sábado, 14 de julio de 2012

EL MATRIMONIO

Dice Jesús:

Las familias en las que no domina Dios sino la sensualidad y el interés y, por lo tanto, las
derivaciones de Satanás, no son familias; ellas son el origen de graves desgracias que, desde el
interior de la célula familiar, se irradian y arruinan los grupos nacionales y, a partir de éstos,
también la paz mundial. Sucede así porque están creadas sobre una base de sensualidad e interés y,
por lo tanto, no se elevan hacia lo que es santo; por el contrario, como hierbas malsanas nacidas en
el barro, se arrastran siempre por el suelo.
Dice el ángel a Tobías: “Te mostraré quiénes son ésos sobre los
________________________
1 Se trata del que comenta el episodio de la “Primera lección de trabajo a Jesús”, que se
encuentra en la vasta obra sobre el Evangelio.
236
cuales tiene poder el demonio” 2.
¡Oh, en verdad hay cónyuges que desde la primera hora de su unión están bajo el poder
demoniaco! Es más, lo están ya antes de ser cónyuges. Lo están desde que toman la decisión de
buscar un compañero o una compañera, pero no lo hacen con un recto fin, sino con solapados
cálculos en los que imperan de modo soberano el egoísmo y la sensualidad.
Nada hay más sano y más santo que dos seres que se aman honestamente y se unen para
perpetuar la raza humana y ofrendar almas al Cielo.
La dignidad del hombre y la mujer que se convierten en padres es la segunda dignidad,
después de la de Dios. Ni siquiera la dignidad real es semejante a ella, porque aun el más sabio de
los reyes no hace más que gobernar a sus súbditos. En cambio, los padres atraen sobre sí la mirada
de Dios y raptan a esa mirada una nueva alma, que encierran en la envoltura de la carne nacida de
ellos. Casi diría que en ese momento tienen a Dios como súbdito, porque Dios crea inmediatamente
una nueva alma para el honrado amor de ambos, que se une para dar a la Tierra y al Cielo un nuevo
ciudadano.
¡Oh, si pensaran en el poder que tienen y al que Dios asiente inmediatamente! Los ángeles no
tienen tanto poder. Pero los ángeles, a igual que Dios, están dispuestos a adherir de inmediato al
acto de los esposos fecundos y a convertirse en custodios de la nueva criatura. Mas, como dice
Rafael, son muchos los que abrazan el estado conyugal de modo tal que arrojan a Dios de sí y de su
propia mente y se abandonan a la libido. Sobre éstos el demonio ejerce su poder 3.
¿Qué diferencia hay entre el lecho del pecado y el lecho de dos cónyuges que no rechazan el
placer pero rechazan la prole? No hagamos acrobacias de palabras y de razonamientos embusteros.
La diferencia es muy poca pues, si por enfermedades o imperfecciones es aconsejable o se concede
el no tener hijos, en estos casos es necesario saber ser continentes y vedarse esas satisfacciones
estériles, que no son más que la satisfacción de los sentidos. En cambio, si nada se opone a la
procreación, ¿por qué transformáis una ley natural y sobrenatural en un acto inmoral, que falsea su
finalidad?
Cuando cualquier reflexión honesta os aconseja no aumentar la
___________________________
2 Tobías 6, 16 (vulgata).
3 Tobías 6, 16-22 (vulgata).
237
prole, sabed vivir como esposos castos y no como simias lujuriosas. ¿Cómo pretendéis que el
ángel de Dios vele sobre vuestra casa, cuando la convertís en una cueva de pecado? ¿Cómo queréis
que Dios os proteja, si le obligáis a apartar con disgusto la mirada de vuestro nido mancillado?
¡Oh, qué míseras son las familias que se forman sin una preparación a lo sobrenatural, las
familias de las que se ha desterrado a priori toda búsqueda de la Verdad y donde, aún peor, se burla
la palabra de la Verdad que enseña qué es y por qué existe el Matrimonio! ¡Qué míseras son las
familias que se forman sin elevar ningún pensamiento hacia las alturas, que se forman estimuladas
únicamente por el aguijón de un apetito sexual y de una consideración financiera! ¡Cuántos
cónyuges aceptan la inevitable costumbre de la ceremonia religiosa! He dicho costumbre y lo
repito, porque para la mayor parte no es más que una costumbre y no una aspiración del alma a
tener a Dios consigo en ese momento. Mas, después de la ceremonia, ¡no piensan más en Dios y
hacen del Sacramento un festín y del festín un desahogo de bestialidad! Pero, según mi
pensamiento, el Sacramento no termina con la ceremonia religiosa; al contrario, comienza con ella y
dura tanto como la vida de los cónyuges, así como el acto de profesar no dura cuanto la ceremonia
religiosa sino tanto como la vida del religioso o la religiosa.
El ángel le enseña a Tobías que, si antepone al acto la plegaria, el acto será un acto santo,
bendito, fecundo de júbilos verdaderos y de prole 4.
Esto es lo que habría que hacer: ir al matrimonio impulsados por el deseo de tener prole, pues
ésa es la finalidad de la unión humana, además de tener presente a Dios en toda hora. Cualquier otra
finalidad es una culpa deshonrosa para el hombre en cuanto ser con uso de razón, y ofensiva para el
espíritu, que es templo de Dios y huye indignado. Dios no es un carcelero opresivo. Dios es un
Padre bueno, que se alegra con la honrada alegría de los hijos y que responde a los santos abrazos
de los mismos con bendiciones celestiales y con la aprobación evidenciada en la creación de un
alma nueva.
Mas, ¿quién comprenderá esta página? La leeréis sin advertir su sabor santo, como si hubiera
empleado el idioma de un planeta desconocido. Os parecerá un tema trillado y es, en cambio,
doctrina ce-
__________________________
4 Tobías 6, 16-22; 8, 4-10 y 15-17 (vulgata).
238
lestial. Os mofaréis de ella vosotros, los sabios del momento. Y no sabéis que Satanás se ríe de
vuestra estupidez, pues ha logrado convertir en condena lo que Dios había creado para vuestro bien,
o sea, el matrimonio como unión humana y como Sacramento. Y esto ha sido mérito de vuestra
incontinencia, de vuestra bestialidad.
Os repito las palabras de Tobías a su mujer, para que las recordéis y las tengáis como ejemplo,
si aún podéis hacerlo porque sobrevive en vosotros un resto de dignidad humana. Las palabras son
éstas: “Nosotros somos hijos de santos y no podemos unirnos como los gentiles, que no conocen a
Dios” 5.
Que estas palabras sean vuestra norma pues, aunque habéis nacido allí donde la santidad ya
había muerto, el Bautismo hizo siempre de vosotros hijos de Dios, que es el Santo de los santos y,
por eso, podéis decir siempre que sois hijos de santos, del Santo, y podéis comportaros de acuerdo
con ello. Entonces, tendréis “una descendencia en la que se bendecirá el nombre del Señor” y se
vivirá en su Ley.
Y cuando los hijos viven en la Ley divina, se benefician los padres, porque dicha Ley enseña
virtud, respeto, amor, y los primeros que se benefician, después de Dios, son los afortunados
progenitores, los cónyuges santos, que han sabido hacer de su unión un rito perpetuo y no un
vergonzoso vicio».
_________________
5 Tobías 4, 12.

No hay comentarios:

Publicar un comentario