciones de Dios. 
Dios tiene sus arcángeles fieles. Satanás tiene los suyos. Miguel: testigo de Dios, tiene un rival infernal; y también lo tiene Gabriel: fuerza de Dios. 
La primera bestia, que sale del mar, que con voz de blasfemia hace proclamar a los engañados: "¿Quién hay semejante a la bestia?", corresponde a Miguel. Vencida y herida por éste en la batalla entre las tropas de Dios y las de Lucifer, al principio del tiempo, curada por Satanás, odia a muerte a Miguel, y ama, si de amor puede hablarse entre los demonios -es mejor decir: sumisión absoluta- a Satanás. 
Ministro fiel de su rey maldito, usa la inteligencia para dañar a la estirpe del hombre, criatura de Dios, y para servir a su amo. Usa fuerza sin fin y sin medida para persuadir al hombre a borrar, por sí mismo, mi signo que horroriza a los espíritus de las tinieblas. Quitado aquél, con el pecado que quita la gracia, crisma luminoso sobre vuestro ser, la Bestia puede acercarse e inducir al hombre a adorarle como si fuera un Dios y a servirle en el delito. 
Si el hombre pensase a qué sujeción se dona desposándose con la culpa, no pecaría. Pero el hombre no piensa. Mira el momento y la alegría del momento, y peor aún que Esaú cambia la divina progenitura por un plato de lentejas. 
Pero Satanás no utiliza sólo a este violento seductor del hombre. Por cuanto el hombre reflexione poco, en general, todavía hay demasiados hombres que, no por amor, sino por temor del castigo, no quieren pecar gravemente. Por eso he aquí el otro ministro satánico, la segunda bestia. Bajo aspecto de cordero tiene espíritu de dragón. 
Es la segunda manifestación de Satanás y corresponde a Gabriel, porque anuncia a la Bestia y es su fuerza más fuerte: la que demole sin consultar y persuade con dulzura fingida de que es justo seguir las huellas de la Bestia. 
Es inútil hablar de potencia política y de tierra. No. Si acaso podéis referir a la primera el nombre de Potencia humana y a la segunda el de Ciencia humana. Y si la Potencia por sí misma produce rebeldes, la Ciencia, cuando es únicamente humana, corrompe sin producir rebelión y arrastra a la perdición a un número infinito de adeptos. ¡Cuántos se pierden por la soberbia de la mente que les hace despreciar la Fe y matar el alma con el orgullo que separa de Dios! Que si bien Yo segaré en el último día la mies de la tierra, ya hay un segador entre vosotros. Y es este espíritu de Mal quien os siega y no hace de vosotros espigas de grano eterno, sino paja para la morada de Satanás. 
Una, sólo una ciencia es necesaria. Lo repetiré mil veces: conocer a Dios y servirle, conocerle en las cosas, verle en los acontecimientos y saber distinguirle a Él de su antagonista para no caer en perdición. En cambio os preocupáis de aumentar el saber humano en detrimento del saber sobrehumano. 
Yo no condeno la Ciencia. Al contrario me gusta que el hombre profundice con el saber los conocimientos que ha ido acumulando, para poder comprender cada vez más y admirarme en mis obras. Os he dado la inteligencia para esto. Pero debéis usarla para ver a Dios en la ley del astro, en la formación de la flor, en la concepción del ser, y no usar la inteligencia para violar la vida o negar al Creador. 
Racionalismo, Humanismo, Filosofismo, Teosofismo, Naturismo, Clasicismo, Darvinismo, tenéis escuelas y doctrinas de todos los géneros y os preocupáis de todas, por cuanto la Verdad esté muy pervertida o abolida en ellas. Sólo no queréis seguir y profundizar la escuela del Cristianismo. 
Resistencia natural, por lo demás. Profundizando en la cultura religiosa estaríais obligados o a seguir la Ley -y no lo queréis hacer- o a confesar abiertamente que queréis pisotear la Ley. Y tampoco queréis hacer esto. Por ello no queréis haceros doctos en la Ciencia sobrenatural. 
Pero ¡pobres necios! Y ¿qué haréis con vuestras escuelitas y de vuestras palabritas cuando tengáis que hacer mi examen? Habéis apagado en vosotros la luz infinita de la Ciencia verdadera y habéis creído iluminar vuestras almas con substitutivos de luz, así como pobres locos que pretendieran apagar el sol haciendo con muchos farolillos un nuevo sol. Pero aunque las nieblas escondan el sol, el sol está siempre en mi firmamento. Pero aunque con vuestras doctrinas creéis nieblas que ocultan el Saber y la Verdad, la Verdad y el Saber existen siempre porque vienen de Mí que soy eterno. 
Buscad la verdadera Sabiduría y comprenderéis cómo debe comprenderse la Ciencia. Liberad vuestras almas de todas las superestructuras artificiales y alzad en ellas la verdadera Fe. Como agujas de una catedral espiritual florecerán sobre ellas Ciencia, Sabiduría, Inteligencia y Fortaleza y Humildad y Continencia, porque el verdadero sabio sabe no sólo lo cognoscible humano, sino que sabe la cosa más difícil: dominarse a sí mismo en las pasiones de la carne y hacer de su parte inferior el pedestal para alzar su alma y lanzar el espíritu hacia los Cielos, al encuentro conmigo que vengo y estoy en cada cosa y que deseo ser el verdadero y santo Maestro de mis hermanos».
Más tarde
Dice Jesús: 
«Las siete plagas últimas corresponden a los siete truenos no descritos. Como siempre, son descripciones figurativas pero en las cuales no está excluida totalmente la realidad. Te explico cuanto estimo oportuno que te sea explicado de ellas. 
La primera es la úlcera. 
Desde los tiempos de Moisés castigué con enfermedades repugnantes a las criaturas que habían cometido pecados imperdonables hacia Mí. María, hermana de Moisés, tuvo el cuerpo cubierto de lepra por haber hablado mal de mi siervo Moisés. ¿Cómo no debe suceder igual y todavía más a quienes hablan mal de su Dios? La lepra, o la úlcera que sea, se extiende cada vez más porque habéis extendido cada vez más vuestros pecados contra Dios y contra la admirable obra de Dios que sois vosotros. 
Cuando os revolcáis en la lujuria, ¿no creéis que cometéis un pecado contra Dios? Pues sí que lo cometéis, porque profanáis vuestro cuerpo donde el espíritu reside para acogerme a Mí, Espíritu Supremo. ¿Y hasta qué punto está llegando la lujuria del hombre, cumplida con fría y consciente voluntad? Es mejor no profundizar en este abismo de repugnante degradación humana. Yo te digo que se llamaban inmundos ciertos animales, pero que el hombre los ha superado ya y todavía los superará más, y que si se pudiera crear un nuevo animal, obtenido del cruce de los monos con las serpientes y con los cerdos, todavía sería menos inmundo que ciertos hombres, los cuales tienen del hombre el aspecto, pero tienen el interior más lúbrico y repugnante que el animal más sucio. 
Como te he dicho, la humanidad se divide cada vez más. La parte espiritual, exigua al máximo, asciende. La parte carnal, numerosísima, desciende. Desciende a una profundidad de vicio espantosa. Cuando llegue el tiempo de la ira, la humanidad habrá alcanzado la perfección del vicio. 
¿Y quieres que el hedor interno de sus almas muertas no transpire al exterior y corrompa las carnes, adoradas más que a Mí y usadas para todas las prostituciones? Y como las úlceras serán provocadas por vosotros, así llenaréis de sangre el mar y las aguas de los ríos. Los estáis llenando ya con vuestras carnicerías, y los habitantes de las aguas disminuyen, matados por vosotros, contribuyendo a vuestra hambre. Habéis pisoteado tanto los dones que Dios os ha dado para vuestras necesidades materiales, que tierra, cielo y aguas se están haciendo vuestros enemigos y os niegan los frutos de la tierra y los habitantes de las aguas, de los ríos, de los bosques, del aire. 
Matad, matad si queréis, pisotead la ley de amor y de perdón, esparced la sangre fraterna y especialmente la sangre de los buenos, que perseguís justamente porque son buenos. Pero tened cuidado no sea que un día Dios os obligue a saciar vuestra hambre y vuestra sed con la sangre que habéis derramado, en oposición con mi orden de paz y de amor. 
Rebeldes vosotros a las leyes que os he dado, rebeldes hacia vosotros los astros y los planetas que hasta ahora os han donado la luz y calor que necesitabais, obedeciendo, ellos, a las reglas que Yo he señalado por bondad hacia vosotros. 
Enfermedades repugnantes como marca de vuestro vicio; sangre en las aguas como testimonio de toda la sangre que habéis querido derramar, y entre ésta está la mía; fuego del sol para haceros probar por adelantado las brasas eternas que esperan a los malditos; tinieblas para advertiros de que las tinieblas esperan a quien odia la Luz: todo esto para induciros a reflexionar y arrepentiros. 
Y no servirá. Continuaréis precipitando. Continuaréis cumpliendo vuestras alianzas con el mal, preparando el camino a los "reyes de Oriente", es decir, a los ayudantes del Hijo del Mal. 
Parece que sean mis ángeles quienes traen las plagas. En realidad sois vosotros. Vosotros las queréis y vosotros las tendréis. 
Hechos dragones y bestias vosotros mismos, por haberos desposado con el Dragón y la Bestia, daréis a luz, de vuestro interior corrompido, los seres inmundos: las doctrinas demoníacas absolutas que realizando falsos prodigios seducirán a los poderosos y los arrastrarán a batalla contra Dios. Estaréis tan pervertidos que tomaréis por prodigios celestiales cuanto es creación infernal. 
María, ahora te cojo de la mano para conducirte al punto más oscuro del libro de Juan. Los comentaristas del mismo han agotado su capacidad en muchas deducciones para explicar a sí mismos y a las muchedumbres quien sea la "gran Babilonia". Con visión humana, a la que las sacudidas producidas por acontecimientos deseados o por acontecimientos sucedidos no es ajena, han dado el nombre de Babilonia a muchas cosas. 
¿Pero cómo no han pensado nunca que la "gran Babilonia" sea toda la Tierra? ¡Sería un Dios Creador muy pequeño y limitado si sólo hubiera creado la Tierra como mundo habitado! Con un latido de mi querer he suscitado mundos y mundos de la nada y los he proyectado, polvillo luminoso, en la inmensidad del firmamento. 
La Tierra, de la que estáis tan orgullosos y tan feroces, no es más que uno de los polvillos rotantes en el infinito, y no el más grande. Pero ciertamente es el más corrompido. Vidas y vidas pululan en los millones de mundos que son la alegría de vuestra mirada en las noches serenas, y la perfección de Dios os aparecerá cuando podáis ver, con la visión intelectual del espíritu unido nuevamente a Dios, las maravillas de esos mundos. 
¿No es acaso la Tierra la gran meretriz que ha fornicado con todas las potencias de la tierra y del infierno, y los habitantes de la Tierra no se han prostituído a sí mismos: cuerpos y almas, con tal de triunfar en el día de la tierra? 
Sí que es así. Los delitos de la Tierra tienen todos los nombres de blasfemia, como los tiene la Bestia con la que se han aliado la Tierra y sus habitantes con tal de triunfar. Los siete pecados están como ornamento horrible sobre la cabeza de la Bestia que transporta Tierra y terrestres a los pastos del Mal, y los diez cuernos, número metafórico, están para demostrar las 'infinitas infamias cumplidas con tal de obtener, a cualquier precio, cuanto quiere su feroz codicia. 
¿Acaso no está la Tierra empapada de la sangre de los mártires, ebria por este licor santo que bebido por su boca sacrílega se ha transformado en filtro de embriaguez maldita? La Bestia que la lleva: compendio y síntesis de todo el mal cumplido desde Adán en adelante con tal de triunfar en el mundo y en la carpe, trae detrás de sí a quienes, adorándola, se harán reyes de una hora y de un reino maldito. Sois reyes como hijos de Dios, y es reino eterno. Pero os hacéis reyes de una hora y de un reino maldito cuando adoráis a Satanás, el cual no puede daros más que un efímero triunfo pagado a precio de una eternidad de horror. 
La Bestia -dice Juan- fue y no es. Así será al final del mundo. Fue, porque realmente ha existido; no es porque Yo, Cristo, la habré vencido y sepultado porque, entonces, ya no será necesaria para los triunfos del mundo. 
¿No está la Tierra sentada sobre las aguas de sus mares y no se ha servido de éstos para dañar? ¿De qué no se ha servido? Pueblos, naciones, razas, confines, intereses, alimentos, expansiones, todo le ha servido para fornicar y cumplir desaforados homicidios e iscarióticas traiciones. Sus propios hijos, nutridos por ella con sangre de pecado, cumplirán la venganza de Dios sobre ella, destruyéndola, destruyéndose, llevando la suma de los delitos contra Dios y contra el hombre al número perfecto que exige el retumbar de mi: "¡Basta!". 
La sangre de los mártires y de los profetas hervirá en esa hora, perfumando mi trono con agradable olor grato, y los terrones de la tierra, que han recogido los gemidos de los asesinados por odio hacia Mí recibiendo sus últimas sacudidas, lanzarán un gran grito hecho de todos esos santos gemidos y temblarán de convulsión de angustia, sacudiendo las ciudades y las casas de los hombres en las que se peca y mata, y llenando la bóveda de los Cielos de voz que clama Justicia. 
Y habrá Justicia. Yo vendré. Vendré porque soy Fiel y Veraz. Vendré a dar Paz a los fieles y Juicio santo a los vividos. Vendré con mi nombre cuyo sentido tan sólo es conocido por Mí y en cuyas letras están los atributos principales de Dios de quien soy Parte y Todo. 
Escribe: Jesús: Grandeza, Eternidad, Santidad, Unidad. Escribe: Cristo: Caridad, Redención, Inmensidad, Sabiduría, Trinidad, Omnipotencia (de Dios condensada en el nombre del Verbo humanado). Y si te parece que falte algún atributo, piensa que la Justicia está comprendida en la santidad, porque quien es santo es justo, la Realeza en la grandeza" la Creación en la omnipotencia. Por eso en mi nombre están proclamadas las alabanzas de Dios. 
Nombre santo cuyo sonido aterra a los demonios. Nombre de Vida que das Vida, Luz, Fuerza a quien te ama e invoca. 
Nombre que es corona sobre mi cabeza de vencedor de la Bestia y de su profeta que serán presos, clavados, sumergidos, sepultados en el fuego líquido y eterno cuya mordaz crueldad es inconcebible para el sentido humano. 
Entonces será el tiempo de mi Reino de la Tierra. Por ello habrá una tregua en los delitos demoníacos para dar tiempo al hombre de volver a oír las voces de cielo. Quitada de en medio la fuerza que desencadena el horror, descenderán como cascadas de gracia, como ríos de aguas celestes, de las grandes corrientes espirituales, para decir palabras de Luz. 
Pero del mismo modo que a lo largo de los siglos no recogieron las Voces aisladas, comenzando por la del Verbo, que hablan de Bien, los hombres estarán sordos, siempre sordos, menos los señalados por mi signo, mis amigos dilectísimos atentos a seguirme, sordos a las voces de muchos espíritus, a las voces semejantes al rumor de muchas aguas que cantarán el cántico nuevo para guiar a los pueblos al encuentro con la Luz y sobre todo a Mí: Palabra eterna. Cuando se haya cumplido la última tentativa, Satanás vendrá por última vez y encontrará seguidores en los cuatro rincones de la tierra, y serán más numerosos que la arena del mar. 
¡Oh! ¡Cristo! ¡Oh! ¡Jesús que has muerto para salvar a los hombres! Sólo la paciencia de un Dios puede haber esperado tanto, haber hecho tanto, y haber obtenido tan poco sin retirar a los hombres su don y hacerles perecer mucho antes de la hora señalada. Sólo mi Paciencia que es Amor podía esperaros, sabiendo que, como arena que se filtra por una sutilísima criba, escasamente algún alma llegaría a la gloria respecto de la masa que no sabe, que no quiere filtrarse a través de la criba de la Ley, del Amor, del Sacrificio, para alcanzarme. 
Pero en la hora de la venida, cuando, como Dios, Rey y Juez, Yo venga para reunir a los elegidos y maldecir a los réprobos, arrojándoles allí donde el Anticristo, la Bestia y Satanás ya estarán para siempre, tras la suprema victoria de Jesucristo, Hijo de Dios, Vencedor de la Muerte y del Mal, a estos elegidos que han sabido permanecer "vivos" en la vida, vivos en el espíritu esperando nuestra hora de triunfo, les daré la posesión de la morada celeste, les daré a Mí mismo sin pausas y sin medida. 
Aspira a esa hora, María. Llámala y llámame con todas las fuerzas de tu espíritu. He aquí, ya vengo cuando un alma me llama. Junto al Amado que vio desde la Tierra la gloria del Cordero, Hijo de Dios, la gloria de su y de tu Jesús, di, con cada latido de tu corazón: "Ven, Señor Jesús"».
Soy un trapo, un pobre trapito. Sólo tengo el alma sumergida en la dulzura. 
Al dictarme, Jesús me hace entender que cuando dice Tierra quiere decir mundo tomado no como globo de polvo y de aguas, sino más bien, como unión de personas. No sé si lo sé explicar bien. Cuando dice Tierra quiere decir, diré así: ente moral, y cuando dice tierra quiere decir simplemente planeta compuesto de terrenos, de montes, de aguas. Culpable la primera, inocente la segunda. 
Por esto puede decir sin contradecirse que la sangre de los mártires ha llegado a ser veneno para la Tierra que la ha bebido (en sus habitantes) con ira sacrílega y la ha derramado (en sus potencias estatales) con abuso blasfemo de poder temporal; mientras que la tierra globo, rotante en el espacio del éter, ha bebido con respeto y acogido con amor la sangre de los mártires y sus convulsiones agónicas, y las presenta, la una y las otras, al Eterno, pidiendo, materna y piadosa, que no hayan sido derramadas y sufridas en vano y que se haga justicia de ellas. 
Estoy contenta de haber recibido la explicación directa del Libro que me gusta tanto, pero humanamente le aseguro que estoy deshecha. Me parece ser algo vacío, una cosa exprimida. No tengo nada más dentro después de haber tenido tanto. 
En estos días, aplastada bajo las grandes voces que escuchaba dentro, tenía una intolerancia hacia el ruido humano, ¡y he tenido tanto a mi alrededor! He sufrido muchísimo, apresada entre los obstáculos comunes de la vida y las exigencias sobrenaturales del Maestro. 
Bien. Ya está hecho. Y ahora digo: "Un poco de descanso, si no la pobre escritorzuela de Jesús termina rompiéndose como una máquina demasiado usada". Ahora a usted para la copia. Pero, cuando me traiga el fascículo, tráigame también este cuaderno. Me cuesta menos corregir si tengo delante el manuscrito. Si no ¿cómo hago para recordar y añadir las palabras que faltan? ¿Quién se acuerda? Después se lo devuelvo.
Y en cambio todavía hay que decir. 
Dice Jesús: 
«Antes de cerrar este ciclo hay que hablar de las dos resurrecciones. 
La primera comienza en el momento en que el alma se separa del cuerpo y aparece ante Mí en el juicio particular. Pero sólo es resurrección parcial. Más que resurrección se podría decir: liberación del espíritu de la envoltura de la carne y espera del espíritu para reunirse con la carne y reconstruir el templo vivo, creado por el Padre, el templo del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. 
Una obra a la que le falta una parte está incompleta y es imperfecta. La obra hombre, perfecta en su creación, está incompleta e imperfecta si no está unida en sus diversas partes. Destinados al Reino luminoso o a la morada tenebrosa, los hombres deben estar en éstos para siempre con su perfección de carne y espíritu. 
Por esto se habla de la primera y de la segunda resurrección. Pero observa. 
Quien ha matado su espíritu con vida terrena de pecado viene a Mí, en el juicio particular, con un espíritu ya muerto. La resurrección final hará que su carne vuelva a coger el peso del espíritu muerto para morir totalmente con él. Mientras que quien ha vencido a la carne en la vida terrena viene a Mí, en el juicio particular, con un espíritu vivo que, entrando en el Paraíso, aumenta su vivir. 
También los purgantes son "vivos". Enfermos, pero vivos. Lograda la curación en la expiación, entrarán en el lugar que es Vida. En la resurrección final su espíritu vivo de mi Vida, a la que estarán indisolublemente unidos, volverá a tomar la carne para glorificarla y vivir totalmente con ella así como Yo vivo con ella. 
Por eso se habla de muerte primera y segunda, y, en consecuencia, de resurrección primera y segunda. El hombre debe llegar por propia voluntad a esta posesión eterna de la Luz -porque en el Paraíso poseéis a Dios, y Dios es Luz- , como por propia voluntad ha querido perder la Luz y el Paraíso. Yo os doy las ayudas, pero la voluntad debe ser la vuestra. 
Yo soy fiel. Os he creado libres y libres os dejo. Y si pensáis cuánto es digno de admiración este respeto de Dios por la voluntad libre del hombre, podéis entender cómo sería vuestro deber no abusar de ello, utilizándola para el mal, y tener respeto, reconocimiento y amor hacia el Señor, Dios vuestro. 
A los que no han abusado, Yo digo: "Está preparada vuestra morada en el Cielo, y deseo ardientemente que estéis en mi Beatitud"».

NO EXISTE LA REENCARNACIÓN.

NO EXISTE LA REENCARNACIÓN.

7 de enero de 1944.
Dice Jesús: 
“¡Oh, hombre a quien quiero a pesar de tus errores, oveja descarriada por la que caminé y por la que vertí mi Sangre para enseñarte la senda de la Verdad!, lo que voy a dictar es para ti. Es una enseñanza para ti. Es una luz para ti. No rechaces mi don. 
No cometas el sacrilegio de pensar que hay otra palabra más justa que ésta. Ésta es la mía. Es mi voz, que es siempre la misma a través de los siglos, que no cambia, que no se contradice, que no se renueva a lo largo de los siglos porque es perfecta y el progreso no la toca. Vosotros podéis renovaros. Yo, no; Yo soy como el primer día en mi doctrina y así es mi naturaleza desde siempre y para siempre. Yo soy la Palabra de Dios, la Sabiduría del Padre. 
En mi verdadero y único Evangelio está escrito: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. No soy el Dios de los muertos; soy el Dios de los vivos”. Abraham vivió sólo una vez. Isaac vivió sólo una vez. Jacob vivió sólo una vez. Tú vivirás una sola vez. Yo, que soy Dios, me encarné una sola vez y no volveré a hacerlo, porque también Dios respeta el orden. Y el orden de la vida humana es éste: 
Que a la carne se funda el espíritu para hacer que el hombre se asemeje a Dios, que no es carne sino espíritu, que no es animal sino sobrenatural. 
Que cuando para la carne llega la noche y se eclipsa, caiga como un despojo, como una simple envoltura, en la nada de donde proviene y que el espíritu vuelva a su vida: una vida bienaventurada, si vivió de verdad; una vida maldita, si pereció porque permitió que le dominara la carne en lugar de hacer que Dios dominara su espíritu. 
Que desde ese más allá, del que inútilmente queréis conocer los límites sin contentaros de creer en su existencia, el espíritu aguarde temblando de miedo o palpitando de regocijo que la carne resurja y le recubra en el día postrero de la Tierra para precipitar con ella en el abismo o para penetrar con ella en el Cielo, donde también la materia será glorificada, porque con ella habéis triunfado al convertirla de enemiga natural en aliada sobrenatural. 
Mas, llegado el momento de mi excelsa reseña, ¿cómo podríais revestiros con una carne para ser condenados o glorificados con ella, si cada espíritu hubiera poseído muchas carnes? ¿Cuál habría elegido entre ellas?, ¿la primera o la última? 
Si, según vuestras teorías, la primera le permitió ascender a la segunda, era ya una carne merecedora del Cielo, aún más merecedora que las otras, pues la que más cuesta es la primera victoria. Luego cobra impulso la escalada. Mas si en el Cielo han de entrar sólo los perfectos, ¿cómo podrá entrar la primera? Sería injusto excluir la primera carne, como lo sería creer que se excluirá la última de esas carnes que vosotros, con abominable teoría, creéis que puedan cubrir, en series ascendentes, vuestro espíritu, que se encarna y se desencarna para volverse a encarnar como si fuera una prenda que se quita de noche y se pone otra vez por la mañana. 
¿Cómo podríais llamar a los beatos, si éstos ya estuvieran reencarnados? Y a vuestros difuntos, ¿cómo podríais considerarlos vuestros, si en ese momento ya son hijos de otros? 
No. El espíritu vive. Una vez creado, ya no se destruye. Vive en la Vida, si en la Tierra vivió la única vida que se os concede, como un hijo de Dios; vive en la Muerte si vivió su vida terrena como un hijo de Satanás. Lo que es de Dios, vuelve a Dios por la eternidad. Lo que es de Satanás, vuelve a Satanás por la eternidad. 
No digas: “Eso está mal”. Yo, que soy la Verdad, te digo que es un bien supremo. Aunque vivierais mil vidas, mil veces os convertiríais en títeres de Satanás y no siempre seríais capaces de salir vivos, aunque heridos, de tales situaciones. Dado que vivís sólo una vez y que sabéis que en esa vez se juega vuestro destino, si no sois malditos adoradores de la Bestia, obrad al menos con la mínima voluntad que me basta para salvaros. 
Quienes, en lugar de esa mínima parte, lo dan todo de sí y viven en mi Ley, son bienaventurados. El Dios de los vivos les mira desde el Cielo con infinito amor y todo el bien del que aún gozáis en la Tierra lo debéis a estos santos que a veces despreciáis, pero a quienes los Santos llaman “hermanos”, a quienes los ángeles acarician y a quienes el Dios Uno y Trino bendice”. 
(De la Obra de María Valtorta)