Los jefes cometen pecados, pero es la masa la que, con sus pecados menores, lleva a los jefe al gran pecar.
Fuente: cuaderno del año 1943 de Marìa Valtorta.
Ser ignorante no es pecado, pero se puede volver, pues si uno puede salir de ello en lo que concierne al bien eterno y no lo hace, la persona puede morir eternamente. Pues hoy dia la gente se preocupa por no ser ignorante al mundo pero si a las cosas de Dios, y esta ignorancia no la va a justificar Dios el día de su juicio, por eso los Apóstoles decían que era mejor hacerse necios ante las cosas del mundo que pasan, para ser agradable a Dios.
Los jefes cometen pecados, pero es la masa la que, con sus pecados menores, lleva a los jefe al gran pecar.
Fuente: cuaderno del año 1943 de Marìa Valtorta.
Los demonios... ¡oh! los demonios están ya donde castigaré. Los demonios son quienes, asentados como señores en los corazones, llevan a muerte a las naciones. Y hay pueblos en los que pocos son los corazones que no sean aún morada de los demonios: legiones y legiones demoniacas mueven, como títeres, naciones completas. ¿Y como puedo reinar allí donde los corazones se han hecho morada de los hijos de Lucifer?
Fuente: Cuaderno del año 1943 de Marìa Valtorta.
Creer es signo de pureza además que de fe. Creer es inteligencia además de fe. Quien cree con pureza y con inteligencia distingue mi Voz y la recoge.
Los demás rebuscan, discuten, critican, niegan. ¿Y por qué? Porque viven de la pesantez y no del espíritu. Están anclados en las cosas que han encontrado y no piensan que son cosas venidas de los hombres, los cuales no siempre han visto justamente, e incluso si han visto justo y escrito justo han escrito para su tiempo y han sido mal entendidos por los posteriores. No piensan que Yo puedo tener algo más que decir, adecuado a las (Se refiere a la madre de la escritora
Padre Migliorin), necesidades de los tiempos, y que soy Dueño de decirlo cómo y a quien me parece, porque Yo soy el Dios y el Verbo eterno que no deja nunca de ser Palabra del Padre.
Hago las últimas tentativas para inflamar las almas que no son ya almas vivas sino
autómatas dotados de movimiento, pero no de inteligencia y caridad. Mi actuar, desde el principio de este siglo, el último de este II° milenio, es un milagro de Caridad para intentar la salvación del género humano, especialmente de las almas sacerdotales sin las cuales la salvación de muchos es imposible. Me pongo Yo en los púlpitos vacíos o en los que se oyen palabras sin verdadera vida. Pero pocos son los dignos de entenderme. Pocos incluso entre mis ministros.
Por eso, que el Padre se organice. Que coja y se informe de mi decir para sí, para todos, pero trate sobre todo de encender caridad en los corazones, incluso de los hermanos de comunidad.
Menos ciencia y más caridad. Menos libros y más Evangelio. Y luz en las almas porque Yo soy Luz. Desocuparlo todo para hacer sitio a la Luz.
¿Dice el Padre que son terreno inaccesible? Dice poco: son terreno enemigo, y es un gran dolor para Mí».
Dice Jesús:
«Te dije que te habría explicado cómo nuestro Amor aumenta de peso de hora en hora.
No caigas en un error de interpretación. En Dios todo es un eterno presente. Y todo está perfecto y acabado. Pero Dios nunca está inactivo. Él genera continuamente. Te mostraré comparaciones humanas para iluminarte mejor.
Las Tres Personas que se aman, y que aman su obra, son como fuentes de calor que convergen en un solo punto, desde el cual después se desbordan sobre el universo. Ahora bien, ¿qué produce el calor de tres bocas de fuego, que continuamente emanan olas del mismo calor (el mismo por tener igual potencia desde el inicio)? Un aumento de calor en el ambiente en el que se introducen las tres corrientes. Si éste es recogido por instrumentos preparados para recibirlo, permanece el equilibrio entre producción y efusión. Pero si los
instrumentos, obstruidos por otros cuerpos, se niegan a recogerlo, el equilibrio se altera. Y en la vida natural pueden incluso sobrevenir catástrofes.
También sobrevienen en la vida sobrenatural. ¿Acaso no lo experimentas? ¿Tu amor, no reconocido y no aceptado, no te aumenta en el corazón oprimiéndolo tanto que a veces explota en un arrebato de justa indignación? Digo: justa, porque soy justo. Digo también: pero supéralo por la Caridad. Y si tanto puede en vosotros, que tenéis un amor relativo ¿qué no sucederá en Dios, en quien todo es infinito? Nuestro Amor, que el hombre rechaza, crece, crece, crece...
¡Oh, hombres desgraciados! Sobre ellos está el momento en que el Amor bramará con ira preguntando el por qué del desprecio. Y los tiempos actuales son ya los primeros sobresaltos de este Amor vilipendiado que, por justicia y respeto de su Perfección, no puede soportar más la afrenta. De ahí que Yo vaya como un mendigo pidiendo que alguien abra el corazón a nuestro Amor intensísimo y se haga víctima, aceptando ser consumada para aliviar al Amor.
Lo que ofrezco es la hoguera, lo sé, lo advierto. Pero no huyáis de ella, vosotros que aún no estáis vendidos al Enemigo.
Nadie, por pequeño y mezquino que sea, nadie, por pecador que haya podido ser, puede creerse rechazado por nuestro Amor. Él es Misericordia. Y puede y quiere hacer de las almas más miserables estrellas fulgurantes de su Cielo.
Dice Jesús:
«Ha venido, estableciéndose en las ciudades y en los pueblos más importantes, una asociación benéfica llamada de los "Donadores de sangre", la cual consiste en voluntarios que dan, a petición de los médicos, sangre para los desangrados civiles o militares. Muchas
vidas se han salvado así, y estos generosos son alabados, señalados como ejemplo ante la Nación, ayudados a superar la debilidad consecuente al acto. Están, en fin, considerados en una atmósfera de privilegio.
Es justo. La suya es una gran caridad, y si Yo he prometido un premio a quien da un vaso de agua en mi Nombre, sabré ciertamente tener un gran premio para quien sabe dar su sangre por caridad hacia el prójimo y no extingue el mérito de su caridad con culpas graves.
¿Pero no os dais cuenta de que Yo os he dado toda mi Sangre, y no para dar salvación a una carne que de todas formas morirá, sino para dar salvación de vida eterna a la parte que no muere nunca?
Os he dado mi Sangre, y era la de un Dios, entre dolores inauditos e inauditas ofensas. Os la he dado sin que se me pidiera. Os la he dado por amor. Me he vestido de carne para podérosla dar. Me he exiliado de los Cielos para podérosla dar. He sufrido por treinta y tres años hambre, frío, cansancios, vejaciones, burlas, para podérosla dar. He terminado mi vida soportando la traición, que es tormento mayor que una herida, el beso infame abrasante más que una hoguera, las torturas de mentirosos sacerdotes, de insano s gobernantes, de una plebe sin reconocimiento y sin honradez, soportando los escarnios de soldadescas paganas,las torturas de una ley humana, una sentencia vergonzosa, una muerte horrible, todo para daros mi Sangre.
Las últimas gotas de mi Sangre -que había mojado las calles y las cortes de Jerusalén y había dejado sus huellas en el palacio donde existía un poder mal interpretado y un corazón sólo temeroso de perder el poder- se habían situado entre el corazón y el pulmón privados de
movimiento, y me fueron quitadas con violencia. Pero en la separación de mi Espíritu de la carne ya apagada, Yo me he alegrado de que también esas últimas gotas fueran derramadas.
Había venido para daros toda mi Sangre y os la he dado, y os la doy, continuamente, en los sagrados misterios. Pero si supiera que con una nueva venida mía vosotros os convertiríais, ¡oh perfectos paganos!, ¡oh duros renegadores de vuestro Dios Crucificado!,
vendría para daros mi Sangre en forma humana, como es necesario para vosotros que vivís sólo de carne y sangre, y habéis matado o entorpecido el espíritu y con el espíritu el amor y la fe.
Pero no serviría para nada. Aumentaríais vuestro peso de culpas ante los ojos del Padre, y si entonces tuve uno que me vendió por treinta denarios, ahora tendría mil y cien mil que me cambiarían por el beso de una pecadora, por la utilidad de una promoción, y aún por
menos.
Deciros que sois y vivís de carne y sangre, es haceros todavía un elogio. Vivís de fango y en el fango, nuevos fariseos que os golpeáis el pecho y simuláis una religión y una fe, pero os hacéis de ello sólo un trampolín para utilidad vuestra, utilidad terrena. Vivís no sólo en el fango, sino en materia aún más cenagosa, vosotros que ni siquiera tenéis la falsa piedad de los nuevos fariseos y sois peor que los paganos de hace veinte siglos, y mezcláis delito con lujuria, ladronería de toda clase con vicio de toda medida.
Pero, según la antigua ley, quien utiliza algo malvado de lo mismo morirá. Vosotros vivís en el fango y en el fango moriréis. Precipitaréis desde el fango de la tierra al fango del infierno, porque habéis destruido mi Ley en vuestros corazones, mi nueva Ley de piedad, de amor, de pureza, de bondad.
Pero por la millonésima vez os digo, en verdad, que sólo aquellos que están señalados por mi Sangre y que viven no como enemigos sino como amigos del Cristo Crucificado, verán en la hora de la muerte surgir la aurora del día eterno, donde toda tribulación termina y es
sustituida por la bienaventuranza de poseer para siempre a Dios, sin velos y sin
limitaciones».
7 de julio
Dice Jesús:
«En el Pater noster está la perfección de la oración.
Observa: ningún acto está ausente en la brevedad de la fórmula. Fe, esperanza, caridad,obediencia, resignación, abandono, petición, contrición, misericordia, están presentes.
Diciéndola, oráis con todo el Paraíso, durante las cuatro primeras peticiones, después,dejando el Cielo, que es la morada que os espera, volvéis sobre la tierra, permaneciendo con los brazos alzados hacia el Cielo para implorar por las necesidades de aquí abajo y para pedir ayuda en la batalla que hay que vencerse para volver allá arriba.
"Padre nuestro que estás en los cielos".
¡Oh María! Sólo mi amor podía deciros: decid: "Padre nuestro". Con esta expresión os he investido públicamente con el título sublime de hijos del Altísimo y hermanos míos. Si alguno, aplastado por la consideración de su nulidad humana, puede dudar de ser hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza, pensando en esta palabra mía no puede ya dudar. El Verbo de Dios no yerra y no miente. Y el Verbo os dice: decid: "Padre nuestro". Tener un padre es algo dulce y una gran ayuda. Yo, en el orden material, he querido tener un padre sobre la tierra para tutelar mi existencia de niño, de muchacho, de joven. Con esto
he querido enseñaros, sea a los hijos que a los padres, cuán grande sea la figura moral del padre. Pero tener un Padre de perfección es el Padre que está en los Cielos, es dulzura de las dulzuras, ayuda de las ayudas. Mirad a este Padre Dios con temor santo, pero siempre más fuerte que el temor sea el amor agradecido por el Dador de la vida en la tierra y en el cielo.
"Santificado sea tu Nombre".
Con el mismo movimiento de los serafines y de todos los coros angélicos, a los cuales y con los cuales os unís al exaltar el nombre del Eterno, repetid esta exultante, agradecida, justa alabanza al Santo de los Santos. Repetidla pensando en Mí que antes que vosotros, Yo, Dios hijo de Dios, la he dicho con suma veneración y con sumo amor. Repetidla en la alegría y en el dolor, en la luz y en las tinieblas, en la paz y en la guerra. Bienaventurados los hijos que nunca han dudado del Padre y siempre, en cada circunstancia, han sabido decide:
"¡Bendito sea tu Nombre!". "Venga tu Reino".
Esta invocación debería ser el latido del péndulo de toda vuestra vida, y todo debería gravitar sobre esta invocación al Bien. Porque el Reino de Dios en los corazones, y desde los corazones en el mundo, querría decir: Bien, Paz, y todas las demás virtudes. Escandid por ello vuestra vida de innumerables imploraciones por la llegada de este Reino. Pero imploraciones vivas, es decir actuar en la vida aplicando vuestro sacrificio de cada momento, porque actuar bien quiere decir sacrificar la naturaleza, con esta finalidad.
"Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo",
El Reino del Cielo será de quien ha hecho la Voluntad del Padre, no de quien haya
acumulado palabras sobre palabras, y después se ha rebelado al querer del Padre,
mintiendo a las palabras antes dichas. También aquí os unís a todo el Paraíso que hace la Voluntad del Padre. Y si tal Voluntad la hacen los habitantes del Reino, ¿no la haréis vosotros para haceros, a su vez, habitantes de allá arriba? ¡Oh! ¡alegría que os ha sido preparada por el amor uno y trino de Dios! ¿Cómo podéis vosotros no afanaros con perseverante voluntad para conquistada?
Quien hace la Voluntad del Padre vive en Dios. Viviendo en Dios no puede errar, no puede pecar, no puede perder su morada en el Cielo, porque el Padre no os hace hacer más que lo que es el Bien, y que, siendo Bien, salva del pecar, y conduce al Cielo. Quien hace suya la Voluntad del Padre, anulando la propia, conoce y gusta ya en la tierra la Paz que es la dote de los bienaventurados. Quien hace la Voluntad del Padre, matando la propia voluntad perversa y pervertida, ya no es un hombre: ya es un espíritu movido por el amor y viviente en el amor.
Debéis, con buena voluntad, arrancar de vuestro corazón vuestra voluntad y poner en su lugar la Voluntad del Padre.
Después de haber provisto a las peticiones para el espíritu, porque sois pobres, vivientes entre las necesidades de la carne, pedís el pan a Aquél que provee de alimento a los pájaros del aire y de vestidos a los lirios del campo. "Danos hoy nuestro pan cotidiano".
He dicho hoy y he dicho pan. Yo no digo nunca nada inútil.
Hoy. Pedid día tras día las ayudas al Padre. Es medida de prudencia, justicia, humildad.
Prudencia: si lo tuvierais todo de una vez, desperdiciaríais mucho. Sois eternos niños y caprichosos por añadidura. Los dones de Dios no deben desperdiciarse. Además, si lo tuvierais todo, olvidaríais a Dios.
Justicia: ¿Por qué deberíais tenerlo todo de una vez cuando Yo tuve, día a día, la ayuda del Padre? ¿Y no sería injusto pensar que está bien que Dios os dé todo junto, pensando por los adentros con cuidado humano que, nunca se sabe, está bien tenerlo hoy todo en el temor de que mañana Dios no dé? La desconfianza, vosotros no reflexionáis en esto, es un pecado. No hay que desconfiar de Dios. Él os ama con perfección. Es el Padre perfectísimo.
Pedirlo todo junto choca con la confianza y ofende al Padre.
Humildad: el deber pedir día a día os refresca en la mente el concepto de vuestra nada, de vuestra condición de pobres, y del Todo y de la Riqueza de Dios.
Pan. He dicho "pan" porque el pan es el alimento rey, el indispensable para la vida. Con una palabra y en la palabra he encerrado, para que las pidierais todas, todas las necesidades de vuestra permanencia terrena. Pero al igual que son distintas las temperaturas de vuestra espiritualidad, así son distintas las extensiones de la palabra.
"Pan alimento" para quienes tienen una espiritualidad embrional hasta el punto de que es ya mucho si saben pedir a Dios el alimento para saciar su vientre. Hay quien no lo pide y lo coge con violencia, maldiciendo a Dios y a los hermanos. Éste es mirado con ira por el Padre porque pisotea el precepto del que proceden los demás: ''Ama a tu Dios con todo tu corazón, ama a tu prójimo como a ti mismo".
"Pan ayuda" en las necesidades morales y materiales para quien no vive sólo para el vientre, sino sabe vivir también para el pensamiento, teniendo una espiritualidad más formada.
"Pan religión" para aquellos que, aún más formados, anteponen a Dios a las
satisfacciones del sentido y del sentimiento humano y ya saben mover las alas en lo sobrenatural.
"Pan espíritu, pan sacrificio" para quienes, alcanzada la edad plena del espíritu, saben vivir en el espíritu y en la verdad, ocupándose de la carne y de la sangre sólo cuanto es estrictamente necesario para continuar existiendo en la vida mortal, hasta que sea la hora de ir a Dios. Éstos ya se han cincelado a sí mismos sobre mi modelo y son copias vivientes de Mí, sobre las cuales el Padre se inclina con abrazo de amor.
"Perdónanos nuestras deudas como nosotros las perdonamos a nuestros deudores".
No hay, en el número de los creados, ninguno, excepto mi Madre, que no haya tenido que hacerse perdonar por el Padre culpas más o menos graves según la propia capacidad de ser hijos de Dios.
Rogad al Padre que os borre del número de sus deudores. Si lo hacéis con ánimo
humilde, sincero, arrepentido, inclinaréis al Eterno a vuestro favor.
Pero condición esencial para lograrlo, para ser perdonados, es perdonar. Si sólo queréis y no dais piedad a vuestro prójimo, no conoceréis perdón del Eterno. Dios no ama a los hipócritas y a los crueles, y aquel que rehúsa perdonar al hermano rechaza el perdón del Padre para sí mismo.
Considerad además que, por cuanto podáis haber sido heridos por vuestro prójimo, vuestras heridas a Dios son infinitamente más graves. Que este pensamiento os impulse a perdonarlo todo como Yo perdoné por mi Perfección y para enseñaros a vosotros el perdón.
"No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal".
Dios no os induce en tentación. Dios os tienta solamente con dones de Bien, y para atraeros a Sí. Vosotros, interpretando mal mis palabras, creéis que ellas quieran decir que Dios os induce en tentación para probaros. No. El buen Padre que está en los Cielos permite el mal, pero no lo crea. Él es el Bien del que brota todo bien. Pero el Mal existe. Existió desde el momento en que Lucifer se levantó contra Dios. A vosotros os corresponde hacer del Mal un Bien, venciéndolo e implorando al Padre las fuerzas para vencerlo.
He aquí lo que pedís con la última petición. Que Dios os dé tanta fuerza como para saber resistir a la tentación. Sin su ayuda la tentación os podría porque es astuta y fuerte, y vosotros sois torpes y débiles. Pero la Luz del Padre os ilumina, pero la Potencia del Padre os fortalece, pero el Amor del Padre os protege, por lo cual el Mal muere y vosotros osquedáis liberados de él.
Esto es cuanto pedís con el Pater que Yo os he enseñado. En él está todo comprendido, todo ofrecido, todo pedido de cuanto es justo que sea pedido y dado. Si el mundo supiera vivir el Pater, el Reino de Dios estaría en el mundo. Pero el mundo no sabe orar. No sabe amar. No sabe salvarse. Sólo sabe odiar, pecar, condenarse.
Pero Yo no he dado y hecho esta oración para el mundo que ha preferido ser reino de Satanás. Yo he dado y he hecho esta oración para aquellos que el Padre me ha dado porque son suyos, y la he hecho para que sean uno con el Padre y conmigo desde esta vida, para alcanzar la plenitud de la unión en la otra».
FUENE: Marìa Valtorta- cuaderno del año 1943
30 de junio
Dice Jesús:
«¿Sabes qué quieren decir mis manos atadas, sabes quien me las ata? ¿Sabes por qué hay tanto dolor en mi mirada, tanto cansancio sobre mi Rostro? ¿Sabes qué pido a aquellos que me saben mirar?
Mis manos están atadas por Satanás a través de los pecadores. No has entendido mal.
Repito: están atadas por Satanás a través de los pecadores.
76Tú dirás: "Pero, Señor, ¿cómo puede ser así si Tú eres Dios?". Yo soy el Dios de la Misericordia y del Perdón, Yo soy el Dios poderoso, el Padre de las gracias. Pero el pecado paraliza mi Potencia de gracias, mi Misericordia, mi Perdón. Porque, aunque soy Misericordia, Gracia, Perdón, soy también Justicia. Doy por ello a cada uno lo que se merece. Y si tú consideras, con justicia, debes decir que doy siempre más gracias de las quemerecéis.
Si a una autoridad de la tierra, incluso a un simple mozo municipal, vosotros hicierais las ofensas que me hacéis a Mí, seríais castigados con la prisión. Si se tratara de una autoridad mayor, seríais castigados incluso con la pérdida de la vida. Y son, las autoridades, pobres
hombres como vosotros, que permanecen autoridad en tanto que Yo permito que lo sean para vuestro mérito, para su prueba, y casi siempre para su castigo. Vuestro mérito: obedecer y tener paciencia. Su prueba: no abusar del poder, no ensoberbecerse creyéndose semidioses, o dioses, porque ven las muchedumbres atentas a su gesto y a gritar "Hosanna".
Uno sólo es dios: Dios. Su castigo: porque es todavía más difícil que una autoridad
permanezca honesta, en las mil formas de la honestidad, que no que un rico se salve. Por ello su gloria humana es la única gloria que tienen. La eterna bien pocas autoridades la alcanzan.
Las continuas culpas, cada vez más pérfidas, que los hombres comenten, por incitación del Enemigo mío y vuestro, atan mi Misericordia, mi Gracia, mi Perdón. He aquí lo que son mis manos atadas y quiénes son aquellos que las atan con la soga del Mal: Satanás y sus hijos. Y mis manos quisieran en cambio estar libres para perdonar, curar, consolar, bendecir.
¡Oh vosotros que me amáis, desatad con vuestro amor mis manos atadas! Reparad, reparad, o mis dilectos, amigos e hijos míos queridísimos, el ultraje causado a las manos de vuestro Dios, Padre y Redentor. El amor es llama que consuma las cadenas y quema los cordeles dando libertad a mis manos atadas. Tened piedad, vosotros que me amáis, de mi dolor, y piedad de vuestros hermanos leprosos que sólo mis manos pueden curar.
Mi mirada está llena de dolor por todos los ultrajes que Me vienen causados en el
Sacramento y en mi Ley. Ley pisoteada, Sacramento profanado. ¿Has leído? ¿Has
escuchado? ¿Has notado? El altar del Sacramento está siempre herido. ¿No ves en ello el signo de Satanás? Y piensa esto, para tu alegría. Donde entre las ruinas se puede encontrar intacto el Copón que me contiene y recogerlo con los debidos honores, es porque un corazón, o muchos corazones, lejos de aquel lugar golpeado, pero que me adoran en la
Eucaristía, han desviado, con su orar, el golpe dirigido por Satanás. Aquellas Hostias que salváis, almas humildes y amorosas que oráis por mi Sacramento, infunden en vosotros los mismos frutos de una Comunión de amor.
El cansancio está en mi Rostro porque constato cada vez más hasta qué punto he muerto en vano por tanta humanidad, porque me doy cuenta cada vez más que nada -ni palabras, ni milagros, ni castigos, ni gracias- sirve para hacer pensar que Yo soy Dios y que sólo en Dios está el Bien y la Paz. Cuando uno está cansado y afligido, aquellos que le aman le dan afecto para consolarle, reposo para aliviarle. Esto es lo que Yo te pido y pido a los que me aman.
Estoy desterrado de las iglesias y de los corazones. Cuando era peregrino sobre la tierra no tenía, el Hijo del Hombre, una piedra propia sobre la cual apoyar la cabeza. Pero ahora que los corazones de los hombres son de piedra, ¿tengo acaso dónde apoyar la cabeza? Sólo algún raro, rarísimo corazón fiel. Los otros son hostiles a su Amigo y Redentor.
Abridme por lo tanto el corazón, vosotros que me amáis. Dad asilo a vuestro Dios que llora de dolor sobre la humanidad culpable, confortad a Aquel que se da a sí mismo en sacrificio eterno y que no es comprendido. Yo Jesús, vendré con todas mis gracias y haré del corazón fiel un pequeño Paraíso».
Dice aún Jesús:
«Entre las "riquezas" a entregar para seguirme y que te he enumerado, 44 hay todavía otra. Aquella que es la más ligada al espíritu y que para arrancarla se siente más dolor que para arrancar la carne. Son los afectos, esta riqueza tan viva. Y en cambio, por amor mío, hay que saber entregar también éstos.
Yo no condeno los afectos. Más aún los he bendecido y santificado con la Ley y los
Sacramentos. Pero estáis sobre la tierra para conquistar el Cielo. Aquélla es la morada verdadera. Cuanto Yo he creado para vosotros aquí abajo debe mirarse a través de la lente de allí arriba. Cuanto Yo os he donado debe tomarse con agradecimiento, pero devolverse con prontitud cuando lo solicito.
Yo no destruyo vuestra riqueza afectiva. La quito de la tierra para transplantarla en el Cielo. Allí serán reconstruidas eternamente las santas convivencias familiares, las puras amistades, todas esas formas de afecto honesto y bendito que Yo, Hijo de Dios hecho hombre, he querido incluso para Mí mismo y que sé cuán queridas son. Pero si son queridas, tan queridas, no son más queridas que Dios y la vida eterna.
Pero no demuestran una verdadera fe en el dulce Padre que está en los Cielos aquellos que ante un afecto que se rompe no saben pronunciar la palabra más bella de la filiación en Dios, sino se rebelan. ¡Y no piensan que si Yo doy aquel dolor es ciertamente para evitar dolores más grandes y para proporcionar un mérito mayor! Tú, también tú no has sabido decir: "¡Hágase como Tú quieres!". Han tenido que pasar años antes de que tú me dijeras: "Gracias, Padre, por aquel dolor". ¿Pero tú crees que tu Jesús te lo habría dado si no hubiera sido un bien dártelo? Ahora piensas y entiendes. ¡Pero cuánto te has resistido a hacerlo! Yo te llamaba, trataba de hacerte entender la razón. Pero no oías a tu Dios. Era la hora de las tinieblas para la mente y para el alma.
No me preguntes: "¿Por qué lo has permitido?". Si lo he permitido no ha sido sin un motivo. Te hablo de ello en esta noche en la que sufres más. Yo estoy contigo precisamente porque sufres. Te hago compañía. Pero recuerda que Yo no tuve a ninguno en la hora de la tentación. He debido superarla por Mí mismo. Tú en cambio me has tenido siempre cerca, incluso cuando no me veías porque el Espíritu del Mal te molestaba hasta el punto de impedirte ver y oír a tu Jesús.
Ahora, si Yo te dijera que la adhesión de un hijo a la muerte de un padre abrevia al mismo el Purgatorio, que el perdón de un hijo a las culpas, más o menos reales, de un padre, es alivio para aquel alma, creerías. Pero entonces no te dabas paz y desperdiciabas el bien que hacías.
Renunciar a la riqueza de un afecto, para seguir mi Voluntad sin añoranzas humanas, es la perfección de la renuncia aconsejada al joven del Evangelio.
Recuérdalo para todo el resto de la vida. Un padre como Yo soy nunca da nada nocivo a sus hijos. Aunque la apariencia sea de una piedra para quien pide un beso, esa piedra es oro puro y eterno. Está al alma el reconocerlo y mantenerlo tal, pronunciando la palabra que me atrajo de los Cielos al seno de María y me puso en la Cruz para redimir el mundo: fiat».
Fuente: El Evangelio còmo me hasido Revelado. -El Hombre Dios- Marìa Valtorta cuaderno del año 1943