12-64
Octubre 14, 1918
La verdadera paz viene de Dios. El másgrande castigo es el triunfo de los malvados.
(1)Continuando mi habitual estado lleno de amarguras y de privaciones, mi dulce Jesús en cuanto ha venido me ha dicho:
(2)“Hija mía, los gobiernos se sienten faltar el piso bajo sus pies, Yo usaré todos los medios para rendirlos, para hacerlos reentrar en ellos mismos y hacerles conocer que sólo de Mí pueden esperar verdadera y duradera paz; ahora humillo a uno y ahora al otro, ahora los hago volverse amigos y ahora enemigos, haré de todo para rendirlos, les haré faltar los brazos, haré cosas inesperadas e imprevistas para confundirlos y hacerles comprender la inestabilidad de las cosas humanas y de ellos mismos, para hacerlos comprender que sólo Dios es el Ser estable de quien pueden esperar todo bien, y que si quieren justicia y paz, deben venir a la fuente de la verdadera justicia y de la verdadera paz, de otra manera no concluirán nada, continuarán debatiéndose, y si parecerá que congenian, no será duradero, y comenzarán después más fuerte las contiendas. Hija mía, para como están las cosas sólo mi dedo omnipotente puede ajustarlas, y a su tiempo lo pondré, pero grandes pruebas se necesitan y habrán en el mundo, por eso se necesita gran paciencia”.
(3)Después ha agregado con un acento más conmovedor y doloroso:
(4)“Hija mía, el más grande castigo es el triunfo de los perversos, aun se necesitan purificaciones, y los malos con su triunfo purificarán mi Iglesia, pero después los trituraré y los esparciré como polvo al
viento, por eso no te impresiones por los triunfos que oyes, sino llora Conmigo por su triste suerte”.

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