martes, 8 de marzo de 2011

UN LLAMADO A LA HUMANIDAD.


Textos para un Retiro Espiritual
PC-38
21-Sep-96
El Señor
Hija Mía, Mi pequeña Catalina, prepárate, voy a dictarte. No vamos a perder tiempo porque es bastante lo que tienes que escribir. Quiero que lleves todos estos papeles a Mis hijos. Diles que Mi voluntad de verlos caminar juntos se basta a sí misma. Mi deseo es que lean y mediten sobre estos últimos Mensajes que llevarás.
No quiero que, como en otras oportunidades, pases el día escribiendo. Quiero que compartas con tus hermanos, que les contagies tu amor por Mí, que se conozcan; que intercambien experiencias, inquietudes, forma de trabajo. No voy a tenerte el día escribiendo, por eso es necesario que aquí hagas tu trabajo como la eficiente Secretaria que eres. Es preciso que aclaren sus ideas, para de una vez empezar a poner orden en estos dos grupos, que de ninguna manera son sociales. Son Mis grupos elegidos, deseo el máximo rendimiento de parte de cada uno de sus miembros.
Voy a dictarte algunos temas que, aunque están separados, llevan al mismo fin: el conocerme mejor. El encuentro Conmigo a través de ti.
Catalina, empieza por decirles que Yo sé cuán imperfecto es el hombre, pero sé también cuántas ansias tengo de salvarlo. Pregúntales si quieren ayudarme en este empeño, si van a colaborar con Mi Madre en la obra de salvación.
El Respeto Humano
PC-38.1
22-Sep-96 (A media noche.)
El Señor
Quiero hablarles del respeto humano. Yo dije a Mis Apóstoles que permaneciesen fieles durante las persecuciones. Que llegaría un tiempo en que quien los mate, se persuadiría de hacer un obsequio a Dios. Así fue, los enemigos de la fe creían ofrecerme un gran regalo matando a los cristianos. Esto es también lo que hacen hoy día muchos que se llaman cristianos; matan sus almas, perdiendo la gracia del respeto humano por complacer de esta manera a los amigos del mundo. ¡A cuántos desventurados ha enviado al infierno el respeto humano, que es el mayor enemigo de su salvación! Por eso, ahora voy a instruirlos sobre lo mucho que les importará despreciar los respetos humanos y de cómo deben hacerse superiores a ellos.
Cuánto daño causan al mundo los escándalos, ¿verdad? ¡Ay del mundo por razón de los escándalos! Si bien Yo dije, que no por la malicia del hombre es forzoso que haya escándalo, entonces, ¿cómo será posible vivir en el mundo y evitar escándalos? Efectivamente, no es posible vivir en el mundo sin escándalos. Sin embargo, es posible evitar la familiaridad con los escandalosos para poder oponerse a sus malas costumbres y a sus depravados consejos. De lo contrario, por losrespetos humanos, no podrán contradecirlos e imitarán sus malos ejemplos.
Escuchen, hijitos. Estos amadores del mundo, no solamente hacen gala de su iniquidad, sino lo que es todavía peor, quieren tener compañeros y se burlan de cuantos viven como verdaderos cristianos, alejándose de los peligros de ofenderme. Este es un pecado que Me desagrada mucho y lo prohibo de un modo especial. En Eclesiástico 8, 6 encontrarán que les digo que no miren con desprecio al hombre que se aleja del pecado y no se lo eches en cara o te burles de él para arrastrarlo a que imite tu vida desordenada. Aparejados están los terribles juicios de Dios para castigar a los mofadores y los mazos para machacar los cuerpos de tales insensatos, en esta y en la otra vida. Ellos se burlan de Mis hijos y Yo Me burlaré de ellos por toda la eternidad en el infierno. Ellos tratan de avergonzar a los Santos ante los hombres mundanos y Yo los haré morir avergonzados y después los enviaré a vivir entre los condenados, cercados de eterna ignominia y de tormentos interminables.
Es una maldad muy grande la de aquellos que, no sólo no se contentan con ofenderme, sino que quieren también que Me ofendan los demás. Con mucha frecuencia consiguen sus malos designios, porque hallan gran número de almas flojas y débiles que abandonan el bien y abrazan el mal, por no ser objeto de burla a los malvados.
Cuántos de Mis hijos por no oír decir: "¡Mira ese santurrón!" y otras expresiones semejantes que los hagan objeto de burla entre sus malos amigos, imitan sus vicios y desórdenes. Cuántos también, si reciben alguna afrenta, deciden vengarse, no tanto por la pasión de la ira, sino por los respetos humanos; es decir, porque no los tengan por hombres menguados. Cuántos, después de que se les escapó de la boca algún comentario escandaloso, no se desdicen, como debieran, por no perder el prestigio que tienen entre los demás. Cuántos, por miedo a perder el favor de algún amigo, venden el alma al demonio —como lo hizo Pilato, que Me condenó a muerte por miedo de perder la amistad del Cesar.
Sepan, hijitos Míos, que si quieren salvarse, deben despreciar los respetos humanos y el rubor que puedan acarrearles las burlas que hagan de ustedes Mis enemigos. Porque, como digo en las Escrituras, hay vergüenza que conduce al pecado y hay también vergüenza que acarrea a gloria y la gracia. Lean Eclesiástico 4, 25. Si no quieren sufrir con paciencia esta última, los conducirá al abismo del pecado; pero si la sufren por Mí, merecerán por ella Mi divino amor y, después, una gloria eterna en el Paraíso.
Se preguntarán algunos ¿por qué han de perseguirme si yo quiero salvar mi alma? Mas Yo les respondo: que no hay remedio y que es imposible que deje de ser perseguido el que Me sirve, porque los impíos abominan a los que siguen el camino de la salvación. Los que llevan una vida licenciosa aborrecen a los que viven bien, porque la vida de éstos es una reprensión viva de la mala vida de ellos.
El soberbio que quiere vengarse del menor ultraje que recibe, desea que todos se venguen de las afrentas que les hacen; el avaro, que aumenta el dinero a costa de injusticias, quisiera que todos hicieran otro tanto; el bebedor, quisiera que todos se embriagarán como él; el lujurioso, que se jacta de sus obscenidades y cuyas palabras respiran inmundicia, quisiera que todos obrasen y hablasen como él. Todos esos hombres desordenados califican al que no obra como ellos, de hombre insociable, ruin y grosero, sin honor y sin crédito. Los hombres del mundo no saben hablar sino el lenguaje del mundo. Son unos pobres ciegos, obcecados por el pecado y el mal hábito que les hacen hablar el lenguaje de los demonios.
Así, no cabe forjarse ilusiones sobre el particular. Todos los que quieren vivir virtuosamente, han de padecer persecución del mundo; todos los santos fueron perseguidos.
Tal vez dirá alguno: Yo no hago mal a nadie, ¿por qué no han de dejarme en paz? ¿A quién incomodan los santos y mártires si estaban llenos de caridad y amaban a todos los hombres? Así es, a pesar de esto, nadie ignora cómo los trató el mundo: los destrozó con uñas de hierro, los maltrató con hierros candentes y, finalmente, los hizo perecer en los tormentos. Y Yo, ¿a quién hice mal? A pesar de consolar, de sanar, resucitar muertos y redimir a todos a costa de Mi sangre y de Mi vida, el mundo Me maltrató, Me calumnió, Me persiguió hasta hacerme morir entre agonías en el patíbulo más infame e ignominioso, propio solamente de esclavos y de los peores hombres.
Pequeña, aprende… Las máximas del mundo son enteramente opuestas a las Mías. Lo que el mundo aprecia, es necedad delante Mío; y el mundo llama necedad a lo que Yo creo digno de aprecio: los trabajos, las enfermedades, los desprecios, los sufrimientos, la ignominia. A quien se avergüense de Mí en el mundo, Yo le diré: ahora Me avergüenzo Yo, apártate de Mí, maldito, vete al infierno a juntarte con tus compañeros que se avergonzaron de seguir Mi doctrina. A esos hijos les digo: Tú que no quieres ser burla de tus amigos, ¿no te importa el ser odiado por Mí?
Deben saber que si no se desprecia al mundo, éste ha de despreciar y envilecer sus almas. Pero, ¿qué es el mundo y todos los bienes que él les ofrece? Todo lo que hay en el mundo, es concupiscencia de la carne y vanos deseos. ¿Qué son los vestidos ricos sino lodo? ¿Qué son los honores sino humo? ¿Qué son los deleites carnales sino inmundicia? Y después, ¿de qué les servirán todas esas cosas si se condenan? El que Me ama y quiere salvarse debe despreciar al mundo y todos los respetos humanos. Es preciso que cada uno se esfuerce cuanto pueda para conseguir este objeto. Muchos deben violentarse. María Magdalena, para vencer los respetos del mundo cuando se arrojó a Mis pies y en presencia de tanta gente, Me lavó los pies con sus lágrimas y Me los enjugó con sus cabellos. De este modo, se hizo santa y mereció que Yo le perdonara sus pecados y alabase además el gran amor que Me tenía (Lucas 7, 47).
Un gran santo, llevaba un día debajo de la capa una olla de comida para los pobres encarcelados; en el camino se encontró con su hijo, montado a caballo pomposamente en compañía de otros. El santo tuvo cierta vergüenza de que viesen lo que llevaba oculto, más ¿qué creen que hizo para vencer este respeto humano? Tomó la olla y se la puso sobre la cabeza para que todos la vieran, burlándose así del mundo. ¿Cuántas burlas recibí Yo? En la Cruz fui burlado por los soldados que decían: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Se burlaban también los Sacerdotes, que decían entre sí: a otros ha salvado y no puede salvarse a sí mismo. Pero a pesar de estas mofas y de que podía haberlos confundido haciendo un milagro, quise terminar Mi vida en la Cruz, enseñándoles a vencer los respetos humanos.
Hijos Míos, consuélense, porque cuando los hombres los maldicen y vituperan, entonces es cuando los alabo y bendigo Yo. ¿No les basta ser alabados por Mí, por la Reina del Cielo, por todos los ángeles, por los santos y los justos? Y si esto les basta, dejen que digan lo que quieran los mundanos y sigan dándome gusto, que Yo los premiaré, tanto más en la otra vida en la medida en que se hayan violentado para despreciar las burlas y contradicciones de los hombres. Cada cual debe portarse como si en el mundo no hubiera más espectadores que Yo y él. Cuando se burlen de ustedes los impíos, encomiéndenme a esos pobres ciegos que andan perdidos miserablemente y den gracias, que les doy aquella luz que niego a tales desterrados, para que sigan por el camino de la salvación.
Ahora, para vencer estos respetos, es necesario que tengan fija en su corazón la santa resolución de preferir Mi gracia a todos los bienes y favores del mundo; que digan, como San Pablo: ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados… ni otra criatura podrá jamás separarnos de la caridad de Dios. Yo los exhorto, a que nada teman de los que pueden quitarles la vida temporal, sino teman al que puede arrojar al infierno alma y cuerpo. O Me siguen o siguen al mundo. Si Me siguen a Mí, es preciso que abandonen el mundo y sus vanidades, que es lo que decía Elías al pueblo.
Mis verdaderos hijos reciben gran placer cuando se ven despreciados y maltratados por el amor que Me tienen. Piensa, bien podía Moisés haberse libertado de la ira del Faraón, dejando correr la fama esparcida de que él era su nieto; pero lo negó públicamente y escogió ser perseguido con los otros hebreos, juzgando que el oprobio por Mí era un tesoro más grande que todas las riquezas de Egipto.
Algunas veces se les presentarán los amigos de nombre y les dirán: ¿Qué extravagancias son esas tan ridículas? ¿Por qué no haces tú lo mismo que los demás? Entonces, deberán responderles: no todos hacen lo que la multitud; hay algunos que llevan una vida santa, pero esos son pocos y no ustedes. Repliquen con satisfacción: Yo quiero seguir a esos pocos, porque dice el Evangelio: muchos son los llamados, mas pocos los escogidos. También les dirán los falsos amigos: ¿No ves que todos murmuran y se burlan de ti? Entonces les responderán: Me contento con que Dios no se burle de Mí.
Cuando sea necesario reprender a esos satélites del demonio, conviene tener valor y reprenderlos sin miramiento alguno. Porque cuando se trata de Mi honor, no debe imponerse la calidad y categoría del que peca, sino que deben decirle con valor: eso es pecado y no debes decirlo.
Beneficios de las Tribulaciones
PC-38.2
22-Sep-96
El Señor
Yo enriquezco, en el tiempo de la tribulación, a las almas que amo, con Mis mayores gracias. Vean a Juan el Bautista que, entre las cadenas y estrecheces de la cárcel, conoce las obras que Yo hacía. Ustedes no lo entienden, pero es grande e inapreciable la utilidad que sacan de las tribulaciones. Yo no se las envío porque quiero su mal, sino porque anhelo su bien y, por lo mismo, deben recibirlas cuando las envío y darme también las gracias, no solo resignándose a cumplir Mi divina Voluntad, sino alegrándose de que los trate como antes Mi Padre Me trató a Mí, que Mi vida en la tierra fue un tejido de penas y dolores. Voy a detallarles:
Primero verán por qué son útiles las tribulaciones. El que no ha sido tentado, ¿qué es lo que puede saber? El que tiene mucha experiencia, será reflexivo y el que ha aprendido mucho, discurrirá con prudencia. El que siempre ha vivido en la prosperidad, en la comodidad, no sabe nada acerca del estado de su alma. El primer buen efecto de la tribulación es abrirles los ojos que la prosperidad les tiene cerrados. Ciego estaba San Pablo cuando Me aparecí a él y entonces conoció los errores en que vivía. Recurrió a Mí el Rey Manasés estando preso en Babilonia, conoció sus pecados e hizo penitencia de ellos. Piensa en el Hijo Pródigo… Es así, mientras viven en la prosperidad, solamente piensan en el mundo y en los vicios.
El segundo buen beneficio de la tribulación es separarlos del apego que tienen a las cosas de la tierra. Cuando la madre quiere destetar a su hijo de pecho, pone algo amargo en el pezón para que el niño se separe y se acostumbre a comer. Lo mismo hago Yo con ustedes para apartarlos de los bienes terrenales: pongo hiel en las cosas terrenas para que, hallándolas ustedes amargas, las aborrezcan y amen los bienes celestiales. Hago amargas las cosas terrenas para que busquen otra felicidad, cuya dulzura no los engañe.
El tercer buen beneficio consiste en que aquellos que viven en la prosperidad, estimulados de la soberbia, de la vanagloria, del orgullo, del deseo inmoderado de adquirir riquezas, honores y placeres, sean librados de todas estas tentaciones por medio de las tribulaciones; los vuelvan humildes para contentarse con el estado y condición en que Yo los He colocado. Envío tribulaciones para que no sean condenados juntamente con este mundo.
El cuarto beneficio es reparar por los pecados cometidos, mucho mejor que las penitencias que ustedes se imponen voluntariamente. ¡Qué remedio tan eficaz es el sufrimiento para curarles las llagas y heridas que les abrieron los pecados! ¿Por qué se quejan? La tribulación que sufren, lo dice San Agustín, es una medicina, no un castigo. Job llama dichoso al hombre a quien Yo mismo corrijo, porque Yo mismo hago la llaga y la sano: hiero y curo con Mis manos.
El quinto beneficio es que las penas hacen que ustedes se acuerden de Mí y los obliga a recurrir a Mi Misericordia, viendo que solamente Yo Soy el que puede aliviárselas, ayudándolos a sufrirlas (Mateo 11, 28).
El sexto beneficio es que las tribulaciones los hacen contraer grandes méritos ante Mí, dándoles ocasión de ejercitar las virtudes que más amo: la humildad, la paciencia y la conformidad con Mi Voluntad. No se olviden que más vale un "Bendito sea Dios" que mil acciones de gracias en la prosperidad.
Hijos Míos, qué tesoro de méritos consigue el cristiano sufriendo con paciencia los desprecios, la pobreza y las enfermedades. Los desprecios que se reciben de los hombres son los verdaderos deseos de los santos que anhelan ser despreciados por amor a Mí, para hacerse semejantes a Mí. ¡Cuánto ganan sufriendo las incomodidades de la pobreza! Si te crees infeliz porque vive junto a tí la pobreza, realmente eres infeliz y digno de compasión, no porque eres pobre, sino porque siéndolo no abrazas tu pobreza y te tienes por desdichado.
Sufrir con paciencia los dolores y enfermedades es alcanzar de antemano una gran parte de la corona que les está preparada en el Cielo. Si se queja un enfermo de que por estar así no puede hacer nada, se equivoca; porque lo puede hacer todo, ofreciendo a Dios con paz y resignación cuanto padezca en su enfermedad. Yo castigo al que amo y pruebo con adversidades a los que recibo por hijos Míos (Hebreos 12, 6). Un día le dije a Santa Teresa: debes saber que las almas que más ama Mi Padre, son aquellas que padecen mayores tribulaciones. Aprende de Job, quien decía: "Si hemos recibido los bienes de la mano del Señor, ¿por qué no recibiremos también los males?" ¿Tú piensas que no es justo que quien recibió con alegría la vida, la salud, las riquezas temporales, reciba también los sufrimientos, los cuales les son más útiles y provechosos que la prosperidad? Hija Mía, un alma fortificada en el sufrimiento, se parece a una llama que el viento hace crecer.
Más tarde continuaremos… Gracias, pequeña.
        Mismo día, más tarde.
Las tribulaciones más temibles para un alma buena son las tentaciones con que el demonio los incita a ofender a Dios; pero quien las resiste y las sufre, implorando el auxilio divino, adquiere con ellas gran tesoro de méritos. En 1ª Cor 10, 13 lean: "Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que de la misma tentación os hará sacar provecho para que podáis sosteneros." Y en las bienaventuranzas, que tanto te gustan, les digo que serán consolados cuantos lloran.
Si no sufren con paciencia las tribulaciones, no mejorarán su estado y será mayor el peligro. No hay remedio, si quieren salvarse, es preciso pasar por medio de muchos sufrimientos para entrar en Mi Reino. No olviden que el Paraíso es el lugar de los pobres, de los humildes y de los afligidos.
En suma, quiero que entiendan que las tribulaciones con las cuales Yo los pruebo o los corrijo no vienen para su perdición, sino para su provecho o su enmienda. Cuando se ve un pecador atribulado, es señal de que Yo quiero tener Misericordia de él en la otra vida. Al contrario, es desgraciado aquel que no es tocado por Mí en este mundo, porque es señal de que Estoy descontento con él y lo tengo reservado para el eterno castigo. El Profeta Jeremías preguntó: "Señor, ¿por qué motivo a los impíos todo les sale prósperamente en este mundo?" (Jeremías 12, 1).
Cuando se ven cercados de los sufrimientos que Yo les envío, oren como Job; oren como San Agustín, que decía: "Señor, quema, despedaza y no perdones en este mundo para que me perdones en el otro, que es eterno". Por eso, quien se ve afligido por Dios en esta vida, tiene una señal segura de que es Mi amado. El que quiera ser glorificado con los Santos, debe padecer en esta vida como los santos padecieron. Ninguno de ellos ha sido bien tratado ni querido del mundo, sino que todos fueron perseguidos.
Bien, ahora les diré como deben portarse en los sufrimientos: El que se vea combatido de penas en este mundo necesita, ante todas las cosas, alejarse del pecado y procurar ponerse en gracia de Dios. De otro modo, todo lo que padezca estando en pecado, será perdido para él. Es decir, sin la gracia, de nada les aprovecharía el sufrimiento. Al contrario, el que padece Conmigo y por Mí, con resignación, todos sus padecimientos se convierten en consuelo y alegría. Por eso Mis Apóstoles, después de haber sido injuriados y maltratados por los judíos, se retiraron de la presencia del concilio llenos de gozo, porque habían sido dignos de sufrir por Mi Nombre.
Así, cuando Yo les envío un sufrimiento, es preciso que digan como Yo. El cáliz, que Me Ha dado Mi Padre celestial, ¿He de dejar Yo de beberlo? Porque, además de que deben recibir la tribulación como venida de Mi mano, ¿cuál es el patrimonio del cristiano en este mundo, sino los padecimientos y las persecuciones? Yo He muerto en una Cruz y Mis Apóstoles sufrieron martirios crueles. ¿Se llamarán ustedes Mis imitadores, cuando ni saben sufrir las tribulaciones con paciencia y resignación?
Cuando se vean muy atribulados y no sepan qué hacer, vuélvanse a Mí, que Soy el único que puede consolarlos. Acudan a Mí con gran confianza en Mi Corazón que está lleno de Misericordia, y no hacer como algunos que se abaten si no los oigo en cuanto comienzan a suplicar. Para estos dije a Pedro: Hombre de poca fe, ¿por qué has desconfiado? Cuando las gracias que desean obtener son espirituales y pueden contribuir al bien de sus almas, deben estar seguros de que Yo los oiré siempre que Me supliquen con tesón y no pierdan la confianza. Es, por lo tanto, necesario que en los sufrimientos no desconfíen jamás de que la piedad divina los ha de consolar. Las almas que tienen poca fe, en vez de recurrir a Mí en el tiempo de la tribulación, recurren a los medios humanos, y aun satánicos como brujos y adivinos, olvidándose de acudir a Mí y no pueden verse socorridas en sus necesidades. Si Yo no Soy el que edifica la casa, en vano se fatigan los arquitectos. ¿Por qué los hombres Me provocaron la ira volviéndome la espalda y postrándose ante los ídolos que han invocado, y en quienes colocan su esperanza? ¿Por qué motivo dicen que ya no quieren acudir a Mí? ¿Por ventura He sido para ustedes tierra sombría que no da fruto? No saben el gran deseo que tengo de que acudan a Mí en busca de consuelo en las tribulaciones, para poder dispensarles Mis gracias y al mismo tiempo hacerles saber que, cuando Me suplican, no Me hago de rogar, sino que Estoy presto a socorrerlos y consolarlos, aunque muchas veces, no por el camino que ustedes desean.
Yo no duermo cuando ustedes recurren a Mí y Me piden algunas gracias útiles a sus almas, porque entonces los oigo cuidadoso de su bien. Estén seguros que cuando Me piden gracias temporales, o les daré lo que piden, o les daré otra cosa mejor; o les concederé la gracia pedida, siempre que les sea provechosa para el alma, o alguna otra más útil. Por ejemplo, la de acomodarse con resignación a Mi Voluntad y a sufrir con paciencia aquella pena. Todo ésto les aumenta los méritos para conseguir la vida eterna.
Hijos Míos, falta tan poco para Mi retorno. No desmayen en las persecuciones de todo tipo, agradezcan los sufrimientos temporales… ¡No saben cuánto los amo! ¡No quiero perderlos por toda la eternidad! Créanme que con cada pena de uno de Mis elegidos Yo también sufro, pero sufro con amor, sabiendo que los salvo…
La Necesidad de Orar.
PC-38.3
24-Sep-96
El Señor
Más adelante les hablaré de la necesidad que tienen de orar. La oración es omnipotente y, siendo una, todo lo alcanza. Yo dije: pedid y recibiréis. Sin embargo, no olviden que para ser oídos es necesario que pidan como es debido. Muchos piden, no todos reciben, porque no piden como deben hacerlo: Con humildad. Con confianza. Con perseverancia.
Yo no tolero a los soberbios; Me resisto a escuchar sus súplicas. Tengan presente aquellos hombres soberbios, que confían en sus propias fuerzas y se creen mejores que los demás; y sepan que sus oraciones no serán escuchadas.
Por el contrario, oigo las súplicas de los humildes. La oración del humilde traspasará las nubes y no reposará hasta acercarse a Mí. La oración de aquel que se humilla, sube al Cielo y no vuelve sin que Yo la escuche y la atienda. Sepan que cuando se humillan, Yo mismo voy a abrazarlos espontáneamente; pero si se ensoberbecen y se engríen de su sabiduría y de sus acciones, Yo Me aparto de ustedes y los dejo solos.
No desprecio, ni aun a los pecadores que han sido los más disolutos, cuando se arrepienten de corazón de sus pecados y se humillan en Mi presencia, confesando que son indignos de Mis gracias.
Vamos ahora otro punto, hijitos. Nadie que confía en Mí, queda burlado. Sépanlo todos los pecadores. Por muchas iniquidades que haya cometido un pecador, jamás ha habido uno que haya puesto su confianza en Mí y haya sido abandonado. Quien Me ruega con confianza, obtiene cuanto pidió. Cuando las gracias que piden son espirituales y útiles al alma, estén seguros de que las alcanzarán. Por esto Yo les enseñé que cuando pidan alguna gracia, Me llamen con el nombre de Padre, para que recurran a Mí con aquella confianza con la cual recurre un hijo a su padre que lo ama.
Si atienden a la promesa que le He hecho, de escuchar a quien ruega, ¿quién puede desconfiar de que Yo falte a Mi promesa? Yo no Soy semejante a los hombres que prometen y no cumplen, o porque mienten al prometer, o porque cambian de parecer después de haber prometido. Yo no puedo mentir porque Soy la Verdad; no puedo cambiar, porque Soy la justicia, la rectitud, y sé las consecuencias de cuanto dispongo. ¿Cómo He de dejar de cumplir lo que les prometí?
Por lo mismo que deseo su bien, los exhorto e incito a que Me pidan las gracias que necesitan. Por eso les digo: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá." ¿Cómo voy a exhortarlos a que Me pidan gracias, si no tuviese voluntad de dárselas? Deben estar tanto más confiados en que les daré lo que Me piden, en cuanto Yo mismo Me obligué a oír sus súplicas.
Dirá alguno: Yo tengo poca confianza en Dios porque Soy pecador, le he sido ingrato y conozco que no merezco ser oído. Sus súplicas no se apoyan en sus méritos, sino en Mi Divina Misericordia. Siempre que piden cosas útiles a su eterna salvación y Me suplican con confianza, Yo los escucho. He dicho cosas útiles, porque si son cosas nocivas a sus almas, Yo no puedo oírlos. Por ejemplo: si alguno piensa vengarse de una injuria o llevar a cabo una ofensa y pidiese Mi auxilio con este fin, no lo oiría porque Me ofende quien pide cosas malas o injustas.
Del mismo modo, si imploran el auxilio divino y quieren que Yo los ayude, es preciso que no pongan ningún impedimento que los haga indignos de ser oídos. Por ejemplo: si piden que les de fuerzas para no reincidir en el pecado y no quieren evitar las ocasiones de pecar, Yo no los escucharé porque ponen un impedimento para que oiga su plegaria. Si después pecan, no deben quejarse de Mí, diciendo: he pedido que el Señor me diera fuerzas para no recaer en el pecado, más no me ha oído. Porque esto sería desconocer que ustedes pusieron impedimento, no quitando la ocasión, inutilizando de este modo su súplica y haciendo que Yo no la oyera.
Es preciso también advertirles que la promesa que hice de oír al que suplica respecto de gracias temporales que piden, tal como: ganar un pleito, tener una buena cosecha, librarlos de alguna enfermedad o persecución, solamente las concedo cuando son útiles a su salud espiritual pues de otro modo se las niego porque los amo, sabiendo que tales gracias serían desgracias para ustedes y dañarían su alma. Yo niego algunas gracias por Misericordia, lo que concedo a otros por castigo.Es decir que, cuando no consiguen las gracias que piden, deben alegrarse, porque es mejor para ustedes que tales gracias les sean negadas, que concedidas… Sucede que muchas veces piden el veneno que los va a matar. ¡Cuántos se hubieran salvado, si hubiesen muerto durante el estado de aquella enfermedad o pobreza que sufrían! Pero, porque recobraron la salud, o porque consiguieron grandes honores y dignidades, se aumentó su soberbia, se olvidaron de Mí y se condenaron. Por eso deben dejar a Mi Voluntad que les conceda lo que Me piden, si es que les conviene.
Veamos el otro lado. Las gracias espirituales como: el perdón de los pecados, la perseverancia en la virtud, su amor por Mí, deben pedirlas absolutamente y sin condición, con firme esperanza de obtenerlas.
Cuando se Me pide, no atiendo a si es justo o pecador el que Me ruega por las gracias espirituales. Pecadores: si ustedes no merecen obtener las gracias, Yo tengo grandes méritos ante Mi Padre; pidan en Mi nombre, es decir, por Mis méritos, y Yo les prometo que obtendré cuanto pidan.
Pidan con perseverancia, sobre todo, sin cansarse de hacerlo. Esto les da a entender por qué les He dicho: oren sin cesar, hagan de su vida entera una oración. Que nada los detenga de orar siempre que puedan porque, dejando de orar, se privan de los auxilios divinos y quedan vencidos en las tentaciones. La perseverancia en la gracia es un don absolutamente gratuito que no pueden merecer ustedes, pero este don puede obtenerse por medio de la oración. Pidan por esta gracia diariamente.
Su perseverancia hasta la muerte, no solamente depende de un auxilio, sino de muchos; todos los que esperan alcanzar durante toda la vida, para conservarse en Mi Santa Gracia. Entonces, a esta cadena de los auxilios divinos debe corresponder la cadena de sus súplicas, sin la cual Yo pocas veces dispenso las gracias. Y si ustedes interrumpen la cadena de las súplicas y dejan de pedir, Yo también interrumpiré la cadena de auxilios y perderán la perseverancia. Lean Lucas 11, 5-8.
Los hombres se incomodan cuando se les importuna pidiéndoles alguna cosa, mas Yo los exhorto a que Me pidan repetidamente y no Me incomodo, al contrario, Me complace ver que son perseverantes. Al decirles "buscad, llamad", quise darles a entender que deben ser como los pobres mendigos cuando piden limosna y que, aunque se les despida, no dejan por eso de pedir y de insistir hasta que se les da.
Pidan por la Perseverancia.
PC-38.4
26-Sep-96
El Señor
Pidan por la perseverancia en todo momento: al levantarse, cuando oran, en la Santa Misa, en la visita a Mi Santísimo Sacramento, cuando se acuestan y, especialmente, cuando les induce el demonio a cometer algún pecado. De manera que deben estar siempre diciendo: ayúdame, asísteme, alúmbrame, dame fuerza, no me abandones. Y esta importunidad con que Me suplican, no Me incomoda, Me mueve a concederles cuanto suplican. Pídanme la gracia por medio de Mi Madre, porque no puedo negarle nada ya que es consuelo de los pecadores, auxilio de los afligidos y fuente de toda gracia.
La Voluntad del Señor
PC-39
29-Sep-96
El Señor
Amor de Mi Pasión, ¡felicidades! (Jesús comparte una alegría personal y familiar.) Vamos a trabajar otro poco, porque luego tendrás otras actividades.
Si Mis hijos aceptan hacer Mi Voluntad, es cuando aceptan sus afanes día a día, tal como les llegan, porque seguir Mi Voluntad implica dar lo mejor de sí mismo, con entusiasmo, a su diario vivir. Si Mis hijos ponen poca atención a las cosas, a la rutina de cada día, impiden el cumplimiento de Mi Voluntad.
Algunos hijos dicen: Yo haré lo que Dios me pida, sea lo que sea… Mi voluntad está frente a ellos en sus actividades, en sus luchas de cada día, y cuando hay algo especial que Yo deseo, es Mi Espíritu quien los inspira y motiva de otra manera. Pero, en primer lugar, está aquello que requiere de cuidado en su vida: la familia, la casa, el orden en su dedicación a lo que les fue regalado en la tierra; a las responsabilidades que asumieron frente a Mi Altar.
No pocos tienen diferentes opiniones sobre lo que es la Voluntad de Mi Padre. Tratan de buscar logros más allá de sus simples funciones diarias "en mérito a seguir a Cristo". Como tienen dificultades o el tiempo los absorbe sin que hagan lo que pensaban, entran en crisis, se fatigan y descorazonan… Es que no saben realmente ver Mi Voluntad. No se dan cuenta de que si Yo deseo que vayan por una senda distinta a la cual caminan, se los hago saber. ¿Cómo lo hago? Se les presentan oportunidades y opciones diferentes; su elección se ve centrada alrededor de aquello que los lleve más a una vida de oración, de paz, completamente abandonada a Mis manos…
El camino para hacer Mi Voluntad es un camino simple; no siempre fácil pero satisfactorio; con valores y virtudes reales, permanentes. Entonces, no traten de desarrollar su vida creyendo que determinado camino Me sería más agradable. Lo que es agradable para Mí es cuando viven día a día con sus retos y oportunidades que se les presentan para vivir Mi Voluntad con aceptación, entusiasmo y paz de corazón, sin evitar las responsabilidades que como a seres humanos les He asignado: si son hombres o mujeres capaces, a vivir de su trabajo; si esposas que no trabajan fuera, dedicándose a sus labores domésticas, a la supervisión de sus hijos, de sus hogares.
Cuánto daño se hacen y Me hacen aquellos padres que dedican sus horas libres a las distracciones mundanas: a los lugares nocturnos, al juego, a la televisión, al teléfono. Sí, al teléfono, has escuchado bien. No está mal que lo utilicen, inclusive que conversen un poco. Pero si el teléfono les quita horas de tranquilidad, de oración, de encuentro Conmigo, si les roba paz en el hogar, aléjense de él. Empleen ese tiempo en hablar con su familia, en saber las inquietudes y problemas de cada uno de los miembros de su familia.
Comprendan que Mi deseo es que Me encuentren en todo lo que hacen normalmente y no en lugares diferentes a los cuales les presento diariamente, como su lucha, como el pan de cada día que los alimentará para la vida eterna. Hacer Mi Voluntad es asumir todos los compromisos que les ofrece la vida y responsabilizarse por ellos, sean de orden moral, familiar, económico o social.

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