sábado, 3 de diciembre de 2011

EXISTENCIA SOBRE EL INFIERNO


¿HA VENIDO ALGUIEN DESDE EL INFIERNO ALGUNA VEZ PARA DECIRNOS COMO ES?


La respuesta a la pregunta del título de este artículo es un enfático "¡sí!"
San Pedro de Jeremías, un dominico que estaba estudiando leyes en la Universidad de Bolonia, y se encontraba a punto de recibir su doctorado, cuando, una noche, oyó un fuerte golpe en la ventana de su habitación. Como estaba en el tercer piso del edificio, no entendió que pudo causar los golpes. Un sentimiento de temor se apoderó de él.
Como los golpes persistían, gritó: "¿Quién está golpeando?"
Inmediatamente, una voz respondió: "Pedro, soy yo, tal-y-tal, tu pariente. Después de haber recibido mi doctorado en leyes, me hice un famoso abogado. Para mi desgracia, me encargué de la defensa de causas injustas para adquirir honor y riquezas a expensas de mi conciencia. Y luego me he encontrado a mi mismo sin un abogado que me defendiese ante Dios. Estoy condenado; ¡Estoy condenado por toda la eternidad! Dios me ha enviado para darte este aviso.
Huye, huye de los tribunales de los hombres si deseas ser absuelto ante el tribunal de Dios!"
Horrorizado, Pedro decidió cambiar la dirección de su vida. Hizo un voto de castidad y tras rezar para pedir luces para su espíritu, entró en la Orden de los Dominicos. Tras su muerte, a causa de su santidad y milagros, fue beatificado.
Esta historia real está relatada en el Anuario Dominico Sobre Hechos de los Santos.

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