martes, 1 de enero de 2013

LA ORACIÓN


Dice Jesús :
«La oración es algo bueno y santo, también es bueno meditar y estudiar la Sabiduría. Pero
no hay nada más útil para el hombre que un conocimiento: estar convencido de Dios.
Cuando uno ha conocido verdaderamente quién es el Señor, ya no se equivoca más, sabe
orar no con un movimiento maquinal de labios de los que brotan serios propósitos de
bondad, de perdón, de continencia, de humildad, sino con verdadera adhesión a Dios, con
verdadero propósito de practicar cada vez mejor la Ley para ser bendecido por Dios.
Cuando uno ha conocido quién es el Señor, posee para siempre la Ciencia, la Riqueza, la
Fuerza, que dan la verdadera Gloria que no muere para siempre y que agrada a Dios.
Vosotros hacéis oraciones y oraciones en estos tiempos . Pero no sirven como debieran.
¡No penséis que vuestro Dios haya cambiado su Naturaleza de infinita Bondad y de
Paternidad perfecta! Es que le presentáis oraciones contaminadas de demasiadas cosas.
Despojaos de la triple vestidura que oprime vuestro espíritu y lo contamina. Fuera la
hipocresía, el odio, la lujuria. Habría que quitar más cosas. Pero éstas son las más viles a
mis ojos. Y sois hipócritas cuando venís a Mí con funciones religiosas que cumplís con
sentido humano y no sobrenatural.
¿Pero a quién queréis engañar? ¿A Mí? ¡Oh infelices! Podréis engañaros entre vosotros,
mostrando un rostro de religión, mejor dicho, una máscara sobre el verdadero rostro que es
de irreligión, porque Religión quiere decir obediencia a los deseos y a la voluntad de Dios, y
vosotros en las grandes y en las pequeñas cosas desobedecéis a Dios. Podréis engañaros
entre vosotros, pero a vuestro Dios no le engañáis.
¿Qué dirías, María, si uno te ofreciera un ramo de flores o un plato de fruta todo sucio o
picado? Que haría mejor no ofreciéndotelo porque te repugna y te ofende. Así es: Yo digo lo
mismo de la mayoría de vuestras oraciones.
Odiáis. Seguro. Odiáis. Y tenéis el espíritu tan pesado que ni siquiera os dais cuenta de
estar llenos de hastío y de egoísmo hacia todos. Pero ¿qué os he dicho Yo? "Si cuando vas
a orar te sobreviene el haber ofendido al hermano o que éste tiene algo en su corazón contra
ti, reconcíliate antes con él y después ven". Condición esencial para ser escuchados es el no
tener en el corazón el odio que mata el amor. ¿Cómo podéis venir a Mí, que soy
Misericordia, cuando no sois misericordiosos? ¿Cómo podéis juzgar y pensar que Yo, que
soy Justicia, no os juzgue? ¿No veis que conservando odio hacia quien os daña -y no fue
quizás el primero, sino que el primero fuisteis vosotros- no veis que vosotros mismos os
condenáis?
Sois lujuriosos. ¡Cuánta lujuria: de la carne, de la mente, del corazón, se propaga sobre el
mundo brotando de vosotros como caños de fuente que se originan allá en lo hondo donde
reina el Enemigo! Es un diluvio, no querido por Dios, sino por Satanás, a quien os habéis
prestado, que se vuelca sobre la tierra y os aplasta la Luz, la Verdad, la Vida. Y Luz, Verdad
y Vida, como paloma que no ama el fango podrido, se retira a los Cielos, descendiendo
velozmente de ellos para recoger el vuelo sobre pocas criaturas que como cimas de
montañas emergen sobre el lodo que os deshonra.
Mi amado Hijo ha interrumpido su morada entre los hombres por los mismos hombres.
Escuchadlo, vosotros que aún lo sabéis hacer, vosotros que resistís la ola corruptora porque
Nos amáis. En Él está la salvación, porque Él es el eterno Redentor, y los méritos infinitos de
su infinito dolor obran para siempre. Mas vosotros los esterilizáis bajo el corrosivo mal
satánico del que estáis llenos. Más aún que su Sangre sobre los hebreos, este destruir
vuestro en vosotros los efectos de su Sangre con el pecado, que amáis como vuestra vida de
un momento, os condena y os hace dignos de mi castigo.
Sois corazones incircuncisos. No sabéis, no queréis poner anillo de triple penitencia al
corazón que habéis quitado a Dios y habéis dado al Enemigo de Dios y del género humano.
Esto es lo necesario para que Yo intervenga: arrepentiros y hacer penitencia. Sin estas dos
cosas toda oración vuestra, todo acto religioso vuestro es mentira y ofensa que hacéis a
Dios.
Y si el Espíritu de Amor no puede obrar ya en vosotros los prodigios del amor porque
vuestro obrar neutraliza su acción, y si el Verbo del Padre no puede obrar ya los milagros de
su Sangre y de su Palabra porque en vosotros hay fuerzas contrarias, el Padre, el Señor
Dios, siempre puede agitar sobre vosotros el flagelo del castigo y defender en Sí a las tres
Personas Divinas demasiado, demasiado, demasiado ofendidas por la humanidad».

TODA LA HUMANIDAD ES PECADORA MENOS UNA


Dice Jesús:
«Se lee en el Libro: "Él (el impío) será conducido al sepulcro y velará entre la multitud de
los muertos: grato para los guijarros de Cocito arrastrará tras sí a todos los hombres y ante sí
una muchedumbre innumerable".
Toda la humanidad es pecadora. Sólo una criatura no ha gustado, no digo el amargo
sabor, sino incluso digo: el amargo olor, del pecado. Y fue María, mi dulcísima Madre,
Aquella que no me hizo añorar el Paraíso dejado para hacerme carne entre vosotros y redi-
mir vuestra carne, porque en María Yo encontraba los eternos candores y los
resplandecientes amores que están en el Cielo. En Ella el Padre que la mimaba como la
Perfecta entre las criaturas, en Ella el Espíritu Santo que la penetró con su Fuego para hacer
de la Virgen la Madre, alrededor de Ella las cohortes angélicas adorando a la Trinidad en una
criatura.
¡El seno de María! ¡El corazón de María! No. La mente más arrebatada en Dios no puede
bajar hasta la profundidad, o levantarse hasta el vértice de estas dos perfecciones de pureza
y amor. Yo os las ilumino, las ilumino a los más queridos entre los queridos. Pero sólo
cuando estéis donde está la Ciencia perfecta, entenderéis a María.
Toda la humanidad es pecadora. Pero existe el pecador únicamente pecador, y existe el
impío, es decir, aquel que lleva el pecado a una perfección demoníaca. Porque, en el Mal, el
Demonio sabe alcanzar la perfección, y sus discípulos más fieles no son menos que su
maestro.
Te lo he dicho ya: "Lucifer se esfuerza por imitar a Dios, en el mal naturalmente. Asume
136las formas, diré así, de vida y de corte que ha tenido el Hijo de Dios. El demonio toma la
actitud de Cristo, y como Cristo tiene apóstoles y discípulos. Entre ellos escogerá el perfecto
para hacer de él el Anticristo. Por ahora estamos en el período preparatorio de los
precursores del mismo". Esto ya lo he dicho .
El impío será conducido al sepulcro. Es natural. Lucifer puede dar todas las ayudas a sus
predilectos, a sus fieles, a sus esclavos, pero no la inmunidad de la Muerte, porque sólo Yo
soy Vida y sólo Yo he vencido la Muerte. Por ello, cuando la suma del mal cometido por el
impío está cumplida, Yo doy orden a la Muerte de tomar posesión de aquella carne. Esa
carne conoce por esto el horror del sepulcro. y para el impío será verdadero sepulcro.
Para los buenos, para los redimidos, para los perdonados no es tal, porque creen y saben
en base a la fe. Aquél es el lugar donde el vestido mortal vuelve a su naturaleza de polvo,
desencarcelando al espíritu en espera de la hora en que lo que fue creado se reforme para
entrar en la gloria o en la condenación con la perfección de creación que Dios creó para el
hombre: es decir con la unión de un espíritu a una carne. Espíritu inmortal como Dios su
Creador y Padre, carne mortal como formada por un animal terreno, rey de la tierra, heredero
del Cielo, pero que demasiado a menudo prefiere la tierra al Cielo y es animal no tanto
porque esté dotado de "alma" sino porque vive la misma animalidad, y a veces más, que los
animales propiamente dichos.
Las almas, separadas de los cuerpos, tienen tres moradas. Y las tendrán hasta que no
queden más que dos, después del Juicio que no errará. Los bienaventurados gozan
inmediatamente del eterno reposo. Los purgantes activamente cumplen su expiación
pensando en la hora de la liberación en Dios. Los condenados se agitan en la rabia del bien
perdido. No, que tanto menos reposo encuentran en su terrible tortura, cuanto más impíos
han sido.
Pero el Impío, que con su impiedad ha arrastrado a otros a la impiedad y empujado a otros
al pecado, (he aquí los hombres y las muchedumbres de las que habla el Libro), será como
una torre insomne en un mar en tempestad. Ante sí la muchedumbre de los matados (en el
alma) por él, ante sí el recuerdo vivo de tantos homicidios de almas por él cometidos, y el
remordimiento, que no da paz a quien mata, desde el día en que Caín derramó la sangre de
su hermano, lo flagelará más atrozmente que los flagelos infernales.
Velará sobre su Delito, que se lanzó contra Dios en las criaturas de Dios y que como fiera
enfurecida llevó destrucción a las almas. ¡Qué tremendo tener ante sí la prueba del mal
hecho! ¡Castigo añadido a los castigos! Horror sin número como sin número son las culpas
del Impío entre los pecadores.
Pero ahora, María, para consolación de tu corazón que se abate ante desgarros de otro
mundo donde no reina el Amor sino el rigor de Dios, alza el espíritu escuchando esta palabra
toda para ti y para las almas como tú.
¿Sabes lo que representan para Mí los corazones dados al Amor? Mi Paraíso sobre la
tierra. Sois vosotros los que traéis un trocito de cielo a este pobre mundo, y sobre ese trocito
apoya los pies el Hijo de Dios para venir a encontrar sus delicias entre los hijos del Padre.
Abre el corazón a tu Jesús. Y dame tu corazón. Dónalo del todo a Mí. Lo quiero. Como
Médico y Amigo del espíritu y de la carne, como Esposo y Dios que te ha elegido por tu fe y
por tu audaz sentimiento de amor».

¿QUIENES TEMEN LA MUERTE? -parte 2


Dice Jesús:
«Esta ira de las naciones es el signo precursor de mi ira, porque así debe suceder. Hora
penosa, pobres hijos míos que la padecéis, pero es inevitable que exista porque todo debe
estar cumplido, de Bien y Mal, sobre la Tierra antes de que llegue mi hora. Entonces diré:
"Basta" y vendré como Juez y Rey para asumir también el reino de la tierra y juzgar los
pecados y los méritos del hombre.
Cuando leéis en el libro de Juan las palabras: "la hora de juzgar a los muertos" pensáis
que se refiera a los que, incluso desde hace siglos, ya han cruzado a otras esferas de
misterio que será conocido sólo cuando uno será introducido. Sí. Muerte quiere decir
transmigración del alma a otras zonas distintas de la tierra. Pero hay un sentido más amplio
en la palabra de Juan: los muertos de que habla pueden estar incluso vivos, según la carne,
pero en verdad ser, a los ojos de quien ve, Muertos.
Son los grandes Muertos, porque no habrá ninguna resurrección para ellos. Muertos a
Dios no tendrán nunca más, para siempre, el bien de poseer la Vida, es decir, a Dios, ya que
Dios es Vida eterna.
Igualmente, con sentido más amplio del que pueden suscitar las simples palabras, los
profetas, los siervos, los santos de que habla Juan, simbolizan, bajo esas tres
denominaciones, a todas las criaturas que han sabido vivir en el espíritu.
Cuántas humildes viejecitas, cuántos pobres niños, cuántos sencillos e incultos hombres,
cuántas mujeres analfabetas, desconocidas a las muchedumbres, están escondidas y
comprendidas en las palabras: profetas, siervos, santos. De señalarlas al mundo éste reiría.
Pero en verdad, en verdad os digo que es más profeta, siervo y santo mío, uno de estos
pobres, según la carne, que un docto soberbio, un gran presuntuoso, un mismo ministro mío,
en los que falte aquello que os hace santos a mis ojos: saber vivir según mi Palabra y saber
hacer mi Voluntad con fe, con caridad, con esperanza constantes.
Mi sonrisa a mis bienaventurados en la hora de mi venida como Rey y Juez encenderá un
sol siete veces mayor que el sol común y resplandecerán mis cielos de él, mientras los coros
angélicos cantarán mis alabanzas y las de mi siervos que tendrán en aquella hora,
proclamadas por Mí, contra el mundo necio y ciego, sus virtudes que les hacen hijos míos.
Pero para los que tales no son, y especialmente para los que con su actuar han llevado a
perdición a la tierra y a los débiles de la tierra, mi mirada será fulgor que precipita en el
abismo, ya que es inevitable que exista el Mal, pero malditos para siempre los que se hacen
siervos y administradores del Mal».
Éste es el comentario a los versículos 17-18 del capítulo 11° del Apocalipsis, como me lo
comenta Jesús.)

¿QUIENES TEMEN LA MUERTE?


Dice Jesús:
«Temen la muerte quienes no conocen el amor y no tienen la conciencia tranquila. ¡Y son
la mayoría! Éstos, cuando por enfermedad o por edad o por cualquier otro hecho, se sienten
amenazados por la muerte, temen, se afligen, se rebelan. Intentan también, con todas las
fuerzas y medios, huir de ella. Inútilmente, porque cuando la hora está señalada ninguna
precaución sirve para hacer retroceder a la muerte.
La hora de la muerte siempre es justa porque es dada por Dios. Sólo Yo soy el Dueño de
la vida y de la muerte y si bien no son míos ciertos medios de muerte, usados por el hombre
por incitación demoníaca, siempre son mías las sentencias de muerte, dadas para quitar a un
alma de demasiado tormento terreno o para impedir mayores culpas de aquella alma.
Ahora observa: el don de la vida, de una larga vida, ¿por qué puede ser dado por Mí? Por
dos motivos.
El primero: porque la criatura que goza de él es un espíritu iluminado que tiene misión de
faro para otros espíritus aún envueltos en las nieblas de la materialidad. Muchos de mis
santos han llegado a la ancianidad precisamente por esto. Y sólo Yo sé cómo anhelaban en
cambio venir a Mí.
Segundo: doy larga vida para proveer el medio, todos los medios, a una criatura informe
para formarse. Estudios, amistades, encuentros santos, dolores, alegrías, lecturas, castigos
de guerras o de enfermedades, todo viene dado por Mí para tratar de que un alma crezca en
mi Edad que no es como la vuestra. Porque Yo quiero decir que crecer en mi Edad quiere
decir crecer en mi Sabiduría, y se puede ser adultos en mi Edad teniendo la edad de niños
en la vuestra, o viceversa ser niños en mi Edad teniendo cien años en la vuestra. Yo no miro
la edad de vuestra carne que muere: miro vuestro espíritu, ¡y quisiera que fuerais espíritus
que saben caminar, hablar, actuar seguros, y no balbucientes, tambaleantes e incapaces de
hacer como niños!
Esto explica el por qué Yo diga mi "Basta" muy rápidamente para criaturas que encuentro
adultas en la Fe, en la Caridad, en la Vida. Un padre desea siempre reunirse con sus hijos y
¡con cuánta alegría, terminada la educación o el servicio militar, les estrecha contra su
corazón! ¿Hará de otro modo el buen Padre que tenéis en los cielos? No. Cuando ve que
una criatura es adulta en el espíritu, arde por el deseo de tomarla consigo y si, por piedad del
pueblo, deja algunas veces a sus siervos sobre la tierra a fin de que sean imán y brújula para
los demás, otras no resiste y se da la alegría de poner una nueva estrella en el Cielo con el
alma de un santo.
Son dos atracciones y dos aspiraciones que vienen de un agente único: el Amor. El alma,
aquí donde tú estás, atrae a sí a Dios, y Dios desciende a encontrar sus delicias junto a la
criatura amante que vive de Él. El alma aspira a subir para estar eternamente y sin velos con
su Dios. Dios, desde el centro de su ardor, atrae a Sí al alma así como el sol atrae la gota de
rocío, y aspira a tenerla junto a Sí, gema encerrada en su triple fuego que da la
Bienaventuranza.
Los brazos levantados del alma encuentran los brazos tendidos de Dios, María. Y cuando
se tocan, se rozan velozmente, es el éxtasis sobre la tierra; cuando se aprietan
duraderamente es la Bienaventuranza sin fin del Cielo, de mi Cielo que he creado para voso-
tros, amados míos, y que me dará un sobreabundar de alegría cuando esté colmado de
todos mis dilectos.
¡Qué eterno día de inmensurable alegría, de nosotros que nos amamos: Nosotros, Dios
Uno y Trino; y vosotros, los hijos de Dios!
Pero los que para su desgracia no han entendido mi Amor, no me han dado su amor, no
han entendido que sólo una ciencia es útil: la del Amor, para aquellos la muerte es temor.
Tienen miedo. Más miedo tienen aún si sienten que han actuado poco bien o mal del todo.
La boca mentirosa del hombre -porque raramente la boca del hombre dice la verdad tan
bella y bendita, la verdad que Yo, Hijo de Dios y Palabra del Padre, os he enseñado a decir
siempre- la boca mentirosa del hombre dice, para engañar y consolar a sí mismo y engañar a
los demás: "Yo he actuado y actúo bien". Pero la conciencia, que está como un espejo de
dos caras bajo vuestro yo y bajo el ojo de Dios, acusa al hombre de no haber actuado y de
no actuar para nada bien, como proclama.
.
Por lo tanto un gran miedo les oprime: el miedo del juicio de Aquél a quien los
pensamientos, los actos, los afectos del hombre, no le están ocultos. Pero si me teméis tanto
como Juez, oh desgraciados, ¿por qué no evitáis tenerme como Juez? ¿Por qué no me ha-
céis vuestro Padre? Pero si me teméis, ¿por qué no actuáis según mis órdenes? ¿No me
sabéis escuchar cuando os hablo con voz de Padre que os guía, hora tras hora, con mano de
amor? Pero al menos obedecedme cuando os hablo con voz de Rey. Será obediencia menos
premiada, porque es menos espontánea y dulce a mi Corazón. Pero será siempre
obediencia. Y ¿por qué entonces no la hacéis?
La muerte no se evita. Bienaventurados los que vendrán en aquella hora con vestiduras
de amor al encuentro de Aquel que llega. Plácida como el tránsito de mi padre de la tierra,
que no conoció sobresaltos porque fue un justo que no tenía en su vida ningún reproche, así
será la muerte de éstos. Gozosa como el sueño de mi Madre que cerró los ojos en la tierra
sobre una visión de amor, ya que de amor fue toda su vida que no conoció pecado, y los
abrió en el Cielo despertándose sobre el Corazón de Dios, así será el fin de los amantes.
¿Sabes, alegría mía, que bonito será también para ti? Esta mañana, cuando Yo Eucaristía
venía, tu has tenido un sobresalto de éxtasis porque me has visto darte a Mí mismo. Pero
esto no es nada. Un granito de éxtasis puesto en tu corazón. Uno sólo, para no destruirte,
porque lo has notado... has creído morir en la emoción. Pero cuando sea el momento verteré
un río de alegría, porque no será ya necesario mantener tu vida humana y nos iremos juntos.
Ánimo, aún un poco de dolor por amor de tu Jesús y después tu Jesús abolirá para ti el
dolor para darte a Sí mismo, completamente, a Sí mismo, alegría sin medida»

9 de agosto de 1943 del cuaderno de la vidente María Valtorta dictado por nuestro Señor Jesucristo.

lunes, 31 de diciembre de 2012

DOS REFLEXIONES QUE HAY QUE HACERSE SIEMPRE


31 de diciembre de 1943 a la vidente María Valtorta.
Dice Jesús:
«Dos reflexiones que hay que hacerse siempre, y aún más ahora que vuestros corazones,
bajo el flagelo del demonio, son llevados a vacilar en la duda, primer paso hacia la
desesperación. Eso es lo que quiere Satanás. A él no le importan tanto las ruinas materiales
que produce, sino los efectos espirituales que éstas tienen en vosotros. Por eso conviene
que Yo, Maestro, os repita una vez más 1 la lección acerca del modo de comportarse para
merecer.
Dice Marcos en el capítulo 62 de su Evangelio, versículo: "Y no podía (Jesús) hacer algún
milagro y sólo curó a algunos enfermos".
Con cuánto amor había ido a mi patria, sólo puede comprenderlo quien piensa en la
perfección del Hombre Dios, que ha sublimado las pasiones humanas haciéndolas santas
como convenía a su naturaleza. Dios no niega ni prohíbe vuestros sentimientos cuando ésos
son, honestos y santos. Condena únicamente aquellos que erróneamente llamáis
En la monumental obra sobre la vida del Señor
sentimientos pero que en realidad son perversiones.
Yo, pues, amaba mi patria, y en ella, con especial amor, mi pueblo. A Nazaret, de donde
había partido para evangelizar, regresaba mi corazón cada día con pensamiento de amor y
también volvía Yo, porque habría querido socorrerla y santificarla, a pesar de que supiera
que estaba cerrada y hostil conmigo. Si prodigué por doquier la potencia del milagro, en
Nazaret habría querido que esa potencia no dejase sin resolver ningún caso de enfermedad
física, de enfermedad moral, de enfermedad espiritual, habría querido consolar cada miseria,
iluminar cada corazón.
Pero la incredulidad de mis paisanos estaba contra Mí. Por eso el milagro les fue
concedido sólo a aquellos pocos que se acercaron a Mí con fe y sin soberbia de juicio.
Vosotros me acusáis muchas, muchas veces, de que no os escucho y no os satisfago.
Pero examinaos, hijos. ¿Cómo venís a Mí? ¿Dónde está en vosotros esa fe constante,
absoluta, semejante a la de un niño inocente que sabe que el hermano mayor, el padre
amoroso, el abuelo paciente pueden ayudarle y contentarle en sus necesidades infantiles,
porque le quieren mucho? ¿Dónde está esa fe en vosotros hacia Mí? ¿Acaso no soy Yo
entre vosotros extranjero como lo era en Nazaret, porque la incredulidad y la crítica me
expulsaban en cuanto ciudadano?
Vosotros oráis. Queda aún quien ora. Pero mientras que me pedís una gracia pensáis, sin
decíroslo siquiera a vosotros mismos, pero lo pensáis con lo profundo del espíritu: "Dios no
me escucha. Dios no puede concederme esta gracia".
¡No puede! ¿Qué es lo que no puede Dios? Pensad que ha creado el Universo de la nada,
pensad que desde hace milenios lanza los planetas en los espacios y regula el recorrido,
pensad que contiene a las aguas en sus playas sin barreras de diques, pensad que ha hecho
del barro ese organismo que sois, pensad que en este organismo una semilla y unas pocas
gotas de sangre que se mezclan crean un nuevo hombre, que al formarse está en relación
con fases astrales, lejanas miles de kilómetros, pero que en cambio no están ausentes en la
obra de la formación de un ser, así como regulan, con sus éteres y su surgir y ponerse sobre
vuestros cielos, el germinar de las mieses y el florecer de los árboles; pensad que con su
sabio poder ha creado las flores dotadas de órganos apropiados para fecundar otras flores a
las que hacen de intermediarios los vientos y los insectos. Pensad que no hay nada que no
haya sido creado por Dios, tan perfectamente creado, del sol al protozoo, que vosotros no
podéis añadir nada a tal perfección. Pensad que su sabiduría ha ordenado, del sol al
protozoo, todas las leyes para vivir, y convenceos de que nada hay imposible para Dios,
quien puede disponer a su gusto de todas las fuerzas del cosmos, aumentarlas, pararlas,
hacerlas más veloces, tan sólo con que su Pensamiento lo piense.
¿Cuántas veces en el curso de los milenios los habitantes de la Tierra se han quedado
asombrados por fenómenos estelares de inconcebible grandeza: meteoros de extrañas
luces, sol en la noche, cometas y estrellas que nacen como flores en un jardín, en el jardín
de Dios, y que son lanzadas a los espacios como por un juego de niños para asombraros?
Los científicos han dado ponderosas explicaciones de disgregación y de composición de
células o de cuerpos estelares para volver humanos los incomprensibles brotes de los cielos.
No. Callad. Decid sólo una palabra: Dios. ¡He aquí al formador de esas relucientes, rotantes,
ardientes vidas! Dios es quien, como advertencia para los olvidadizos, os dice que Él es a
través dé las auroras boreales, a través de los veloces meteoros que vuelven de zafiro, de
esmeralda, de rubí o de topacio el éter que surcan, a través de las cometas con sus colas
llameantes similares al manto de una reina celeste que cruza en vuelo los firmamento s, a
través del abrirse de otro ojo estelar en la cúpula del cielo, a través del girar del sol
perceptible en Fátima para persuadiros sobre la voluntad de Dios. Vuestras otras inducciones
son humo de ciencia humana y en el humo se envuelve el error.
Todo es posible para Dios. Pero en lo que os concierne sabed que a vosotros Dios exige
únicamente fe para actuar. Vosotros contenéis el poder de Dios con vuestra desconfianza. Y
vuestras oraciones están contaminadas de desconfianza. No calculo además los que no
rezan sino blasfeman.
Otro punto del evangelio de Marcos es el versículo 13 del mismo capítulo 6°: "...y ungían
con óleo a los enfermos y los curaban". En la medicina práctica de entonces el óleo tenía un
papel primordial. No se puede decir que fuese más nocivo o menos eficaz que vuestras
complicadas medicinas de ahora. Al contrario, seguro que era más inofensivo. Pero no era
en el óleo donde residía el poder de curación para los enfermos a los que mis apóstoles
hacían las unciones.
Como siempre, la pesantez humana necesitaba un signo visible. ¿Quien habría podido
creer que el toque de la mano de aquellos pobres hombres que eran mis apóstoles,
conocidos como pescadores y hombres de pueblo, pudiera curar? Si lo hubieran creído
habrían dicho: "Sanáis por poder del príncipe de los demonios", como lo han dicho a Mí . Y
les habrían acusado como poseídos por los demonios. Esto no debía ser. Por eso a ellos les
di el medio, humano, para ser creídos, por lo menos, empíricos. Pero el poder era Dios quien
lo infundía en ellos para ganar prosélitos para su doctrina.
Yo lo he dicho: "Quienes creen en Mí podrán caminar sobre serpientes y escorpiones y
realizar las obras que Yo hago" . Yo no miento nunca, y puedo infundir poder divino en la
mano de un niño que cree y vive en Mí. ¿No está colmada la historia del cristianismo de
estos milagros? Los primeros siglos están cubiertos de ellos, y su florecimiento se ha ido
disminuyendo no porque haya disminuido el poder de Dios, sino porque vosotros sois
insuficientes en la tarea de ser los ministros de Dios.
Tened, tened, tened fe. Ella os salvará».

viernes, 28 de diciembre de 2012

REZAMOS EL SANTO ROSARIO POR LAS ALMA BENDITAS DEL PURGATORIO?


El Rosario por la Almas del Purgatorio de la Madre Teresa de Calcuta; una historia [2012-12-27]


Esta es una historia peculiar, trata del encuentro de una persona con la Madre Teresa de Calcula en un avión, su deslumbramiento, el rezo de un rosario especial por las almas del purgatorio y como luego ese rosario le trajo gracias.
Pat Murnahan regresaba de un viaje de negocios a Nueva York durante el mes de noviembre de 1996. Sintió que sus presentaciones habían ido muy bien y se sentía relajado mientras se hundía en su asiento listo para el vuelo a Londres y luego a Dublín. Había elegido un asiento de la ventana para que pudiera dormir y no ser molestado por la gente yendo y viniendo.
A medida que más pasajeros entraban en el avión y comenzó a llenarse, se oía el zumbido de conversaciones continuas hacia arriba y abajo por los pasillos, mezcladas con el sonido de los bolsos guardados en los compartimentos superiores.
Después de diez minutos Pat empezó a dormitar y el sonido rítmico lo arrulló y se durmió. Pero pocos minutos después de que se quedara dormido, se encontró sentado completamente despierto. No oyó nada y se preguntó qué lo había despertado, y luego se dio cuenta de que había un silencio total en el avión.
Se sentó en posición vertical preguntándose qué había causado el silencio, sintió un ligero matiz de terror, lo primero que le vino a la mente fue que los terroristas se estaban apoderando del avión.
Pat giró la cabeza para ver qué estaba pasando y se quedó boquiabierto al reconocer la figura encorvada leve y la cara sonriente que había causado el silencio absoluto mientras ella se movía silenciosamente por el pasillo, erala Madre Teresa de Calcuta, con otra persona en traje similar.
Las dos monjas vestían simples hábitos blancos bordeados de azul. La cara familiar, la piel arrugada y los ojos sonrientes fueron inmediatamente reconocibles por todos, desde el más joven al más viejo a bordo. El avión estaba lleno de turistas americanos que nunca habían estado tan cerca a esta figura de renombre mundial antes en sus vidas. Una imagen que habían visto en cientos de noticieros de televisión y en las portadas de la revista Time, en más de una ocasión.
Las dos monjas se detuvieron y Pat se dio cuenta con un sobresalto, que los asientos designados para esta persona extraordinaria y su compañera eran los asientos junto a él y se sentía extrañamente indigno de que la Madre Teresa misma se sentara junto a él. A medida que estos últimos pasajeros se establecieron en el vuelo y se prepararon para despegar, la Madre Teresa y su compañera sacaron sus rosarios. El se dio cuenta, mientras corrían las cuentas, que cada década era de un color diferente.
Las dos cerraron los ojos a medida que se sumergieron en la oración y Pat echó una mirada más cercana al inusual rosario. Se dio cuenta de que las décadas al principio eran totalmente negras, pero mientras avanzaba el rosario, las cuentas se hacían más claras hasta que, al final del rosario, eran completamente blancas.
Después de unos tres Rosarios la Madre Teresa y su compañera guardaron las cuentas y sacaron un pequeño libro rojo de oración. Pero antes de abrir el libro ella se volvió a Pat y le preguntó a dónde iba. Cuando le dijo a Irlanda y después de haber respondido a la pregunta siguiente para confirmar que ‘sí, que él era irlandés’, él se levantó de su asiento más, ya no dispuesto a dormir y de repente se sintió eufórico con el privilegio de tomar parte en una conversación con, probablemente, no sólo la persona más famosa del planeta, sino también probablemente la más sagrada. No estaba listo para su siguiente comentario que demostró que su conocimiento de los irlandeses era de otra época.
Ella dijo: “Bueno, usted es irlandés por supuesto debe ser católico y muy devoto”.
Pat se sintió avergonzado y no respondió. Entonces se sintió aún más avergonzado, si eso era posible, ya que ella guardó su librito rojo y sacó su rosario de nuevo, diciendo: “Como usted es irlandés diremos otro rosario para usted y el maravilloso país del que viene”. Pat Sabía que si hubiera podido verse en un espejo su rostro hubiera sido de un rojo muy carmesí.
Ella le dijo: “¿Hay alguien en particular que desea poner en la oración?“. Pat pensó por un momento y de repente se acordó de su abuela anciana que estaba postrada en cama y se aferraba a la vida. Él sabía que ella realmente se alegraría con el pensamiento de la Madre Teresa orando especialmente para ella, por lo que mencionó el nombre de su abuela a la Madre Teresa.
Cuando ella sacó el rosario, se atrevió a preguntar acerca de los diferentes colores de las cuentas. Ella le explicó que eran llamadas cuentas de almas santas y los colores cambiantes significan que vienen de la oscuridad a la luz. Sabemos que mientras rezamos el Rosario por las Almas del Purgatorio, Jesús trae a muchas de ellas de las tinieblas a la luz.
La Madre Teresa le solicitó a Pat sacar su rosario así podían comenzar. Pat tienta en sus bolsillos sintiéndose muy avergonzado porque esta santa esperaba que sacara un rosario, que ella pensaba, sin duda, cada persona irlandesa llevaba. Después de un corto intervalo la Madre Teresa le entregó su rosario, y se sintió aliviado al no tener que mentirle a esta santa, pues él estaba a punto de decirle: “No me parece que tenga uno conmigo”.
Ella sacó otro para ella y también quedó contento de que dijeron todas las oraciones en voz muy baja, por lo que su murmullo fue aceptado como oración discreta al unísono con ellas. Él, sin embargo, notó sus peticiones entre las décadas eran por las almas del purgatorio y no incluyeron el nombre de su abuela.
Después, le preguntó a la Reverenda Madre por qué el nombre de su abuela no se mencionó en las peticiones. Su respuesta lo sorprendió.
Cuando Ud. ora por las almas del purgatorio Dios estará tan contento con sus generosas oraciones para aquellos que no conoce, que él le concederá su deseo más querido, sin ni siquiera preguntar y, a veces tal vez sin que Ud. sepa cuál es su mayor deseo“.
Aunque Pat no consideraba a sí mismo muy religioso, y cuándo iba a la iglesia era más que nada por costumbre con su familia y casi nunca oró afuera de una iglesia, encontró a estas oraciones muy edificantes y él estaba explicablemente feliz después, cuando regresó el Rosario a la Madre Teresa.
Cuando ella le sonrió de nuevo, Pat comprendió por primera vez en su vida lo que la gente quiere decir cuando se habla de que una persona posee un “aura” y, cuando sus ojos se conectan con la de ella, una sensación de paz lo abrumó; se sentía como cuando era un niño pequeño sentado junto al río, con una cálida brisa de verano que soplaba a través de su pelo, completamente en paz con el mundo.
Al aterrizar en Heathrow y bajar del avión, la Madre Teresa estaba justo delante de él. Ella se volvió hacia él y le preguntó: “¿Ud. reza el Rosario con frecuencia?”. “No, no realmente”, admitió. Le tomó la mano, lo miró de frente con sus extraordinarios ojos amorosos y suaves y dijo: “Bueno, ahora lo hará”, y ella apretó su rosario en las manos de Pat.
Dos horas más tarde, Pat entró en la sala de espera en el aeropuerto de Dublín, donde fue recibido por su esposa, Alice. ”¿Que pasa en el mundo?”, preguntó, al notar el Rosario en su mano. Se besaron y Pat le explicó el Rosario y describió su encuentro con la Madre Teresa en el avión como si fuera una visita al cielo. Conduciendo a casa, dijo, “Realmente me siento como si hubiera conocido a un santo viviente”.
Al día siguiente se enteró de que su abuela estaba fuera de la cama y parecía haber encontrado un nuevo flujo de vida.
Seis meses más tarde, Pat y Alicia visitaron una amiga cercana que habían escuchado tenía cáncer, y le quedaba un tiempo corto de vida. La amiga les dijo que muchas oraciones habían sido ofrecidas por ella. Luego, después de haber puesto la mano en el bolsillo y sacando el rosario de las cuentas especiales, Pat suavemente entrelazó el Rosario de la Madre Teresa en torno a los dedos de la amiga. Él le contó la historia y le dijo: “Oren por las Almas del Purgatorio, es posible que le ayuden.” Aunque la amiga no era católica, su mano se cerró de buena gana alrededor de las cuentas en blanco y negro.
Entre una cosa y otra, Pat no se encontró con la amiga de nuevo durante un mes. Esta vez su rostro estaba simplemente brillante, corrió hacia él y le entregó el rosario.
Lo he llevado conmigo desde entonces y oró por las Almas del Purgatorio cada vez“, dijo, “y no me sorprendí al escuchar, cuando esta misma semana tuve otro chequeo, y los doctores no pudieron encontrar nada, el tumor había desaparecido. ¡Pat, estoy completamente curada!
Pat Murnahan prometió ese día conseguir un poco más de estos rosarios especiales, él sabía que no eran especiales en sí mismos, pero sí especiales en lo que inspiraban a la gente a hacerAyudar a Jesús a llevar almas al reino sería correspondido con que esa persona recibiría grandes gracias de Dios.
Con esta amiga especial de Pat no sólo atrajo la curación física a ella, sino la curación espiritual, así, que dos años más tarde se unió a la Iglesia Católica.
Pat ahora promueve este Rosario diciéndole a la gente que puede salvar vidas y almas.
Fuentes: Spirit Daily, Signos de estos Tiempos

jueves, 27 de diciembre de 2012

todo el mal que ahora os oprime es el fruto del abandono de mi Ley por parte de los individuos y de la sociedad


Dice Jesús:
«Ya te he dicho  que todo el mal que ahora os oprime es el fruto del abandono de mi Ley
por parte de los individuos y de la sociedad. La falta de fe, la falta de caridad, la falta de
esperanza, la falta de toda virtud, tienen un único origen: la deserción de mi milicia, de la
milicia cristiana.
Como de una cepa de raíces venenosas, han brotado, en lugar de mis virtudes,
tendencias, vicios, pasiones peores que humanas: demoniacas. La planta de la vida cristiana
ha muerto en casi todos los corazones, en muchos vegeta a duras penas, en pocos está aún
floreciente, nutrida por el jugo de Vida, adornada con hojas robustas.
No hay que esperar que las cosas cambien, al contrario cada vez irán más a peor porque,
como un bosque invadido por plantas parásitas y por insectos nocivos se desnuda cada vez
más de hojas y frutos y termina muriendo, así sucede con la sociedad de ahora, cada vez
más quemada, sofocada, corrompida por mil tendencias viciosas y por mil pecados.
Los principales: odio, lujuria, prepotencia, fraude. Las primeras: negación de Dios,
doctrinas contrarias a la mía, culto exagerado de sí mismos y otras más.
Mi Palabra no puede descender -semilla y agua de Vida y Vida verdadera- a las almas.
Están demasiado ocupadas en otras cosas. La mayoría de los cristianos ha rechazado a
Cristo, porque en el lugar de Cristo ha puesto a sí misma o al poder, el dinero, la carne.
Quien peca menos, también peca, porque no tiene misericordia verdadera de su prójimo.
¿Quien es aquel que no maldice, reniega, en el día de hoy?
Pero tú no maldigas, no reniegues, hija que amo. Deja a tu Dios la tarea de castigar. Tú
ama y ten misericordia, de todos. También de los primeros culpables.
¡Son unos desgraciados, son unos desgraciados! Han estropeado todo lo bueno que
tenían al acoger el mal de Satanás. Han cambiado una eternidad de gloria por una hora de
gloria terrena. Han vendido por treinta monedas su alma a Satanás. Son los Judas de su
alma. Me indignan y me dan pena. Sí, también pena, porque Yo soy el Dios de la
misericordia y siento piedad de mis hijos extraviados.
Ayúdame a salvarles de la última culpa. ¡Cómo quisiera poderles perdonar! Tú, hija que
amo, perdona. Que de tu corazón que me posee a Mí y a mi Palabra no salgan más que
palabras de paz y de perdón. Sé que es difícil para vuestra humanidad. Pero por encima de
ella está el espíritu, y el espíritu es el reino del Señor. Entonces ¿cómo podéis tener al Señor
en vosotros si vuestro espíritu no tiene las mismas pasiones que su Rey?
y mis pasiones, como mis palabras, son santas, misericordiosas, buenas. Todas tienen el
sello del Amor, del Amor verdadero que nunca es tanto amor como cuando se inmola por los
hermanos y les perdona» .
Dice aún:
«No me gustan quienes gritan: "¡A muerte!" después de haber gritado: "¡Hosanna!".
Si aquellos a quienes se lanza el grito de condena os hubieran dado ese botín y ese
bienestar, arrebatado injustamente, que Yo no he podido permitir que os dieran para no
llevarles a ellos, y a vosotros, a un perfecto orgullo, les aclamaríais. No pensaríais que otros
sufrirían en vuestro lugar y que, como vosotros, son mis hijos.
Dejadme a Mí el juzgar, el castigar, el premiar. Tratad sólo, para vosotros mismos, de
merecer mi premio. Y sed coherentes y honestos.
Es incoherencia, deshonestidad, vileza, ensañarse con los vencidos, sea cual sea su
derrota, por justa que sea como castigo o dolorosa como fruto de circunstancias inmerecidas.
Es incoherencia porque no va al hombre, sino a la acción del hombre, acción -repito- que
hubierais aprobado, aún cuando no fuera buena, si os hubiera dado un beneficio.
Es, por la misma razón, deshonesta: todos, recordadlo bien, tenéis vuestra parte de culpa
en el momento actual. Quien tiene menos que nadie, porque no ha cometido pecado de
adoración de un hombre y no le ha seguido contra la Ley, tiene el de no haber rezado por él
mañana y noche. Los grandes necesitan las oraciones de los pequeños para permanecer
grandes en el Bien.
Y, en fin, vileza porque enseñarse con quien ya no tiene poder, sino que al contrario es el
más desgraciado de todos, odiado por el mundo, alcanzado por Dios, es la misma culpa que
la de quien oprime a un débil.
Estas cosas, inconcebibles para la masa, son siempre el jugo de mi Ley. Y el que mi Ley
sea seguida superficialmente, y no sustancialmente, lo prueba el hecho del modo en que las
masas se revuelven contra quienes no os han dado lo que esperaba vuestro egoísmo». 63