domingo, 26 de octubre de 2014

EL MUNDO DE HOY Y LOS SIGNOS DEL FIN DE LOS TIEMPOS


NO SE TRATA DE QUERER ADAPTAR LAS COSAS DE DIOS AL MUNDO, SINO DE ELEVAR LAS COSAS DEL MUNDO A DIOS.
IMPORTANTES TEXTOS PARA MEDITAR EN ÉSTE TIEMPO ACTUAL:
EL 12 DE ABRIL DE 1970, LA HERMANA LUCIA (VIDENTE DE FÁTIMA) ESCRIBÍA A SU AMIGA DOÑA MARÍA TERESA DA CUNHA:
  "Las personas deben rezar el Rosario todos los días. Nuestra Señora repitió esto en todas Sus apariciones, como para armarnos anticipadamente en contra de estos tiempos de desorientación diabólica, para que no nos dejáramos ser engañados por doctrinas falsas, y que a través de la oración, la elevación de nuestra alma a Dios no podría ser disminuida... ¡Esta es una desorientación diabólica que invade al mundo y mal guía a las almas! Es necesario enfrentarse a él...”

 EL MISTERIO DE LA IGLESIA
  Fragmento muy actual del pensamiento del Siervo de Dios Cardenal Eduardo Pironio:
 "Una primera definición de la Iglesia, es que la Iglesia tiene que ser el sacramento del Cristo Pascual.
¿Qué  exige de mí esto? De nuevo, que todos los días tengo que limpiarme la cara para que aparezca  transparente el rostro de Jesús. Que mi renovación, mi conversión y la renovación y la conversión de las comunidades y de las instituciones tiene que hacerse por una configuración a Cristo y no por una adaptación al mundo.
¡Cuántas veces nosotros pensamos que nuestras comunidades tienen que modernizarse! Está muy bien, tienen que adaptarse a los nuevos tiempos; pero no configurarse con el mundo. El mundo es superficialidad, el mundo es sensualidad, el mundo es división.
¿No será que nosotros estamos configurando nuestras comunidades cristianas a la división, a la sensualidad y a la superficialidad del mundo? ¿Acaso no ha entrado bastante en la Iglesia el espíritu de la división, el espíritu de la sensualidad, el espíritu de la superficialidad; hay poca profundidad, hay poca limpieza, hay poca unidad en nuestra Iglesia?
Nos hemos olvidado que la renovación que nos está pidiendo el Concilio Vaticano II y que ahora nos urge Pablo VI a través del Año Santo, es una renovación que exige en nosotros un entrar en el Cristo muerto y resucitado, un configurarnos a Él. No una adaptación superficial al mundo.
¡Ah..! Tengo que adaptar el lenguaje del mundo, las costumbres del mundo; todo eso muy bien. Las religiosas comprendieron que tenían que adaptar la Iglesia al mundo nuevo Entonces ¿cuál fue esa adaptación al mundo nuevo?: adoptar la superficialidad del mundo nuevo. Pensaron que conquistarían el mundo para Cristo, si se quitaban los hábitos, se pintaban los labios, se ponían polleritas cortas y fumaban. Entonces esa era una adaptación al mundo nuevo. ¿Qué se consiguió? Que el contenido esencial del Evangelio se perdiera y también ellas se superficializaron y no consiguieron absolutamente nada. Ustedes también han experimentado muy de cerca, cómo se han destruido y disgregado ciertas comunidades religiosas y cómo han muerto. Yo podría citar nombres y ustedes también conocen, de comunidades que han desaparecido, y han desaparecido por esto: porque querían cambiar y no se dieron cuenta que el cambio les exigía a ellas una incorporación más honda a Cristo muerto y resucitado, no una superficial adaptación al mundo.
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El cambio no consiste  en la reforma puramente externa, de actos, de costumbres, de estructuras, ni tampoco pensar que la Iglesia se viene abajo si cambia…………………………………
Lo que me importa es algo mucho más serio, más profundo.
Lo que les quiero decir es que si la Iglesia tiene que renovarse, se renueva por una configuración a Cristo y no por una configuración al mundo. Eso es lo que quiero que quede muy claro. Y que si la Iglesia tiene que ser el sacramento del Cristo pascual, entonces hay que renovarse mediante esto”.
                  A las Misioneras de Jesucristo Sacerdote. (Retiro 10/2/1975)

"Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas". (Hb 13,7-9a)

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