martes, 3 de octubre de 2023

QUISIERA ESTR DENTRO DE CADA ESPIRITU




8 de octubre de 1944

Hechos 17, 27-28.

Dice Jesús

<<En verdad, no estoy lejos de ninguno de vosotros. Basta que me busquéis –y, para encontrarme, ni siquiera es necesario ir a tientas como pobres ciegos- y me encontraréis. ¿Dónde estoy? ¿Dónde está ese Dios eterno? ¿Dónde está ese Señor del cielo y de la tierra, ese Creador de todos los hombres, derivados de aquel Hombre que fue la obra maestra de la creación y que ahora es la

119 Mateo 15, 32; Marcos 8, 1-3.

  La escritora rectifica y añade en el renglón: que luego resulta ser el Padre.

piedra de toque de su bondad? ¿A caso es necesario recorrer montes y valles, navegar por los mares,  enfrentar los desiertos o, simplemente, salir de las casas y de las ciudades, para encontrarle en ciertos lugares especiales? No es así. Es verdad que hay templos e iglesias elevados al nombre y al culto del Dios omnipotente y que en ellos está el sol sin ocaso de la Eucaristía, que convoca a los hombres para inflamarles, para nutrirles, para purificarles, para hacerles una sola cosa con la Carne eucarística, o sea, con mi Amado y Dilecto. Mas, ¿sólo allí tenéis a Dios? No: Dios está en vosotros: regocijado en sus santos, paternal en sus hijos, severo en sus enemigos. Yo estoy en vosotros. Vivo con mi Gracia, torrente de gozo y de paz, fuente de continuos favores, caminando con el único poder de la mirada, que no puede rehuirse y que es palabra y trueno de recriminación (en caso de que no basten mi palabra y el centelleo de mi mirada para incitar la conciencia a su deber) y estoy en el espíritu de cada hombree. Estoy Yo, que soy el Rey y Creador del hombre. Quisiera estar dentro de cada espíritu. Estoy en el de los justos como está la Sagrada forma en el ostensorio. En cambio, estoy como Ostensorio que resplandece en lo alto pidiendo adoración, sobre los fieles de temerosa voluntad. Estoy entre relámpagos y truenos y airado resentimiento en lo alto de mi Gloria y les digo a los rebeldes: “No vayáis más allá de los límites de vuestro mal; retroceded, purificaos, tomad la senda de la santidad si no queréis que os haga morir”. Mas, para buscarme, no es necesario ir a tientas. Yo estoy junto a vosotros y vosotros vivís, os movéis y estáis siempre en el ámbito de mi luz. ¡Ay de los que llevan la contaminación de almas pecaminosas dentro de los límites santos! Con la palabra divina, que no miente, Ya os digo que seré benigno con quien, aun ignorando al Dios verdadero, lo sirven igualmente según su instinto espiritual al servir a la bondad y a la moral. Mas mi juicio será muy diferente hacia los que, aun conociendo mi Nombre y mi Ley, destronan a Dios para dejar lugar a vicios e idolatrías. Los primeros sirven al “Dios ignoto”121. Los segundos abandonan la mansión y la milicia del Dios conocido parta servir a infinitos dioses, a ídolos de muchos nombres y de un solo resultado: la ruina. Y el Hijo, que murió para que todos amaran al Dios verdadero; el Hijo, que fue elegido por el Padre como Juez así como fue designado como Hostia del mundo, ¿puede ser magnánimo hacia los que, con obstinada maldad, permanecieron en sus idolatrías? ¿Acaso al crearos, os negué algo que puede justificar vuestra necedad? No, os di inteligencia y voluntad y habrían sido suficientes, porque os las di como Dios, es decir, aptas para manteneros en el bien. Y no me limité solamente a ellas. Os di también sabiduría y doctrina. Se ha dicho todo lo que el hombre debe hacer para ser mi hijo. El que no lo hace, es porque no quiere serlo. Por lo tanto, no debe murmurar si Dios es para con él severo como un juez indignado, en lugar de ser amoroso como un padre hacia sus hijos>>.

domingo, 1 de octubre de 2023

. Todas las profesiones son necesarias, todas santas, si todos hacen lo que deben, con honradez y justicia.

 




60. Santiago de Alfeo es recibido entre los discípulos. Jesús predica cerca del banco


de Mateo


2 febrero 1945

Es una mañana de mercado en Cafarnaum. La plaza está llena de vendedores de toda clase

de mercancías. A ella, Jesús llega viniendo del lago y ve que vienen a su encuentro sus

primos Judas y Santiago. Se apresura a su vez, y después de abrazarlos con cariño, pregunta

ansioso: “Vuestro padre... ¿qué pasó?”

“Nada nuevo por lo que se refiere a su salud” responde Judas.


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“Y entonces ¿a qué viniste?... Te había dicho que te quedaras”.

Judas baja la cabeza y calla. Pero el que se explica es Santiago que dice: “Por mi culpa él

no te obedeció. Sí. Por culpa mía. Pero no pude soportar más. Todos en contra... Y ¿por qué?

¿Hago mal acaso en amarte? ¿lo hacemos acaso? Hasta aquí un escrúpulo del mal me había

detenido, pero ahora que sé, ahora que has dicho que sobre Dios no hay nadie, ni el padre, ya

no pude soportar. ¡Oh! Traté de ser respetuoso, de hacer entender razones, de corregir las

ideas. Dije: “¿Por qué me combatís? Si es el Profeta, si es el Mesías... ¿Por qué queréis que

el mundo diga: ‘Su familia no lo quería. Cuando todos lo seguían, ella no lo hizo Porque su

fuera el infeliz que vosotros decís, ¿no debemos nosotros los de su familia, estar cerca de su

demencia, para impedirle que se dañe o que nos dañe?” ¡Oh! Jesús, de este modo hablaba

yo, para discutir humanamente como ellos razonaban. Pero Tú sabes que Judas y yo no

creemos que estés loco. Tú sabes que en Ti vemos al Santo de Dios. Tú sabes que siempre te

hemos considerado como a nuestra Estrella Mayor. Pero no nos han querido comprender. Ni

siquiera nos han querido escuchar. Y me he venido. Entre la elección de Jesús o la familia, te

he escogido. Heme aquí, pues, si me quieres. Si no, seré entonces el hombre más infeliz

porque no tendré nada: Ni tu amistad, ni el amor de mi familia”.

“¿Resuelto?... ¡Oh! Santiago mío, mi pobre Santiago. ¡No hubiera querido verte sufrir así,

porque te amo! Pero si el Jesús-Hombre llora contigo, el Jesús-Verbo se regocija por ti. ¡Ven!

Estoy cierto que la alegría de ser portador de Dios entre los hombres aumentará de día en día

tu gozo hasta llegar al éxtasis completo en la última hora de la tierra, y en la eterna del cielo”.-

Jesús se vuelve y llama a sus discípulos que prudentemente se habían mantenido retirados

unos cuantos metros.

“Venid amigos. Mi primo Santiago desde ahora es de mis amigos y por esto, amigo vuestro.

¡Cuánto he deseado esta hora, este día para él, mi amigo perfecto de infancia, mi buen

hermano de juventud!”

Los discípulos alegres dan la bienvenida a Santiago y a Judas que hacía días no miraban.

“Te habíamos buscado en casa... estabas en el lago?”.

“Sí, en el lago por dos días con Pedro y los demás. Pedro ha tenido una buena pesca

¿Verdad?”

“Sí y ahora esto me desagrada porque deberé entregar más dracmas a aquel ladrón...” y

señala al alcabalero Mateo cuyo banco está rodeado de gente que paga por la tierra o por los

frutos.

“Será todo en proporción, digo. Más pescados, más paga, pero también más ganancia”.

“No, Maestro. Más pesco, más gano. Pero si hago cálculos después de la pesca ese de allá,

me hace pagar no el doble sino el cuádruplo... ¡chacal!”

“¡Pedro! Acerquémonos a él. Quiero hablar. Hay gente siempre cerca del banco de la

alcabala”.

“¡Ya lo creo! Refunfuña Pedro. “Gente y maldiciones”.

“Pues bien, iré Yo a introducir bendiciones. Quién sabe si entre un poco de honradez en el

alcabalero”.

“¡Puedes estar tranquilo que tu palabra no entrará en esa piel de cocodrilo!”

“¿Qué le vas a decir?”

“Directamente, nada. Pero hablaré en tal forma que sirva también para él”.

“Dirás que es un ladrón tan grande el que asalta en las calles, como quien despelleja a los

pobres que trabajan por tener pan, no por mujeres ni ebriedades...”

“¿Pedro, quieres hablar tú por Mí”

“No, Maestro, no sabría hacerlo bien”.

“Y con el vinagre que tienes dentro, te harías mal a ti y a él”.

Han llegado cerca del banco de la alcabala. Pedro hace por pagar. Jesús lo detiene y le

dice: “Dame las monedas, hoy pago Yo”. Pedro lo mira sorprendido y le entrega la bolsa de

cuero con el dinero.


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Jesús espera su turno y cuando está enfrente del alcabalero dice: “Pago por ocho canastos

de Simón de Jonás. Allí están los canastos, a los pies de los trabajadores. Verifica si quieres,

pero entre honrados basta sólo la palabra. Y creo que me tienes por tal”.

Mateo, que estaba sentado en su banco, en el momento en que Jesús le dijo: “Creo que

como a tal me tienes” se pone de pie. Bajo de estatura y ya un poco viejo, más o menos como

Pedro, muestra con todo una cara cansada de alegrías y una vergüenza completa. Tiene al

principio la cabeza inclinada, después la levanta y mira a Jesús, que también lo mira atenta y

seriamente como dominándolo con su imponente estatura.

“¿Cuánto?” torna Jesús a preguntar.

“No hay tasa para el discípulo del Maestro” responde Mateo, y en voz baja añade: “Ruega

por mi alma”.

“La llevo conmigo porque recojo la de los pecadores. Pero tú... ¿por qué no la curas?” y

Jesús al punto vuelve las espaldas para ir a Pedro que está empapado de admiración.

También los otros lo están. Hablan en voz baja, o lo hacen con los ojos.

Jesús recargado en un árbol, a unos diez metros de Mateo, empieza a hablar.

“El mundo se puede comparar con una gran familia cuyos miembros desempeñan

quehaceres diversos y todos son necesarios. Hay agricultores, pastores, viñadores,

carpinteros, pescadores, albañiles, leñadores, herreros, escribanos, soldados, oficiales

destinados a especiales funciones, médicos, sacerdotes, de todo hay.. El mundo no podría

componerse de una sola clase. Todas las profesiones son necesarias, todas santas, si todos

hacen lo que deben, con honradez y justicia. ¿Cómo se puede llegar a esto si Satanás tienta

por todas partes? Si se piensa en Dios que todo lo ve, aun las obras ocultas, y en su ley que

dice: “Ama a tu prójimo como te amas tú mismo, no hagas a otro lo que no querrías que se te

hiciese; no robar de ningún modo”1

Decidme, vosotros que me estáis escuchando: Cuando muere uno, ¿se lleva acaso su

dinero?... y cuando fuese tan necio de querer tenerlo en el sepulcro, ¿puede usarlo en la otra

vida? ¡No! El dinero se convierte en metal mohoso al contacto de la corrupción de un cuerpo

descompuesto. Y su alma estaría en otra parte desnuda, más pobre que el bienaventurado

Job2

, sin tener ni siquiera un céntimo, aun cuando aquí o en la tumba hubiese dejado millones

y millones. Antes bien, ¡escuchad, escuchad! En verdad os digo que difícilmente se conquista

el Cielo con riquezas, sino más bien y casi siempre se pierde con ellas, aún cuando fueren

riquezas que se hubiesen adquirido honestamente, bien por herencia, bien por ganancia.

Porque pocos son los ricos que saben justamente usan de ellas.

Entonces... ¿qué se necesita para tener este cielo bendito, este descansar en el seno del

Padre?... Es menester no tener sed de riquezas. En el sentido de no quererlas tener a

cualquier precio, aun faltando a la honradez y amor. En el sentido de que, si tienen, no se les

ame más que al cielo y que al prójimo, y se niegue la caridad al que tuviere necesidad. No

tener sed en el sentido de que puedan proporcionar mujeres, placeres, banquetes, vestiduras

suntuosas que son una bofetada para el que tiene frío y hambre. Existe, existe una moneda

que cambia el dinero injusto en valores que son reconocidos en el Reino de los Cielos. Es la

santa astucia de hacer de las riquezas humanas, frecuentemente injustas o causa de injusticia,

riquezas eternas. En otras palabras, ganar con honradez, devolver lo que injustamente se

obtuvo, usar de los bienes con parsimonia y despego, saberse separar de ellas, porque antes

o después ellas nos dejan y pensar por otra parte que el bien llevado a cabo jamás nos

abandona.

A todos nos gustaría ser “justos” y como a tales ser tenidos y que Dios nos premie como a

tales. Pero... ¿cómo puede Dios premiar a quien tan solo tiene nombre de justo?... pero ¿no

las obras? ¿Cómo puede decir: “Te perdono” si ve que el arrepentimiento es tan solo de

1 Cfr. Ex. 20, 15; 21, 16; Lev. 19, 11y 18;Dt. 5, 19: 24.7; Mt. 5, 43; 7, 12; 22, 39; Lc. 6, 31; Rom. 13, 8-10; Gal. 5,

14; Sant. 2, 8.

2 Cfr. Jb. 2, 7-10.


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palabra y que no va acompañado de un verdadero cambio de espíritu? No hay arrepentimiento

mientras dure el deseo por el objeto que pecamos. Pero cuando uno se humilla, cuando uno

se corta la parte moral de una mala pasión, digamos mujer u oro y dice uno: “Por Ti Señor y no

por esto”, entonces sí, realmente está arrepentido. Dios lo recoge con estas palabras: “Ven, te

quiero como a un inocente y como a un héroe”.

Jesús ha terminado. Se va sin siquiera voltear a donde está Mateo, que se acercó al círculo

de los oyentes, desde las primeras palabras.

Cuando están cerca de la casa de Pedro, su mujer corre al encuentro de su marido para

decirle algo. Pedro hace señas a Jesús de que se le acerque. “Está la madre de Judas y de

Santiago. Quiere hablar contigo, pero no quiere que la vean. ¿Cómo hacemos?”

“Bien. Yo entro en casa como para descansar y vosotros id a distribuir las limosnas entre los

pobres. Ten también el dinero de la tasa que no quiso. Vete”. Jesús hace señal a todos de que

se vayan, mientras Pedro les habla de que vengan juntos.

“¿Dónde está la mamá, mujer? Pregunta Jesús a la mujer de Pedro.

“En la terraza, Maestro. Allí hay sombra y está fresco. Sube también Tú. Allí se está mejor

que en otra parte de la casa”.

Jesús sube por la escalera. En un ángulo bajo el viñedo, sentada en un banquito cercano a

la baranda, vestida toda de oscuro, con el velo en la cara, está María de Alfeo. Llora quedito,

sin hacer ruido. Jesús la llama: “¡María! ¡Amada tía!” Levanta ella su pobre cara angustiada y

extiende las manos: “¡Jesús! ¡Traigo un gran dolor en el corazón!”

Jesús está cerca de ella. Le hace que siga sentada. Él sigue de pie con su manto todavía

echado en el hombro. Pone una mano en la espalda de su tía y la otra en las manos de ella, y

le dice: “¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras tanto?”

“¡Oh Jesús! Escapé de casa diciendo: “Voy a Caná a buscar vino y huevos para el enfermo”.

En casa está tu Madre que cuida como sólo Ella sabe hacerlo, y estoy tranquila. Pero en

realidad vine aquí. He corrido durante dos noches para llegar aquí lo más pronto. Y no puedo

más... pero el cansancio no importa. ¡Es el dolor del corazón que me hace mal!... Mi Alfeo...

mis hijos... ¡Oh! ¿Por qué entre los de una misma sangre hay tanta diferencia, y por qué ésta

es como dos piedras de una máquina, que muelen el corazón de una madre?... ¿Están contigo

Judas y Santiago?... ¿Sí?... Entonces sabe, ¡oh Jesús!... Mi Alfeo ¿por qué no comprende?...

¿Por qué se muere?... ¿Por qué quiere morir así?... ¿Y Simón y José? ¿Por qué, por qué

están contra Ti y no contigo?”

“No llores, María. No les tengo rencor. Se lo dije también a Judas. Los entiendo y los

compadezco. Si por esto lloras, no llores más”.

“Lloro, sí, porque te ofenden. Por esto y luego... porque no quiero que mi esposo muera

como enemigo tuyo. Dios no lo perdonará... y yo... ¡oh! no lo tendré para siempre en la otra

vida...” María realmente está angustiada. Gruesas lágrimas caen sobre su mano izquierda que

Jesús ha soltado, la besa de cuando en cuando, y levanta su pobre cara destrozada.

“No” dice Jesús. “No, no digas así. Perdono. Y si perdono Yo...”

“¡Oh! Ven Jesús. Ven a salvar el alma y el cuerpo. Ve... empiezan a decir también para

acusarte... ya empezaron a decir que has quitado dos hijos a un padre que muere, y lo dicen

por Nazaret ¿entiendes?... y añaden: “Por todas partes hace milagros, pero en su casa, no

puede hacerlos” y... cómo te defiendo diciendo: “¿Qué cosa puede hacer si lo habéis casi

arrojado con vuestros reproches, si no creéis? “no me dejan en paz”.

“Dijiste bien. Si no creéis, ¿qué puedo hacer donde no se cree?”

“¡Oh! Tú lo puedes todo! ¡Creo por todos! Ven. Haz un milagro... por tu pobre tía...”

“No puedo”. Jesús al decir esto se ve que está tristísimo. De pie y apretando contra su

pecho la cabeza de la que está llorando parece como si confesase su impotencia a la

naturaleza serena que parece llamarla como testigo de su pena de no poder por decreto

eterno.

La mujer llora más fuerte.


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“Escucha, María. Sé buena. Yo te juro que si pudiese, si conviniese hacerlo, lo haría. ¡Oh!

Obtendría del Padre esta gracia, por ti, por mi Madre, por Judas y Santiago y también, sí,

también por Alfeo, José y Simón. Pero... no puedo. Un gran dolor oprime tu corazón y no

puedes entender la justicia del poder mío. Te la puedo decir, pero no la comprenderías.

Cuando llegó la hora del tránsito de mi padre, y tú sabes si era justo, y si mi Madre lo amaba...

no lo devolví a la vida. No es razonable que la familia en que vive un santo, esté libre de

desventuras inevitables de la vida. Si así no fuese, debería ser eterno en la tierra, y sin

embargo pronto moriré, ni María, mi Santa Madre podrá arrebatarme de la muerte. No puedo.

Lo que puedo es esto, y lo haré”. Jesús se ha sentado y ha tomado la cabeza de su tía: “Haré

esto. Por este dolor tuyo, te prometo la paz a tu Alfeo. Que no estarás separada de él en la

otra vida. Te doy mi palabra de que nuestra familia estará reunida en el cielo, toda junta en la

eternidad... y que mientras Yo viva y también después infundiré siempre a mi querida tía tanta

paz, tanta fuerza hasta convertirla en un apóstol para otras tantas mujeres, a las que tú, como

una de ellas, te les podrás fácilmente acercar. Serás mi amiga amada en este tiempo de

evangelización. La muerte, no llores, la muerte de Alfeo te libera de los deberes conyugales y

te eleva a la sublimidad mística de un sacerdocio femenino, muy necesario cerca del altar de

la Gran víctima y cerca de tantos paganos que doblarán su corazón ante el santo heroísmo de

las mujeres discípulas, que no ante el de los discípulos. ¡Oh! Tu nombre será, querida tía,

como una llama en el cielo cristiano... no llores más. Ve en paz. Fuerte, resignada y santa. Mi

Madre... ha sido viuda antes que tú... y te consolará como sabe Ella. Ven. No quiero que

partas sola bajo este sol. Pedro te acompañará en la barca hasta el Jordán y de allí a Nazaret

en un borriquillo. Cálmate”.

“Bendíceme, Jesús. Dame fuerzas, Tú”.

“Sí, te bendigo y te beso, buena tía”. Y la besa tiernamente, y la retiene por un tiempo contra

su pecho hasta que ve que se ha serenado.

sábado, 16 de septiembre de 2023

El sábado en Corazín. Parábola sobre los corazones imposibles de labrar. Curación de una mujer encorvada.

 Yo he sido enviado a labrar los corazones en orden a la Verdad y la Salud. Han venido a mis manos corazones de hierro, plomo, estaño, alabastro, mármol, plata, oro, jaspe, piedras preciosas. Corazones duros, corazones toscos, corazones demasiado tiernos, corazones volubles, corazones endurecidos por las penas, corazones valiosísimos: todo tipo de corazones. Los he labrado a todos. Y a muchos los he modelado según el deseo de Aquel que me ha enviado. Algunos me han herido mientras los trabajaba, otros han preferido romperse antes que dejarse trabajar con toda profundidad. Pero, quizás con odio, conservarán siempre un recuerdo mío. Vosotros sois imposibles de labrar. Calor de amor, paciencia de instrucción, frío de reprensiones, fatiga de cincel... nada sirve con vosotros. Nada más retirar mis manos, volvéis a ser como erais. Tendríais que hacer una única cosa para ser cambiados: abandonaros totalmente en mí. No lo hacéis. No lo haréis nunca. El Trabajador, desconsolado, os abandona a vuestro destino. Pero, dado que es justo, no os abandona a todos igual. Desconsolado, sabe todavía elegir a los que merecen su amor, y los consuela y bendice.

-¡Mujer, ven aquí! - dice señalando a una mujer que está junto a la pared, tan encorvada que parece un signo de interrogación. La gente ve a dónde señala Jesús, pero no ve a la mujer, la cual por su conformación, no puede ver a Jesús ni tampoco su mano. -¡Ve Marta! Que te llama - le dicen varias personas. Y la pobrecita va renqueando con su bastón, que le llega a la altura de la cabeza. Ahora está delante de Jesús, que le dice: -Mujer, quédate con un recuerdo de mi paso y con un premio a tu fe silenciosa y humilde Queda liberada de tu enfermedad - grita al final, poniéndole las manos en la espalda. Y enseguida la mujer se alza y, derecha como una palma, levanta los brazos y grita: -¡Hosanna! ¡Me ha curado! Ha visto a su sierva fiel y la ha agraciado. ¡Sea alabado el Salvador y Rey de Israel! ¡Hosanna al Hijo de David! La gente responde con sus "¡hosanna!" a los de la mujer, la cual ahora está de rodillas a los pies de Jesús, besándole el borde de la túnica, mientras Él le dice: -Ve en paz y persevera en la fe. El arquisinagogo - deben quemarle todavía las palabras dichas por Jesús antes de la parábola - quiere responder con veneno a la reprensión, y, mientras la muchedumbre se abre para dejar pasar a la mujer curada milagrosamente, grita indignado: -¡Hay seis días para trabajar, seis días para pedir y dar! ¡Venid, pues, en esos días, tanto para pedir como para dar! ¡Venid a recobrar la salud en esos días, sin violar el sábado, pecadores e infieles, corrompidos y corruptores de la Ley! - y trata de empujar a todos fuera de la sinagoga, como para arrojar la profanación del lugar de oración. Pero Jesús, que lo ve ayudado en su acción por los cuatro notables de antes y por otros que están repartidos entre la muchedumbre (los cuales dan los signos más manifiestos de estar escandalizados, torturados por el... delito de Jesús), a su vez grita (mientras con los brazos recogidos sobre el pecho, severo, majestuoso, lo mira): -¡Hipócritas! ¿Quién de vosotros en este día no ha desatado el buey o el asno del pesebre y lo ha llevado a beber? ¿Y quién no ha llevado los haces de hierba a las ovejas del rebaño y no ha extraído la leche de las ubres llenas? ¿Y por qué, si tenéis seis días para hacerlo, lo habéis hecho también hoy, por unos pocos denarios de leche, o por miedo de perder el buey y el asno a causa de la sed? ¿Y no debía soltar Yo a ésta de sus cadenas, después de que Satanás la ha tenido atada durante dieciocho años, sólo porque es sábado? Idos. He podido soltar a esta mujer de su desventura involuntaria; mas no podré jamás soltaros a vosotros de las vuestras, que son voluntarias, ¡oh enemigos de la Sabiduría y de la Verdad! La gente buena, de entre los muchos no buenos de Corazín, aprueba y alaba; la otra parte, lívida de rabia, huye, dejando plantado al también lívido arquisinagogo. También Jesús lo deja plantado y sale de la sinagoga, rodeado de los buenos, que siguen circundándole hasta que llega a los campos, lugar donde Él bendice una última vez, para tomar luego la vía de primer orden, junto con los primos y Pedro y Tomás... 3


viernes, 15 de septiembre de 2023

La Gran Tribulación desde el punto de vista de Dios





https://www.youtube.com/watch?v=j3JxmNL23os&list=PL6MbRWBnpnUH0LyJAJo2JxoYRsIKI86Qd&index=72 

NO CONOCEMOS A JESUS Y A MARIA


 25-34 Marzo 31, 1929

 Derechos absolutos del Divino Querer. Cómo la voluntad humana cambió la suerte humana y divina. Si el hombre no hubiera pecado, Jesús hubiera venido a la tierra glorioso, y con el cetro de mando. El hombre debía ser el portador de su Creador. 

(1) Siento en mí la continua potencia del Fiat Divino que me envuelve con tal imperio, que no da tiempo a mi agonizante voluntad de hacer el más mínimo acto, y se gloría no de hacerla morir del todo, porque si esto hiciera perdería su prestigio de obrar sobre una voluntad humana, que mientras está viva se somete a recibir voluntariamente el acto vital del Fiat Divino y se contenta con vivir muriendo para dar vida y dominio absoluto al Supremo Querer, que victorioso de sus derechos divinos extiende sus confines y canta victoriosa sobre la agonizante voluntad de la criatura, la cual, si bien muriendo, sonríe y se siente feliz y honrada de que un Querer Divino tiene su campo de acción en su alma. Ahora, mientras me sentía bajo el imperio del Fiat Divino, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho: (2) “Pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que son derechos absolutos de mi Fiat Divino el tener el primado sobre cada uno de los actos de la criatura, y quien le niega el primado le quita sus derechos divinos que por justicia le son debidos, porque es creador del querer humano. ¿Quién puede decirte hija mía cuánto mal puede hacer una criatura cuando llega a sustraerse de la Voluntad de su Creador? Mira, bastó un acto de sustracción del primer hombre a nuestra Voluntad Divina para cambiar la suerte de las generaciones humanas, y no sólo eso, sino que cambió la misma suerte de nuestra Divina Voluntad. Si Adán no hubiese pecado, el Verbo Eterno, que es la misma Voluntad del Padre Celestial, debía venir a la tierra glorioso, triunfante y dominador, acompañado visiblemente por su ejército angélico, que todos debían ver, y con el esplendor de su gloria debía fascinar a todos y atraer a todos a Sí con su belleza; coronado como rey y con el cetro de mando para ser rey y cabeza de la familia humana, de modo de darle el gran honor de poder decir: ‘Tenemos un rey hombre y Dios’. Mucho más que tu Jesús no descendía del Cielo para encontrar al hombre enfermo, porque si no se hubiera sustraído de mi Voluntad Divina, no debían existir enfermedades, ni de alma ni de cuerpo, porque fue la voluntad humana la que casi ahogó de penas a la pobre criatura; el Fiat Divino era intangible de toda pena y tal debía ser el hombre. Por lo tanto Yo debía venir a encontrar al hombre feliz, santo y con la plenitud de los bienes con los cuales lo había creado. En cambio, porque quiso hacer su voluntad cambió nuestra suerte, y como estaba decretado que Yo debía descender sobre la tierra, y cuando la Divinidad decreta, no hay quien la aparte, sólo cambié modo y aspecto, así que descendí, pero bajo vestidos humildísimos, pobre, sin ningún aparato de gloria, sufriente, llorando y cargado con todas las miserias y penas del hombre. La voluntad humana me hacía venir a encontrar al hombre infeliz, ciego, sordo y mudo, lleno de todas las miserias, y Yo para sanarlo lo debía tomar sobre de Mí, y para no infundirle espanto debía mostrarme como uno de ellos, para hermanarlos y darles las medicinas y remedios que se necesitaban. Así que el querer humano tiene la potencia de volverse feliz o infeliz, santo o pecador, sano o enfermo. Entonces mira, si el alma se decide a hacer siempre, siempre mi Divina Voluntad y vivir en Ella, cambiará su suerte y mi Divina Voluntad se lanzará sobre la criatura, la hará su presa y dándole el beso de la Creación cambiará aspecto y modo, y estrechándola a su seno le dirá: ‘Pongamos todo a un lado, para ti y para Mí han regresado los primeros tiempos de la Creación, todo será felicidad entre tú y Yo, vivirás en nuestra casa, como hija nuestra, en la abundancia de los bienes de tu Creador.’ Escucha mi pequeña recién nacida de mi Divina Voluntad, si el hombre no hubiese pecado, no se hubiese sustraído de mi Divina Voluntad, Yo habría venido a la tierra, pero ¿sabes como? Lleno de Majestad, como cuando resucité de la muerte, que si bien tenía mi Humanidad similar al hombre, unida al Verbo Eterno, pero con qué diversidad mi Humanidad resucitada era glorificada, vestida de luz, no sujeta ni a sufrir, ni a morir, era el divino triunfador. En cambio mi Humanidad antes de morir estaba sujeta, si bien voluntariamente, a todas las penas, es más, fui el hombre de los dolores. Y como el hombre tenía aún los ojos ofuscados por el querer humano, y por eso aún enfermo, pocos fueron los que me vieron resucitado, lo que sirvió para confirmar mi Resurrección. Después subí al Cielo para dar tiempo al hombre de tomar los remedios y las medicinas, a fin de que curase y se dispusiera a conocer mi Divina Voluntad, para vivir no de la suya, sino de la mía, y así podré hacerme ver lleno de majestad y de gloria en medio a los hijos de mi reino. Por eso mi Resurrección es la confirmación del Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra. Después de un tan largo dolor sufrido por mi Divina Voluntad por tantos siglos, por no tener su reino sobre la tierra, su absoluto dominio, era justo que mi Humanidad pusiera a salvo sus derechos y realizase mi y su finalidad primaria, la de formar su reino en medio a las criaturas. (3) Además de esto, tú debes saber, para confirmarte mayormente, cómo la voluntad humana cambió su suerte y la de la Divina Voluntad con relación a él. En toda la historia del mundo sólo dos han vivido de Voluntad Divina sin jamás hacer la suya, y fuimos la Soberana Reina y Yo, y la distancia, la diversidad entre Nosotros y las otras criaturas es infinita, tanto, que ni siquiera nuestros cuerpos quedaron sobre la tierra, habían servido como morada al Fiat Divino y Él se sentía inseparable de nuestros cuerpos y por eso los reclamó, y con su fuerza imperante raptó nuestros cuerpos junto con nuestras almas en su patria celestial. ¿Y por qué todo esto? Toda la razón está en que jamás nuestra voluntad humana tuvo un acto de vida, sino que todo el dominio y el campo de acción fueron sólo de mi Divina Voluntad. Su potencia es infinita, su amor es insuperable”. (4) Después de esto ha hecho silencio y yo sentía que nadaba en el mar del Fiat y, ¡oh, cuántas cosas comprendía, y mi dulce Jesús ha agregado: (5) “Hija mía, con no hacer mi Divina Voluntad, la criatura pone en desorden el orden que tuvo la Divina Majestad en la Creación, se deshonra a sí misma, desciende en lo bajo, se pone a distancia con su Creador, pierde el principio, el medio y el fin de aquella Vida Divina que con tanto amor le fue infundida en el acto de ser creada. Nosotros amábamos tanto a este hombre, que poníamos en él, como principio de vida a nuestra Divina Voluntad, queríamos sentirnos raptar por él, queríamos sentir en él nuestra fuerza, nuestra potencia, nuestra felicidad, nuestro mismo eco continuo, y ¿quién más podía hacernos sentir y ver todo esto, sino nuestra Divina Voluntad bilocada en él? Queríamos ver en el hombre al portador de su Creador, el cual debía volverlo feliz en el tiempo y en la eternidad. Por eso al no hacer nuestra Divina Voluntad, sentimos a lo vivo el gran dolor de nuestra obra desordenada, nuestro eco apagado, nuestra fuerza raptora que debía raptarnos para darle nuevas sorpresas de felicidad se convirtió en debilidad, en suma, se trastornó. He aquí por qué no podemos tolerar tal desorden en nuestra obra, y si tanto he dicho sobre mi Fiat Divino, es propiamente ésta la finalidad, que queremos poner al hombre en el orden, a fin de que regrese sobre los primeros pasos de su creación, y corriendo en él el humor vital de nuestro Querer, forme de nuevo a nuestro portador, nuestra morada sobre la tierra, su y nuestra felicidad”. + + + +

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Intercambio entre Jerusalén y Roma









 24-48 Octubre 3, 1928

 Intercambio entre Jerusalén y Roma. Dios al crear al hombre puso en él tantos gérmenes de felicidad por cuantas cosas creaba. 

(1) Mi pobre mente pensaba en tantas cosas acerca de la Divina Voluntad, especialmente en cómo podía venir su reino, cómo podía difundirse y tantas otras cosas que no es necesario escribirlas en el papel, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho: (2) “Hija mía, si Roma tiene el primado de mi Iglesia, se lo debe a Jerusalén, porque el principio de la Redención fue propiamente en Jerusalén; de aquella patria escogí de la pequeña ciudad de Nazaret a mi Madre Virgen; Yo nací en la pequeña ciudad de Belén; todos mis apóstoles fueron de dicha patria, y si bien ésta, ingrata, no quiso conocerme y rechazó los bienes de mi Redención, no se puede negar que el origen, el principio, las primeras personas que recibieron el bien de Ella fueron de esta patria; los primeros anunciadores del evangelio, aquellos que fundaron en Roma el catolicismo, fueron mis apóstoles, todos de Jerusalén, esto es, de aquella patria. Ahora habrá un intercambio, si Jerusalén dio la vida de la religión y por lo tanto de la Redención a Roma, Roma dará a Jerusalén el reino de la Divina Voluntad, y es tan cierto esto, que así como escogí una virgen de la pequeña ciudad de Nazaret para la Redención, así he escogido otra virgen en una pequeña población de Italia perteneciente a Roma, a la cual le ha sido confiada la misión del reino del Fiat Divino, que debiéndose conocer en Roma, al igual que se conoció en Jerusalén mi venida a la tierra, Roma tendrá el gran honor de corresponder a Jerusalén del gran bien recibido por ella, esto es, la Redención, con hacerle conocer el reino de mi Voluntad. Y entonces Jerusalén se arrepentirá de su ingratitud y abrazará la vida de la religión que le dio a Roma, y agradecida recibirá de Roma la Vida y el gran don del reino de mi Voluntad Divina, y no sólo Jerusalén, sino todas las otras naciones recibirán de Roma el gran don del reino de mi Fiat, los primeros pregoneros de Él, su evangelio todo lleno de paz, de felicidad, y de restablecimiento de la creación del hombre. Y no sólo mis manifestaciones llevarán santidad, alegrías, paz y felicidad, sino que toda la Creación haciendo competencia con ellas, hará salir de cada cosa creada cada una de las felicidades que contiene, y las verterá sobre las criaturas, porque Nosotros al crear al hombre poníamos en su ser todos los gérmenes de las felicidades que cada una de las cosas creadas poseía, disponiendo el interior del hombre como un terreno en el cual contenía todos los gérmenes de las felicidades, tanto, de tener en sí todos los gustos para saborear y recibir en sí todas las felicidades de las cosas creadas; si el hombre no poseyese estos gérmenes, le faltaría el gusto, el olfato para poder gustar lo que Dios había puesto fuera de Él en toda la Creación. Ahora, el hombre al pecar enfermó a todos estos gérmenes de felicidad que Dios al crearlo le había infundido, y por eso perdió el gusto de poder gozar todas las felicidades que hay en la Creación; sucedió como a un pobre enfermo que no goza todos los gustos que hay en los alimentos, más bien siente el peso, el mismo alimento se convierte en dolor, todo le provoca nausea, y si lo toma, es no porque le guste, sino para no morir, en cambio uno sano siente gusto, fuerza, calor, porque su estómago tiene fuerza de asimilar los bienes que hay en los alimentos y goza de ellos. Así sucedió en el hombre, con pecar enfermó los gérmenes, la misma fuerza de poder gustar todas las felicidades que hay en la Creación, y muchas veces se convierten en dolor; ahora, con regresar el hombre en mi Fiat Divino, los gérmenes adquirirán la salud y adquirirá la fuerza de asimilar y gustar todas las felicidades que hay en el orden de la Creación, así que para él se formará una competencia de felicidad, todo le sonreirá y regresará el hombre feliz, como Dios lo había creado”.

 D e o G r a t i a s

lunes, 7 de agosto de 2023

EL ESTERTOR EN LA DIVINA VOLUNTAD EN LAS CRIATURAS


Nuestras acciones son en contra la Divina Voluntad de Dios.


-Así que la voluntad humana obra, respira late como quiere y la mía esta solo para servirla para contribuir a sus actos y están dentro de esos actos, agonizante sofocada, bajo el estertor de una agonía de largos siglos.

Mi Voluntad se agita en la criatura bajo la opresión de una agonía desgarradora y su agitarse son los remordimientos de conciencia las desilusiones, los reveces, las cruces, y cansancio de la vida y todo lo que puede dar molestias a las pobres criaturas, porque  es justo que teniendo ellas a una voluntad Divina en la Cruz, y siempre bajo el estertor de la agonía, Ella con Su agitarse las llama; no pudiendo hacer diversamente porque no tiene dominio, quien sabe que entrando en ellas mismas, al ver la infelicidad que les da su mala voluntad, puedan darle un poco de respiro y de tregua a su dolorosa agonía.

No nos conmueve la agonía de la divina voluntad en nosotros, pero si nos conmueve los efectos que eso produce en nosotros, cuando hay una desilusión cuando hay una traición, cuando hay algún problema del tipo social, de tipo familiar, cuando hay todo lo que nos pueda dar molestia por nuestras acciones eso es el estertor de esta agonía de la Divina Voluntad, que reporta en nosotros y nos hace recapacitar y que hacemos cuando estamos bajo una opresión de estas.

Vamos y clamamos piedad, vamos y pedimos que nos ayude, y si nos ayudan y salimos de esa opresión, ¿que pasa?, seguimos igual.

La depresión es casi la muerte de la divina voluntad en la criatura. Cuando el hombre fue creado con un don que es el don de la integridad con Dios, Dios y el hombre estaban prácticamente fundidos; en Dios no hay depresiones,no hay crisis existenciales, no hay temores, ni terrores; en Dios no hay un subconsciente que lo aterrorice, no tiene un inconsciente donde guarde todo lo que le hace daño.

Cuando el hombre de sale de la voluntad de Dios ese don lo pierde y se queda solo en un mundo que no lo conoce que no entiende, y le es contrario, porque el mundo fue creado para servir a Dios en la criatura no a la criatura. El mundo no encontrando a su destinatario ahora el mundo se le pone en contra a la criatura. 

Toda la naturaleza ya no reconoce a la criatura, a quien debería servir, sino reconoce a una criatura mas.

El propio hombre perdiendo la integridad con Dios, perdiendo el amor de Dios, esa necesidad de compañía, ese unirse con todos ahora el hombre deja salir de si lo propio y lo propio es la soberbia; porque nos espesamos a creer algo y porque voy a soportar a eta persona si ella me tiene que soportar a mi y yo hago lo imposible para sobreponerme a ella y porque esta otra persona  va a ganar mas que yo, cosas de nuestras miserable vida cotidiana. Si es menos que yo y es ignorante y yo tengo que tener esto y la aplasto.

Toda esta soberbia que va naciendo en nosotros y excitada por el otro, es lo que me lleva a im momento dado a la depresión, la depresión es la criatura que no obtiene lo que cree que debe tener; y siempre es sumirse en su interior, y nos quieren hacer creer que es un problema cerebral, que hay un sustancia que se desequilibra que es lo que produce la depresión.

Existen niños con depresión; que esta pasando, es la insatisfacción de la soberbia que tenemos.

Cual es el remedio?, encontrar el centro y el centro es Dios, pero ese centro no lo queremos encontrar, ese centro esta muy trillado, desgastado y por eso no queremos recurrir a ese centro.

Mi alma estuvo inquieta hasta que te encontró, dice San Agustín.

El alma anda inquieta buscando que?, analicemos.... Porque actuamos como actuamos. queremos mas y mas y para que?