domingo, 28 de agosto de 2022

El amor es la cuna del hombre.


                                                                                                         14-4
                                                                                      Febrero 17, 1922
El amor es la cuna del hombre.
 

(1) Me sentía oprimida por la privación de mi dulce Jesús y no hacía otra cosa que llamarlo,
desearlo, pero en vano. Entonces, después de haber esperado mucho, cuando ya no podía
más, ha venido, y yo quién sabe cuántas cosas quería decirle, pero Él se elevó en alto sin
darme tiempo, yo lo miraba y lo llamaba: “Jesús, Jesús, ven”. También Él me miraba y hacía
llover de su persona un rocío sobre mí que me embellecía toda, y este rocío lo atraía hacia mí,
de manera que se ha abajado hacia mí y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el deseo de quererme ver rompe el velo que existe entre el tiempo y la
eternidad, y el repetido deseo le da el vuelo para acercarse a Mí. Mi amor está casi inquieto
cuando veo que el alma me anhela y Yo no me hago ver, y solamente se calma cuando no
sólo me hago ver, sino que le doy nuevos carismas y nuevas prendas de amor. Mi amor está
siempre en acto de querer dar nuevas prendas de amor a la criatura, y en cuanto veo que mi
Voluntad toma la parte obrante, dirigente de darse a la criatura, mi amor hace fiesta, corre,
vuela hacia ella, se hace cuna del hombre, y si ve que no reposa en su cuna, lo mece, le canta
para hacerlo reposar y dormir en su seno, y mientras duerme él le da su aliento en la boca
para darle nueva vida de amor. Si ve, por su respiro entrecortado, que su corazón no es feliz,
con el aliento que le da, mi amor le forma la cuna en el corazón para quitarle las amarguras,
los estorbos, las molestias y hacerlo feliz de amor. Y cuando se despierta, oh, cómo se alegra
mi amor al verla renacida, feliz y llena de vida y le dice: “Mira, te he arrullado en mi seno para
darte reposo, he vigilado a tu lado en tu sueño para hacer que te despertaras fuerte, feliz y
toda diferente de la que eras, ahora quiero ser cuna a tus pasos, a tus obras, a tus palabras, a
todo, piensa que estás mecido por mí, y en la cuna de mi amor pon tu amor, a fin de que
fundiéndonos nos hagamos felices recíprocamente, pero ten cuidado de poner alguna otra
cosa, porque entonces me entristecería y me harías llorar amargamente”.
(3) Es mi amor lo que más se acerca al hombre, más bien es la cuna donde él ha nacido, si
bien en mi Divinidad todo es armonía, como están en plena armonía los miembros al cuerpo.
Así como en el hombre la inteligencia toma la parte dirigente, pues es donde reside la voluntad
del hombre, y si ella no quiere se puede decir que el ojo no ve, la mano no obra, el pie no
camina; en cambio si quiere, el ojo ve, la mano obra, el pie corre, todos los miembros se
ponen de acuerdo; así mi Divinidad, mi Voluntad toma la parte dirigente y todos los otros
atributos se ponen en plena armonía para seguir lo que mi Querer quiere, así que concurre la
sabiduría, la potencia, la ciencia, la bondad, etc., pero como todos mis atributos, si bien
distintos ente ellos, viven en la fuente del amor, desbordan de amor, he aquí el por qué
mientras es el amor el que corre, que obra, que se dona, todos mis otros atributos concurren
junto.
7Volumen 14
(4) Además, lo que al hombre le es más necesario es el amor, el amor es como el pan a la
vida natural, así que puede prescindir de la ciencia, de la potencia, de la sabiduría, porque a lo
más son cosas que se necesitan en algún tiempo o circunstancia, ¿pero qué se diría si Yo
hubiera creado al hombre y no lo amara? Y además, ¿para qué crearlo si no debiera amarlo?
Esto me serviría para deshonor y sería una obra no digna de Mí, que no sé hacer otra cosa
que amar; ¿y qué sería del hombre si no tuviera un principio de amor y no pudiera amar?
Sería un bruto y no sería digno ni de ser mirado, por eso en todo debe correr el amor, el amor
debería correr en todas las acciones humanas como corre la imagen del rey en la moneda del
reino; y si en la moneda no está impresa la imagen del rey, no es reconocida por moneda; así,
si no corre el amor, no es reconocida por obra mía”.
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14-5
Febrero 21, 1922
El amor hace morir y vivir continuamente.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi amor por la criatura me hacía morir a cada instante. La naturaleza del
verdadero amor es morir y vivir continuamente por la persona amada; el amor de quererla
consigo le hace sentir la muerte, le procura un martirio, tal vez de los más dolorosos y
prolongados, pero el mismo amor, más fuerte que la misma muerte, en el mismo instante que
muere le da la vida, pero ¿para hacer qué cosa? Para dar vida a la persona amada y formar
con ella una sola vida, aquellas llamas tienen virtud de consumir una vida para fundirla en la
otra. Es propiamente esta la virtud de mi amor, hacerme morir, y de mi consumación formar
tantas semillas para ponerlas en los corazones de todas las criaturas, para hacerme resurgir
de nuevo y formar con ellas una sola vida Conmigo.
(3) Ahora, también tú puedes morir quién sabe cuántas veces por amor mío, y tal vez a cada
instante, cada vez que me quieres ver y no me ves, tu voluntad siente la muerte de mi
privación, pero en realidad, porque no viéndome, tu voluntad muere porque no encuentra la
vida que busca, pero después de que en ese acto se ha consumado, Yo renazco en ti y tú en
Mí y reencuentras así la vida querida por ti, pero para volver de nuevo a morir para vivir en Mí;
así también si me deseas, tu deseo no satisfecho siente la muerte, pero haciéndome ver
encuentra nuevamente su vida, y así tu amor, tu inteligencia, tu corazón, pueden estar en
continuo acto de morir y vivir por Mí. Si lo he hecho Yo por ti, es justo que tú lo hagas por Mí”.
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