miércoles, 13 de septiembre de 2023

Intercambio entre Jerusalén y Roma









 24-48 Octubre 3, 1928

 Intercambio entre Jerusalén y Roma. Dios al crear al hombre puso en él tantos gérmenes de felicidad por cuantas cosas creaba. 

(1) Mi pobre mente pensaba en tantas cosas acerca de la Divina Voluntad, especialmente en cómo podía venir su reino, cómo podía difundirse y tantas otras cosas que no es necesario escribirlas en el papel, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho: (2) “Hija mía, si Roma tiene el primado de mi Iglesia, se lo debe a Jerusalén, porque el principio de la Redención fue propiamente en Jerusalén; de aquella patria escogí de la pequeña ciudad de Nazaret a mi Madre Virgen; Yo nací en la pequeña ciudad de Belén; todos mis apóstoles fueron de dicha patria, y si bien ésta, ingrata, no quiso conocerme y rechazó los bienes de mi Redención, no se puede negar que el origen, el principio, las primeras personas que recibieron el bien de Ella fueron de esta patria; los primeros anunciadores del evangelio, aquellos que fundaron en Roma el catolicismo, fueron mis apóstoles, todos de Jerusalén, esto es, de aquella patria. Ahora habrá un intercambio, si Jerusalén dio la vida de la religión y por lo tanto de la Redención a Roma, Roma dará a Jerusalén el reino de la Divina Voluntad, y es tan cierto esto, que así como escogí una virgen de la pequeña ciudad de Nazaret para la Redención, así he escogido otra virgen en una pequeña población de Italia perteneciente a Roma, a la cual le ha sido confiada la misión del reino del Fiat Divino, que debiéndose conocer en Roma, al igual que se conoció en Jerusalén mi venida a la tierra, Roma tendrá el gran honor de corresponder a Jerusalén del gran bien recibido por ella, esto es, la Redención, con hacerle conocer el reino de mi Voluntad. Y entonces Jerusalén se arrepentirá de su ingratitud y abrazará la vida de la religión que le dio a Roma, y agradecida recibirá de Roma la Vida y el gran don del reino de mi Voluntad Divina, y no sólo Jerusalén, sino todas las otras naciones recibirán de Roma el gran don del reino de mi Fiat, los primeros pregoneros de Él, su evangelio todo lleno de paz, de felicidad, y de restablecimiento de la creación del hombre. Y no sólo mis manifestaciones llevarán santidad, alegrías, paz y felicidad, sino que toda la Creación haciendo competencia con ellas, hará salir de cada cosa creada cada una de las felicidades que contiene, y las verterá sobre las criaturas, porque Nosotros al crear al hombre poníamos en su ser todos los gérmenes de las felicidades que cada una de las cosas creadas poseía, disponiendo el interior del hombre como un terreno en el cual contenía todos los gérmenes de las felicidades, tanto, de tener en sí todos los gustos para saborear y recibir en sí todas las felicidades de las cosas creadas; si el hombre no poseyese estos gérmenes, le faltaría el gusto, el olfato para poder gustar lo que Dios había puesto fuera de Él en toda la Creación. Ahora, el hombre al pecar enfermó a todos estos gérmenes de felicidad que Dios al crearlo le había infundido, y por eso perdió el gusto de poder gozar todas las felicidades que hay en la Creación; sucedió como a un pobre enfermo que no goza todos los gustos que hay en los alimentos, más bien siente el peso, el mismo alimento se convierte en dolor, todo le provoca nausea, y si lo toma, es no porque le guste, sino para no morir, en cambio uno sano siente gusto, fuerza, calor, porque su estómago tiene fuerza de asimilar los bienes que hay en los alimentos y goza de ellos. Así sucedió en el hombre, con pecar enfermó los gérmenes, la misma fuerza de poder gustar todas las felicidades que hay en la Creación, y muchas veces se convierten en dolor; ahora, con regresar el hombre en mi Fiat Divino, los gérmenes adquirirán la salud y adquirirá la fuerza de asimilar y gustar todas las felicidades que hay en el orden de la Creación, así que para él se formará una competencia de felicidad, todo le sonreirá y regresará el hombre feliz, como Dios lo había creado”.

 D e o G r a t i a s

lunes, 7 de agosto de 2023

EL ESTERTOR EN LA DIVINA VOLUNTAD EN LAS CRIATURAS


Nuestras acciones son en contra la Divina Voluntad de Dios.


-Así que la voluntad humana obra, respira late como quiere y la mía esta solo para servirla para contribuir a sus actos y están dentro de esos actos, agonizante sofocada, bajo el estertor de una agonía de largos siglos.

Mi Voluntad se agita en la criatura bajo la opresión de una agonía desgarradora y su agitarse son los remordimientos de conciencia las desilusiones, los reveces, las cruces, y cansancio de la vida y todo lo que puede dar molestias a las pobres criaturas, porque  es justo que teniendo ellas a una voluntad Divina en la Cruz, y siempre bajo el estertor de la agonía, Ella con Su agitarse las llama; no pudiendo hacer diversamente porque no tiene dominio, quien sabe que entrando en ellas mismas, al ver la infelicidad que les da su mala voluntad, puedan darle un poco de respiro y de tregua a su dolorosa agonía.

No nos conmueve la agonía de la divina voluntad en nosotros, pero si nos conmueve los efectos que eso produce en nosotros, cuando hay una desilusión cuando hay una traición, cuando hay algún problema del tipo social, de tipo familiar, cuando hay todo lo que nos pueda dar molestia por nuestras acciones eso es el estertor de esta agonía de la Divina Voluntad, que reporta en nosotros y nos hace recapacitar y que hacemos cuando estamos bajo una opresión de estas.

Vamos y clamamos piedad, vamos y pedimos que nos ayude, y si nos ayudan y salimos de esa opresión, ¿que pasa?, seguimos igual.

La depresión es casi la muerte de la divina voluntad en la criatura. Cuando el hombre fue creado con un don que es el don de la integridad con Dios, Dios y el hombre estaban prácticamente fundidos; en Dios no hay depresiones,no hay crisis existenciales, no hay temores, ni terrores; en Dios no hay un subconsciente que lo aterrorice, no tiene un inconsciente donde guarde todo lo que le hace daño.

Cuando el hombre de sale de la voluntad de Dios ese don lo pierde y se queda solo en un mundo que no lo conoce que no entiende, y le es contrario, porque el mundo fue creado para servir a Dios en la criatura no a la criatura. El mundo no encontrando a su destinatario ahora el mundo se le pone en contra a la criatura. 

Toda la naturaleza ya no reconoce a la criatura, a quien debería servir, sino reconoce a una criatura mas.

El propio hombre perdiendo la integridad con Dios, perdiendo el amor de Dios, esa necesidad de compañía, ese unirse con todos ahora el hombre deja salir de si lo propio y lo propio es la soberbia; porque nos espesamos a creer algo y porque voy a soportar a eta persona si ella me tiene que soportar a mi y yo hago lo imposible para sobreponerme a ella y porque esta otra persona  va a ganar mas que yo, cosas de nuestras miserable vida cotidiana. Si es menos que yo y es ignorante y yo tengo que tener esto y la aplasto.

Toda esta soberbia que va naciendo en nosotros y excitada por el otro, es lo que me lleva a im momento dado a la depresión, la depresión es la criatura que no obtiene lo que cree que debe tener; y siempre es sumirse en su interior, y nos quieren hacer creer que es un problema cerebral, que hay un sustancia que se desequilibra que es lo que produce la depresión.

Existen niños con depresión; que esta pasando, es la insatisfacción de la soberbia que tenemos.

Cual es el remedio?, encontrar el centro y el centro es Dios, pero ese centro no lo queremos encontrar, ese centro esta muy trillado, desgastado y por eso no queremos recurrir a ese centro.

Mi alma estuvo inquieta hasta que te encontró, dice San Agustín.

El alma anda inquieta buscando que?, analicemos.... Porque actuamos como actuamos. queremos mas y mas y para que?


 

jueves, 11 de mayo de 2023

Que sucede en el punto de la muerte.

 35-40

Marzo 22, 1938

En cuanto la criatura se decide a vivir en el Divino Querer,

todas las cosas se cambian para ella, y viene puesta en las

mismas condiciones divinas. Para qué servirán los hijos del

Fiat Divino, y cómo llevarán en ellos la Vida de su Padre

Celestial. La última espía de amor en el punto de la muerte.


(1) Continúo mi vuelo en el Querer Divino, conforme se entra en Él se siente su aire balsámico, sus

olas pacíficas, todo es paz, su fuerza es tanta, que el alma se siente investir por tal fuerza, que en un

instante puede hacer todo, llegar a todo, hasta hacer lo que hace el mismo Dios. ¡Oh Voluntad Divina,

cómo sabes cambiar la voluntad humana, tu potencia es tanta que renuevas a la pobre criatura, la haces

renacer a vida nueva! Mientras estaba en esto, mi amable Jesús haciéndome su breve visita, todo ternura

me ha dicho:

(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, en cuanto la criatura se decide a vivir en mi Querer, todas las

cosas cambian para ella, nuestro dominio divino la inviste y la hacemos dominadora de todo:

Dominadora de nuestra fuerza, de la bondad, de nuestra santidad, dominadora de la luz; Cielos y tierra

por derecho son suyos. La ponemos en una atmósfera de seguridad, de paz imperturbable, nada debe

faltarle de bueno, de santo, de bello, de alegrías divinas a esta criatura que vive en nuestro Querer; sus

más pequeños actos están llenos de tales contentos, que raptan la sonrisa de todo el Cielo y de nuestro

mismo Ente Supremo, por eso estamos todos atentos para ver cuándo ama, cuándo obra, para gozárnosla

y sonreír juntos. Es tanto nuestro amor que la ponemos en nuestras mismas condiciones: Nosotros si no

somos amados, amamos; si no recibimos la atención de las criaturas, y tal vez aun somos ofendidos,

continuamos dando vida, y si la criatura regresa pidiéndonos perdón, no le hacemos ningún reproche, nos

la abrazamos y nos la estrechamos a nuestro seno divino. Así que se puede decir que el hombre se puede

fiar solamente de Nosotros, porque en las criaturas no sólo no puede fiarse, sino que encontrará

mutabilidad, engaños, y cuando crea poderse apoyar le vendrán a menos. Ahora, también se puede fiar de

quien vive en nuestra Voluntad, pues ella hará como hacemos Nosotros: No amada, amará; no estimada y

ofendida, correrá al lado de quien la ofende para ponerla a salvo. Nosotros nos sentimos a Nosotros

mismos en quien vive en nuestro Querer, y por eso la amamos tanto que no hacemos otra cosa que verter

torrentes de amor sobre de ella, para ser amados siempre más con doble y creciente amor”.

(3) Después ha agregado con amor más tierno y conmovedor:

(4) “ Hija mía, toda la Creación fue hecha en un desahogo de nuestro más intenso amor, por eso los

hijos de nuestro Fiat servirán a la necesidad de nuestro amor. Mi amor siente la necesidad de

desahogarse, de otra manera nos sentimos sofocar en nuestras llamas. He aquí la necesidad de los

hijos de nuestro Querer, como desahogo continuo de nuestro amor; Nosotros mismos las pondremos en

nuestras condiciones de sentir la necesidad de desahogarse en amor con Nosotros, y nos

desahogaremos mutuamente. Entonces, así como comenzó la Creación en un desahogo de nuestroamor, así la cerraremos junto con nuestros hijos, en un desahogo de amor. Estos hijos nuestros

servirán a la completa gloria de toda la Creación; no sería obra digna de Nosotros si no rescatásemos la

gloria que las criaturas nos deberían dar por haber creado tantas cosas por amor de ellas. Pero

además está el punto más alto, más noble, santo y sublime, o sea, que todo lo creamos para que todo

fuese encerrado y animado por nuestra Voluntad. Entonces, tal como la sacamos, así nos debe

regresar, en nuestro Fiat adorable. Si no hiciéramos esto, parecería que no tenemos potencia suficiente

con la que todo podemos hacer, amor con el que todo podemos vencer, sabiduría con la que de todo

podemos disponer. Así que los hijos de nuestro Querer servirán para hacernos cumplir nuestra

Voluntad en ellos, y por eso ellos serán nuestra gloria, nuestro triunfo, nuestra victoria; serán nuestros

verdaderos hijos que llevarán no solamente nuestra imagen, sino la Vida del mismo Padre Celestial

como Vida propia, residente en ellos. Estos nuestros hijos serán Vida nuestra, cielos nuestros, soles

nuestros, y ¡oh, cómo nos deleitaremos de crear en ellos vientos que soplen amor, mares que

murmuren te amo, te amo! Todo encontraremos en ellos, no habrá más diversidad entre el Cielo y la

tierra, para Nosotros formarán una sola cosa, tanto tenerla con Nosotros en el Cielo, como tenerla con

Nosotros en la tierra. Por eso la cosa que más te debe interesar es el vivir en nuestro Querer Divino;

nuestro amor encontrará su reposo, su desahogo, su paz en ti, y el principio de nuestra felicidad sobre

la tierra en el corazón de la criatura. Nuestra Voluntad te estará siempre encima para hacer crecer

nuestra Vida en ti, y nuestro amor te dará su aliento continuo para amarte siempre con nuevo amor, y

para recibir el tuyo como desahogo y correspondencia del suyo”.

(5) Después de esto, mi amado Jesús ha agregado con una ternura indecible, que me hacía sentir

como si se me rompiese el corazón:

(6) “ Hija mía buena, el decirte qué cosa hace mi Voluntad con la criatura, cómo está con ella, si todos

lo supieran se arrojarían en sus brazos sin separarse jamás. Tú debes saber que Ella la hace de

verdadera Mamá, con sus manos creadoras la crea y la hace concebir en el seno materno, jamás la

deja sola ni siquiera un instante; en este seno materno, como dentro de un sagrario la forma, le da el

uso de los miembros, la hace crecer con su aliento, le da el calor, y cuando la ha formado bien la hace

nacer a la luz del día, pero jamás la deja sola, más que una madre le está siempre encima, la vigila, la

asiste, le da el movimiento, la articulación a los miembros, el respiro, el latido, y conforme crece le da el

uso de la palabra, el paso a los pies; no hay cosa que haga la criatura que no la haga junto con ella para

darle el uso de la vida humana. Así que el principio de la vida humana, tanto del alma como del cuerpo,

es formado por mi Voluntad, y Ella se queda dentro, como en un refugio, para darle vida perenne.

(7) Ahora hija mía, hasta en tanto que no comienza la culpa en la criatura, todo es Voluntad mía, y en

cuanto comienza la culpa, así comienzan las lágrimas, los dolores de esta Madre Celestial. ¡Oh, cómo

llora por su hijo! Pero no lo deja, su amor la ata a vivir en aquella criatura para darle vida, y si bien se

siente como sofocar su Vida Divina, la cual ni siquiera es conocida ni amada, su amor es tanto que

sigue su Vida, aunque la ofendiese, para darle una sorpresa de amor para salvar a su hijo. Nuestra

bondad, nuestro amor es tanto, que intentamos todos los caminos, usamos todos los medios para

arrancarlo del pecado, para ponerlo a salvo, y si no lo logramos en vida, le hacemos la última sorpresa

de amor en el punto mismo de la muerte. Tú debes saber que en aquel punto es la última espía de

amor que hacemos a la criatura, la circundamos de gracias, de luz, de bondad; ponemos tales ternuras

de amor, de ablandar y vencer los corazones más duros, y cuando la criatura se encuentra entre la vida

y la muerte, entre el tiempo que termina y la eternidad que está por comenzar, casi en el acto en el que

el alma está por salir del cuerpo, Yo, tu Jesús, me hago ver con una amabilidad que rapta, con una

dulzura que encadena y endulza las amarguras de la vida, especialmente las de aquel punto extremo;

después la miro, pero con tanto amor de arrancarle un acto de dolor, un acto de amor, una adhesión a

mi Voluntad. Ahora, en aquel punto de desengaño, al ver, al tocar con la mano cuánto la hemos amado

y la amamos, sienten tal dolor que se arrepienten de no habernos amado, y reconocen nuestra Voluntad

como principio y cumplimiento de su vida, y como satisfacción aceptan la muerte, para cumplir un acto

de nuestra Voluntad. Porque tú debes saber que si la criatura no hiciera ni siquiera un acto de Voluntad

de Dios, las puertas del Cielo no son abiertas, ni es reconocida como heredera de la patria celestial, ni

los ángeles ni los santos la pueden admitir entre ellos, ni ella quisiera entrar, porque conocería que no le

pertenece. Por eso, sin nuestra Voluntad no hay ni santidad verdadera ni salvación, y cuántos sonsalvados en virtud de esta nuestra última espía toda de amor, excepto los más perversos y obstinados,

si bien les convendrá hacer una larga etapa de purgatorio. Por eso el punto de la muerte es nuestra

pesca diaria, el reencuentro del hombre extraviado”.

(8) Después ha agregado: “Hija mía, el punto de la muerte es la hora del desengaño, y todas las

cosas se presentan en aquel punto, la una después de la otra, para decirle: ‘Adiós, la tierra para ti ha

terminado, comienza la eternidad’. Sucede para la criatura como cuando se encuentra encerrada en

una habitación y le es dicho que detrás de esta habitación hay otra, en la cual está Dios, el paraíso, el

purgatorio, el infierno, en suma, la eternidad, pero ella nada ve, escucha que otros se lo aseguran, pero

como aquellos que lo dicen tampoco lo ven, lo dicen de tal manera que casi no se hacen creer, no

dando una gran importancia para hacer creer con realidad, con certeza, lo que dicen con las palabras,

pero un buen día caen los muros y ve con sus propios ojos lo que antes le decían, ve a su Padre Dios

que con tanto amor la ha amado, ve uno por uno los beneficios que le ha hecho, ve cómo están

lesionados todos los derechos de amor que le debía, ve cómo su vida era de Dios, no suya, todo se le

pone delante: Eternidad, paraíso, purgatorio, infierno; la tierra le huye, los placeres le voltean la

espalda, todo desaparece, y solamente queda presente lo que está en aquella estancia de la cual han

caído los muros, lo cual es la eternidad. ¡Qué cambio sucede para la pobre criatura! Mi bondad es

tanta por querer a todos salvados, que permito que estos muros caigan cuando las criaturas se

encuentran entre la vida y la muerte, entre el salir el alma del cuerpo para entrar en la eternidad, a fin de

que al menos hagan un acto de dolor y de amor, y reconozcan a mi Voluntad adorable sobre de ellas.

Puedo decir que les doy una hora de verdad para ponerlas a salvo. ¡Oh, si todos supieran mis

industrias de amor que hago en el último punto de la vida, a fin de que no huyan de mis manos más que

paternas, no esperarían llegar a aquel punto, sino que me amarían por toda la vida!”

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lunes, 10 de abril de 2023

¡ANUNCIO DEL REINO DE DIOS!






 Llamada a las criaturas al orden, a su puesto y a la finalidad para la que fueron creadas por Dios. (Libro de Cielo)


Conocer las Verdades, rumiarlas, entenderlas y ponerlas en pràctica.

El Reino de la Divina Voluntad Yà esta aqui en la Tierra, establecido en Luisa Picarreta desde 1947 por nuestro Señor Jesucristo.

El Reino de Jesús en este mundo Ya esta aquí, no es algo futuro, no es algo que venga, Ya esta.

El Triunfo de los dos corazones de Jesús y Marìa no es algo para después, ya paso y esta en vigencia y se esta extendiendo, ¿Cómo?,  a través de cada persona que se decide a vivir en esta Divina Voluntad y que empieza a trabajar y ponerla en practica y que su anhelo es llegar a vivir, allí están triunfantes los dos corazones de Jesús y Marìa, Marìa es la Reina de la Divina Voluntad por ser la primera en vivir en la Unidad del Querer Supremo y Jesús por ser la misma Divina Voluntad y Luisa Picarreta es el medio por el cual todo esto se puede hacer realidad, en toda la familia humana, y de ella saldrá todas las verdades y enseñanzas; y nadie podrá vivir en la Divina voluntad sino a través de estas Verdades dictadas por nuestro Señor Jesucristo a Luisa Picarreta, que es la Tercera Obra de Dios en la Tierra, osea el cumplimiento del Padre Nuestro, El Hágase Tu Voluntad , en la  tierra como en el Cielo.

martes, 4 de abril de 2023

A LOS TANTOS JUDAS DE LA POLÍTICA ARGENTINA, DE AYER Y DE HOY- PIDAN PERDÓN Y VÁYANSE


 16 de mayo de 1947

Viernes.

Dice Jesús:

<<¿Quieres saber cuál fue el Apóstol que amó más que cualquier otro? Fue Juan, en verdad. Amó más antes y después de la Pasión; antes y después de Pentecostés. Yo y él: dos océanos de amor, de los cuales el segundo es poco  menor que el primero, en él que se vierte y funde. ¿Y cuál es el apóstol que amé más? Fue Judas de Keriot. No me mires con esos ojos asombrados, no te sobresaltes. Es así. Amé a Judas de Keriot más que a cualquier otro. Ahora voy a explicártelo y comprenderás.

Juan era el predilecto. Ya se sabe. Es verdad. Era bueno, puro, fiel. Era natural que atrajera el amor de Dios y el amor del Hombre, es decir, el amor de Jesús Dios-Hombre. Pero dime: ¿es más fatigoso cumplir una acción que exige un esfuerzo continuo y que ya con anterioridad sabemos que es inútil, o cumplir otra que, en lugar de esfuerzo, da júbilo y reposo? Es más fatigosa la primera, ¿no es verdad?

Y ¿quién tendrá mayor mérito?: ¿el que cumple la primera o la segunda?, ¿el que cumple la primera, hecha con el único fin de cumplir completamente el propio deber, sin esperanzas de obtener una recompensa, o la segunda que, en cada  minuto, nos gratifica ampliamente por lo que hacemos? Tendrá mayor mérito el que cumple la primera.

Y te digo aún: ¿sabes qué tipo de amor tiene el que, sólo por un amor y un deber heroicos hacia Dios y hacia los hermanos, sigue ocupándose y preocupándose de beneficiar al hermano malvado para intentar volverle bueno y dar gloria al Señor? Tiene un amor perfecto. Este tipo de amor que lo cumple todo y todo lo perdona, que lo supera todo, llevado por el fin perfecto de hacer una obra grata a Dios. ¿No lo logra? ¿Ya se sabe que no lo logrará? ¿Se sabe que Dios sabe que no lo logrará? No importa. Lo hace lo mismo. Es el heroísmo del deber cumplido a la perfección. Y también demuestra la perfección del sentimiento, porque si uno no amase en Dios a uno que se sabe que es un delincuente, traidor, incorregible en sus sentimientos perversos, no podría amar a un delincuente tal.

Pero le ama porque experimenta el amor sublime que henchía mi corazón en la Cruz, cuando Yo no rezaba por los justos e invocaba, en cambio, el perdón del Padre para los que eran mis asesinos.

Es el amor que Yo quiero en ti para con todos los que te odian… ¡Si supieras qué milagros obra este amor que damos a nuestros enemigos irreducibles, a los inconvertibles! Son milagros directos, para ellos mismos –como fue el amor de Esteban por Saulo, ese amor que le obtuvo el encuentro Conmigo camino a Damasco-, o milagros indirectos.

El amor no se pierde. Ni siquiera una parte infinitesimal de amor, de esta moneda, de esta levadura, de este bálsamo que es el amor, queda sin dar frutos porque la recogen los ángeles, la nota Dios, sube al tesoro de los Cielos y allí -

¡oh, misteriosas operaciones de Dios!- sirve para adquirir, para hacer crecer y curar almas esclavas de Satanás, almas estáticas en su justicia apenas delineada, almas heridas y enfermas. El amor que ofrecemos por la conversión de quienes nos crucifican y que nos da frutos para ellos debido a su perversa voluntad, va a fecundar para la gracia otras almas, desconocidas en la Tierra y que, en cambio, serán conocidas en el Cielo.

Escúchame aún, para volver a Judas. He dicho: “Al que mucho ama, mucho se le perdona” 1 . Es verdad y es justo. Cuanto más uno ama, más merece el perdón del que ha sido ofendido. Pero también es exacto que quien más perdona, demuestra amar mucho. Y el que siempre lo perdona todo, lo perdona siempre, hasta la llegada de la hora del juicio, no sólo ama mucho, ama totalmente. Así amé a Judas de Keriot. Le amé totalmente. También a otros les amé así, especialmente a Juan. Mas era justo amarles así. Eran buenos, aun en sus (Lucas 7, 47.)  defectos, y me amaban con todas sus fuerzas. ¿Eran fuerzas mínimas, imperfectas? ¿Siguieron siéndolo hasta el final, hasta que el Espíritu Santo las renovó? No importa. Eran todas las fuerzas que tenían. ¡Pero a Judas!, ¡a Judas!, ¡amar a Judas!, ¡amar totalmente a Judas, aun no ignorando los mínimos repliegues de su tenebroso corazón!, ¡amarle porque está dicho “amarás a tu prójimo como a ti mismo”(2) ! Ves, alma mía, muchos repiten esta exhortación desde el púlpito, desde la cátedra, desde el altar y el confesionario… y creen conocerla bien porque dicen:

“El segundo mandamiento es amar al prójimo como a sí mismos”. Mas pocos, pocos maestros en el espíritu, a los muchos ignorantes en el espíritu hacen considerar un aspecto esencial del mandamiento de amor. Y es éste. Se ha dicho:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” sin aclarar si se trata de un prójimo bueno, de un prójimo malvado, de un prójimo dócil o indócil, de un prójimo afectuoso o llevado a odiar. No está aclarado. Se ha dicho: “Amarás a tu prójimo”. Le amarás por completo, si es bueno o malvado, con un amor gozoso o doloroso, pero siempre lo amarás todo a él.

Este amor que abarca a todo prójimo exige un espíritu cabal de misericordia, de mansedumbre, de humildad, ¡porque es difícil, sí, muy difícil amar a determinados prójimos! Hay que estar muy, muy, muy bien fundados en la caridad para poder hacerlo. Mas tampoco aquí os falta el modelo. He aquí vuestro Modelo: ¡soy Yo, Jesús! Imitadme y seréis perfectos, tal como Yo lo deseo para vuestro eterno gozo.

La horrenda y tenebrosa figura de Judas, que tan ampliamente he revelado en la Obra, no carecía de fin. ¡Por cierto no me he deleitado en ilustrar esa maraña de serpientes infernales! Mas os la he revelado porque, haciéndolo, también he revelado de qué modo los maestros en el espíritu y también todos los cristianos deben obrar respecto a los muchos Judas que pueblan la Tierra y que ningún hombre deja de encontrar en su jornada mortal…

Les digo a los maestros en el espíritu y a todos: “Imitadme en este perfecto amor y poseeréis un amor semejante al de Jesús, vuestro Maestro”>>.


Fuente; Cuaderno de 1947,  Maria Valtorta

jueves, 30 de marzo de 2023

¿QUIEN ES DI0S? Y ¿QUIEN ES EL HOMBRE? - Lectura ofrecida a todos los gobernantes, ciudadanos, y autoridades y religiosos.


 6 de septiembre de 1947

Dice Jesús:

<<Por lo general, cuando se explican los diez mandamientos se dice que

comienzan con los tres dedicados al culto de Dios, porque Dios tiene precedencia

y todo lo que es de Dios debe tenerla sobre todo otro ser o cosa. Es una

explicación justa, pero esta explicación común no es la única para aclarar el orden

dado a los diez mandamientos.

Siendo Dios la perfección, podía haber sido colocado en el vértice de la escala

ascensional de la perfección y podía dársele el culto y el honor cuando la criatura

se hubiera hecho digna de dárselos, tal como conviene, por ser ya “justa” en todas

las cosas de la Tierra. Mas, ¿crees que entonces habría sido posible honrar a Dios

y practicar su culto? Te lo digo Yo: no habría sido posible nunca. ¿Por qué te lo

digo, alma mía? Escúchame bien.

¿Qué es Dios? Es Caridad, Bondad, Sabiduría, Fuerza, Potencia. Es el Todo.

Es la Perfección.

¿Qué es el hombre? Es un alma prisionera en una carne anhelante y fuerte en

cuanto a los apetitos nocivos, débil en cuanto a las buenas intenciones, un alma

que, además del peso y las consecuencias del peso de la materia que la envuelve,

lleva el peso y las consecuencias de la culpa de Adán, mancha borrada, obstáculo

abatido para dejar lugar a la Gracia, pero culpa cuyos estímulos aún no están

sofocados, culpa embestida por los vientos del mundo y de Satanás. El hombre es

debilidad, egoísmo, ignorancia, impotencia, imperfección. Es todo esto a pesar de

los dones gratuitos de Dios porque, por lo general, tales potentes dones no son

utilizados por el hombre con una voluntad inteligente y amorosa. Por lo tanto,

quedan inertes, estériles. El hombre vuelve estériles estas potentes levaduras,

estas potentes medicinas, estos gérmenes potentes, con su apatía, con su

negligencia, con su incredulidad, o con el máximo mal, que es el odio hacia Dios.

Así el hombre aprisiona estos dones, los amordaza, los humilla, los pisotea, los

rechaza. Y, al hacerlo, rechaza también al Donador de los mismos: rechaza a

Dios, Uno y Trino.

Y, al separarse de Dios, el hombre es una nada, no es capaz de nada, porque la

unión con Dios es vida, porque la unión con Dios es potencia, porque la unión

con Dios es potencia, porque la unión con Dios es fortaleza, porque la unión con

Dios es sabiduría, porque la unión con Dios es templanza, es justicia, es

prudencia, es bondad, es misericordia, es caridad, o sea, es ser hijos de Dios que

tienen semejanza con el Padre en el espíritu y en las virtudes.

343Sin Dios, el hombre puede ser sólo un bruto salvaje o, más que un bruto, un

demonio, porque el bruto se deja dominar por el hombre, se domestica, se doblega

ante la potencia que se llama “hombre”, se doblega con amor o por amor –en los

brutos más desarrollados y domésticos- o con temor. El hombre ha convertido a

los animales, que al principio eran libres y salvajes, en sus súbditos y ayudantes y

también en amigos por cierto no despreciables. Muchos hombres tendrían qué

aprender de los animales amor, fidelidad, paciencia, obediencia. Luego, los

animales saben amar y obedecer, ser fieles. Muchas veces, los hombres no saben

doblegarse ante la potencia llamada Dios. Luego, son demonios, porque sólo los

demonios son perpetuos rebeldes.

He dicho que los hombres no saben doblegarse. ¡Oh, Dios no os impone

doblegaros ante Él! Os pide que os arrojéis en sus brazos paternos, no que os

dobléis bajo el bastón, el látigo, el yugo, las riendas, como los animales, sino bajo

el amor, bajo la caricia del amor de Dios. Os pide que os dobléis sobre su regazo

de Padre y que le escuchéis mientras os explica lo que está bien y subraya sus

palabras con caricias y gracias.

¿Por qué no hacéis lo que sabe hacer el animal hacia el que lo domestica o lo

ama? Comparado con el animal, es grande la potencia y perfección del hombre.

Pero la potencia y perfección de Dios es infinita respecto a ese átomo que es el

hombre, quien es grande respecto a los animales sólo gracias al alma, que le viene

de Dios, y puede llegar a ser grande también ante Dios sólo por cuanto sepa

engrandecer su alma, recreándola en la perfección.

Una vez hecha esta premisa, vayamos ahora a la lección sobre la sabia justicia,

sobre la bondad paterna de Dios al ordenar al hombre primero la perfección hacia

Dios, luego la perfección hacia el prójimo. Además de la justa regla de

precedencia hacia el Supremo en la práctica de su culto, el orden mantenido en

los diez mandamientos es debido a un perfecto pensamiento de amor paterno de

Dios hacia los hombres, que Él quiere que sean eternamente bienaventurados en

su Reino.

Cuando el hombre pone en práctica los tres primeros mandamientos ama a

Dios y, por eso, vive en Dios y Dios vive en él. Al ser tan “vivos” por la vida de

Dios que se comunica en la plenitud de sus dones al hijo en cuya intimidad habita,

los hombres, con su parte más agresiva (la humana), pueden llevar a cabo la

justicia. Reconocer a Dios por único Dios, honrarle, rezarle, no caer en idolatría,

no vituperar el Nombre Santísimo, son actos del espíritu y el espíritu, el alma,

siempre tiene una agilidad mayor para llevar a cabo lo que le es ordenado, lo que

344siente que es justo, lo que espontáneamente, instintivamente, siente que debe dar

a su Creador, que sabe que existe como Ente Supremo.

Ya te he explicado esto a su debido tiempo, respondiendo a las objeciones

acerca del “recuerdo que las almas tienen de Dios”. Pero la carne, ¡oh, la carne!,

¡es la bestia rebelde y golosa! Es la materia que más fácilmente es acicateada,

intoxicada e inflamada por la tentación, por el veneno, por el fuego de la serpiente

maldita. Y para saber resistir debe estar sostenida por un espíritu fuerte, fuerte por

su unión con Dios.

Lo he dicho: “Si no sabéis amar a Dios, ¿cómo podéis amar a vuestro

hermano? Si no amáis al Bueno en absoluto, al Benefactor, al Amigo, ¿cómo

podréis y sabréis amar a un semejante vuestro que sólo raramente es bueno,

benéfico, amigo?”. Desde un punto de vista humano, del hombre-animal a

hombre-animal, no podríais hacerlo. Sin embargo, si no amáis al prójimo, no

amáis a Dios y, si no amáis a Dios, no podéis entrar en su Reino.

Es por eso que, entonces, el Santísimo Padre os enseña a amarle primero a Él.

Como un Maestro enormemente sabio primero os instruye, os cría y fortalece en

el amor dándose a vosotros Él mismo, el siempre Bueno, para que lo améis.

Luego, después que el amor os ha unido a Él y ha establecido en vosotros la

morada de Dios, os impulsa a amar a los hermanos, al prójimo y, para fortaleceros

cada vez más en el dulce pero difícil amor al prójimo, indica al padre y a la madre

como primer prójimo para ser amado por vosotros. El hombre que, después que a

Dios, sabe amar con perfección al padre y a la madre, más tarde sabrá contener

con facilidad su violencia hacia el prójimo, ya sea éste ladrón, fornicador, perjuro,

ya sea que envidie la mujer y los bienes ajenos. ¿Has comprendido, alma mía, la

razón de amor que tuvo Dios en la disposición de los 10 mandamientos? Quiso

ayudaros, daros el modo de estar con Él y Él en vosotros, para que esta unión os

dé un espíritu tan fuerte que salga victorioso siempre sobre la carne, el mundo, el

demonio, y para que esta victoria llegue al triunfo del Cielo, al gozo de Dios, a la

vida eterna, al tiempo y al lugar maravilloso donde ya no hay luchas ni órdenes,

donde la fatiga y el dolor han sido superados por completo, y hay sólo paz, paz,

paz.

La misma paz que te dono, alma mía, para sostener tu sufrimiento y anticipar

la que te espera allí, donde Yo estoy con el Padre y el Espíritu Santo, con María y

los Santos>>.


Fuente; Cuaderno del año 1947, Maria Valtorta

LOS ÁNGELES CUSTODIOS


 16 de julio de 1947

Dice San Azarías:

<<La gente cree que la misión del ángel de la Guarda termina cuando muere el

que dicho ángel custodia. No siempre es así. La misión cesa, y es lógica

consecuencia, cuando muere el pecador impenitente y esto es un supremo dolor

para el ángel custodio del que no se arrepintió. En cambio, muda en jubilosa y

eterna gloria cuando muere un santo, que pasa de la Tierra al Paraíso sin pausas

purgativas. Y para los que pasan de la Tierra al Purgatorio para expiar y

purificarse, la misión continúa tal cual, como protección que intercede por quien

le ha sido confiado y al que ama. Entonces nosotros, los ángeles custodios,

rezamos con caridad por vosotros ante el trono de Dios y, junto con nuestras

oraciones de amor, presentamos los sufragios que os dedican parientes y amigos

en la Tierra.

¡Oh!, no puedo decir totalmente todo lo vivo, activo, dulce, que es el vínculo

que aún nos une a vosotros, los purgantes. Como madres que atisban el regreso de

la salud en un hijo que estuvo enfermo y ahora está convaleciente, como esposas

que van contando los días que las separan de la reunión con el esposo prisionero,

así estamos nosotros. Ni siquiera por un instante dejamos de observar la amorosa

Justicia divina y vuestras almas y vuestras almas que se purifican entre las llamas

del amor. Y nos colmamos de júbilo, al ver el Amor cada vez más apaciguado con

ellas y a ellas cada vez más dignas de su Reino. Y cuando la Luz nos ordena:

“Quítale de allí para traerle aquí”, más veloces que una flecha nos precipitamos

para llevar un trocito de Paraíso, que quiere decir fe, esperanza, consuelo para los

334que aún permanecen expiando, allí en el Purgatorio, y estrechamos a nosotros el

alma amada por la que hemos obrado y sufrido, y subimos con ella mientras

vamos enseñándole el hosanna paradisíaco.

Los dos instantes dulces en la misión de los Custodios, o mejor, los más

dulces, son: cuando la Caridad nos dice: “Desciende porque ha sido engendrado

un nuevo hombre y debes velar por él como sobre una gema que me pertenece”, y

cuando podemos subir con vosotros al Cielo. Mas el primero es menos dulce que

el segundo. Los demás instantes de júbilo son vuestras victorias sobre el mundo,

sobre la carne y el demonio. Y así como temblamos por vuestra fragilidad desde

el momento en que os tomamos bajo nuestra custodia, del mismo modo siempre

palpitamos tras una victoria vuestra, porque el Enemigo del Bien vigila siempre

para abatir lo que construye el espíritu. Por eso, el instante en que entramos con

vosotros en el Cielo es jubiloso y perfecto en ese júbilo, pues nada puede destruir

lo que ya se ha cumplido.

Y ahora, alma mía, contesto a tu íntima pregunta: si Dios está contento de que

en tu casa haya otro Custodio. ¡Oh, tú! Que nunca nos haces preguntas pero que,

sin embargo, tienes abierto tu espíritu, donde tu deseo escribe a veces sus

interrogantes más fuertes sin que tú misma lo sepas, sin que tu voluntad –obligada

a no preguntar por el digno respeto, que muy pocos tienen, por lo Sobrenatural

que se inclina a vosotros- intervenga, debes saber que es dulce responder a quien

es como tú y poder consolarte, ¡oh, alma amada por Dios y atormentada por los

hombres!

Sí, Dios está contento. Está contento porque en tu casa hay un ángel que está

contento por velar sobre un alma apenas creada, una gema de Dios, y contento

también porque Jesús es el que amaba a los niños… lo demás se lo digo a tu alma,

y que quede entre nosotros como un secreto tan bello que es inútil revelárselo al

mundo que no sabe comprender los gozos de Dios y de las almas de Dios>>.


20 de agosto de 1947

Prosiguiendo sus explicaciones acerca de los Ángeles Custodios (la otra es del

16 de julio de 1947), San Azarías dice ;

<<Otra acción del Ángel Custodio es la de ser constante y maravillosamente

activo sea ante Dios –cuyas órdenes escucha y a quien ofrece las buenas acciones

de su protegido, presenta y apoya las súplicas, intercede en sus penas- sea ante el

hombre al que, sobrenaturalmente, hace de maestro guiándole en la correcta

senda, sin pausas, con inspiraciones, luces, atracciones hacia Dios.

¡Oh!, nuestros fuegos, que son los fuegos de la Caridad que nos ha creado y

que nos acomete con sus ardores, los dirigimos hacia nuestros custodiados, así

como hace el sol con el terrón que encierra una semilla para entibiarlo y hacerlo

germinar, y luego con el tallo para fortalecerlo y volverlo tronco y planta robusta.

Con nuestros fuegos os consolamos, os calentamos, os fortalecemos, os

iluminamos, os enseñamos, os atraemos al Señor. Si luego el hielo obstinado del

alma y su obstinada dureza no se deja penetrar y vencer por nosotros; si la

caritativa armonía de nuestras enseñanzas no sólo no es acogida sino que, por el

contrario, es rehuida para seguir en cambio la fragorosa música infernal que

desconcierta y enloquece, no es culpa nuestra. Nuestro es el dolor por haber

fallado en nuestra acción de amor sobre el alma, a la que, después que a Dios,

amamos con todas nuestras capacidades.

Por lo tanto, estamos siempre junto a nuestro custodiado, tanto si es un santo

como un pecador. Desde que el alma se infunde en la carne hasta que el alma se

separa de la carne, estamos junto a la criatura humana que el Altísimo Señor nos

ha confiado. Y la idea que todo hombre tiene junto a sí a un ángel, tendría que

ayudaros a amar a vuestro prójimo, a soportarle, a acogerle con amor, con

respeto, si no por sí mismo, por el invisible Azarías que está en él y que por ser

ángel, merece respeto y amor siempre.

339¡Cuánto más buenos seríais siempre con vuestro prójimo si pensarais que cada

acción vuestra hacia dicho prójimo está presidida y observada, además que por el

Ojo omnipresente de Dios también por dos espíritus angélicos que gozan o sufren

por lo que hacéis! Considerad esto: acogéis a una persona, la celebráis o la

mortificáis, la ayudáis o la rechazáis, pecáis con ella o la quitáis del pecado, os

enseña o le enseñáis, la beneficiáis o sois beneficiados por ella… y dos ángeles, el

vuestro y el suyo, están presentes y ven no sólo vuestras acciones evidentes sino

también la verdad de vuestras acciones, es decir, si las cumplís con verdadero

amor o con fingido amor o con rencor, con cálculo, etc.

¿Dais una limosna? Los dos ángeles ven cómo la dais. ¿No la dais? Los dos

ángeles ven el verdadero motivo por el cual no la dais. ¿Hospedáis a un peregrino

o le rechazáis? Los dos ángeles ven cómo le hospedáis, ven lo que espiritualmente

es verdadero en vuestra acción. ¿Visitáis a un enfermo? ¿Aconsejáis a quien tiene

dudas? ¿Consoláis a un afligido? ¿Honráis a un difunto? ¿Atraéis a la justicia a un

extraviado? ¿Dais una ayuda al que tiene necesidad? De todas las obras de

misericordia son testigos los dos ángeles: el vuestro y el del que recibe, o no

recibe, vuestra misericordia.

¿Llega alguien para visitaros o para molestaros? Pensad siempre que no lo

recibís a él sino también a su ángel. Y, por eso, tened caridad siempre; porque

también un delincuente tiene a su ángel y el ángel no se vuelve delincuente si su

custodiado lo es. Por eso, acoged con amor a quien quiera, aunque sea con un

amor prudente y reservado, a la defensiva; aunque sea con un amor severo, para

hacer comprender a vuestro prójimo que os visita que su conducta es digna de

reproche, que os duele que así sea y que debe cambiarla, no tanto para

complaceros, sino para complacer a Dios. Acoged con amor, porque si rechazáis

al hombre que os es antipático o indeseable, o inoportuno en ese momento, o que

sabéis que es pérfido, con él rechazáis también al huésped invisible pero santo

que está con él y que debería haceros grato todo visitante, porque cada prójimo

que llega a vosotros trae a vuestra casa o a vuestro lado al ángel que vela por él.

¿Tenéis que vivir junto a quien no os gusta? Ante todo no juzguéis. No sabéis

juzgar, el hombre juzga con justicia sólo muy de tarde en tarde. Mas, aún si

juzgáis con justicia, basándoos en elementos positivos y examinados sin

prevenciones y rencores humanos, no faltéis a la caridad porque no faltaréis

solamente hacia vuestro prójimo, sino también hacia el ángel custodio de dicho

prójimo. Si supierais razonar así, cuánto más fácil os resultaría superar antipatías

y rencores, y amar, amar, cumplir las obras que harán que Jesús, Señor y Juez, os

diga: “Ven a mi derecha, ¡oh tú, bendito!”.

340¡Vamos, haced un pequeño esfuerzo, haced siempre esta continua reflexión:

Ved con los ojos de la fe al ángel custodio que está junto a todo hombre, y obrad

siempre como si cada una de vuestras acciones fuera hecha hacia el ángel de Dios

que testimoniará ante Dios. Os aseguro que el ángel custodio de cada hombre,

junto con el vuestro, le dirá al Señor: “Altísimo, este fue siempre fiel a la caridad,

amándote siempre a Ti en el hombre, amando el mundo sobrenatural en la

criaturas, y por ese amor espiritual soportó ofensas, perdonó, fue misericordioso

con todos los hombres, a imitación de tu Hijo dilecto, cuyos ojos humanos,

aunque miraran a sus enemigos, con la ayuda de su espíritu santísimo veían junto

a ellos a los ángeles, a sus ángeles afligidos, y les honraba ayudándoles en el

propósito de convertir a los hombres para glorificarte con ellos a Ti, ¡oh,

Altísimo! Y salvar del mal al mayor número posible de criaturas.

Yo quiero que tú, -que te alegras porque el Señor al venir aquí encuentra en

adoración a un ángel más- creas en mis palabras así como crees en la presencia

del ángel del que va a nacer y te comportes con todos los que vienen a ti, o con

quienes tienes contactos de cualquier tipo, tal como te he dicho, es decir,

pensando en el ángel custodio de los mismos para superar cansancios y desdenes,

amando a todas las criaturas con justicia para hacer algo que es grato a Dios y que

honra y ayuda al angélico custodio.

Alma mía, medita acerca del modo en el que os honra el Señor y en que

nosotros os honramos y cómo os ofrecemos el modo de ayudarnos –a Él, el

Divino, y a nosotros, sus ministros espirituales- para volver a encaminar por la

justa senda a un prójimo vuestro con la palabra adecuada y, sobre todo, con el

ejemplo de una conducta firmemente radicada en el Bien. Digo firmemente

radicada, o sea, que no se doblega ante indulgencias y compromisos para no

perder la amistad de un hombre y cuya única premura consiste en no perder la

amistad de Dios y de sus ángeles. A veces será doloroso tener que ser severa para

que no sean pisoteadas por un hombre la gloria de Dios y su voluntad. Puede que

te procuren desaires e indiferencia. No te preocupes. Ayuda al ángel de tu prójimo

y también a éste le encontrarás en el Cielo.

Fuente: Cuaderno del año 1947, Maria Valtorta